AUS (Valdivia) - Proyecto e ingeniería social: El debate sobre el plan de la vivienda en las publicaciones periódicas. Santiago, 1930-1950
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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.17 Valdivia 2015




DOI:10.4206/aus.2015.n17-06

ARTÍCULO

 

Proyecto e ingeniería social. El debate sobre el plan de la vivienda en las publicaciones periódicas. Santiago, 1930-19501

Project and social engineering. The debate on housing plan in journals. Santiago, 1930-1950

 

Dr. Hugo Mondragón López

Arquitecto de la Universidad Piloto de Colombia.
Magíster en Arquitectura y Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Magíster en Teoría e Historia de la Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia.
Profesor Asociado Escuela de Arquitectura,
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile. hmondragon@uc.cl


RESUMEN/ Entre 1930 y 1950 la cultura arquitectónica chilena se trenzó en un debate para definir el significado y las aplicaciones de la palabra plan. Utilizando como fuente primaria las publicaciones periódicas y tomando como caso de estudio el debate que se produjo en torno al plan de la vivienda, el artículo presenta los argumentos en contienda. Articulando en el plano de la narración histórica los procesos de modernización socio-políticos y las transformaciones de la disciplina, se postula la hipótesis de que por su supuesta capacidad para anticipar las formas de la vida colectiva, el plan se entendió como un instrumento estratégico para la puesta a punto de un proyecto de ingeniería social que al mismo tiempo enriquecía el instrumental proyectual de la arquitectura. ABSTRACT/ Between 1 930 and 1 950, Chilean architectonic culture debated about the meaning and applications of the word plan. Using journals as the main source and taking the debate on the housing plan as the major case study, the article reveals the arguments used. As part of the historical narrative level, sociopolitical modernization processes and transformation in the discipline, the hypothesis formulated is that given its alleged capacity to anticipate collective lifestyles, the plan was understood as a strategic tool for the startup of a social engineering project which, at the same time, enriched the project instruments of architecture.

Palabras clave/ Plan, ingeniería social, publicaciones periódicas, cultura arquitectónica chilena.
Keywords/ Plan, social engineering, journals, Chilean architectonic culture.


 

Al referirse a los planes de vivienda desarrollados por la cultura arquitectónica local en el período 1930-1950, la historiografía de la arquitectura moderna en Chile no ha reparado suficientemente en la red de relaciones que se tejió entre proyecto social, proyecto político y proyecto arquitectónico.

La planificación de la ciudad y la falta de viviendas populares fueron los problemas que más se debatieron en las publicaciones periódicas chilenas durante el período 1930-1950. El examen de estas permite precisar los campos desde los cuales la cultura arquitectónica local abordó tales problemas, así como el consenso en torno al valor del plan de la vivienda como instrumento proyectual al servicio de la ingeniería social. La palabra plan fue utilizada culturalmente para designar transformaciones legislativas o de la orgánica de la administración pública. Disciplinarmente se utilizó para referirse a un instrumento del proyecto que tendría la capacidad de anticipar modos de vida.

A continuación se intentará mostrar de qué manera los múltiples significados que la cultura arquitectónica chilena le otorgó a la palabra plan en el período 1930-1950, habrían estado emparentados por el supuesto compartido de que se estaba frente a un instrumento que amplificaba el campo proyectual de la disciplina, al tiempo que dirigía la puesta a punto de un proyecto de modernización social.

Entrelazamientos. En las historias de la arquitectura moderna (Frampton, 1993) las experiencias europeas de construcción de viviendas populares que se dieron entreguerras suelen abordarse superficialmente porque salvo algunas excepciones (Tafuri y Dal Co, 1976) los historiadores están interesados en destacar los valores estético-formales de las soluciones arquitectónicas y el protagonismo de sus autores. El plan fue uno de los problemas sobre el que la cultura arquitectónica moderna debatió de manera más intensa (Tafuri, 1972). Su problematización ha sido frecuentemente exiliada de la historiografía de la arquitectura moderna, para ubicarla en la historiografía del urbanismo y la planificación (Mumford, 2002), de tal manera que la historia de la arquitectura moderna se ha construido sobre una doble y artificial separación: entre la historia de las modernizaciones y la historia de los modernismos; entre la historia de la arquitectura y la historia de la urbanística. En este texto se exploran las consecuencias de entrelazar modernizaciones y modernismos, y abordar la urbanística como parte de la arquitectura. El plan como instrumento del proyecto urbanístico al servicio de la ingeniería social, se ubica en el centro del relato histórico.

Se entenderá por ingeniería social el proceso de racionalización de las relaciones sociales que habría seguido a la racionalización de las relaciones económicas en la época del capitalismo industrial (Frisby, 2007), concebida e instalada por un sujeto planificador que para el período de estudio, fue el Estado chileno.

En Chile, la intensificación de las relaciones entre arquitectura y Estado se produjo cuando la vivienda popular dejó de ser un asunto de caridad y se transformó en un derecho. Esto ocurrió entre la promulgación de la Ley de las Habitaciones Baratas en 1925 y la creación de la Caja de la Habitación Popular en 1936 (imagen 1).

 


Imagen 1. El Presidente Alessandri inaugura la Población Obrera Pedro
Montt (fuente: revista Zig-Zag del 15 de diciembre de 1938).

 

Imagen 1a y 1b. Diversas poblaciones obreras construidas por la Caja de la Habitación
Popular en Santiago (fuente: revista Zig-Zag del 21 de diciembre de 1939).

 

Hasta la creación de la CORVI en 195253, los protagonistas del debate sobre el plan de la vivienda fueron las Cajas de Previsión, la Caja de la Habitación Popular y la Corporación de Reconstrucción y Auxilio, pero también un conjunto de políticos, periodistas, filántropos, arquitectos y urbanistas que pusieron a consideración de la opinión pública sus argumentos.

Reforma e ingeniería social. La lectura de las publicaciones periódicas de comienzos de la década de los años 1930 permite descubrir que, para esa fecha, ya se había instalado en Chile una sensibilidad social que observaba con indignación la manera como se vivía en los conventillos y arrabales de Santiago (imagen 2). La forma de argumentación más frecuente era la descripción in situ de las formas de vida en los conventillos de Santiago, lugares que fueron descritos como primitivos, dejados de lado del progreso y la civilización, semejantes a "campamentos de gitanos", "ranchos del sur" o "rucas de araucanos" (imagen 3).

 


Imagen 2. Portada del número 2 de la revista ARQuitectura con fotografía de un
conventillo de Santiago tomada por Antonio Quintana (fuente: Revista ARQuitectura N° 2, 1935).

 


Imagen 3. Fotografía de un conventillo en Santiago tomada por Antonio
Quintana (fuente: Revista Arquitectura y Construcción N° 8, junio de 1947).

 

Los artículos se acompañaban con fotografías que amplificaban el testimonio y las descripciones escritas. Las fotografías mostraron predilección por enseñar los rostros de los niños del conventillo, sus interiores hacinados y las construcciones precarias y desvencijadas (imagen 4).

 


Imagen 4 y 4a. La construcción de viviendas económicas necesita una planificación regional.
Artículo escrito por Mario Antonioletti (fuente: revista Zig-Zag del 07 de agosto de 1948).

 

En 1936, en el número 5 de la revista Urbanismo y Arquitectura, se publicó un artículo titulado "La vivienda obrera en el año 1941", escrito por Yetti Van Lith, visitadora social, Jefe de la Casa Central del Niño. La autora describió las condiciones de vida en un conventillo de Santiago en los siguientes términos:

 


Imagen 5. La vivienda obrera en el año 1941. Entrevista a Yetty van Lith, visitadora
jefe de la Casa Central del Niño (fuente: Revista Urbanismo y Arquitectura N° 5, 1936).

 

"Nunca olvidaré mi espanto ante la manera de vivir de la familia obrera. Créame que no había visto nunca tanta miseria. Durante la gran guerra tuve oportunidad de ponerme en contacto con la más profunda desgracia que puede azotar a un pueblo, pero nunca pude suponer que hubiera un país en que existiera la costumbre de vivir ocho personas en una pieza, con una cama, en que la gente comiera en tarros, en que no hubiera sillas ni menaje en el hogar. El conventillo no lo conocen las familias más pobres de Europa".

El tono de denuncia e indignación del artículo no era nuevo. Lo original de otros artículos fue la asociación que se construyó entre las nociones de pobreza de la masa y degeneración racial, lo que convirtió a la lucha contra la pobreza en una cruzada de unidad nacional y a los proyectos de vivienda popular en emblemas de la reconstrucción racial (imagen 6).

 


Imagen 6. Artículo en el que se construían relaciones entre los
proyectos de vivienda popular, el higienismo y la salvación de la
raza chilena (fuente: revista Zig-Zag, 11 de agosto de 1933).

 

Con la llegada de Pedro Aguirre Cerda a la presidencia de Chile en 1938, los proyectos de vivienda popular se transformaron en piezas fundamentales del proyecto de reforma social y reconstrucción racial que se impulsó desde el Estado. Las ideas reformistas y nacionalistas fueron dominantes hasta comienzos de los años 40, cuando comenzaron a ser relevadas por una forma más abstracta de enfocar el problema de la pobreza urbana: la estadística. En "Estadística del Conventillo" (imagen 7), un artículo publicado en 1935 en el número 2 de la revista ARQuitectura, Carlos Charlín Ojeda se propuso utilizar las cifras para mostrar a sus lectores la realidad de los conventillos de Santiago. Sostuvo que en Santiago había 891 conventillos inventariados -cifra que correspondía sólo a un tercio del total de los conventillos existentes-; que más de la mitad de estos conventillos tenía muy malas condiciones higiénicas; que en promedio una habitación medía 12m2 y en ella vivían 5 personas; que en Santiago existían 120 mil personas viviendo en condiciones antihigiénicas; y que para solucionar el problema era necesario construir 40 mil viviendas. Un años más tarde, Alfredo Johnson usaba las estadísticas para mostrar cómo, debido a la pobreza de las masas, en algunos países de Europa la expectativa de vida era de 55 años, mientras que en Chile era de 25 años (imagen 8).

 


Imagen 7. Estadística del conventillo. Artículo escrito Por Carlos
Chariín O. (fuente: revista ARQuitectura N° 2, 193.5).

 


Imagen 8. Entrevista a Alfredo Johnson, presidente
de la Asociación de Urbanistas de Chile
(fuente: Revista Urbanismo y Arquitectura N° 1, enero de 1936).

 

Diez años después, en el marco de la "Semana de la Vivienda" celebrada en agosto de 1945, se usó la estadística para representar el vicio, la enfermedad y la delincuencia (imagen 9). Si en Holanda una persona tomaba en promedio 2,4 litros de alcohol, en Chile la cifra ascendía a 74,5 litros. Si en Holanda morían 5 personas entre 10 mil a causa de la tuberculosis, en Chile morían 27,6. Finalmente se aseguraba que "(...) de los 6.100 niños y niñas delincuentes, en 1941 y 1942, el 95% provenía de viviendas malsanas".

 


Imagen 9. Extracto de las conclusiones de la "Semana de la Vivienda"
celebrada en 1945 (fuente: Revistas Arquitectura y Construcción N° 2, enero de 1946).

 

Con el posicionamiento de la estadística como forma dominante de representación del problema de la pobreza, durante los años 40 los proyectos de vivienda popular dejaron de cargarse de contenido moral e ideologías reformistas y nacionalistas, y tendieron a ser vistos como parte de un proyecto de ingeniería social. Con el Estado asumiendo el papel de sujeto planificador, el plan de la vivienda se transformó en un instrumento al servicio de esta ingeniería social.

El operador del diagrama planifica. El proyecto de modernización social que se emprendió en Chile a partir de la década de los años 30, buscaba proyectar la forma del cuerpo social en su conjunto. Primero se optó por dar forma a los modos de vida familiar.

En 1935 los editores de la revista ARQuitectura publicaron en su segundo número el texto "Habitación", escrito por Waldo Parraguez (imagen 10). Publicado junto a una transcripción del texto de Walter Gropius "¿Casa baja, casa mediana, casa alta?", Parraguez se alineaba con Gropius y proponía abordar el problema de la vivienda popular desde sus aspectos cualitativos, para lo cual introdujo el concepto vivienda mínima.

 


Imagen 10 e Imagen 11. Diagramasque acompañaron la publicación del artículo
"Habitación", escrito por Waldo Parraguez (fuente: Revista ARQuitectura N° 2, 1935).

 

En la vivienda mínima de Parraguez los problemas proyectuales se enfocaban en el diseño de las condiciones de habitabilidad -orientación, distribución y circulación-, mientras que la práctica estaba orientada por una ética de mínimos. ¿Cómo y con qué instrumentos se proyectaba ese modo de vida mínimo? La respuesta de Parraguez fue: sobre la planta del proyecto y por medio de diagramas. A esto lo llamó plan.

La idea de que el proyecto de la vivienda popular se jugaba en unos diagramas de uso que antecedían la figuración de las plantas se impuso rápidamente (Imagen 11), en gran medida gracias a artículos como el de Parraguez que amplificaban en el medio local las ideas sobre el Existenzminimum, que se venían discutiendo desde el CIAM-II de Frankfurt.

El plan de Parraguez buscaba oponer a la arquitectura que producía objetos, una arquitectura que producía relaciones. Lo importante en el proyecto no era la composición del volumen y el espacio, sino la prefiguración del modo de vida higiénico y sin fricciones de la familia moderna chilena. En tanto operador del diagrama, el arquitecto se visualizó a sí mismo como planificador. De la vida familiar cuando planificaba una casa, de la vida colectiva cuando planificaba un conjunto urbano.

El proyecto urbanístico: ideología e imagen. La pregunta sobre cuál era el tipo de configuración urbana que deberían tener los nuevos conjuntos de vivienda popular y cuál era la relación que debían establecer con el tejido urbano existente, instigó el desarrollo de otro debate.

Los conjuntos de vivienda de los años 30 tendieron a conservar tanto el uso de elementos morfológicos y tipológicos presentes en la ciudad tradicional -calles, manzanas, predios, fachada continua-, como la relación de interdependencia entre forma urbana y forma arquitectónica.

A medida que avanzaba la década de 1930, las manzanas de los proyectos tendieron a ser rectangulares (imagen 12). El lado más corto de la manzana estaba determinado por una forma de ocupación que seguía la secuencia jardín-vivienda-patio-patio-vivienda-jardín. Esta manzana era la expresión urbanística de una aproximación puramente económico-jurídica al problema: estabilizar la propiedad del suelo.

 


Imagen 12. Plan urbano de la Población El Llano para empleados públicos. Un ejemplo de
las poblaciones obreras de los años 1930, cuyo trazado urbano intentó mantener los
elementos de la ciudad tradicional, pero con manzanas rectangulares y un tipo edificatorio
aislado (fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 8, junio de 1947).

 

A comienzos de los años 40 aparecieron los primeros conjuntos en los que se disolvió la división predial en beneficio de un suelo comunal (imagen 13). En la Población Huemul II esta línea de experimentación alcanzó una de sus primeras realizaciones. A medida que avanzaba la década del 40, la idea de construir viviendas sobre un suelo comunal se fue imponiendo.

 


Imagen 13. Plan urbano de la Población Huemul II de la Caja de la Habitación Popular.
Uno de los primeros ejemplos de eliminación de las divisiones prediales y aparición
de un suelo comunal (fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 8, junio
de 1947).

 

La ideología de lo comunal como alternativa a la dialéctica público-privado (imagen 14), adquirió una dimensión de manifiesto en una serie de proyectos no construidos, elaborados por estudiantes de 5° año de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica, y publicados en el N° 6 de la revista Arquitectura y Construcción en mayo de 1946.

 


Imagen 14. Plan urbano que muestra los 5 sectores del centro de Santiago que los
profesores del taller de 5° año de la PUC les propusieron a sus estudiantes
para intervenir con conjuntos habitacionales en 1945
(fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 6, mayo de 1946).

 

Se trataba proyectos de vivienda ubicados en 5 sectores tradicionales de la Comuna de Santiago (imagen 15). En la mayoría de los casos, los estudiantes -guiados por los profesores Sergio Larraín, Emilio Duhart, Mario Pérez de Arce y Manuel Marchant Lyon- dibujaron bloques de viviendas y casas en hilera sobre paños urbanos compuestos por varias manzanas. Estos eran tratados como unidades indivisibles de suelo comunal que albergaban en su interior iglesias, escuelas, teatros, centros sociales, guarderías, etc.

 


Imagen 15. Plan urbano de la Población Huemul II de la Caja de la Habitación Popular.
Uno de los primeros ejemplos de eliminación de las divisiones prediales y aparición
de un suelo comunal (fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 8, junio
de 1947).

 

A la existencia de un acuerdo socio-político en torno a la necesidad de articular los proyectos y la vida de sus habitantes en torno al espacio de uso común, habría que sumar la influencia de una imagen urbana que circulaba intensamente en aquellos años: la ciudad-parque con los edificios tratados como esculturas.

Los proyectos de los estudiantes se vieron tensados tanto por asuntos de la contingencia socio-política nacional como por asuntos del debate arquitectónico internacional de mediados de los años 40. El valor de estos proyectos es haber introducido la noción de suelo comunal a gran escala y anticipar el rumbo que tomó la práctica en las décadas de 1950 y 1960, cuando se construyeron los grandes conjuntos urbanos en el país.

3. Plan de la vivienda, plan urbanístico, plan director. Los más activos promotores del debate conceptual sobre las relaciones entre Plan de la Vivienda y Plan Urbanístico fueron Waldo Parraguez y Enrique Gebhard. Lo que hicieron, primero desde las páginas de la revista ARQuitectura y luego desde Arquitectura y Construcción, fue defender la idea de que la vivienda era sólo una de las 4 funciones básicas de la ciudad y por lo tanto, su solución se tenía que pensar en relación con las otras 3 funciones.

Según Gebhard y Parraguez (imagen 16), los conjuntos de vivienda popular construidos por las Cajas de Previsión Social y por la Caja de la Habitación Popular, se habían ubicado con "criterio clasista" en terrenos periféricos, sin atributos, lejos de los centros de trabajo y comercio, promoviendo la expansión desordenada de Santiago.

 


Imagen 16. Vista de uno de los conjuntos habitaciones propuestos
por los estudiantes. Aquí no solo han desaparecido las divisiones prediales
sino las manzanas (fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 6, mayo de 1946).

 

El Plan Urbanístico debía concebirse en términos técnicos y racionales. Debía contribuir a resguardar la dimensión colectiva de la ciudad, ayudar al ahorro de energías de sus habitantes evitando los desplazamientos innecesarios, privilegiar la concentración de la ciudad y evitar su crecimiento anárquico a través de la adecuada ubicación de los proyectos de vivienda popular y finalmente debía establecer un "(...) orden donde hasta la fecha ha reinado el romanticismo decadente".

Cuando Gebhard y Parraguez se referían al plan durante los años de ARQuitectura (imagen 17), lo hacían pensando en términos de Plan Regulador. Pero en un artículo publicado en 1947 en Arquitectura y Construcción, Enrique Gebhard sostuvo que era necesario pasar a la más contemporánea noción de Plan Director.

 


Imagen 17. El artículo Urbanismo y Habitación fue acompañado por esquemas que
utilizó Enrique Gebhardpara ilustrar su idea de un Plan Regular que buscaba densificar
el centro de Santiago (fuente: revista ARQuitectura N° 2, 1935).

 

Según Gebhard, mientras el Plan Regulador había intentado recomponer el caos de la ciudad existente, el Plan Director la abandonaba y se concentraba en proyectar en la periferia de la ciudad tradicional, conjuntos de vivienda popular de mediano formato en los que todos los males de la ciudad tradicional eran supuestamente corregidos.

Bajo la lógica del Plan Director (imagen 18), los nuevos conjuntos de vivienda popular se concebían como unidades urbanas de "viviendas socializadas", con áreas verdes, escuelas, teatros, clubes sociales y equipamientos en general.

 


Imagen 18. En Fundamentos para un Plan de la Vivienda, Santiago dibujado según la
simbología desarrollada en el CIAM de 1933
(fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 8, junio
de 1947).

 

Para fines de los años 40 y comienzos de los 50, la asociación entre el Plan Director y el Plan de Viviendas que propusieron Gebhard y Parraguez, buscaba instalar la idea de que los conjuntos de viviendas populares debían construirse en la periferia de la ciudad como pequeñas ciudades autosuficientes. Ya no más intentos de reforma, ya no más lidiar con el espacio estriado de la ciudad tradicional -como habían propuesto ellos mismos durante la década de los años 30-. En su reemplazo, ingeniería social desplegada sin restricciones sobre el espacio liso de la periferia

CONCLUSIONES. La noción de Plan de la Vivienda se empezó a fraguar en Chile en el período 1925 a 1936, cuando la élite local comenzó a percibir a las masas santiaguinas como proclives a la enfermedad, el vicio y la falta de orden. Los signos del malestar social estaban a vista de todos en los conventillos de Santiago. La sensibilidad burguesa construyó su representación del conventillo, lo describió, fotografió y vinculó la mala vida al peligro de la degeneración racial.

El proyecto socio-político del presidente Aguirre Cerda transformó a las viviendas populares en emblemas de su proyecto de modernización social, del cual surgiría una sociedad virtuosa, saludable y honesta. Durante la década de 1930 se defendió la idea de ubicar los conjuntos de vivienda popular en el centro de Santiago con el fin de "recomponer el caos". A partir de los años 40, el argumento dominante fue que se debía abandonar la ciudad tradicional y construir nuevas ciudades autosuficientes en la periferia. Este cambio estuvo emblemáticamente representado por el relevo del concepto de Plan Regulador por el de Plan Director.

En el marco de los programas de construcción de viviendas populares (imagen 19), el Plan fue concebido por la cultura arquitectónica chilena como un instrumento al servicio de la política para proyectar una sociedad más saludable y más virtuosa. El Plan fue concebido como una herramienta para proyectar el déficit de viviendas populares en el tiempo y fijar cifras de producción que permitieran alcanzar una solución final del problema. El Plan fue concebido por la disciplina arquitectónica chilena como un instrumento del proyecto que permitiría anticipar modos de vida: el modo de vida higiénico de las familias chilenas modernas, el modo de vida comunitario de la sociedad chilena moderna. AUS

 


Imagen 19. Plan para una Ciudad Obrera en Huachipato. Proyecto de título
dirigido por Mario Pérez de Arce. La publicación del proyecto incluía una serie
de diagramas que mostraban la idea de la formalización del cuerpo social desde
la familia, a la comunidad, a la ciudad. Esta misma lógica diagramatica se utilizó
para dar forma al plan urbanístico.
(fuente: revista Arquitectura y Construcción N° 16, septiembre
de 1949).

 

NOTA

1 Este artículo es producto del proyecto Fondecyt Regular N° 1110494 titulado "Experiencias urbanas, transformaciones, planes y proyectos: representaciones en las publicaciones periódicas. Chile 1930-1960". Horacio Torrent, investigador responsable. Macarena Cortés, Romy Hecht y Hugo Mondragón, co-investigadores.

 

REFERENCIAS

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1933. La casa higiénica, salvación de la raza. En revista Zig-Zag, noviembre, Santiago, Chile.

 


Recepción/ 28 febrero 2014
Aceptación/ 16 julio 2014

 

 

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