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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.20 Valdivia 2016




ARTÍCULO

 

Mapeando el conocimiento local: Experiencias de cartografía participativa en el sur de Chile1

Mapping local knowledge: A participatory mapping experience in southern Chile

 

Antonia Zambra-Álvarez

Geógrafa, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en Antropología, Medio Ambiente y Desarrollo, University College London, Inglaterra.
Investigador asistente, Instituto de Geografía, Facultad de Historia, Geografía y Ciencias Políticas, Pontificia Universidad Católica de Chile. zambra.antonia@gmail.com

Ricardo Álvarez-Abel

Antropólogo, Universidad Austral de Chile.
Investigador asociado Programa Investigación ATLAS, Universidad de Los Lagos, Chile.
Investigador asociado Centro de investigación en arqueología marítima del Pacífico sur oriental, Valparaíso, Chile.
taijataf@gmail.com

Francisco Ther-Ríos

Antropólogo, Universidad Austral de Chile.
Magíster y Doctorado en Antropología Social, Universidad Nacional Autónoma de México.
Académico Centro de Estudios Regionales y Políticas Públicas (Programa ATLAS), Universidad de Los Lagos.
fther@ulagos.cl

David Núñez-Maldonado

Antropólogo, Universidad Austral de Chile. tokoiwe@gmail.com

Magdalena Navarro Pacheco

Antropóloga, Universidad Austral de Chile.
Magíster en Ciencias Sociales, Universidad de los Lagos, Chile.
Académica, Instituto de Estudios Antropológicos, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Austral de Chile. magda.np@gmail.com


RESUMEN/ El presente artículo constituye una sistematización de experiencias de cartografía participativa desarrolladas en el sur de Chile, cuya intención es visibilizar la importancia de esta herramienta para la identificación de conocimientos y usos del espacio local que permitan apoyar una planificación sustentable. A partir de este ejercicio es posible visualizar el habitar íntimo de las personas, comprendiendo la forma como éstas perciben y sienten su entorno (rural y/o urbano). Así mismo, es una plataforma efectiva para defender modos de vida actuales y tradicionales, amenazados por proyectos de desarrollo que los invisibilizan y reemplazan, o bien, como instrumento para proponer modificaciones al entorno, incluyendo equipamiento comunitario y espacios públicos. ABSTRACT/ This article discusses participatory mapping experiences developed in southern Chile. The study is expected to highlight the relevance of the mapping tool in identifying local knowledge and space use in order to support sustainable planning. Based on this exercise, the intimate inhabitance of individuals can be revealed, understanding the way in which they perceive and feel their (rural and/or urban) setting. Similarly, it is an effective way to advocate for current and traditional lifestyles which are threatened by development projects that override or replace them or as instruments to propose modifications to the environment, including community facilities and public spaces.

Palabras clave/ Cartografía participativa, usos consuetudinarios, espacios públicos, planificación sustentable
Keywords/ Participatory mapping, customary uses, public spaces, sustainable planning


 

INTRODUCCIÓN. En el borde costero del archipiélago de Chiloé (41° y 43° Lat. S), aún se reconocen y practican, fragmentariamente, formas tradicionales de acceso, uso y apropiación de los recursos marinos y terrestres, a través de prácticas consuetudinarias de raigambre histórico-mestizas (Álvarez, Munita, Fredes y Mera 2008)2. Estas prácticas, articuladas desde una estrecha relación mar-tierra, conjugan actividades agropecuarias con adquisición de productos marinos para autoconsumo familiar y/o venta o intercambio a pequeña escala, permitiendo un equilibrio entre el desarrollo económico local y la preservación de los ecosistemas de los cuales esta economía depende (Skewes, Álvarez y Navarro 2012).

A principios del siglo XX, junto con los procesos de industrialización, el establecimiento de una nueva racionalidad económica basada en la acumulación, fragmentación y jerarquización del espacio costero regional provocó, hacia la segunda mitad de este siglo, una gradual desvinculación en la relación mar-tierra (Sunkel 1990; Floysand, Barton y Román 2010; Páez y Narbona 2013). Esta lógica, materializada en la superposición de actividades de extracción de recursos a pequeña escala y una industria pesquera y acuícola orientada al mercado exterior (Skewes et al. 2012), afectó los modos y la calidad de vida de los habitantes locales, los cuales tienen menor influencia en la toma de decisiones sobre dicho territorio.

La disminución de las especies marinas, la lejanía de los sectores de extracción y la degradación de los ecosistemas generaron, en consecuencia, la desvinculación paulatina de la población sobre sus prácticas culturales históricas, como la agricultura, la ganadería menor y las actividades de borde mar, desencadenando una creciente migración rural-urbana cuya dinámica afectó, principalmente, a grupos de jóvenes especializados en labores asalariadas (Amttmann y Blanco 2001). Esta reestructuración de las relaciones entre el campo y la ciudad, se materializó en procesos fuertemente estructurados por el Estado a través de sus inversiones y subsidios, los cuales acrecentaron las tazas de pobreza y requerimientos habitacionales en comunas que no siempre poseían las capacidades profesionales y económicas para hacerse cargo de tales demandas (Fundación Superación Pobreza Región de Los Lagos 2013; Román, Barton y Salazar 2010; Cortés 2005).

Son estos patrones, impactos y transformaciones en el habitar local, tanto en lo rural como en lo urbano, los que se pretenden reflejar a través de la sistematización de experiencias de cartografía participativa. En ese contexto se pone énfasis en cómo las comunidades tradicionales han logrado representar el grado de afectación de sus prácticas consuetudinarias asociado a la llegada de nuevas actividades de desarrollo, la progresiva desvinculación en la relación mar-tierra y los impactos de la migración campo-ciudad en zonas urbanas. Estas situaciones están contando cada vez más con expresiones cartográficas para el abordaje, a una micro escala, de las problemáticas y conflictos asociados a una zona de múltiples usos. En cada una de estas experiencias es posible, por sobre todo, visualizar representaciones del habitar -ya sea a través de imaginarios, cosmovisiones o prácticas- que no son consideradas dentro del proyecto cartográfico oficial como apoyo a la planificación y políticas públicas del borde costero.

VISIBILIZACIONES Y REPRESENTACIONES DEL ESPACIO VIVIDO. Los habitantes instalan marcas físicas e inmateriales en el territorio, dotándolo de símbolos y significados atribuidos a experiencias de vida, como resultado de su interacción continua con los elementos del medio ambiente (Ther 2008). Este espacio vivido, como señala Di Meo (2000), se asocia a la cotidianidad de los sujetos y al espacio social que éstos construyen por el hecho de habitar un territorio común. Así también, refiere a los valores que los unen a dichos lugares a partir de vínculos materiales e inmateriales de tal manera que el espacio deviene, siempre y necesariamente, espacio vivido y espacio representado (Di Meo 2000).

Los patrones e imaginarios del habitar local y consuetudinario, al ser contrapuestos a través de la cartografía participativa con otras visiones del territorio y proyectos de desarrollo, dotan al espacio de nuevos significados que ayudan a comprender los impactos que las actividades que trae la modernidad tienen sobre el entorno y los modos de vida a pequeña escala. En este sentido, se plantea una diferencia entre una cartografía sensibilizada con racionalidades no occidentales, y muy vinculada al sujeto, frente a una cartografía "oficial", sin sujeto, tradicionalmente en manos del Estado y recientemente de las empresas (Muñoz y Rodríguez 2011). La primera, en este caso, forma parte de un nuevo paradigma en torno a las maneras o estrategias de mapear el territorio y que sirve para mejorar la toma de decisiones sobre éste, donde el espacio geográfico ya no es simplemente definido en términos económicos, y situado en categorías de "alto valor", "marginal" o "terrenos inservibles", sino que incorpora objetivos tradicionales de uso y apropiación (MCall 2003).

El proceso de mapeo a través de actores sociales que re-definen continuamente el territorio en el que habitan constituye, por tanto, una reivindicación del lenguaje (considerando que este tipo de cartografías ocurrían en el pasado), desmantelando una visión economicista del espacio y reemplazándola por una concepción humana del mismo, mediante la incorporación de antecedentes sobre el espacio vivido e imaginado. En este proceso, la cartografía participativa constituye una herramienta poderosa, sobre todo si es acompañada de la construcción de instituciones apropiadas, mediación entre actores y un esfuerzo amplio por empoderar a las personas y las comunidades en miras a una planificación más inclusiva del territorio (Di Gessa 2008).

SOCIEDADES LITORALES TRADICIONALES: DOCUMENTANDO USOS Y PRÁCTICAS CONSUETUDINARIAS. La relación entre las sociedades litorales tradicionales y el territorio en el que habitan se configura en lo que reconoceremos como modelo de usos consuetudinarios, donde el borde costero y el mar interior están intrínsecamente ligados a la tierra a través de usos y cosmovisiones. Este modelo de desarrollo local posee un vínculo de eslabonamiento productivo, social y tecnológico, caracterizado por una diversificación social y estacional de la actividad productiva relacionada a prácticas asociativas que permiten regular el acceso a los recursos del mar (Skewes et al. 2012). De esta manera, el ciclo laboral se corresponde con las condiciones climáticas y las fases productivas y reproductivas marinas y terrestres de los ecosistemas (Ther 2008), a su vez que la costa se considera un espacio de uso comunitario donde cada actor cumple un papel preponderante, permitiendo la reproducción continua de las especies junto a una extracción a escala de las mismas (Skewes et al. 2012).

En Chile, las actividades colectivas de mapeo vinculadas al reconocimiento de usos consuetudinarios en el borde costero aún son bastante recientes y están principalmente relacionadas con solicitudes de Espacios Costeros Marinos Pueblos Originarios (ECMPO), en el marco de la Ley N°202493. Según información estadística obtenida de la Subsecretaría de Pesca (SUBPESCA), a septiembre del año 2014 habían sido aprobadas 2 solicitudes ECMPO en las comunas de Quellón y Ancud, mientras otras 16 solicitudes aún estaban en estado de tramitación en el resto de la Región de Los Lagos4. Varias de ellas fueron modificadas en superficie o rechazadas, debido a que la ley resguarda también otros derechos de concesiones y/o áreas de manejo otorgadas a terceros con anterioridad a la solicitud ECMPO (Biblioteca Congreso Nacional 2012).

DISEÑO Y CO-DISEÑO DE ESPACIOS PÚBLICOS: SOBRE EL HABITAR PROPIO Y EL HABITAR PRE-DISEÑADO DESDE LA CARTOGRAFÍA PARTICIPATIVA. Las últimas décadas han implicado particulares procesos migratorios en el sur de Chile desde contextos rurales hacia contextos de expansión urbana, frecuentemente periférica, vinculados a fenómenos de glocalización (Pozo 2011) y guetificación (Ducci 2014)5. Dichas transformaciones se han traducido no sólo en el abandono de prácticas tradicionales rurales y la fuga de miles de personas hacia nuevos proyectos de vida, sino que han representado una fuerte vulnerabilidad del grupo familiar, sobre todo en los primeros años de habitar en la ciudad (Amttmann y Blanco 2001; Hucke, Gaete, Ruiz, Álvarez, Navarro, Lo Moro y Farías 2010).

En este sentido, los esfuerzos estatales, asociados a la 'urbanización' espontánea de zonas rurales (esto es, llevar los servicios básicos, equipamiento comunitario) se han centrado con frecuencia en la solución habitacional6, descuidando los espacios públicos implicados en el habitar7 y generando aglomeraciones urbanas que, desde su origen, se transforman en un problema potencial para las ciudades que los cobijan (Román et al. 2010; Cortés 2005). Al no haber un proceso de planificación que valorice equitativamente los requerimientos habitacionales con aquellos de uso colectivo se generan, por tanto, problemas de interacción entre los habitantes que implica una desvinculación con el entorno y con los otros que lo habitan.

A través de la cartografía participativa es posible identificar parte de estos desapegos: espacios en blanco e ilustraciones de pequeño tamaño que minimizan equipamientos colectivos, evidenciando atributos del espacio habitado que mediante otras herramientas de levantamiento de información no es posible advertir. Ello se debe principalmente a que, en la escala de la cartografía participativa, es necesario instalar no sólo las carencias sino también los recursos materiales e inmateriales, pues son la estructura que construye la realidad local.

MAPEANDO EL CONOCIMIENTO LOCAL: SÍNTESIS DE TRES EXPERIENCIAS EN CARTOGRAFÍA PARTICIPATIVA. En el país, las aplicaciones más recientes de mapeo comunitario están vinculadas a una variedad de contextos culturales, políticos y económicos. En la mayoría de los casos, estos ejercicios se han caracterizado por poseer una fuerte influencia de metodologías participativas, tales como la Evaluación Rural Participativa y/o la Investigación Acción Participativa8 (Chapinet, Lamb y Threlkeld 2005), cuyo enfoque ha sido representativo de la incorporación de esta herramienta en América Latina a fines de 1980. Los métodos participativos, en este contexto, son vistos como elementos para el empoderamiento y la construcción de capacidades locales dentro del diseño e implementación de proyectos de desarrollo, en un proceso permanente de discusión con el gobierno local sobre sus implicancias políticas y culturales para la planificación (Muñoz et al. 2011).

Las tres experiencias de cartografía participativa presentadas en este artículo (imagen 1), fueron promovidas por programas externos a la comunidad. En cada una de ellas se intentaron abordar, en un principio, preguntas que permitiesen hacer visible -o representable sobre un mapa base- la asociación entre comunidad y territorio9, ya sea mediante representaciones, usos o prácticas locales. Sin embargo, debido a la diversidad de contextos y propósitos asociados a su aplicación, cada proceso fue evolucionando hacia diferentes resultados y niveles de participación10, en función de la temporalidad de ejecución de los programas y del grado de 'empoderamiento' de las comunidades participantes.

 

Imagen 1. Localización de experiencias de
cartografía participativa en el borde costero del
archipiélago de Chiloé (fuente: Elaboración de
Ricardo Álvarez).

 

1. ECMPO Cautín. Comuna de Ancud, Región de Los Lagos (2007-2013). El año 2007, la Corporación El Canelo de Nos -organización no gubernamental chilena que trabaja para el desarrollo sustentable-inició un proceso de ordenamiento costero en la bahía de Caulín, en el contexto del proyecto "Propuesta participativa de zonificación del borde costero para la bahía de Caulín con visión comunitaria" (Villalobos 2007)11 (imagen 2). Este ejercicio representó una propuesta de solución a problemas que se extienden hasta nuestros días, y que abarcan todo el borde costero de la Región de Los Lagos: la superposición de usos tradicionales y extractivos no siempre compatibles. Esto desencadenó, desde la década de 1980, continuos conflictos entre los habitantes litorales.

 

Imagen 2. Bahía de Caulín (fuente: Ricardo Álvarez).

 

Las cartografías participativas dieron cuenta de una vasta complejidad de usos tradicionales superpuestos temporalmente con usos productivos actuales, en una zona que no abarca más de 10 km de extensión W-E. Lo anterior evidencia la ventaja de visibilizar dichas actividades, con el fin de poner en real valor la importancia de los micro territorios (imagen 3).

 

Imagen 3. Dirigente de la comunidad indígena
de Caulín señalando veta de arcilla, intensamente
utilizada para la elaboración de alfareria (fuente:
Ricardo Álvarez).

 

Posteriormente a este ejercicio colectivo en Caulín, se sucedieron numerosos apoyos externos, en los cuales participaron otras organizaciones no gubernamentales12 y que derivaron en la constitución de una mesa de trabajo local integrada por dos comunidades Williche (Wenke y Wente Caulín), sindicatos de pescadores locales y familias residentes, con el fin de solicitar formalmente al Estado la constitución de un ECMPO. Dicha solicitud se encuentra actualmente aprobada por la Comisión Regional de Usos del Borde Costero (CRUB)13 (imagen 4).

 

Imagen 4. ECMPO resultante del proceso
participativo basado en cartografías comunitarias
(fuente: elaboración de Ricardo Álvarez). Disponible
en
www.subpesca.cl

 

Es importante destacar que la cartografía construida colectivamente permitió dar cuenta de acuerdos que, a través de otras cartografías, probablemente habrían terminado en desacuerdos si sólo se hubiese visibilizado un tipo de variables (como explotación acuícola, por ejemplo).

2. Diseño de feria La Vega. Estudio Puluqui-Calbuco. Comuna de Calbuco, Región de Los Lagos (2012-2013). Otra experiencia interesante de referir se desarrolló entre los años 2012 y 2013 en la Comuna de Calbuco (imagen 5), durante la aplicación del programa de intervención social Servicio País. Un objetivo planteado por este programa y la Ilustre Municipalidad de Calbuco, era abrir Isla Puluqui al turismo, para mejorar de esta manera las condiciones de vida de sus habitantes14. A partir de ello se propuso diagnosticar el habitar insular mediante la aplicación y análisis de cartografías participativas, lo que generó una imagen altamente dinámica y especular entre la isla y la ciudad cabecera, Calbuco, sustentada en la comercialización de productos hortícolas y costeros.

 

Imagen 5. Cartografía participativa junto a habitantes de Isla Puluqui (fuente: Camilo
Drago y Paulina Torres, Programa Servicio País).

 

Específicamente, se evidenció que las transformaciones urbanas ocurridas antes y después de la construcción del piedraplén  habían afectado significativamente las  dinámicas internas de Isla Puluqui. Esto, pues Calbuco antiguo (pre-piedraplén)15  tenía su centro de desarrollo abierto al mar, como espacio de conectividad, facilitando a las familias de la mitad sur de Isla Puluqui la comercialización de sus productos en este sector urbano. Una vez construido el piedraplén, fue la mitad norte de Calbuco la que cobró notoriedad, al abrirse a una conectividad terrestre. Así, pudieron beneficiarse las familias de la mitad norte de isla Puluqui vendiendo sus productos en este nuevo centro urbano (imagen 6).

 

Imagen 6. Este ejercicio permitió dar cuenta de un complejo proceso de
dependencia histórica, de carácter especular, entre Calbuco urbano e Isla
Puluqui (fuente: Camilo Drago y Paulina Torres, Programa Servicio País).

 

En este contexto, se propuso re-diseñar los espacios de venta de los productos rurales provenientes de la isla en el territorio urbano, reconociendo con ello que las ciudades, en el contexto actual, modificaban continuamente las ruralidades aledañas (lo que, muy probablemente, permite suponer ejercicios inversos para diseñar ciudades desde lo rural). En otras palabras, se asumió que para mejorar las economías campesinas era necesario modificar los espacios urbanos, dando cabida a sus prácticas productivas cotidianas. Para ello se diseñó un proyecto de remodelación de ferias urbanas a partir del ejercicio de codiseño de las familias residentes en Isla Puluqui (imagen 7).

 

Imagen 7. Diseño Feria La Vega (fuente; Camilo Drago).

 

Actualmente, el proyecto de Feria La Vega cuenta con la primera etapa construida y se espera que sea licitada la segunda, con el apoyo de la Ilustre Municipalidad de Calbuco y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU).

3. Usos consuetudinarios en Isla Alao. Comuna de Quinchao, Región de Los Lagos (2013).

Una tercera experiencia es lo ocurrido el 2013 en Isla Alao, Comuna de Quinchao, en el marco de la aplicación del programa de intervención social Servicio País. Allí se efectuaron cartografías participativas para la identificación de recursos productivos potenciales, pensando que la zona podía ser intervenida a través de su apertura a agencias turísticas. Preliminarmente, se consideraba que Isla Alao tenía un uso precario de sus recursos y que eran pocas las actividades y conocimientos que se visibilizarían. Por el contrario, durante el proceso de cartografía participativa, la comunidad reconoció innumerables lugares, prácticas y recursos de uso actual e histórico, destacando la recolección de algas a partir de la década de los 80s, la agricultura de subsistencia y antiguas técnicas de siembra. La pesca artesanal evidenciaba dos épocas: una antigua, en base al uso de corrales de pesca de carácter monumental, y una moderna, basada en la pesca artesanal (imagen 8). También se visibilizaron zonas y épocas de mariscadura. El conjunto de prácticas productivas desveló la verdadera biografía de esta isla. El resultado fue la construcción de una narrativa en torno a las prácticas y usos tradicionales de estos recursos, en función de aquellos elementos reconocidos desde la memoria colectiva de los participantes (imágenes 9 y 10). Esto refleja que la isla, a pesar de sus limitantes espaciales, es un micro territorio complejo que, al igual que Isla Puluqui, es altamente sensible a las transformaciones que ocurren en su alrededor.

 

Imagen 8. Antiguo corral de pesca. Sector Bajo Quiliquehue, Isla Alao
(fuente: David Núñez).

 

Imagen 9. Mapa de la isla elaborado participativamente. Es interesante
constatar que en cada sector surgen elementos que son diferentes.
Esta diversidad territorial demuestra que las islas son altamente complejas
en sus usos, prácticas e imaginarios (fuente: Antonia Zambra, Programa
Servicio País).

 

Imagen 10. Mapa final diseñado con el fin de visibilizar los usos
consuetudinarios y obtener su reconocimiento formal por parte de
la Ilustre Municipalidad de Quinchao y el Estado (fuente: Antonia
Zambra, Programa Servicio País).

 

CONCLUSIONES.

Hoy en día los procesos de superposición de actividades en el borde costero han transformado los modos de habitar local, así como procedimientos y regulaciones consuetudinarias que explican el comportamiento de los habitantes en el espacio vivido. Frente al proceso de invisibilización de lo local, generado por el modelo de desarrollo actual (modelo respaldado por una legislación Estatal), se hace necesario mostrar que existen modos de vida que son defendibles formalmente y es allí donde, dada su innegable existencia, la cartografía participativa redunda en una herramienta ética-política para dar cuenta de ellos.

Los espacios locales y consuetudinarios, al ser codiseñados con los propios habitantes del territorio a través de la cartografía participativa, tienen una mayor probabilidad de ser integrados en el habitar local, pues son poblados con microhistorias y proyecciones futuras. Esto permite incorporar nuevas herramientas de apoyo para la planificación sustentable, destacando la importancia de estos micro-territorios en tanto paisajes propios y singulares. AUS

NOTAS

1 Este artículo se desarrolla en el marco del proyecto FONDECYT N°1121204

2 Se entenderá como uso o práctica consuetudinaria aquella que se sustenta en la tradición o costumbre local, cuya forma de transmisión se realiza mediante la herencia oral a través de narraciones, leyendas o regulaciones locales (Stavenhagen 2006; Skewes 2012).[desurbanización], en espera de una hipotética recuperación del núcleo central [reurbanización] (Dematteis 1998).

3 Ley N°20.249 y su reglamento (2008), también conocida como 'Ley Lafkenche', crea la figura jurídica del Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios (ECPMO), con el objeto de preservar e uso consuetudinario de dichos espacios, a fin de mantener las tradiciones y el uso de los recursos naturales por parte de las comunidades indígenas vinculadas al borde costero (Biblioteca del Congreso Nacional 2012).

4 Información entregada por Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) vía Consulta Transparencia N° 725, septiembre 2014.

5 Ambos conceptos no serán profundizados en el presente artículo, otorgando mayor relevancia a la representación del impacto de estos fenómenos a través de la cartografía participativa.

6 Para resolver el problema de "¿dónde establecemos a estos nuevos migrantes?".

7 Para resolver el problema de "¿cómo facilitamos condiciones de interacción de estos nuevos habitantes?".

8 Participatory Rural Appraisal (PRA) y Participatory Action Research (PAR), por sus siglas en inglés.

9 Preguntas tales como: ¿Cuáles son los lugares más importantes de la localidad? ¿Cómo se conectan esos lugares? ¿Qué uso tienen esos lugares?

10 Como señala MCall (2003), en un extremo está la "facilitación", cuando la participación es promovida por programa externos, mientras en el otro extremo está el "empoderamiento", donde la participación pretende priorizar la toma de decisión local y reforzar las responsabilidades locales

11 Proyecto Caulín Sustentable Huenque - Chilue. Fundación Canelo de Nos.

12 Centro Ballena Azul, World Wildlife Fund (WWF), Centro de Conservación y Estudio del Patrimonio Natural (CECPAN).

13 Comisión Regional de Usos del Borde Costero Los Lagos, Agosto 2014.

14 Este tipo de soluciones, que se han generalizado a nivel regional para paliar hipotéticamente la fuga de migrantes, no ha dado, en general, los resultados esperados. Por el contrario, ha vuelto más vulnerables estos territorios. Ello se debe, en parte, a que desde los municipios se promocionan zonas que no poseen capacidades de inversión institucional en turismo (infraestructura, equipamiento, personal) para hacerse cargo de visitantes foráneos.

15 Unión vial entre la isla donde se ubica la ciudad de Calbuco y el continente, construida hacia 1965.

 

REFERENCIAS

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Recepción/ 1 diciembre 2014
Aceptación/ 25 mayo 2015

 

 

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