AUS (Valdivia) - Vuelvo al sur, como se vuelve siempre al amor: Macarena Almonacid Burgos y la arquitecturización de la vida en el archipiélago de Chiloé
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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.20 Valdivia 2016




ENTREVISTA / INTERVIEW

 

Vuelvo al sur, como se vuelve siempre al amor1.
Macarena Almonacid Burgos y la arquitecturización de la vida en el archipiélago de Chiloé.

I am returning back south as one always returns to love.
Macarena Almonacid Burgos and the architectural nature of life in the Archipelago of Chiloé.

 

Juan Carlos Olivares Toledo

Antropólogo, Universidad de Chile.
Magíster Modelado del Conocimiento para
Entornos Virtuales Educativos, Universidad Austral de Chile.
Doctor en Ciencias Humanas, mención Literatura y Lingüística, Universidad Austral de
Chile.
Académico Instituto de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Austral de Chile. jolivares@uach.cl


/ Macarena Almonacid Burgos nació en Ancud, Isla de Chiloé en 1981. Es hija de Hugo y Flor, vivientes de siempre en ese lugar. Estudió en la Escuela Anexa y luego, su Enseñanza Media en el Liceo Domingo Espiñeira Riesco. Deseosa de estudiar Arquitectura, en 1999 ingresó a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Valparaíso, en el Cerro Playa Ancha del puerto homónimo, lejos del archipiélago amado. Su vida en Valparaíso fue una existencia de ajenidad, lejanía y profunda nostalgia. Extrañamiento de los paisajes, de las gentes, las lluvias y el viento, las neblinas de medianoche y el frio de las mañanas. Así, algunos pocos años después - enterada de la fundación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Austral de Chile- , viaja a Valdivia y averigua: entusiasmada de los contenidos y maneras de la enseñanza/aprendizaje, solicita su traslado y se incorpora como alumna regular en el año 2002. Así, recupera su relación de amor con el sur. Recibe su título de Arquitecta en el año 2009 y se vuelve a la tierra de siempre, Ancud en la Isla de Chiloé. Se integra a trabajar en la Fundación de Amigos de las Iglesias de Chiloé, una ONG encargada de centralizar y ejecutar tareas de protección patrimonial a las iglesias de madera de Chiloé, incorporadas a la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. En el año 2015 recibe la distinción Premio Promoción Joven del Colegio de Arquitectos de Chile. En la actualidad, se desempeña de forma independiente en una oficina denominada Taller de Patrimonio y Restauro. / Macarena Almonacid Burgos was born in Ancud, Chiloé Island in 1981. She is the daughter of Hugo and Flor, eternal dwellers of this place. She studied at Anexa School and then went to high school at the Liceo Domingo Espiñeira Riesco. Eager to study architecture, in 1999 she joined the School of Architecture of Universidad de Valparaíso, in the Playa Ancha Hill of Valparaíso, away from her beloved archipelago. She led an estranged, distant and deeply nostalgic life in Valparaíso. She longed for the landscapes, the people, the rain and the wind, the midnight mist and the morning cold. A few years later, she learned about the opening of the School of Architecture at Universidad Austral de Chile, and traveled to Valdivia to gather more information. Excited with the program's syllabus and teaching/learning approaches, she requested a transfer and enrolled as a regular student in 2002. This is how she recovered her love affair with the south. She graduated as an architect in 2009 and returned to her home patch, Ancud, in Chiloé Island. She joined the Foundation Friends of the Churches of Chiloé, an NGO that implements heritage protection work for the wooden churches of Chiloé, which are listed as UNESCO's World Heritage Sites. In 2015, she received the Youth Promotion Award granted by the School of Architects of Chile. Currently, she works on a free-lance basis with an agency called Heritage and Restoration Workshop.

Palabras clave/ Chiloé, patrimonio, iglesias, restauración
Keywords/ Chiloé, heritage, churches, restoration


 

 

En el año 1999, el Gobierno de Chile ingresó al Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO el expediente de la Postulación de las Iglesias de Chiloé como Sitios de Patrimonio Mundial. Allí, en la fundamentación de los criterios y justificación de la proposición, y de su carácter de representar - los bienes (iglesias de madera)- valores universales excepcionales, se expresa que ellas son el testimonio de un asentamiento humano y uso de la tierra tradicionales, característicos de una cultura que puede volverse vulnerable a cambios irreversibles.

Así, en función de lo anterior y -como lo señala el texto-, en tanto "/.../la industria del salmón afecta el sustrato cultural de las iglesias chilotas" y considerando la crisis socio/ambiental del presente en el archipiélago de Chiloé, ¿cuál sería -según su parecer y experiencia- el impacto de esta crisis en el valor patrimonial de los bienes? ¿existe la posibilidad de que los bienes sean un elemento a considerar en los esfuerzos de superación de la crisis?

Los bienes patrimoniales de Chiloé están asociados a un patrimonio intangible que pertenece a la interioridad de las personas, el cual le otorga sentido a las expresiones tangibles que utiliza. En el caso de las iglesias de Chiloé, según mi experiencia trabajando en procesos de restauración con comunidades rurales, puedo señalar que se trata de una cultura viva que permanece vigente. Sin embargo, el ambiente dominante impone una cultura economicista que fomenta el individualismo egoísta, en oposición al sentido solidario y fraterno de la cultura que vive la comunidad chilota.

La industria salmonera, así como el modelo económico que ésta persigue, ha afectado progresivamente las manifestaciones culturales propias de Chiloé, potenciando el despoblamiento de los sectores rurales y masificando el abandono del campo. Además ha irrumpido bruscamente el maritorio, imponiendo un modo de actuar que no deja espacio a la unión de la realidad intangible animando a la tangible. Dicho impacto va desde la imposición de horarios de trabajo que impiden llevar a cabo manifestaciones identitarias, hasta la pérdida de oficios vinculados a los bienes patrimoniales.

Este cambio de paradigma, que ejemplificamos con las salmoneras, tiene que ver con el modelo actual de desarrollo, el cual no necesariamente respeta la historia e identidad de Chiloé, poniendo en grave riesgo la conservación del patrimonio arquitectónico y cultural. En el caso específico de las iglesias, ellas no están ajenas a estos procesos. Por un lado, y en una parte significativa de los casos, los bienes y las costumbres asociadas a éstos, son progresivamente abandonados por la gente joven, estando actualmente a cargo de personas de avanzada edad y sin mayor energía para mantenerlos. Por otra parte, la cultura de Chiloé está pasando a ser un objeto de mercado, perdiendo su sentido intangible.

Creo que esta crisis ha puesto de manifiesto entre los chilotes el mal entendido concepto de desarrollo, que hoy puede dividir a sus habitantes pero que, al mismo tiempo, puede ser una oportunidad para promover una auténtica actitud crítica, y no simplemente quedarse pasivos ante lo que llegue. Cada día conozco más casos de comunidades que realizan grandes esfuerzos por preservar su patrimonio, por lo que veo un escenario esperanzador.

La importancia de reflexionar y desarrollar un pensamiento crítico en relación al progresivo deterioro del patrimonio de Chiloé es un elemento clave para que las comunidades se concienticen respecto al necesario y urgente resguardo y puesta en valor de éste. La valorización de lo propio podría ser una herramienta de desarrollo sustentable para el territorio, que puede brindar mejor calidad de vida a todos sus habitantes.

Considero oportuno, en esta crisis, que las autoridades hagan un esfuerzo, impulsando planes de fomento productivo y de reconversión laboral vinculadas a la temática del patrimonio, las cuales podrían perfilarse como iniciativas con un alto valor social y económico para el territorio.

 

Imagen 1. Proceso de restauración patrimonial de la Iglesia de Rilán
(fuente: Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé, 2012).

 

Imagen 2. Ceremonia de entrega de la Iglesia de Rilán a la comunidad
(fuente: Carlos Herrera Dimter, 2013)

 

Imagen 3. Bóveda de crucería de la Iglesia de Rilán, registro fotográfico de obra
(fuente: Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé, 2013).

 

Isla Lemuy - en función de su tamaño, su relación con la historia de la Misión Circulante de Evangelización Jesuita, su demografía y estilos de vida- fue un lugar privilegiado, al incorporarse a la lista de Patrimonio Mundial las iglesias de Ichuac, Aldachildo y Detif. Entonces, según usted, respecto de planes acordados y relativos a los bienes (planes regionales, locales, de conservación, planes de desarrollo turístico, otros), ¿cómo ha sido allí la gestión de valorización/protección/conservación de los bienes? ¿los habitantes de Isla Lemuy han sentido/experienciado un cambio o mejoramiento en sus vidas en relación a la valorización de sus iglesias?

Desconozco en profundidad el impacto experimentado por las comunidades de la Isla Lemuy. Sin embargo, puedo señalar que las comunidades religiosas siguen vinculadas a sus iglesias, a pesar de que no existe un gran cambio generacional.

De las tres iglesias, Aldachildo ha sido restaurada en distintas áreas, por lo que es la que se encuentra mejor en términos de conservación. En el caso de Ichuac, a pesar de haber experimentado una primera etapa de restauración en su torre, hoy se encuentra extremadamente deteriorada en el sector de las naves, evidenciando quizás cierto desapego de la comunidad respecto a labores de mantención del inmueble. En el caso de la Iglesia de Detif, se encuentra en mal estado de conservación, por lo que a fines del año 2015 el Consejo de Monumentos entregó recursos directos para el apuntalamiento del pórtico y la torre, debido al grave deterioro que presentaba. Como medidas de protección, el año 2015 el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) declaró como Zonas Típicas los entornos de las Iglesias de Ichuac y Detif, ante la mirada desconfiada de los habitantes. Lamentablemente, aún existe cierta animadversión entre algunos vecinos respecto a la declaratoria de estos inmuebles, ya que muchos aseguran que se ven coartados en su autonomía de repararlos, lo cual debe ser consultado con el CMN.

Desde mi punto de vista, y aventurándome a emitir una opinión al respecto, creo que tanto las autoridades como los vecinos van comprendiendo, progresivamente, el valor universal de estos inmuebles, los que han generado una creciente demanda turística en torno a ellas. Sin embargo, aún existe molestia debido a la falta de recursos económicos para la restauración y conservación de las iglesias.

 

Imagen 4. Vista general Iglesia, cementerio y poblado de Chelín bajo
(fuente: Pablo Puentes Castillo, 2015).

 

Las instituciones, organizaciones y comunidad de Chiloé han logrado, después de 16 años, diseñar, desarrollar e implementar un Modelo de Gestión capaz de asegurar la conservación de los bienes y el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades locales en función de su relación con esos bienes, ¿cuál es su diagnóstico respecto de esto? ¿cuál sería, según su experiencia, el modelo adecuado, culturalmente pertinente y apropiado para asegurar eficiencia/eficacia en la preservación de los bienes?

He tenido la posibilidad de trabajar en procesos de restauración de las Iglesias de Rilán y Chelín, en las cuales se ha implementado un modelo de gestión social mixta, cuya administración está a cargo de los comités de iglesia en conjunto con el administrador del sitio Patrimonio de la Humanidad, y cuyo modelo también ha sido implementado en las Iglesias de Nercón y Dalcahue. Este modelo busca generar recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de mantención de cada templo y pretende ser implementado en las 16 iglesias que conforman el sitio Patrimonio Mundial.

Desde lo visto, puedo dar cuenta del gran esfuerzo desarrollado por instituciones, organizaciones y comunidades. No obstante, creo que el modelo implementado en la actualidad aún es deficiente en relación a la preservación integral del sitio Patrimonio de la Humanidad, el cual es complejo, dado que es un sitio seriado, emplazado en diferentes contextos, con distintas problemáticas sociales y económicas. Sin embargo, no quiero desmerecer el esfuerzo realizado por las comunidades en conjunto con la Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé, el CMN y distintas instituciones gubernamentales que buscan acercarse a un modelo adecuado, el cual considera la participación directa de las comunidades religiosas que resguardan estos templos. La principal falencia, desde mi punto de vista, es la gran dificultad en la generación de recursos económicos que aseguren la mantención de los inmuebles, situación que no puede quedar supeditada a los esfuerzos que realizan las comunidades religiosas, cada día más longevas.

Creo que mi experiencia es todavía incipiente para plantear un modelo integral. A pesar de esto, desde la conmemoración de los 15 años de la declaratoria de las Iglesias de Chiloé como Patrimonio de la Humanidad, el CMN ha impulsado una serie de actividades que han permitido reflexionar respecto al futuro manejo del sitio. Una de las actividades más destacables, en mi opinión, fueron los diálogos ciudadanos realizados el año 2015. Éstos fueron desarrollados en conjunto con las comunidades, con el fin de integrarlas en la definición de lineamientos y participación de lo que será la mejora en el manejo de las Iglesias. Pienso que este espacio de participación es clave para determinar una actual radiografía del sitio y, por ende, en la formulación de un adecuado modelo de gestión. Espero que en los próximos meses se den a conocer los resultados de ésta y otras iniciativas impulsadas por el CMN, por lo que soy optimista de que esta institución plantee soluciones respecto al óptimo manejo y gestión de este valioso sitio patrimonial.

 

Imagen 5. Restauración piezas con pintura marmoleada Iglesia de Chelín
(fuente: Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé. 2015).

 

Imagen 6. Equipo obra de restauración patrimonial Iglesia de Chelín
(fuente: Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé, 2015).

 

Las ciudades intermedias de Chiloé -a causa de la globalización económica, esencialmente- no sólo se han expandido sin control, sino también han incrementado el ritmo de reemplazo de las arquitecturas vernáculas o arquitecturas sin autor, haciendo casi desaparecer universos y ejemplares notables y magníficos del universo arquitectural insular. En su perspectiva, ¿cuál sería la manera, los modos y las actividades necesarias para detener esta desaparición y asegurar a las generaciones del presente y del futuro la posibilidad de habitar y contemplar la arquitectura en riesgo?

Lamentablemente, existen varios factores o agentes que incrementan la progresiva pérdida de la llamada arquitectura vernacular o arquitectura sin autor. Por una parte, las condiciones climáticas de Chiloé aceleran el rápido deterioro de notables ejemplos de arquitectura construida íntegramente en madera, lo que sumado a una baja mantención de los inmuebles -esta última quizás vinculada a una identidad que tiene integrada la idea de que las edificaciones, al igual que las personas que cumplen su ciclo, deben morir- incrementa en gran porcentaje la desaparición de dichas construcciones.

Por otra parte, y matizando la idea de la baja mantención de los inmuebles, se hace difícil para los propietarios obtener maderas con similares escuadrías y tipos madereros para reemplazar las piezas deterioradas, no solo por su elevado costo económico, sino también por la creciente desaparición del bosque nativo en Chiloé. Esto, sumado a la continua pérdida de las técnicas tradicionales de carpintería que rescatan el sistema constructivo con que estas edificaciones fueron materializadas, acentúan el riesgo de desaparición del patrimonio arquitectónico.

Sin embargo, el factor de pérdida más lamentable es, quizás, el impuesto por el mal entendido concepto de desarrollo en algunos sectores de Chiloé, visión que ha impulsado el "obligatorio" reemplazo de la arquitectura vernacular, por considerarse "vieja y deteriorada", mal vista por algunos de sus habitantes, debido a que representa para ellos sinónimo de pobreza material. Por ello, es reemplazada por nuevas edificaciones, que dan cuenta -erradamente- del "progreso" y de una buena posición social.

La falta de conocimiento respecto a los valores patrimoniales de estas edificaciones y las deficientes políticas públicas para su puesta en valor y mantención en el tiempo, seguirán incrementando la pérdida de estas valiosas manifestaciones arquitectónicas, ya sea por desplome, desarme, siniestros, etc.

Por lo anterior, considero que la educación de la comunidad respecto al rescate, valorización y difusión de su patrimonio, es fundamental y urgente. Por otra parte, la protección legal de los inmuebles podría posibilitar la gestión de recursos económicos públicos y privados para su posible conservación, restauración y mantención, financiamientos que todavía son insuficientes. Sin embargo, la posibilidad de acceder a ellos se acrecenta con una declaratoria por ley. Por esta razón, es urgente impulsar el aumento de financiamiento público para la mantención del patrimonio.

Es relevante, además, considerar el rescate de las técnicas constructivas tradicionales con las que fueron edificados estos inmuebles, con el fin de preservar mano de obra calificada para su correcta intervención, sin alterar sus valores arquitectónicos originales. Estas iniciativas debiesen ir de la mano con políticas públicas que impulsen la propagación y correcto manejo del bosque nativo.

Por último, es posible asociar actividades productivas al patrimonio, de modo de generar empleo en este rubro que permita sustentar una economía local pertinente y, a la vez, contribuir en la conservación y puesta en valor del patrimonio edificado.

 

Imagen 7. Vista interior proceso restauración patrimonial Iglesia de Chelín
(fuente: Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé, 2015).

 

Siento admiración y respeto por su actitud - vivir en una pequeña isla, alejada y sola, mientras ejerce profesionalmente y se hace responsable de las demandas de toda una comunidad -, la cual no es muy común ni generalizada. En el tiempo presente, que significa no solo ser de Chiloé (de Ancud), sino también ser arquitecta (siguiendo la traza de Javiera Torres y Maritza Jainaga) y oficiar en un mundo que pareciera desmoronarse irremediablemente, ¿acaso, es la arquitectura y el oficio de arquitecta el sueño de la vida, su vida?

La arquitectura es la disciplina que alimenta mi espíritu, la herramienta que me permite despertar mental, espiritual y emocionalmente. Si bien siento que estoy en un proceso de formación, y que aún me falta mucho por explorar y aprender, es mi intención dedicar la vida a la puesta en valor de la arquitectura como parte fundamental del ser humano.

Es esta disciplina, además, la que me permite colaborar en el desarrollo y puesta en valor del patrimonio arquitectónico y cultural de Chiloé, territorio por el cual siento un profundo arraigo y en el cual siento la necesidad de aportar.

Quisiera añadir que siento un profundo agradecimiento por mis profesores de la Universidad Austral de Chile, los cuales realizan una gran labor en el sur de este país, descentralizando el pensar y el hacer de la arquitectura, quienes sin duda han despertado en mí la pasión que siento por esta profesión. AUS

NOTAS

1 Es parte de un verso de la canción de Astor Piazzolla con letra de Fernando Solanas (1988).

 

 

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