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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.16 Valdivia 2014




DOI:10.4206/aus.2014.n16-02

ARTÍCULO

 

El aporte de los misioneros franciscanos italianos a la tipología arquitectónica de la torre-fachada en las iglesias de Chiloé

Contributions of Italian Franciscan Missionaries to the architectonic typology of Chiloe churches' towers-façades

 

Lorenzo Berg Costa

Arquitecto Universidad de Chile, Chile. Académico Universidad de Chile, Chile. lorenzoberg@gmail.com

Gian Piero Cherubini Zanetel

Arquitecto PUC-U. de Génova. Consultor e investigador independiente. gcherubz@uc.cl


RESUMEN/ La evangelización ha sido importante en el desarrollo de la arquitectura, a tal grado de definir ritos, espacios y elementos composicionales que han llegado a formar parte de la identidad de los pueblos. Este es el caso de Chiloé que, a partir del siglo XVII, por medio de la misión circular de los jesuitas permitió la definición, entre otros elementos, de la torre-fachada, que hoy en día es parte de la identidad e icono del paisaje cultural del archipiélago. Si bien es cierto aún no se tiene certeza de su origen (pareciera ser que es un aporte de los jesuitas), su consolidación y divulgación fue gracias a la llegada de los misioneros franciscanos italianos, quienes hicieron un significativo aporte a la arquitectura de Chiloé y del país. Investigar estos hechos permitirá anclar más aún la vida de Chiloé a su propia historia. ABSTRACT/ Evangelization has been important in the development of architecture. It has even defined rites, spaces and compositional elements that have become part of the towns' local identity. In Chiloe, where from the seventeenth century onwards and as a result of the circular mission of Jesuits, tower-façades were defined, among other elements. Today, they are part of the local identity and an icon of the archipelago's cultural landscape. While uncertain in its origins (allegedly a contribution by Jesuits), it was Italian Franciscan Missionaries who consolidated and disseminated the style. These players made a considerable contribution to architecture in Chiloe and in the rest of the country. Further research of these facts will support anchoring Chiloe's lifestyle to its own history.

Palabras clave/ historiografía, arquitectura, iglesias de Chiloé, tipología, franciscanos.
Keywords/ Historiography, architecture, Chiloe churches, typology, Franciscans.


 

INTRODUCCIÓN. Las iglesias tradicionales de Chiloé se caracterizan por ser edificios realizados completamente en madera y sobre fundaciones de piedra. Están compuestos por dos volúmenes: uno horizontal con cubierta a dos aguas de planta rectangular, basilical, con tres naves que dan cabida espacial a la asamblea y en el extremo al altar, sacristía y contrasacristía. El otro es vertical y corresponde a la torre-fachada, que es su principal peculiaridad. Está compuesta por el pórtico, frontón o hastial y la torre telescópica en base a tambores, que corresponden al acceso, coro y elemento simbólico para las campanas respectivamente.

El origen de esta tipología no es clara y ha sido una búsqueda fundamental para la historiografía de la arquitectura chilota, lo que cobra relevancia por ser parte de un conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad. El arquitecto y sacerdote Gabriel Guarda OSB1, Premio Nacional de Historia, propone un origen centroeuropeo, aventurando "lo que puede resultar una apasionante investigación" (Guarda, 1995). Mientras que el arquitecto investigador Hernán Montecinos Barrientos enuncia que la torre-fachada "se constituye como elemento tipológico en la segunda mitad del siglo XIX", vinculándolo a la presencia de los franciscanos en Chiloé (Montecinos, 1995). Las primeras misiones de los jesuitas se realizaron entre 1608 y 1610. Inmediatamente se inició la construcción de capillas, las que eran sencillas estructuras de maderos atados con voqui (fibras vegetales) y cubierta pajiza, ubicadas en lugares estratégicos dentro del recorrido de la misión circular.

El siglo XVIII fue de gran provecho para la misión jesuita, llegando a abarcar 78 localidades y fundando cinco residencias, las de Castro (que tenía un colegio incoado), Achao, Cailín, Chonchi y Nahuelhuapi (que duró un par de décadas).

En Achao, cuya residencia se fundó en la década del treinta del siglo XVIII, construyeron una iglesia de madera de tres naves, sin torre ni pórtico, en donde le cupo una importante tarea al hermano coadjutor Antonio Muller S.J., natural de Pfaffenhof en Austria (Moreno, 2007).

Es posible suponer que el hermano Muller aportó sus conocimientos y experiencia como avezado carpintero, en la construcción de la iglesia jesuita de Castro, la que exhibía una rústica torre de planta cuadrada y dos cañas sobre un dado inserto en el tímpano, sobre un portal, la que inmortalizó el capitán del Adventure, Philip Parker King en su paso por Chiloé, el año 1829 (imagen 1).

 


Imagen 1. Antigua iglesia de Castro, de acuerdo a un grabado de T.
Landseer, basado en el dibujo de Philip Parker King
(fuente: Darwin, 2000).

 

Probablemente esta misma construcción inspiró la iglesia que ordenó construir en 1741 el obispo auxiliar Azúa en su visita a la diócesis. Esta medía doce varas de ancho y setenta de largo con sus torres y portales (Oviedo, 1984), para lo cual hizo traer maestros de Santiago (Moreno, 2007). La expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona española el año 1767, cerró el proceso de evangelización, iniciando otro que tardó setenta años en regularizarse. La pérdida de archivos por el abandono de la misión, así como por incendios, ha dificultado el conocimiento de esta etapa de la historia de Chiloé y de su arquitectura.

DESARROLLO.

Los franciscanos de Chillán, su alejamiento y la llegada de los del Perú, hasta su decadencia. Hechos los inventarios de las posesiones de los expulsos jesuitas, se propuso a los franciscanos del Colegio San Idelfonso de Chillán, para que se hicieran cargo del territorio del archipiélago.

Los frailes se instalaron en Castro el año 1769, retomando la misión circular y refrendando la institución de los fiscales de las capillas. Dos años después dejaron la tarea. Lo extenso del territorio, la escasez de operarios y el largo viaje de Chillán a Chiloé, que en aquella época pasaba por el puerto peruano de El Callao, ayudó en la decisión. El gobierno de Chile solicitó a los frailes del Colegio Santa Rosa de Ocopa en Lima que se ocuparan de las misiones del archipiélago. Llegaron personas ejemplares. El historiador Fray Pedro González de Agüeros; Fray Alonso de Reyna, andaluz que realizó las terminaciones y alhajamiento de la inconclusa iglesia de Achao; fray Norberto Fernández, que construyó la iglesia de Quicaví, San Antonio de Chacao (Díaz, 1990), y Tenaún (Schneider y Valassina, 1981) entre otras; Fray Juan Bautista Periano, quién construyó en Queilén; Fray Lineros quien hizo otro tanto en Chonchi y por último, el explorador de Nahuelhuapi Fray Francisco Menéndez.

De esta época es la capilla de Ancud que dibujó Claudio Gay en 1835 (imagen 2) y E. Koenig en 1845 (imagen 3). Se trata de un gran volumen a cuatro aguas con un pórtico que la rodea techada a media agua, con una torre pequeña de planta cuadrada, de cuyo alhajamiento se hizo cargo Fray Pedro González de Agüero (Díaz, 1990).

 


Imagen 2. Plaza de San Carlos. Dibujo de Claudio Gay, 1835
(fuente: Biblioteca Nacional de Chile).

 


Imagen 3. Capilla de San Carlos. Dibujo E. Koenig, 1845
(fuente: Biblioteca Nacional de Chile).

 

La independencia de Chile en 1818 y la anexión de Chiloé en 1826 significaron un duro golpe a la tarea evangelizadora debido a que muchos frailes sospechosos de haber apoyado la causa realista, fueron expulsados. La misión fue diezmada. Eran necesarios nuevos operarios.

Los misioneros franciscanos italianos, la fundación del Colegio de Castro y su acción como constructores. La búsqueda del Gobierno de Chile en conjunto con la Iglesia Católica2 fue dirigida a la península itálica. Llegaron 18 frailes de los cuales once pasaron a Chiloé y siete lo hicieron a Valdivia (Pinto, 1993).

Entre los sacerdotes que llegaron a Chiloé destaca de Fray Diego Chuffa, natural de Montecompatri al sur de Roma. De gran personalidad, apenas llegado dirigió la obra de construcción del convento, pues el que había no estaba en condiciones de ser habitado por los monjes. Ubicado en el costado norte de la plaza estuvo listo en 1839. Inmediatamente el padre Chuffa inicio la construcción de una nueva iglesia, apoyado por maestros carpinteros locales, de la cual se conocen sólo sus dimensiones: 22 varas de ancho y 80 de largo (León, 2005).

Nombrado vice prefecto de las misiones de Chiloé el año 18413, fundó tres años después junto a otros dos religiosos el convento e iglesia franciscanas en Osorno, para los cuales dirigió las obras (imagen 4 e imagen 5). Desde el recién constituido Colegio de Castro4, la acción de los franciscanos italianos llegó más allá de Castro y Osorno. Fray Domingo Passolini reconstruyó la iglesia de Ancud. Dibujada en 1845 por E. Koenig detrás del volumen del convento, coronado por el entablamento formado por el arquitrabe, el friso y la cornisa, similar al de la iglesia de Castro, de clara impronta neoclásica, se ve el volumen de la iglesia que tenía una torre octogonal sobre un dado centrada sobre el tímpano. Esta estaba en mal estado debido a los puntales que afirman las altas paredes. Enviado como capellán al Fuerte Bulnes recién fundado en Magallanes, construyó una pequeña capilla con el sistema de blocao (el mismo con el que se construyó el fuerte), la que era un volumen a dos aguas con una torre baja de planta cuadrada. También construyó una casa e iglesia en Cerro Barón para alojar a los padres en tránsito por Valparaíso, y otra iglesia en Talca. Todas estas iglesias ostentaban una torre en la fachada. También destacó, en el ámbito edilicio, Fray Antonio Gavilucci, quien construyó el convento e iglesia del Almendral de Aconcagua, en San Felipe, bendecido en 1878, también con una torre sobre el nártex de acceso en la fachada.

 


Imagen 4. Segmento de la fotografa de calle Letelier, en donde se aprecia
la iglesia franciscana de Osorno construida en 1844 (fuente: Wiederhold, 1893).

 


Imagen 5. Dibujo de la fachada de la iglesia a partir
de la fotografía de Wiederhold en 1893
(fuente: elaboración de G.P. Cherubini, 2014).

 

Además, los padres del Colegio de Castro construyeron los conventos de San Buenaventura de Angol (1863) y de San Bernardino de Siena en Mulchén (1861).

La Iglesia franciscana de Castro: matriz tipológica de las capillas tradicionales chilotas. La iglesia de Castro, iniciada en 1857, estaba lista dos años después, sin embargo fue bendecida y abierta al público el 3 de diciembre de 1865. Ocho años después de su inauguración fue descrita por Fray Manuel Cárcamo de la manera siguiente:

La Iglesia está ubicada al oriente del primer cuadro que constituye los dos claustros principales en que está dividido el convento, y mide sesenta y seis metros con cuatro centímetros de largo, a los que se le agregan cuatro metros cuarenta centímetros de pórtico. Su anchura es de dieciocho metros veintidós centímetros. La altura del pavimento a la bodega es de once metros ochenta y cuatro centímetros y todo el interior del edificio está sostenido por veintiocho grandes columnas todas ellas de orden Dórico como lo es toda la Iglesia. El pórtico se apoya sobre 10 hermosas columnas con grandes bases de piedra gramínea. [...].

[...]

Tanto la cornisa de adentro como la del pórtico o frontis es de orden Dórico denticular, siendo del mismo orden el coro, con solo la diferencia que este es modular. La Iglesia es de tres naves, [...].

[...]

Este edificio, aunque todo él es de madera, sin embargo, es el más sólido y bien construido en su género, tanto por la solidez de sus cimientos, como por la inmejorable calidad de sus maderas, que por consiguiente podrá durar por largos años si lo que Dios no permite jamás, otro incendio como el de 1857 no lo concluye y devora (Cárcamo, 1873).

Esta descripción, junto con las fotos tomada en 1893 por Jerman Wiederhold, permiten hacer la reconstrucción incompleta del templo. La iglesia medía setenta metros con cuarenta y cuatro centímetros de largo incluido el portal, y dieciocho metros y veintidós centímetros de largo. Al comparar ambas dimensiones, se ve que están aproximadamente en proporción cuádruple: 1/4. A su vez entre el acceso y el altar mayor habían cincuenta y cuatro metros, las que comparada con el ancho, está en proporción triple: 1/3 (imagen 6).

 


Imagen 6. Esquema proporcional del templo franciscano de Castro
construido entre 1857 y 1864
(fuente: elaboración de los autores, 2014).

 

A partir de las fotografías de Jerman Wiederhold (imagen 7), es posible definir la geometría que organiza la fachada. La primera de ellas permite establecer que en apariencia, las torres laterales fueron construidas con posterioridad ya que se aprecia que avanzan hacia los lados del volumen principal que cubre las dos aguas. Esto se confirma, ya que las cornisas tapareglas terminan en la cornisa del entablamento, justo donde arranca la torres laterales; al prolongarlas termina bajo el arquitrabe, lo que indicaría que la nave lateral quedaría muy baja, casi a la altura del dintel de las puertas, lo que no sucede ya que la canal de la cubierta inclinada se encuentra a la misma altura de la cornisa del entablamento.

 


Imagen 7. Plaza de Castro, Se aprecia la iglesia franciscana en donde las torres
avanzan hacia los costados (fuente: Wiederhold, 1893).

 

A partir de esta definición es posible establecer dos trazados reguladores. El primero corresponde a la fachada original, tal y cual la construyó el Fray Diego Chuffa, es decir, sin las torres laterales (imagen 8). Este trazado está en proporción de dos tercios (2/3), la misma del área del coro de la iglesia y del área central de la fachada hasta la altura del dado. Además, si se considera la altura hasta el dado y se la compara con el ancho, esta está en proporción de tres cuartos (3/4). En este trazado, la cumbrera del volumen de la iglesia se encuentra en la mitad de la altura tomada hasta la cúspide del chapitel.

 



Imagen 8. Trazados reguladores aplicados a la fachada
original de la iglesia de Castro antes de 1889
(fuente: elaboración de G.P. Cherubini, 2014).

 

Después de adicionadas las torres laterales el año 1889 por el carpintero Francisco Águila Ruiz, es posible destacar que la fachada queda incluida en un cuadrado (imagen 9), es decir, la proporción unísona, cuyo centro se encuentra en la cumbrera, a la altura del dado de la torre. Lo interesante es que esta proporción simboliza la unidad de la iglesia en torno a un solo Dios.

 


Imagen 9. Trazados reguiadores aplicados a la fachada
de la iglesia con las torres laterales construidas en 1889.
(fuente: elaboración de G.P. Cherubini, 2014).

 

Todo lo señalado lleva a pensar que esta construcción no habría sido posible sin la existencia de un pensamiento previo y de un plano, en donde se definieran las medidas y proporciones de la obra, tal como se señala en la carta N° 105 del 2 de Mayo de 1857 del Gobierno Departamental al Intendente, que se refiere a la solicitud presentada por franciscanos del Colegio de Castro para llevar a cabo la reconstrucción del Convento, la cual dice: al plano presentado contiene una superficie de cuatro mil doscientos ochenta y cuatro varas cuadradas de edificio5.

La columna (formada por base, fuste y capitel) y el entablamento (compuesto de arquitrabe, friso y cornisa) se hicieron de acuerdo al canon clásico, no solo en su ordenamiento, sino que respetando las dimensiones proporcionales de los elementos (imagen 10). La iglesia de Castro es una clara muestra del estilo neoclásico que los franciscanos italianos impusieron a su arquitectura, en forma paralela a la propuesta por Brunet de Baines, fundador de los primeros cursos de arquitectura en 1849, y de Lucien Henault.

 


Imagen 10. Proporciones del orden arquitectónico
(fuente: elaboración de G.P. Cherubini, 2014).

 

CONCLUSIONES. De todo lo expresado destaca que Fray Diego Chuffa participó en la construcción de tres iglesias franciscanas. De la primera, construida en Castro en 1839, han quedado solo las dimensiones de la planta. De la segunda, construida en Osorno en 1844, ha permanecido una fotografía. De la tercera, construida en Castro, hay una descripción de la arquitectura y dos fotografías. Esto es un hecho de importancia basilar para comprender la evolución de la forma de la torre-fachada.

Un aspecto evidente es que la iglesia de Osorno es un precedente formal de la de Castro. Además, por la semejanza entre estas dos iglesias se podía conjeturar que la de Castro construida por los franciscanos apenas llegaron a la capital insular y destruida en el incendio de marzo de 1857, tenía estas mismas características: pórtico, tímpano y torre en un arreglo de influencia neoclásica.

De esta manera, mientras la Iglesia de Castro fue la matriz tipológica para el archipiélago de Chiloé, la realizada en Osorno lo fue de algunas construidas en la parte continental del sur de Chile (imagen 11).

 


Imagen 11. Esquema evolutivo de la forma composicional de la
torre-fachada y su esquema evolutivo
(fuente: elaboración de los autores, 2014).

 

Tanto Castro como Osorno fueron las sedes principales de las respectivas provincias de los misioneros y los centros de irradiación de una determinada manera de componer los edificios conteniendo todas las características de la arquitectura tradicional religiosa chilota.

También en esta línea, pero con materiales diversos, está el aporte de los frailes italianos en la araucanía y en la zona central, incluyendo la tipología de la torre en la fachada sobre un pórtico o un nártex, influencia que llegó a casi todo el territorio del país.

Una de las maneras en que se desarrolla el oficio del hacer arquitectura es sobre la base de la reflexión crítica acerca de lo obrado, es decir, sobre la autoevaluación, lo que sin duda produjo que el templo de Castro fuese más depurado que el de Osorno, ya que seguramente, los frailes buscaron la oportunidad de conocer más sobre el oficio del arte de componer un edificio, sea conversando con especialistas o hurgando en sus propios recuerdos, en este caso, su lugar de origen en la península itálica.

Otra conclusión es que se anula una posible influencia de la escuela de carpinteros alemanes de Puerto Montt en la definición del modelo de iglesia caracterizado por la torre-fachada, ya que el origen es posible situarlo entre 1837 y 1844, año en que recién se estaba gestando la llegada de los colonos alemanes a la región.

Finalmente la escasez de documentos tanto escritos como icónicos de la época, dificultan el poder asociar las iglesias construidas por los franciscanos en Castro y en Osorno, con la que construyeron los jesuitas en Castro, y que figura en los inventarios hechos con motivo de la expulsión, dibujada por Philip Parker King en 1829 y por la expedición de Charles Darwin en 1834, la que con toda certeza aún estaba en pie cuando llegaron los franciscanos italianos a Castro, tres años después. El hecho que en Italia, y en general en la cuenca del mediterráneo, las iglesias fuesen con campanario exento, dificulta la comprensión acerca de la aparición de estas iglesias de mano de los misioneros franciscanos italianos, pues lo lógico es que hubiesen construido un templo sencillo con un campanario lateral exento, especialmente porque el espacio no era una limitante. Sin embargo, los frailes italianos construyeron la iglesia de Osorno y la de Castro con una torre centrada: ¿renunciaron entonces a su espíritu mediterráneo, o se adaptaron al carácter de la misión? La respuesta queda pendiente, abierta a futuras investigaciones. AUS

NOTAS

1 O.S.B. Orden de San Benito.

2 Durante el período presidencial de Joaquín Prieto y el padre Manuel Unzurrunzaga, Prefecto Apostólico de Misiones.

3 Ocupará el cargo de Vice Prefecto y Vice Comisario General de los Colegios y misiones existentes en la República de Chile (Chiloé y la Araucanía) durante catorce años. La congregación Propaganda Fide aprobó la elección y la confirmó el Papa Gregorio XVI por Decreto expedido en el año 1842 (Menard; Foester, 2007).

4 En el periodo de los Franciscanos de Chillán y Ocopa el convento no funcionó como colegio de formación.

5 Cartas entre Intendencia de Chiloé y Colegio de Castro (1839-1857). Intendencia de Chiloé, Vol. 11. Archivo Nacional.

 

REFERENCIAS

Cárcamo, F., 1873. El Colegio de Castro. Reedición PAF N° 26, 1993. Santiago de Chile.

Darwin, Ch., 2005. Darwin en Chile (1832-1835), Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Editorial Universitaria. Santiago de Chile.

Díaz, B., 1990. Franciscanos de Chiloé. Edición PAF N° 6. Santiago de Chile.

Guarda, G., 1995. La tradición de la madera. Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile.

León, M., 2005. Franciscanos, Misioneros y Chilotes: El Colegio del Santísimo Nombre de Jesús de Castro (1837-1905). Santiago, PAF N°. 86.

Menard, A., Foerster, R., 2007. Cartas y memorias del vice prefecto de misiones Fr. Diego Chuffa (1842-1854). Edición PAF N° 98. Santiago de Chile.

Montecinos, H., Salinas, I., Basáez, P., 1995. Las iglesias misionales de Chiloé. Documentos. Santiago de Chile. Departamento de Historia y Teoría de la Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile.

Moreno, R., 2007. Misiones en Chile Austral: Los jesuitas en Chiloé. 1608-1768. Imprenta Grafites. Sevilla.

Oviedo, C., 1984. La visita del Obispo Azua a Chiloé, 1741. Introducción y notas de Carlos Oviedo Cavada. En revista Historia, publicación del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Vol. 19.

Pinto, J., 1993. Jesuitas, Franciscanos y Capuchinos Italianos en la Araucanía (1600-1900). En Revista Complutense de Historia de América. N° 19. Editorial Complutense. Madrid.

Schneider, O., Valassina, E., 1981. San Juan, Caserío de los dos entornos. Seminario de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Historia de la Arquitectura de la Universidad de Chile. Inédito.

 


Recepción/ 4 septiembre 2014
Aceptación/ 14 octubre 2014

 

 

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