AUS (Valdivia) - JOSÉ DE NORDENFLYCHT CONCHA: LA ÚLTIMA FRONTERA
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AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.12 Valdivia 2012




Revista AUS 12 _34 - 37_segundo semestre dos mil doce_
DOI:10.4206/aus.2012.n12-08

Entrevista

 

ENTREVISTA / INTERVIEW

JOSÉ DE NORDENFLYCHT CONCHA

Historiador del arte. Profesor Asociado e Investigador del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Playa Ancha, Chile. Presidente ICOMOS Chile.

 

LA ÚLTIMA FRONTERA

THE LAST FRONTIER

 

Dr. Virginia Vásquez

Académica Universidad Austral de Chile, Chile. vicky.vasquez@gmail.com.


Presentación_

Historiador del Arte, Investigador del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Playa Ancha. Es autor y coautor de una decena de libros, entre los que destacan Monumentos y Sitios de Chile (Santiago, 1999), Patrimonio Local. Ensayos sobre arte, arquitectura y lugar (Valparaíso, 2004), Nuevas Miradas Sobre la Autenticidad e Integridad en al Patrimonio Mundial de las Américas (México D.F., 2005), Aprendiendo de Latinoamérica. El museo como protagonista (Vigo, 2006), Arte e Política. Situaçoes (Sao Paulo, 2010), Revisión/Remisión de la historiografía de las artes visuales chilenas contemporáneas (Santiago, 2011) y Post Patrimonio (Viña del Mar, 2012). Ha sido profesor visitante de la Universidad de Buenos Aires (Buenos Aires), la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá) y la Universidad de Concepción (Chile). Integra el consejo editorial de las revistas Hereditas (INAH, México), Revista de Arte (Escuela de Arte PUC, Chile), Revista Quiroga (Universidad de Granada, España) y Revista Conserva (CNCR, Chile). Como consultor en temas de patrimonio a participado en proyectos de planificación territorial, investigación histórica, evaluación de conservación y capacitación financiados por organismos nacionales e internacionales. Es Miembro Asociado del Comité Científico Internacional de Teoría y Filosofía de la Restauración de ICOMOS y Presidente del Comité Chileno del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios ICOMOS.

 


Abstract_

Author and coauthor of dozens of books, including Monumentos y Sitios de Chile (Monuments and Sites in Chile) (Santiago, 1999); Patrimonio Local. Ensayos sobre arte, arquitectura y lugar (Local Heritage. Essay on Art, Architecture and Place) (Valparaíso, 2004); Nuevas Miradas Sobre la Autenticidad e Integridad en al Patrimonio Mundial de las Américas (New Visions on Authenticity and Integrity of World Heritage in the Americas) (Mexico F.D., 2005); Aprendiendo de Latinoamérica. El museo como protagonista (Learning from Latin America, the Musuem in the Leading Role) (Vigo, 2006); Arte e Política. Situaçoes (Sao Paulo, 2010); Revisión/Remisión de la historiografía de las artes visuales chilenas contemporáneas (Revision/Remission of the Historiography of Contemporaneous Chilean Visual Arts) (Santiago, 2011); and Post Patrimonio (Post Heritage) (Viña del Mar, 2012). He has been a visiting professor at the University of Buenos Aires (Buenos Aires), the National University of Colombia (Bogotá) and the University of Concepción (Chile). He is a member of the editorial board of the following journals: Hereditas (INAH, Mexico), Revista de Arte (Art School at the PUC, Chile), Revista Quiroga (University of Granada, Spain) and Revista Conserva (CNCR, Chile). As a consultant in heritage-related topics, he has taken part in land planning projects; historical research; conservation assessment and training funded by national and foreign institutions. He is an Associate of the International Scientific Committee on Theory and Philosophy of Restoration at ICOMOS and Chairman of the Chilean Committee of the International Council on Monuments and Sites, ICOMOS.

 


 

 

En el marco de las discusiones y diálogos generados al interior del Primer Congreso Internacional Taller [Sur] 2012, organizado por el Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Austral de Chile, se desarrollaron espacios de discusión como cierre a las distintas mesas, las que se estructuraron en torno a la temática "Patrimonio Cultural Sostenible, Visiones y Prácticas desde la Arquitectura". Sin duda hablar de patrimonio es complejo, porque éste involucra diversas manifestaciones asociadas a la identidad y pertenencia cultural. Sin embargo a priori y según lo ratifica en gran parte la Carta de Nara (1994), la autenticidad es fundamental, lo cual se puede asociar a la idea de la localidad del patrimonio y las manifestaciones que se resignifican como valores culturales propios, pero ¿cómo se asocian estos valores?. Es esta mirada la que permite entonces abrir la entrevista a José de Nordenflycht con una pregunta acerca de la resignificación y reinterpretación de los hábitats patrimoniales.

Las manifestaciones culturales del tiempo presente, nos hablan de su carácter local, en concordancia con la resignificación del espacio, del lugar y del hábitat, ¿cómo hoy estas manifestaciones, que son inclusivas en la idea de patrimonio, se enfrentan al paradigma de la globalización?¿Y cómo lo aborda el historiador, especialmente a los 40 años de la Convención de la UNESCO?

Desde hace más de cuatro décadas –mismas que median el origen de la Convención de Patrimonio Mundial Cultural y Natural de Unesco- se ha instalado desde la literatura sobre economía urbana el concepto glocal, el que transferido al ámbito de tu pregunta nos recuerda que siempre el patrimonio es local, sin embargo su valoración y los esfuerzos para su salvaguarda es global.

La globalización es una realidad histórica que se ha venido construyendo desde hace más tiempo aún, descrita hoy por muchos autores en sus aspectos más complejos y sus efectos más indeseados, como la hegemonía de los centros, la homogenización de las prácticas culturales, la mediación de éstas por las prácticas de consumo, etc., por tanto el ejercicio que uno podría hacer proactivamente es imaginar un proceso paralelo de glocalización, es decir como la comunicación entre comunidades específicas y las redes de cooperación entre ellas podrían ser la cara más amable y esperanzadora de la condición global.

En ese escenario el patrimonio cumple una función muy importante pues es una suerte de "última frontera", en donde lo que podamos esperar de un futuro posible se invierte en la selección y valoración de lo que nuestras generaciones futuras merezcan –o padezcan- de lo que hacemos o dejamos de hacer en su nombre, esto es como uno podría apostar a como se debiera construir futuro.

Por cierto que ese deseo no calza con la realidad, pues los porfiados hechos nos demuestran que todavía debemos profundizar mucho en la conciencia que deben adquirir los territorios desde las comunidades que los habitan, en donde el lugar del patrimonio sigue siendo una tarea desafiante.

¿Cómo autodefines hoy, la frontera del patrimonio y de lo patrimonializado (si es que existe) y cómo los límites se pueden tornar consolidados o no (depende), sin perder esa flexibilidad y contención que en algún momento mencionas como parte de la discusión acerca del desarrollo sostenible del patrimonio?

Lo que el debate contemporáneo sobre el patrimonio cultural nos evidencia en el momento actual es que ya no nos importa el patrimonio, entendido como la definición de un régimen jurídico que le permitió a los estados nacionales modernos construir los símbolos de su identidad –escudos, banderas, monumentos, etc.- , sino que más bien desde una perspectiva funcionalista lo que importa es cuando alguna práctica social o algún objeto u artefacto generado por ella, funciona como patrimonio. Lo que nos desmarca de la exclusividad de los atributos estéticos, formalistas, historicistas o conmemorativos de algunos objetos singulares.

El patrimonio puede ser definido como una relación entre sujetos a partir de una práctica que, en el caso de que distingamos su estado tangible, deviene en un objeto concreto.

A partir de ese punto todo lo que podamos considerar hoy como patrimonio sancionado por acuerdos sociales mediado por leyes, es siempre más escaso, incipiente y fragmentario de lo que podamos ir considerando como prácticas patrimoniales, en donde los procesos son más importantes que los resultados.

 

 
Imagen 1_ "Palacio Pereira", Santiago de Chile, Monumento Nacional según la Ley 17.288. El proyecto de arquitectura para puesta en valor ha sido sancionado recientemente por concurso público, adjudicado al equipo liderado por Cecilia Puga (fuente: el autor, 2012).

 

 
Imagen 2_ La Iglesia de San Francisco de Castro y su zona de amortiguación son parte de un Sitio del Patrimonio Mundial de Unesco desde el año 2000. El centro comercial en construcción que se aprecia en la foto está "afuera" de ese perímetro (fuente: Patricio Muñoz, 2012).

 

Supongamos que lo que tú denominas "patrimonializado" se corresponde con ese proceso, y pensemos en un caso concreto como es la arquitectura tradicional chilota.

En ese caso la sostenibilidad de la condición patrimonial dependerá no solamente de los usos y funciones que éste conjunto de obras de arquitectura con programas religiosos o habitacionales tenga, sino que también de cómo los procesos constructivos asociados a oficios concretos permiten darle continuidad en el tiempo. Por tanto serán esas condiciones de producción –materiales, tecnologías, formalizaciones-las que asociadas a programas definidos por actos específicos como ritos o celebraciones, sea en donde las condiciones de habitabilidad se reconozcan como la matriz de su destino posible.

De que ahí la potencia semántica de conceptos como rehabilitación, entendidos como volver a generar condiciones de habitabilidad, hayan ido desplazando en su funcionalidad a las tradicionales maneras de intervención asociadas a la restauración.

Si las realidades se construyen desde el discurso, las preguntas sobre quién merece el patrimonio, quién debe acceder a él o cuál es su lugar ¿son efectivamente vistas como cuestiones fundamentales en la valorización que hace la cultura local de su manifestación? ¿o son vistas desde la historia de preservación y documentación?

El distingo que habría que establecer es tan básico como entender que por un lado lo patrimonial es una condición que se manifiesta en fenómenos muy diversos, y por otro lado en tanto dato de la realidad es susceptible de ser intervenido desde la ciencia, la técnica, la filosofía o cualquier otro saber disciplinar que se nos ocurra.

De ahí deriva que históricamente las preocupaciones sobre el patrimonio en su dimensión práctica y en su dimensión teórica no sean fácilmente disociables, pues sobre la carencia y la necesidad se producen respuestas, aún cuando de la misma manera sean marcos ideológicos los que las legitiman.

Por un lado entonces está la realidad del patrimonio, la cual se nos devela mucho antes de que podamos nominarla como tal, y por otro extremo está el uso de lo que hagamos en su nombre, muchas abusando de él en nombre del rédito especulativo y mercantil.

En medio de lo cual debemos ser capaces de equilibrar acciones en torno a mediaciones que permitan que una comunidad no solo sea reconocida por su patrimonio desde otros, sino que se reconozca ella en él a partir de su apropiación, convirtiendo a sus depositarios en intérpretes del mismo. Nuevamente es una cuestión de la definición relacional que hagamos del patrimonio, en donde –por ejemplo- el valor está producido desde la mirada que aprecia un paisaje cultural hasta de los efectos económicos que la artificialización del mismo impacte en el desarrollo de los territorios que lo contienen.

Existe un pensamiento crítico que propone que las ciudades deben ser concebidas de manera integral y escalada, respondiendo a la incorporación de los grupos sociales a su dinámica de crecimiento y desarrollo sostenible, pero hoy se ven fragmentadas por la radicalización del espacio privado. A pesar de esto se reconocen identidades arquitectónicas propias, iconografías de procesos del metabolismo urbano, histórico y funcional. ¿Cómo la arquitectura, los modelos y paradigmas de diseño, entregan identidad en un contexto local?

En el primer caso si la arquitectura es parte de nuestra cultura, es porque en gran medida las imágenes de la arquitectura nos hacen creer que esa vinculación se da en virtud de ser parte de la cultura de la comunicación, y eso introduce un equívoco en donde la imagen visual de la arquitectura sobredetermina el valor de ella, resultado de lo cual muchos opinan que hay mejores o peores obras en base a su aspecto formal externo. Lo curioso es que incluso dentro de la discusión disciplinar de la arquitectura hay sectores que piensan que esto es un punto de partida analítico, lo que sin duda empobrece mucho el alcance y la legitimidad del patrimonio derivado de ello a una posteridad posible. Dicho de manera más clara, fenómenos como la musealización de los centros históricos y el fachadismo están en esa línea totalmente insustentable.

En el segundo caso me hace más sentido pensar que una cultura arquitectónica permite convertir en discurso social –dándole una legitimidad de más largo plazo- los beneficios que derivan de la calidad de vida y todos los indicadores funcionales que nos imaginemos, asociados a imágenes formales concretas que devienen en imaginarios urbanos, los que de manera transcendente alimentan la dimensión inmaterial de la arquitectura en tanto patrimonio material. Si pensamos, por ejemplo, en que es lo que le da valor a situaciones tan habituales y anónimas como sentarse en un plaza, caminar por un parque o atravesar un pasaje, llegaríamos a la conclusión de que pueden ser expresiones de unas micropolíticas cotidianas asociadas al encuentro y la vida en común que son el fundamento de las reivindicaciones de grupos activistas urbanos que intentan proteger el patrimonio no por un valor exógeno sino que más bien al contrario por el efecto de acción directa que tendrá en las generaciones futuras.

Ya que hablamos desde el hábitat y la construcción arquitectónica de él, quisiera compartir la siguiente reflexión realizada por quien te entrevista, en el marco de una investigación pre doctoral. "En un mundo donde todo cambia a una tremenda velocidad y los valores arquitectónicos tienden a seguir modas compositivas que compiten por ser los protagonistas de la ciudad a través del edificio como obra de arte, la arquitectura local posee y entrega una riqueza intercultural y geográfica que continua siendo parte de un ciclo de vida de energías y recursos naturales; que es capaz de sintetizar los aportes foráneos, adaptándolos al nuevo medio físico de aplicación, consciente de sus limitaciones y temporalidad del medio ambiente en que los asentamientos están insertos". La pregunta es ¿continuamos en ese mismo camino?

Lo que está implícito en tu reflexión es que la arquitectura puede ser considerada una práctica colectiva en el tiempo, que más allá del valor excepcional de una obra particular debe cautelar un valor de conjunto, urbano. Como si cada obra fuera en proyectada desde su origen como un bien público, aún cuando su circunstancia diga lo contrario. A partir de ahí podemos colegir que una ciudad no es una mera acumulación de inmuebles, sino que una compleja realidad que tiene condiciones y estados. Donde no podemos confundir las unas con los otros, como parece hacer el mercado en articulación con los intereses de quienes administran temporalmente un poder que le fuera delegado por la comunidad. Si ellos se confunden es nuestro deber volver a insistir sobre lo que falta. ¿Qué es lo que falta? Primero falta claridad conceptual. Las condiciones son aquellas características invariables que determinaron las causas de su origen. Condiciones de asentamiento, condiciones de disponibilidad de recursos, condiciones de calidad ambiental, entre muchas otras. Mientras que los estados son fenómenos variables que cualifican las transformaciones que va sufriendo en el tiempo, estado de desarrollo, estado de auge, estado de crecimiento, estado de, entre varios más. Si queremos definir el futuro, y por tanto instalar un horizonte para nuestras expectativas y las de nuestra posteridad, en base a los estados, por cierto que su variabilidad nos hace correr el riesgo de apostar nuestras acciones a temporalidades efímeras de efectos no controlados y con mucha probabilidad de fallar en ese empeño. Tal cual como podemos ver en el pavoroso ejemplo del centro comercial construido en el ciudad de Castro, y las pretensiones de hacer lo mismo en Valparaíso.

Si ese mismo futuro, en cambio, lo vamos a definir por nuestras condiciones, tendremos la claridad para ser fieles a lo que de auténtico e íntegro sea el valor que reconozcamos en ellas, superando nuestras carencias y creando un valor público sobre lo que dejemos a la comunidad, que como promesa de futuro, está siempre más allá de la tentación de nuestros réditos inmediatos. auS

 

 
Imagen 3_ Rayado urbano en muro de vivienda en la zona de Valparaíso incluida en la descripción de Sitio del Patrimonio Mundial de Unesco, desde el año 2003 (fuente: José de Nordenflycht, 2012).

 

 

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