AUS (Valdivia) - LA ARQUITECTURA SIN ARQUITECTOS, ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE ARQUITECTURA VERNÁCULA
Revistas Electrónicas UACh
Web Sistema de Bibliotecas UACh
Formulario de Contacto Revistas Electrónicas UACh (OFF)
Revistas Electrónicas UACh - AUS (Valdivia)
 
 no.8ESTADO DEL ARTE DEL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE REGIÓN DE LOS RÍOS_CHILELABORVALDIVIA: WORKSHOP 2010 LABORATORIO PARA LA ENSEÑANZA DE UN URBANISMO “PROPIO” DEL SUR  Indice de autoresIndice de materiabúsqueda de artículos
Inicio revistalista alfabética de revistas  
-
 
Revistas Electrónicas UACh - AUS (Valdivia)
AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

  Texto completo PDF
 
  Como citar este artículo
  Agregar a favoritos
  Enviar a e-mail
  Imprimir HTML

  AUS (Valdivia) n.8 Valdivia 2010




Revista AUS 8 _12 - 15_segundo semestre dos mil diez_
DOI:10.4206/aus.2010.n8-04

Artículo

 

LA ARQUITECTURA SIN ARQUITECTOS, ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE ARQUITECTURA VERNÁCULA

ARCHITECTURE WITHOUT ARCHITECTS, SOME REFLECTIONS ABOUT VERNACULAR ARCHITECTURE

 

Jocelyn Tillería González

Arquitecta Universidad Austral de Chile, Chile. Máster en Restauración Arquitectónica por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, España. Doctor (c) en Conservación y Restauración del Patrimonio Arquitectónico por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, España. j.tilleria@gmail.com.


Resumen_

Las siguientes reflexiones comprenden los estudios previos al desarrollo de la tesis doctoral en arquitectura tradicional, y a las experiencias obtenidas en los trabajos de inventario del Patrimonio Etnográfico de la Comunidad de Madrid por la Universidad Politécnica de Madrid. La arquitectura tradicional, en vías de extinción, vuelve a cobrar interés en las diferentes áreas de investigación del quehacer arquitectónico. Su estrecha relación con los temas de localidad, la hacen, de un importante valor patrimonial tanto histórico como compositivo. Una arquitectura sin arquitectos que nos enseña sensibles maneras de comprender y habitar nuestro medio.

Palabras clave: arquitectura tradicional, vernáculo, memoria, paisaje.

Abstract_

The following reflections comprise those studies prior to the development of a doctoral thesis in traditional architecture, and those experiences obtained during the inventory works on Ethnographic Heritage of Madrid Community by Universidad Politécnica de Madrid. Traditional architecture, now in extinction, is becoming more and more interesting for the different areas concerning research about architectonic work. Its strong links with those topics as locality give it an important heritage value, both historical and synthetic. Architecture without architects teaching us some sensitive ways to understand and inhabit our environment.

Key words: traditional architecture, vernacular, memory, landscape.


 

Introducción_

«Aquí tenemos también un arte, la arquitectura, nacida de un modo de mirar, porque de estas mínimas peculiaridades depende a lo mejor el arte de un pueblo, y sus costumbres, y su política, y hasta su manera de entender el cosmos» (Ortega y Gasset, 1982).

Existe un modo de construir cuyo génesis es el momento en que el hombre crea su hábitat, no responde a estilos, no representa épocas, no necesita de arquitectos, son quienes las habitan los encargados de modelarlas, ha estado allí, testigo de la cultura de los hombres: la arquitectura vernácula.

La arquitectura autóctona (que ha nacido o se ha originado en el mismo lugar donde se encuentra), popular (perteneciente o relativo al pueblo), tradicional (que sigue las ideas, normas o costumbres del pasado), autóctona (que ha nacido o se ha originado en el mismo lugar donde se encuentra), son algunos de los conceptos más utilizados para referirnos a esta arquitectura. A mi parecer, vernáculo (doméstico, nativo, de nuestra casa o país), engloba las definiciones anteriormente descritas.

Hablamos de un tema que por mucho tiempo ha sido desarrollado por áreas de investigación cercanas al estudio del hombre, antropólogos, etnógrafos, historiadores y arqueólogos, que sólo a partir del movimiento moderno cobra interés en el área de la arquitectura y la construcción.

Muchos autores coinciden en que la arquitectura vernácula es un sistema social y cultural complejo, que nace de la relación hombre-entorno, y que refleja de una forma directa, las maneras de habitar. Cada definición hace hincapié en alguno de los factores determinantes. Para algunos el tema social toma protagonismo: «un auténtico sistema que procede del cuerpo de los hombres que habitan los lugares diseñados» (Fernández Alba, 1990). Para otros los materiales y el entorno: «Tales viviendas, profundamente unidas al suelo, al clima y al paisaje, moldeadas por estos factores, hállanse en dependencia inmediata del medio, perfectamente adaptadas a él, siendo verdaderos precipitados geográficos, resultando de una transformación, en la que el suelo proporciona la primera materia y el hombre la actividad transformadora» (Torres Balbás, 1934). Una obra popular donde el destinatario participa en mayor o menor escala. Los materiales y sistemas constructivos son creados por el hombre y para el hombre. Responde al principio modernista «la forma sigue a la función», las soluciones son de un pensamiento racionalista privado de decoración.

Aunque muchas de las condicionantes sociales, culturales y de territorio pudieran coincidir entre diferentes localidades, siempre originará singulares resultados marcados por las interpretaciones de cada individuo, «la arquitectura popular no representa nunca un precipitado geográfico en el que datos de partida semejantes deban conducir, inexorablemente, a soluciones coincidentes. Teniendo en cuenta tales objetivos, el arquitecto popular se concede siempre un margen para sus propias y peculiares decisiones» (Carlos Flores, 1996).

Las arquitecturas vernáculas estudiadas corresponden a periodos preindustriales, en que los constructores locales y el desarrollo de los oficios cumplen un protagónico rol. García Grinda critica la falta de honestidad de las llamadas «arquitecturas populares recientes» que emplean materiales industriales de desecho insertos en un medio rural.

Las definiciones de arquitectura vernácula antes reseñadas pudieran ser aplicadas a diferentes territorios, en estas reflexiones, acotaremos el estudio a los casos analizados en España y Chile.

El estado de la cuestión_

«Hay pueblos que parecen enfermos crónicos, caseríos que semejan fantasmas, y aldeas (y hasta ciudades) que fingen el doloroso gesto del pájaro herido que no puede volar» (Camilo José Cela, 1965).

Con la industrialización se inicia el despoblamiento de localidades rurales, se pierden los oficios, se transforman los materiales y las técnicas constructivas tradicionales desaparecen, se importan modelos ajenos del habitar, aniquilando singulares relaciones del hombre con el territorio.

Existen localidades que aún conservan su arquitectura tradicional, ayudadas muchas veces por el aislamiento y el olvido, pero la falta de mantenimiento ha generado un progresivo estado de degradación.

Otro de los «padecimientos», y de los más perjudiciales, es el mal entendimiento de lo vernáculo, cegados por el romanticismo de lo rural. En una bucólica visión, se ha registrado que en la casi totalidad de las reformas a edificaciones para el albergue de programas terciarios, se produce la parcial o completa destrucción de los espacios interiores, conservando en algunos casos solo las fachadas, muros de una escenografía rural. Cuando es demolida, las nuevas arquitecturas que ocupan su lugar se «visten» de tradición, utilizan materiales modernos cubiertos de piedras y madera. Lo vernáculo no es un escenario de volúmenes pintados de añil, sino un complejo ignorado sistema socio-espacial-constructivo, que habita la memoria de los territorios.

Abandonadas, olvidadas, transformadas y en vías de extinción, la arquitectura vernácula se presenta hoy como una respuesta de local identidad frente a las decisiones globalizadoras del hacer ciudad.

Lo patrimonial_

No sólo en los monumentos habita la memoria de los pueblos, la tradición no se guarda entre castillos, fortalezas y templos, también existe una escala de lo doméstico que genera cultura.

Apoyado en los temas convenidos de las Cartas Internacionales que amparan el patrimonio, reconocemos la preocupación por la arquitectura vernácula a partir de 1964 con la Carta de Venecia: lo patrimonial incorpora temas de «ruralidad». La Carta de París (1972) celebrada en el marco de la 17ª reunión de la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, define el «patrimonio natural» y «cultural». En 1975 la Carta de Amsterdam, decisiva en los temas etnográficos, incluye el interés por las edificaciones concernientes a la arquitectura vernácula y de carácter preindustrial. La Carta de Nairobi (1976), alude al «conjunto tradicional» entendiendo como valor patrimonial a la vida tradicional de un pueblo, como el caso de los pueblos aborígenes y primitivos.

El año 1999, en un afán de normalizar este patrimonio, ICOMOS registra a través de la Carta del Patrimonio Vernáculo Construido, la importancia de esta arquitectura como expresión de identidad de una comunidad, el valor del modo natural y tradicional en que han producido su propio hábitat, y el cómo forman parte integral del paisaje cultural.

Con la valoración de los temas de patrimonio inmaterial, la arquitectura vernácula vuelve a cobrar interés, no sólo por el valor arquitectónico, sino por los sistemas de vida que ampara.

La arquitectura autóctona, tradicional o sin arquitectos, con una gran adaptación al medio, construye paisajes, evoca memorias y representa culturas.

Evocador de memoria_

Cuando hablamos de patrimonio se despierta la memoria. Ruskin, en “Las siete lámparas de la arquitectura”, define la arquitectura como el contenedor de la memoria del trabajo del hombre, ¿No es acaso la arquitectura tradicional la más ligada a esta definición? La memoria habita los materiales, los sistemas constructivos, las edificaciones y las ciudades. En la localidad de El Berrueco (España), la observación de sus muros, la configuración de la mampostería, el gran tamaño de las piezas de granito en dinteles y trabazón, sus cortes y la labra, nos refiere la proximidad de canteras a esta localidad y el desarrollo obtenido con el oficio del cantero. En el caso de Chiloé (Chile), los sistemas constructivos en madera y las formas de disposición de los entramados en sus muros y cubiertas para la protección del agua, nos evidencian la tradición de construcción naval que tanto caracteriza a la localidad. En la arquitectura indígena de las comunidades huilliches y pehuenches (Chile), la fragilidad de los materiales utilizados, los volúmenes, el emplazamiento de sus viviendas en dirección este-oeste, reflejan las formas de relación que tiene este grupo con el medio, desde soluciones funcionales a sistemas complejos regidos por sus creencias: las cosmovisiones.

La tipología de las edificaciones también alude memoria. En Patones de Arriba y Patones de Abajo (España), la estrecha relación entre vivienda-edificación auxiliar, con los tipos, corral, establo, pajar y cuadra, muchas veces unificada, evidencian los orígenes agrícola-ganaderos de este poblado.

 

Imagen 1_Muro de fábrica de adobe, detalle ventana.
 

 

Imagen 2_Muro de fábrica de piedra, detalle ventana.
 

 

Imagen 3_Nivel técnico alcanzado con el oficio del cantero, El Berrueco.
 

 

Imagen 4_Detalle sistemas constructivos, El Berrueco.
 

 

Los asentamientos y la configuración del paisaje_

La arquitectura tradicional se caracteriza por el alto nivel de entendimiento y adaptación al medio. La topografía, el clima y la disponibilidad de materiales para la construcción, condicionan las formas de emplazamiento, creando paisajes únicos, otorgando ingentes valores de identidad para cada comunidad.

Si nos remontamos a los orígenes de las localidades comprobamos que la elección del lugar y los roles desempeñados otorgan sus primeras características: una necesidad y un lugar. Emplazadas de forma agrupada o aislada, en torno a un programa de edificación (iglesia, monasterio, castillo) o a un condicionante topográfico (ladera, valle, quebrada), comienzan su trazado entre edificaciones y vías de comunicación de singular manera por cada poblado.

El paisaje, como otra pieza del engranaje de esta arquitectura, Martínez de Pisón lo define no sólo como un sustento, sino como un ser vivo que se modela, transforma, destruye, imita, creando un documento que registra el paso de nuestra cultura, en consecuencia, archivos a escala territorial.

Las variantes territorio y edificación, vinculadas, definen el paisaje. El territorio otorga el sustento, sus características geológicas marcan los límites (quebradas, valles, montañas, etc.) y sus recursos, los materiales para la construcción (piedra, madera, tierra, etc.). Por otro lado la edificación es el elemento modelador, los tamaños, los programas, las relaciones y comunicaciones entre construcciones.

Desde un punto de vista compositivo, en la sierra de Madrid, el emplazamiento de localidades en el lugar de extracción de materiales para la construcción, unido a lo accidentado del territorio, originan paisajes miméticos como el caso de Patones de Arriba y El Berrueco, donde se distinguen los cortes del terreno para nivelación (rocas tipo pizarra y granito) y su posterior reutilización en la edificación. En otros paisajes de contraste, la situación de lejanía a las fuentes de material pétreo (Torremocha) y la utilización de tierra cruda para edificar (Torrelaguna) incita a los sistemas mixtos de edificación. Estos, posteriormente revocados, los unifican y protegen de las variantes climáticas, en especial de las derivadas del adobe y tapial.

Ligados al paisaje natural y sus recursos, las localidades vernáculas crean una sostenible relación entre el hombre y su entorno, los paisajes históricos y los territoriales que originan el paisaje cultural vernáculo.

Los arquetipos_

Son variados los componentes que hacen imposible la clasificación de esta arquitectura en tipos, ella no ocupa un catálogo de partes que puedan ser combinadas, cada sistema resultante es único e irrepetible.

«A diferencia de las arquitecturas históricas o de estilo, la arquitectura tradicional no presenta una evolutiva general concordante con los cambios de soportes económicos, tecnológicos y culturales de la vida urbana, se encuentran detenidas en la etapa que las concibió» (Maldonado y Vela, 1998). En los casos observados es claro el nexo forma v/s función, cada edificación ejecutada busca la manera más sencilla de crear espacios para albergar una o múltiples actividades.

Los principales programas arquitectónicos se pueden organizar en uso privado (vivienda y/o edificación auxiliar) y de uso colectivo (productivas o de equipamiento). La mayor distribución de recursos invertidos en materiales son para la vivienda, al igual que para los niveles de acabados de los muros y cubierta.

Las alturas se encuentran condicionadas a las posibilidades constructivas del material y la geometría de las cubiertas, a los requerimientos climáticos. Para un adecuado estudio, de las experiencias realizadas, ha dado buenos resultados la clasificación de las invariantes arquitectónicas por cada localidad.

Entre lo vernáculo y lo moderno _

El interés por el patrimonio vernáculo se origina en la Inglaterra del siglo XIX como una respuesta crítica al proceso de industrialización. Es el movimiento Arts and Crafts que encuentra en lo vernáculo las formas de volver a lo artesanal. Apoyado en las teorías ruskinianas, surge el respeto por la naturaleza de los materiales, la valoración del proceso de ejecución y el rescate de los oficios. Revive la arquitectura doméstica inglesa, de la mano de los arquitectos Baillie Scott y Voysey que se basaron en la casa de campo y en la granja tradicional, tratando de recrear no su pintoresquismo, sino su sencillez, solidez e integridad (Benton y Millikin, 1982). Arts and Crafts marcó las primeras pautas de lo que hoy conocemos como Movimiento Moderno, la honestidad de los materiales y la relación de la actividad humana con el espacio.

Le Corbusier en Le Voyage d`Orient (1911), realiza una reflexión aludiendo a los pueblos visitados (Turquía, Grecia e Italia), valorando las arquitecturas tradicionales, el respeto de la presencia de las cosas, la unidad que presentan, acompañado de una crítica «al progreso que saca de nosotros lo peor…¿Es que ya nunca más haremos armonía?». También es conocido el interés de arquitectos como Frank Lloyd Wright por lo vernáculo en el Japón.

De maneras más radicales, Christopher Alexander plantea el modo intemporal de construir: «se trata de un proceso a través del cual el orden de un edificio o de una ciudad surge de la naturaleza interna de la gente, los animales, las plantas y la materia que los componen». Aprecia la metodología de trabajo del constructor rural: «Se trata de un proceso primitivo. El campesino primitivo no pierde tiempo diseñando su casa. Piensa brevemente dónde y cómo levantarla, y luego comprende su construcción».

 

Imagen 5_Vivienda, Patones de Abajo.
 

 

Imagen 6_Arquitectura tradicional, Patones de Abajo.
 

 

Reflexiones finales _

Son distintos los tiempos y las áreas de estudio las que reconocen el valor de lo vernáculo. La arquitectura sin arquitectos, se esboza como un aporte al quehacer actual, sus sistemas constructivos constituyen el rescate de las formas primigenias de adaptación y respeto al entorno, por lo que podríamos considerarla de un carácter sostenible. El interés no radica en mirar lo vernáculo como un sueño bucólico del hacer lugar.

Comprender que lo patrimonial no se guarda solamente en los monumentos, sino que también habita lo cotidiano, con ello se otorga valor a los constructores anónimos fabricantes de identidad.

Preocupa el progresivo estado de desaparición, el mal entendimiento y las malas maneras de conservar, con el aumento de lo kitsch en la arquitectura rural.

Para su rescate debemos ser conscientes del valor que guarda, es necesaria la realización de estudios serios, políticas adecuadas, evitando el progresivo crecimiento de las urbes que conquistan suelo rural. Su estudio despierta los oficios, da forma a la historia local y evoca la comprensión de culturas, cada vez más, en vías de extinción. auS

 

Imagen 7_Vivienda-Edificación auxiliar, Patones de Abajo.
 

 

Referencias bibliográficas

Fernández Alba, A. 1990. Los documentos arquitectónicos populares como monumentos históricos, o el intento de recuperación de la memoria de los márgenes. Actas de las Jornadas Arquitectura popular en España, pp. 21-31, C.S.I.C, Madrid, España. ISBN: 84-00-07052-6.

González-Valcárcel, J. 1990. La conservación del patrimonio rural en la actualidad: visión internacional. Actas de las Jornadas Arquitectura popular en España, pp. 587-599, C.S.I.C, Madrid, España. ISBN: 84-00-07052-6.

ICOMOS. 1999. Carta del patrimonio Vernáculo construido. México.

Maldonado, L y Vela, F. 1998. Arquitectura popular en el Valle del Tiétar. Narria Num.75-76, pp. 1-7, España.

Martínez de Pisón, E. 2009. Miradas sobre el Paisaje. pp. 60-63, Biblioteca nueva, Madrid, España. ISBN: 978-84-9742-908-5.

Ruskin, J. ed 1989. Las siete lámparas de la arquitectura. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia, España. 259 p.

 

Recepción: 3 Julio de 2010
Aceptación:
10 Diciembre de 2010

 

 

© 2017 • Instituto de Arquitectura y Urbanismo, Facultad de Ciencias de la Ingeniería, Universidad Austral de Chile.
Teléfono/Fax: 56 63 221943 • Casilla 567 • Campus Isla Teja S/N • Valdivia • Chile
E-mail: