AUS (Valdivia) - Transformaciones del habitar en la zona del carbón: María Dolores Muñoz Rebolledo
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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.17 Valdivia 2015




DOI:10.4206/aus.2015.n17-12

ENTREVISTA / INTERVIEW

 

Transformaciones del habitar en la zona del carbón. María Dolores Muñoz Rebolledo

Changing the ways to inhabit in coal mine areas

 

Mg. Tirza Barría Catalán

Arquitecta, Universidad Austral de Chile, Chile.
Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Académica Instituto de Arquitectura y Urbanismo, Facultad de Arquitectura y Artes,
Universidad Austral de Chile, Chile. tirzabarria@gmail.com


/ Profesora Asociada del Departamento de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción. Arquitecta de la Universidad de Santiago. Candidata a doctora en Arquitectura. Escuela Técnica Superior de Arquitectura Universidad Politécnica de Madrid. / Associated Professor at the Urban Development Department of the School of Architecture, Urban Development and Geography of the Universidad de Concepción. She holds an Architecture degree from the Universidad de Santiago. Candidate to a Ph.D. in Architecture. Superior Technical Architecture School of the Universidad Politécnica de Madrid.

Palabras clave/ Vivienda obrera, asentamiento industrial, habitar, arquitectura moderna.
Keywords/ Workers' housing, industrial settlement, inhabit, modern architecture.


 

Es sabido que en la zona del carbón, Lota, existe una fuerte identidad ligada a la producción minera, que se muestra en una manera de habitar particular. ¿Cómo definirías este tipo de habitar y cómo, arquitectónicamente, se despliega en el espacio? Una de las principales características de Lota Alto es la fuerte identidad de sus pobladores con el trabajo en las minas, aquello de los habitantes de Lota califican como identidad minera, expresión que hace referencia a una forma de vida comunitaria basada en la solidaridad, en el encuentro social y en una serie de ritos urbanos que dan sentido a la vida cotidiana. Esta particular forma de habitar se manifiesta físicamente en la existencia de hornos comunes, que corresponden a una tipología de carácter único y representativa de Lota Alto. Los hornos comunes son los lugares donde las mujeres se reúnen para hacer el pan de mina, conversar y apoyarse en la búsqueda de soluciones a sus problemas domésticos; por esto, son una evidencia tangible de la estructura de relaciones comunitarias propia del asentamiento minero que, históricamente, también se revelaba en la existencia de comedores, baños y lavaderos compartidos. La prolongación de la vida familiar por espacios comunes es una característica distintiva del habitar minero; así, los edificios de vivienda colectiva -conocidos con el nombre de pabellones-se caracterizan por los corredores que constituyen otro importante ámbito de la vida comunitaria porque son el lugar del juego de los niños y el encuentro de los jóvenes, donde se cuelga la ropa y se sacan las sillas para generar un espacio de estar que pertenece tanto a la vivienda como a la calle. Otro rasgo de la identidad minera se revela en la importancia que los habitantes de Lota le otorgan a las construcciones industriales como elementos distintivos del paisaje urbano, en particular a los piques mineros que se construyeron para bajar o subir de la mina. El asentamiento de Lota Alto contaba con otros espacios de uso compartido como los lugares destinados a la recreación, en particular las piscinas para obreros y empleados.

 

Imagen 1. Horno comunitario en calle Mayordomo Santos
(fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

Debe considerarse que el modelo urbano implantado en Lota Alto, además de fortalecer la vida comunitaria, respondía a la idea de optimizar el rendimiento industrial y también era una clara expresión de pertenencia a una entidad urbana privada y distinta a los asentamientos tradicionales; esta condición se revelaba en las puertas de acceso controlado al poblado minero, en las viviendas colectivas y diversos equipamiento: mercado, teatro, gimnasio, escuelas y hospital. Estos elementos, estructuraban una ciudad donde, idealmente, sus habitantes vivían protegidos. Asimismo, el carácter privado del asentamiento minero se pronunciaba en el pago de los salarios con fichas y en la forma de consumo porque la población obrera sólo podía adquirir productos en los mercados y economatos determinados por la empresa, de modo similar a otros asentamientos industriales como las oficinas salitreras. Sin embargo, en esta ciudad y sociedad, teóricamente ideales, surgieron una serie de conflictos generados por la pobreza, limitaciones en las posibilidades de las personas para decidir su forma de vida, bajos salarios y deficientes condiciones de trabajo. A pesar de los conflictos y tragedias que marcaron la trayectoria histórica del poblado, los habitantes de Lota están orgullosos de su pasado minero y varios de ellos se han dedicado a la divulgación de la historia del poblado minero y son defensores activos de su patrimonio arquitectónico y urbano.

En Chile los proceso de industrialización determinaron un expansivo crecimiento en el asentamiento dedicado a la producción de distintas materias primas, tal es el caso de Lota. En la arquitectura de esta localidad ¿dónde se ve reflejado este cambio? Desde la segunda mitad del siglo XIX, la minería del carbón fue un sector relevante del proceso de industrialización de Chile asociado a la extracción de recursos naturales. Aunque Lota era un enclave de tamaño reducido fue el punto de partida para un extenso despliegue territorial que incluyó la creación de poblados mineros con numerosas viviendas para el personal y diversos equipamientos urbanos, la construcción de infraestructura de transporte y comunicaciones, redes de energía y fábricas. Desde el comienzo de su trayectoria urbana, Lota Alto sorprende por la rapidez de su crecimiento y diversidad de actividades que concentraba; además de los piques y túneles para acceder a los yacimientos submarinos de carbón, se construyeron varias instalaciones destinadas a la producción económica1. La importancia productiva y territorial de la empresa minera también se manifiesta en la ejecución de formidables obras de infraestructura como la vía de ferrocarril que incluyó un puente sobre el río Bío Bío2 y la central hidroeléctrica de Chivilingo. El desarrollo del poblado minero en la primera mitad del siglo XX se fue plasmando en imponentes edificios industriales entre los que se destacan la maestranza, termoeléctrica y hornos de lavado de carbón. Estas construcciones forman un conjunto de arquitectura moderna de carácter industrial considerado por los habitantes de Lota uno de los lugares de mayor patrimonial. En paralelo se fueron levantando numerosas viviendas, equipamientos, plazas y otros espacios públicos para la consolidación urbana y cívica del poblado.

 

Imagen 2. Pabellón 48 (fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

Los edificios de vivienda colectiva o pabellones, construidos por la empresa minera en distintas épocas, son ejemplos arquitectónicos característicos de Lota Alto que revelan los cambios en el proceso urbano del asentamiento. La mayoría han sido intervenidos para incorporarles baños y mejorar la habitabilidad; por esto, el pabellón 81 es uno de los edificios originales que se conserva sin variaciones.

 

Imagen 3. Pabellón SJ (fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

De acuerdo a tu experiencia en el relevamiento de edificios modernos en Lota ¿podrías mencionar cuáles han sido los de mayor trascendencia y cómo éstos han respondido al paso del tiempo? La arquitectura moderna de mayor relevancia para la consolidación urbana de Lota Alto concierne al teatro, el hospital y al conjunto de cuatro edificios que integran el sector históricamente conocido como Barrio Cívico. Todos corresponden a elementos esenciales del paisaje urbano y son valorados socialmente como patrimonio construido y anclajes afectivos de la memoria colectiva. Fueron construidos entre las décadas de 1940 y 1950, un periodo muy dinámico de la trayectoria urbana del poblado minero fuertemente impulsado por la reconstrucción posterior al terremoto de 1939 y la conmemoración del centenario de la creación de la compañía minera en 1952.

El Barrio Cívico era el sector institucional de Lota Alto conformado por cuatro edificios modernos (Administración de la Compañía Minera, Bienestar, Oficina de Población y Oficina de Pago) que albergaban funciones administrativas, sociales y urbanísticas. En este lugar se tomaban todas las decisiones referentes a la dirección de la compañía minera, a las relaciones de la empresa con los trabajadores y al desarrollo urbano. El centro del sector era el edificio de la Administración de la Compañía Minera que fue reconstruido en 1941 aplicando los principios de la arquitectura moderna y después del cierre de las minas en 1997 fue remodelado para funcionar como Centro de Formación Técnica. Los edificios que albergaban al Bienestar, Oficina de Población y Oficina de Pago han perdido sus funciones originales pero se conservan en buen estado de conservación y siguen estructurando una de las áreas más vitales de la ciudad.

El teatro se inauguró en 1944 y fue uno de los más importantes de la zona sur por su capacidad (1400 espectadores en galerías y 600 en platea) y su variado programa que incluía funciones de cine, teatro, conciertos, conferencias y ensayos de conjuntos musicales y bandas de Lota. Hasta el año 2010, cuando el terremoto del 27 de febrero destruyó parte de su techumbre, era un espacio predilecto para las ceremonias de graduación escolar. Desde su inauguración fue uno de los principales lugares de encuentro del poblado minero; actualmente, ha perdido su condición de polo del encuentro social, permanece cerrado y con evidentes signos de deterioro.

El hospital reconstruido en la década de 1940, fue dotado de nuevas instalaciones, instrumental y personal médico. A diferencia de los edificios modernos ubicados en la calle Carlos Cousiño -la principal del centro minero- el hospital se construyó en un cerro, lejos de la agitación urbana. El complejo volumen del hospital enuncia la especialización de su programa y la solidez aportada por la estructura de hormigón era consecuente con su imagen de seguridad y la eficiente asistencia médica que el hospital aseguraba. Para los mineros era un centro del encuentro social, donde iban a visitar a familiares, amigos y compañeros de trabajo en una modalidad distinta de la solidaridad. Por esto, aunque fue cerrado al inicio de la reconversión, el hospital todavía es motivo de un orgullo para los habitantes de Lota. El hospital estuvo parcialmente ocupado por una empresa de comunicaciones; actualmente alberga algunas oficinas municipales aunque la zona de acceso permanece abandonada, con señales de fuego y destrucción. Este edificio está entregado a un destino ajeno a su significado para la comunidad.

El teatro y el hospital revelan del desapego institucional por la arquitectura moderna de Lota aunque la reciente declaración de Lota Alto como Zona Típica (Decreto N°232 del 22 de mayo 2014) abre una oportunidad para su protección.

 

Imagen 4. Modelo digital del edificio reconstruido (fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

En algunos de tus textos pones énfasis en la valoración social de la arquitectura ¿Cómo ésta se ha manifestado en tus distintos estudios y cuál ha sido tu experiencia en el tema de la participación ciudadana? La realidad chilena muestra que el modelo económico adoptado por el país ha generado o incrementado varios problemas sociales relacionados con el desarrollo de las ciudades; esto se refleja en los desequilibrios en la calidad ambiental de los barrios, contaminación del ambiente urbano, segregación social y marginalidad, excesiva centralidad, falta de equidad en la distribución de áreas verdes y destrucción o grave alteración del patrimonio con el consiguiente debilitamiento de la memoria colectiva y la identidad local.

Estos problemas se acrecientan por la débil participación ciudadana en las decisiones relacionadas con el desarrollo de las ciudades. La ciudad minera de Lota, después del cierre de las minas en 1997 y el inicio del proceso de reconversión industrial, ha sido objeto de radicales transformaciones sociales y urbanas que han incrementado algunos de los problemas mencionados.

En este contexto, formulé la investigación Patrimonio, identidad y memoria colectiva en el proceso de transformaciones contemporáneas de Lota Alto (FONDECYT 10 40 988) con la finalidad de analizar los cambios ocurridos en Lota desde el cierre de las minas en 1997 y el efecto de las nuevas circunstancias sobre el patrimonio y, especialmente, la identidad y formas de vida.

La visión de los expertos -antropólogos, sociólogos, arquitectos, urbanistas, historiadores- está construida desde el conocimiento teórico y la racionalidad y puede identificar lógicas urbanas y las variables más significativas que confluyen en ellas; no obstante, desde la perspectiva de la investigación antes mencionada, era importante establecer si estas variables y lógicas urbanas eran compartidas por la comunidad. En el espacio urbano de Lota puede observarse como una realidad tangible y material; también es parte de un imaginario vinculado a valores culturales, identidad colectiva, especificidades espaciales y lugar de encuentro social donde se manifiestan las más variadas y dinámicas relaciones. En este sentido, la metodología se enfocó a descubrir estas relaciones, que no siempre son visibles o permanentes, apoyados en las experiencias urbanas de sus habitantes para establecer los valores y significados que los residentes comparten.

A través de una metodología participativa basada en el diálogo permanente con la comunidad mediante conversaciones semanales y recorridos por la ciudad, fue posible construir la historia urbana del poblado minero desde la mirada y los recuerdos de sus habitantes. En este proceso pudimos identificar 220 sitios que contienen patrimonio arquitectónico y urbano. Esta cantidad, muy superior a otros inventarios sobre lugares patrimoniales de la ciudad, se explica porque los habitantes de Lota tienen un conocimiento más profundo y detallado de su ciudad y aportaban una visión que, generalmente, es más completa que la visión del experto que en cierta medida posa su mirada en los elementos más evidentes y visibles. Al recurrir a las experiencias y recuerdos de las personas que viven en la ciudad fue posible reconocer y valorar una serie de lugares que no tienen una materialidad patrimonial visible, pero que son significativos por su carga afectiva, por su condición de lugares donde se alberga la memoria colectiva.

 

Imagen 5. Pabellón 83 (fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

Imagen 6. Imagen histórica del Barrio Cívico de Lota Alto
(fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

El patrimonio arquitectónico y urbano de Lota está integrado por las instalaciones industriales, edificios históricos y modernos, plazas, miradores y espacios comunitarios que son apreciados por los habitantes de la ciudad por constituir lugares asociados a recuerdos y a valores permanentes y reconocidos. En conjunto integran una estructura urbana singular que es el soporte de una vida de relaciones donde radica la identidad y memoria colectiva.

A través de los recorridos urbanos con los habitantes de Lota identificamos lugares donde se depositan huellas de información -historias y experiencias- que constituyen una base esencial para entender el significado de la estructura urbana de Lota como cobijo de una particular forma de vida. Igualmente, fue posible conocer lugares socialmente valorados como hitos culturales que, además de enlazar recorridos, fueron claves para avanzar en una comprensión más profunda de la ciudad. Desde la mirada de los habitantes de Lota, los espacios urbanos no están constituidos únicamente por la alineación de edificios que configura una calle, ni se definen por la acumulación de elementos visibles puesto que, básicamente son configurados por un marco de familiaridades que orientan el comportamiento espacial y social y constituyen anclajes afectivos del arraigo a su ciudad.

 

Imagen 7. Teatro de Lota Alto (fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

Imagen 8. Escuela Thompson Mathews (fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

Podría decirse que lo social ha sido la variable que ha transcendido a lo largo de la historia de lota y ha determinado una cierta integridad cultural al asentamiento. ¿Qué aspectos sociales se han mantenido en el tiempo y qué factores externos podrían ponerlos en riesgo? El fuerte carácter comunitario que adquiere la vida cotidiana de Lota se apoyó en una particular estructura de lugares de encuentro que se han ido instalando en el imaginario colectivo de sus habitantes. Esta vida comunitaria se originó en el amplio programa urbano que dio forma a una ciudad industrial provista de diferentes lugares de encuentro y se fue enriqueciendo con una red de lugares que se iban constituyendo a través de la vida informal que se desarrollaba en los barrios, en los corredores de los pabellones, en los espacios recreativos, en los hornos y lavadores comunes. Así, la identidad minera y la vida comunitaria tienen sus referencias espaciales en el orden urbano planificado y en los espacios que acogen la vida informal.

La vida comunitaria de Lota también se fue forjando con las tragedias que provocaban las explosiones en las entrañas de la mina. El sonido de las sirenas anunciando el drama, alteraba abruptamente la cadencia regular de la vida organizada por los turnos del trabajo. Cuando ocurría un accidente, los habitantes de Lota corrían hasta el edificio de la administración o la entrada de los piques para enterarse de la suerte corrida por sus familiares y amigos. Estos dramáticos acontecimientos han sedimentado en la memoria colectiva y en las historias familiares; por otra parte, los accidentes en la mina y sus consecuencias enlazaban a una serie de lugares donde se expresaban la solidaridad, la amistad y una complicidad reparadora; en este sentido se destacan las plazoletas y lugares de encuentro próximos al hospital, a la administración y a la iglesia. El peligroso trabajo en los túneles mineros era contrarrestado con la alegría de la vida comunitaria y el disfrute de los espacios abiertos.

 

Imagen 9. Maqueta de pabellón con horno y lavadero
(fuente: María Dolores Muñoz Rebolledo).

 

Todos los lugares de significación comunitaria que permanecen activos son lugares de encuentro y de contemplación de la naturaleza y la vida urbana; son miradores para observar el paisaje (cerros, quebradas, cielo y mar) y a los referentes construidos más significativos (piques mineros, hospital, iglesia, teatro, escuelas, pabellones, entre otros). Estos lugares se encadenan con la geografía y generan un especial sentimiento de arraigo con el lugar. Sin embargo, la intensa vida comunitaria de Lota se ha ido debilitando por la pérdida de lugares de encuentro históricamente relevantes como el hospital y el teatro, con el deterioro de algunos espacios de contemplación y con la aparición de signos de privatización de los espacios comunitarios que se denotan en tramos de corredores cerrados con rejas. AUS

NOTAS

1 Entre las obras levantadas en Lota para apoyar el desarrollo industrial se destacaron la construcción de una fábrica de ladrillos en 1854, una fundición de cobre en 1857, un muelle en la bahía de Lota en 1862, la maestranza y astillero en el sector Chambeque en 1870, una fábrica de vidrios en 1881 y una fábrica de gas construida en 1882.

2 El ferrocarril se construyó en 1888 para conectar a las minas de Curanilahue con los puertos carboníferos de Coronel y Lota, el puerto de Talcahuano y los centros industriales y agrícolas de mayor importancia. La vía férrea cruza el rio Bio-Bio por un puente metálico de 1864 m de longitud, el más largo del país en esa época y que permitió conectar al país con la zona de Arauco.

 

 

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