AUS (Valdivia) - Víctimas y mártires de la violencia política reciente en Chile: ¿Una memoria pública en disputa?
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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.20 Valdivia 2016




ARTÍCULO

 

Víctimas y mártires de la violencia política reciente en Chile. ¿Una memoria pública en disputa?1

Victims and martyrs of recent political violence in Chile. A controversial public memory?

 

Carolina Aguilera-Insunza

Socióloga, Universidad de Chile.
Magister en Ciencias Sociales, Oxford Brookes University.
Candidata a Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile. caaguilera@uc.cl


RESUMEN/ Se presenta una investigación sobre la memoria pública de la violencia política ocurrida en Chile entre 1970 y 1991. Asumiendo que las prácticas conmemorativas forman parte central de la configuración de las identidades nacionales y de la construcción de las ciudades, el estudio busca aportar a la comprensión del giro conmemorativo hacia "políticas del arrepentimiento" (Olick 2007). A partir de un análisis territorial de elementos conmemorativos instalados en la ciudad de Santiago, el trabajo indica que la memoria pública se ha configurado en términos ecuménicos y espacialmente fragmentados, generando dinámicas más bien locales y segregadas de memorialización. Así, si bien las políticas de la memoria en el país se inscriben en la afirmación de la democracia, los derechos humanos y la condena a la dictadura, los procesos de configuración del espacio urbano han permitido la persistencia de espacios de importancia central que no han sido afectados por esta tendencia emergente. ABSTRACT/ This research deals with the public memory of political violence in Chile between 1970 and 1991. Considering that remembrance practices are a crucial aspect in the configuration of national identities and the construction of cities, this study aims at promoting the understanding of how memory shifted towards the "politics of regret" (Olick 2007). Based on the analysis of memorial elements distributed throughout the city of Santiago, the work suggests that public memory has been arranged ecumenically and in a spatially fragmented manner, resulting in rather local and segregated memorializing dynamics. Thus, while the country's memory policies are located within the affirmation of democracy, human rights and the condemnation of dictatorship, the processes of urban space configuration have allowed for the persistence of crucially relevant spaces to remain untouched by this emergent trend.

Palabras clave/ Memoria, dictadura, Chile, derechos humanos
Keywords/ Memory, dictatorship, Chile, human rights


 

1. INTRODUCCIÓN. Este artículo presenta los resultados de una investigación2 sobre la memoria pública de la violencia política ocurrida en Chile en los años de la Unidad Popular y la dictadura de 1973-1990. Se entiende aquí el concepto de memoria pública como la práctica de crear lugares conmemorativos, monumentos y sitios históricos3. El estudio busca aportar a las investigaciones que se preguntan por el giro conmemorativo que se estaría presentando en diferentes sociedades, incluyendo la chilena, hacia "políticas del arrepentimiento" (Olick 2007). Con ello se alude a la emergencia de acciones de memorialización que buscan movilizar una reparación hacia sectores de la población que fueron víctimas de acciones estatales; una fórmula simbólica que aspira a fortalecer las bases democráticas y de respeto a los derechos humanos en una sociedad que ha pasado por una dictadura o conflicto armado. A nivel internacional, se han destacado las disputas en torno a la instalación de un memorial a los veteranos de la Guerra de Vietnam en Washington (Wagner-Pacifici y Schwartz 1991) y la instalación de memoriales a las víctimas del nazismo (Young 1994). En Chile y Argentina se ha evidenciado el auge conmemorativo a víctimas de la dictadura, y en Perú a las víctimas del conflicto armado (Jelín 2002). Se asume que este giro ha permitido abrir espacio para controversias en torno a qué y cómo rememorar eventos que han dividido a la sociedad, generando una memoria pública capaz de vehiculizar un encuentro amplio en torno a los valores de los derechos humanos y la democracia.

 

Gráfico 1. Forma del elemento conmemorativo y función (fuente:
Elaboración propia a partir de investigación realizada).

 

Mediante un análisis territorial a escala metropolitana, este estudio propone una mirada diacrónica que evidencie la multiplicidad conmemorativa existente en la capital del país. Para lograrlo se realizó un análisis territorial de la memoria pública inscrita en la capital chilena, mediante un catastro georeferenciado4 de elementos ubicados en el área urbana de la Región Metropolitana. Se incluyó un espectro amplio de formas: animitas, monolitos, placas ubicadas en lugares públicos, obras de arte público, monumentos y centros de memoria, incluyendo el Museo de la Memoria (tabla 1). Si bien se trata de expresiones que refieren a tradiciones culturales diferentes y que presentan una multiplicidad de formas, todas tienen la cualidad común de haber logrado hacerse un lugar en la ciudad. La investigación no se acotó únicamente a aquellos homenajes dedicados a víctimas de la dictadura, ya que la memoria colectiva del periodo es más amplia e incluye recordaciones a quienes murieron en atentados perpetrados por grupos de derecha e izquierda, así como la memoria de quienes promovieron el golpe militar (Stern 2010). Por ello se incorporan elementos conmemorativos dedicados a personas que murieron tanto debido a la violencia política estatal como a la ejercida por grupos, y se consideró al período que va desde el atentado al General en Jefe del Ejército, René Schneider -ejecutado para evitar la ratificación de Salvador Allende como Presidente de la República (octubre 1970)-, hasta el atentado al entonces Senador Jaime Guzmán (en abril de 1991). El catastro se realizó a partir de registros oficiales5, literatura secundaria6, revisión de prensa y dos años de trabajo de campo7. Por otro lado, se consideraron dimensiones que permitieron caracterizar el territorio capitalino y que se destacaron como relevantes para el análisis, que fueron el crecimiento de la ciudad y la distribución socioeconómica de los hogares, medido a nivel de manzanas8. Ambos procesos fueron registrados según la metodología utilizada por el Observatorio de Ciudades de la Pontificia Universidad Católica de Chile9(OCUC).

 

*Nombre actual. Previamente se llamaba "Memorial a los Detenidos Desaparecidos y
Ejecutados Políticos de la Comuna de Conchalí". Fue inaugurado en 2004 en otra ubicación,
y movido a su ubicación actual en 2013.

S/I = Sin Información

Tabla 1. Memoriales dedicados a víctimas residentes de un territorio (fuente: Elaboración
propia a partir de: observación directa las placas instaladas en memoriales (año 2013);
entrevistas a gestores de memoriales; Decretos de Convenio entre Programa de DDHH del
Ministerio del Interior y organizaciones de derechos humanos que han realizado memoriales
con apoyo del Programa; Programa de Derechos Humanos (2009); sitio web Programa de
Derechos Humanos Ministerio del Interior, con acceso el 24 de septiembre de 2015; MINVU
(2009); Cuenta Pública de la Municipalidad de Lo Prado, año 2011 (descargada de sitio web
en 24 de septiembre de 2015).

 

2. MEMORIA PÚBLICA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA: CENTRALIDADES Y PERIFERIAS DE UNA CONFIGURACIÓN POCO DISPUTADA. El análisis territorial realizado da cuenta de que Santiago contaba, hasta agosto de 2013, con al menos 66 inscripciones del tipo animitas, monolitos, esculturas, obras de arte público y centros de memoria, cubriendo un área extensa de la ciudad (imagen 1)10. Han predominado esculturas y obras de arte público, las que en su mayoría han tenido por propósito realizar homenajes en espacios públicos y, en algunos casos, señalar recintos de represión y lugares de ejecución (imagen 2, imagen 3). La gran mayoría (57 del total), inscribe su sentido político en la condena a la dictadura, en el valor universal de los derechos humanos (aun cuando pongan acento en las violaciones ocurridas en dictadura) y en varias ocasiones se hace un homenaje especial a Salvador Allende. En este sentido, se trata de memorializaciones inscriptas en el giro conmemorativo hacia políticas de la memoria del arrepentimiento. Una mirada a escala metropolitana, sin embargo, evidencia un paisaje más paradójico: una gran cantidad de monumentos y sitios de memoria en ausencia de mayor conflictividad. ¿Cómo se ha dado esta configuración y qué fenómenos pueden estar involucrados?

 

Imagen 1: Elementos conmemorativos ubicados en la ciudad de Santiago
a agosto de 2013 (Fuente: Elaboración propia a partir de cartografía OCUC
citadas y catastro de memoriales. Diseño de la imagen: Javiera Ramírez).

 

Imagen 2. Memorial Población La Legua, (fuente: Viviana Bravo y Renzo
Contreras, 2015).

 

Imagen 3. Memoriales dedicados a víctimas residentes de un territorio,
según crecimiento de la ciudad de Santiago (fuente: Elaboración propia a
partir de cartografía OCUC citadas y catastro de memoriales. Diseño de la
imagen: Javiera Ramírez).

 

2.1. MEMORIA PÚBLICA DE LA REPRESIÓN ESTATAL EN LA PERIFERIA URBANA DEL SANTIAGO DE LOS AÑOS 1970s. La investigación permitió identificar la presencia de un tipo particular de memoriales, aquellos dedicados a residentes de una población o comuna que murieron a causa de la represión autoritaria (12 en total) (imagen 3 y tabla 1).

La imagen 3 evidencia que su ubicación corresponde a la periferia capitalina de los años setenta. Se trata de una zona que había experimentado un proceso de crecimiento acelerado en las décadas precedentes, ocasionado por la demanda de vivienda (Castells 1972; Cortés 2014, 2002; Espinoza 1998; Giannotti 2014). Vía programas de erradicación y reubicación, programas de operación sitio, tomas de terreno y la construcción de viviendas sociales, muchos de estos territorios se configuraron con la participación organizada de familias, militantes de partidos de izquierda y de centro. Ello marcó las estructuras políticas de estos territorios, convirtiéndolos en sectores urbanos con altos niveles de organización política y social, en lo que se ha denominado Movimiento de Pobladores (Castells 1972; Cortés 2014, 2002; Espinoza 1998). Debido a su funcionamiento como espacios de apoyo al gobierno de la Unidad Popular estos lugares sufrieron la represión militar de la dictadura de manera intensiva. Como se establece en los memoriales, más de 300 personas fueron asesinadas en total en estos asentamientos, cifra relativamente alta si se considera que estos territorios solo cubren un área urbana proporcionalmente muy pequeña en relación al total nacional11.

Al inicio de la dictadura, las posibilidades de recordación pública de las víctimas estaban prácticamente canceladas por el evidente peligro que ello conllevaba, aunque hubo personas y grupos que realizaron esfuerzos para elaborar colectivamente el trauma, junto con buscar justicia y verdad. Esto cambió con el auge de las protestas masivas contra el régimen, desde 1983 en adelante, las que surgieron en un contexto de crisis económica y altos niveles de pobreza. Las movilizaciones fueron especialmente fuertes en aquellos asentamientos donde el movimiento de pobladores había sido particularmente activo en los años previos a la dictadura, y aún había una presencia de militantes de izquierda capaces de mantener y reactivar una cultura política entre los pobladores, creando sinergias con las nuevas organizaciones surgidas en la época (Schneider 1991). Junto con la movilización social, las conmemoraciones públicas de personas que cayeron durante la dictadura comenzaron a extenderse en los asentamientos y barrios populares de la capital, por medio de murales y animitas. Sin embargo, no fue sino hasta terminada la dictadura que en diversas localidades comenzó a tomar fuerza la idea de instalar un homenaje de carácter más permanente a las víctimas del sector. Estas inscripciones se concretarían aproximadamente una década después, con el descongelamiento del pacto transicional iniciado, según diversos analistas, con la detención de Pinochet12 en 1998 (Loveman y Lira 2002; Collins, Hite y Joignant 2013). Inaugurados entre 2002 y 201113, son el resultado de procesos temporalmente extensos y heterogéneos. En su mayoría fueron iniciativas lideradas por personas pertenecientes a partidos políticos de izquierda, que abrazaron la defensa de los derechos humanos durante la dictadura o con posterioridad. En La Legua, el memorial fue iniciativa de una familia vinculada al Partido Comunista (PC), los Salamanca, quienes fueron duramente reprimidos durante la dictadura y también participaron en la fundación de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y en la resistencia al régimen. En Lo Prado, el dirigente del memorial, Víctor Hugo Fuentes, es militante comunista y padre de un joven asesinado durante una protesta. En Conchalí, el memorial fue iniciativa de la célula local del PC, dirigida por Ana María Herrera. Una situación similar ocurrió en La Victoria. En Huechuraba, este fue iniciado por familiares de víctimas conducidas por Juan Soto López, militante socialista y viudo de una persona asesinada por una bala loca en un día de protesta. En Peñalolén, el monumento principal fue forjado por la Organización Cultural por la Memoria Histórica de Peñalolén, dirigido por Rebeca Martínez, madre de un joven asesinado en una concentración política en dictadura. Este grupo también instaló un memorial en la Población Lo Hermida. En Maipú, el monumento fue erigido por iniciativa de la organización local de derechos humanos, dirigida por el socialista Patricio Chandía. Si bien la gran mayoría de los activistas pertenecen a partidos políticos de izquierda, las entrevistas realizadas indican que la instalación de los monumentos ha sido una dinámica local en la que no han comparecido procesos partidistas centrales, y que no ha existido mayor colaboración entre las distintas iniciativas.

En términos de forma, diez son esculturas u obras de arte público que llevan adosadas a su estructura una placa con una lista de víctimas. En algunos casos hubo un concurso público para elegir el diseño. Para al menos la mitad de los casos registrados, una parte de la financiación provino de la municipalidad correspondiente, y en cuatro del Gobierno Central a través del Programa de DD.HH. del Ministerio del Interior. En determinados memoriales, los elementos forman parte de la infraestructura cultural de los nuevos sub-centros metropolitanos, como son el reubicado memorial de Conchalí, el memorial de Maipú y el de Huechuraba. Otros están instalados en poblaciones o villas, en una lógica que destaca al territorio: memoriales de La Legua, Peñalolén, Villa Francia, y los monolitos de La Victoria y del ex campamento Nueva Habana. Dos están ubicados en ejes viales estructurantes, como es uno de los memoriales de Peñalolén, el memorial de San Joaquín, y también el de Villa Francia, emplazado sobre una avenida colindante. Solo en aquellos de San Joaquín y Huechuraba, la ubicación obedece también a un lugar vinculado de manera directa con la detención de personas14.

2.2. ¿CULTURA DE LA PRUDENCIA POST-DICTATORIAL? SILENCIOS Y OLVIDOS DE LA ÉLITE. Una imagen muy diferente se observa en otro sector periférico, aquel donde reside la gran mayoría de las familias de niveles socioeconómicos altos, llamado 'cono de alta renta'. En este sector, correspondiente aproximadamente a las comunas de La Reina, Providencia, Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea (marcado en tonos grises claros en imagen 4), hasta 2015 no es posible encontrar homenajes a víctimas de la dictadura; por el contrario, en él se ubican monumentos a personas asesinadas por grupos armados de izquierda durante el mismo periodo. La excepción es la obra del artista Carlos Ortúzar al General Schneider, ubicada en la rotonda Kennedy (imagen 5). ¿Qué dinámicas conmemorativas se han puesto en juego aquí, dando lugar a la imagen de una ciudad dual? Además de la obra de Ortúzar, este sector de la ciudad cuenta, con tres conmemoraciones instaladas por las autoridades dictatoriales locales. Se trata de dos bustos dedicados al ex Intendente de Santiago y mayor de ejército Carol Urzúa, asesinado en 1983 por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (imagen 6). En ambos casos se privilegiaron para su localización avenidas importantes, pero que no refieren al lugar del atentado. Por otra parte, la Municipalidad de Providencia instaló en 1978 un monolito a Edmundo Pérez Zújovic, asesinado en 1971 por el grupo de ultra-izquierda Vanguardia Organizada del Pueblo. Muchos años después, en 2012, cercanos al ex primer Ministro del Interior del gobierno de Eduardo Frei Montalva instalaron una escultura en su honor, en las cercanías de la rotonda homónima. Finalmente, la instalación del memorial a Jaime Guzmán en la comuna de Vitacura acentúa el carácter político de la memorialización del sector capitalino referido. Dicho memorial fue inicialmente proyectado para el centro de la ciudad pero tuvo que reubicarse, a causa del rechazo de los vecinos, en el distrito de negocios de la capital.

 

Imagen 4. Elementos conmemorativos ubicados en la ciudad de Santiago, según nivel
socioeconómico de la manzana (fuente: Elaboración propia a partir de cartografía OCUC
citadas y catastro de memoriales. Diseño de la imagen: Javiera Ramírez).

 

Imagen 5. Monumento al General Schneider
(fuente: Carolina Aguilera y Renzo Contreras 2013).

 

Imagen 6. Busto a Carol Urzúa (fuente: Carolina Aguilera y Renzo
Contreras 2013).

 

3. CONCLUSIONES. ¿Cómo entender esta geografía segregada de monumentos urbanos? Debemos tener en cuenta que en el cono de alta renta hubo recintos de detención, tortura y desaparición de personas, y se detuvo en la vía pública a personas que luego serían asesinadas o desaparecidas (CNRR 1996). Además, el signo político de derecha de los municipios, predominante en este sector, no es suficiente para explicar el fenómeno, ya que en otras zonas de la ciudad municipios dirigidos por alcaldes de partidos del mismo signo político apoyaron la instalación de memoriales dedicados a víctimas de la dictadura en sus comunas (Huechuraba y Conchalí). ¿Sería posible que la separación residencial entre quienes tienen altos niveles de capital cultural y social, y el resto de la población, se exprese también en las formas en que unos y otros asumen el legado dictatorial?

Diversas investigaciones han destacado el alto nivel de segregación de Santiago, en particular la configuración de una zona residencial relativamente exclusiva de la élite (Márquez y Pérez 2008; Rodríguez 2008; Sabatini, Cáceres y Cerda 2001). Utilizando el indicador de nivel socioeconómico proveniente del marketing, la investigación sugiere que esta imagen dual de la memoria pública de la capital se origina en las dificultades que ha tenido la élite para asumir de manera decidida un rechazo a las violaciones de los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura. Efectivamente, como han mostrado Loveman y Lira (2002) y Stern (2010), cómo lidiar con ese pasado se convirtió en un impasse recurrente para quienes han dirigido políticamente el país. Adoptando una "cultura de la prudencia" (Stern 2010), las élites han asumido que la estabilidad política de la transición depende de no poner en riesgo los intereses de los partidarios del régimen militar. Pareciera que ello también se estaría traduciendo en que hasta 2015 no encontremos memorializaciones públicas en el sector de la ciudad en el cual conviven perpetradores y quienes lideraron la transición en posdictadura. Al contrario, en los sectores de Santiago que cuentan con una trayectoria local vinculada a organizaciones de izquierda que fueron duramente reprimidas en dictadura, se han creado monumentos públicos a quienes sufrieron la violencia dictatorial.

El giro conmemorativo descrito en la literatura apuntaría a la creación de una memoria pública, en términos de un espacio abierto a un encuentro, más o menos conflictivo, entre quienes tienen recuerdos significativos en torno a determinados eventos. Sin embargo, en Chile pareciera que si bien han proliferado elementos conmemorativos asentados en la afirmación de la democracia y los derechos humanos, estos obedecen, en su gran mayoría, a dinámicas locales y segregadas espacialmente. Se han dado conflictos, como la discusión en torno al guion histórico del Museo de la Memoria (Jara 2014), pero en general no se han dado disputas que hayan alcanzado la esfera del debate abierto. En esta medida, dicho encuentro se hace menos probable y la memoria pública, imaginada como espacio abierto a un todo, pierde su potencial. El análisis vuelve a presentarnos a la ciudad como aquella creación humana paradójica, capaz de integrar y separar, según como sea concebido el espacio urbano. Más aun, el estudio nos vuelve a recordar la importancia de la manera en que hacemos ciudad, de cara a la construcción de una sociedad más integrada, capaz de producir encuentros entre personas y grupos con diferentes posturas frente al pasado, incluso cuando ello conlleve controversias. AUS

NOTAS

1 El trabajo forma parte del desarrollo de mi tesis de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos (en curso), Pontificia Universidad Católica de Chile. Es financiada por la Beca de Doctorado Nacional Conicyt y cuenta con apoyo del Centro COES CONICYT/FONDAP/15130009.

2 Quisiera agradecer de manera especial a quienes, generosamente, compartieron conmigo sus testimonios. Agradezco también a los revisores del artículo por sus interesantes sugerencias.

3 El concepto memoria pública se utiliza, principalmente, en el medio norteamericano de estudios sobre la memoria para distinguir aquellos procesos que tornan ciertas memorias colectivas, sociales y culturales en asuntos públicos, es decir, las que promueven el encuentro con otros de manera abierta. El concepto, en general, puede referirse a monumentos y sitios, pero también a producciones culturales como películas y series televisivas. Para mayor discusión ver Parte III de Radstone y Schwartz (2010) y Phillips (2004).

4 Para ello se recurrió al paquete de programas Archmap.

5 Archivo Monumentos Públicos, Consejo Monumentos Nacionales; Decretos del Programa de Derechos Humanos, Ministerio del Interior; Programa de Derechos Humanos (2009); Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) (2009).

6 Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) (2007); Piper y Hevia (2012).

7 Observaciones participantes en ceremonias y días corrientes en memoriales, y entrevistas semiestructuradas a dirigentes sociales a cargo de la creación de memoriales, creadores de memoriales, familiares de víctimas y profesionales municipales (33 en total).

8 OCUC s/f.

9 El OCUC construye el indicador de nivel socioeconómico de la manzana a partir de un promedio ponderado del nivel socioeconómico de los hogares de cada manzana. Este último se mide utilizando e método de la compañía de marketing Adimark, que genera una escala de hogares a partir de bienes materiales y el nivel educacional del jefe de hogar, utilizando las siglas A, B, C1, C2, C3, D y E (Morales 2015).

10 Solo se consideraron elementos creados hasta agosto de 2013, porque no fue posible realizar un seguimiento sistemático a las creaciones ocurridas en el marco de la conmemoración de los 40 años de Golpe Militar y meses posteriores.

11 La cifra corresponde al 10% del saldo nacional de víctimas consignadas en el Informe Rettig (Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) 1996).

12 Augusto Pinochet Ligarte, quien fue la cabeza de la dictadura cívico-militar impuesta en Chile desde 1973 hasta 1990, fue detenido en Londres el 16 de octubre de 1998 por orden de la justicia española, específicamente, del juez Baltasar Garzón (Brett 2008).

13 Sin considerar la instalación de una piedra conmemorativa en La Legua en 1990, la que forma parte de la escultura existente en la actualidad.

14 El de San Joaquín se ubicó en el lugar donde fueron detenidos miembros de la familia Recabarren González, actualmente desaparecidos. En el caso de Huechuraba, en el lugar se ubicaba un retén de Carabineros donde se detuvo y dio muerte de manera ilegal a opositores a la dictadura.

 

REFERENCIAS

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Recepción/ 1 julio 2015
Aceptación/ 14 septiembre 2015

 

 

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