AUS (Valdivia) - La percepción del paisaje: una coordenada elemental para su conservación
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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.7 Valdivia 2010




AUS, Nº 7: 35
DOI:10.4206/aus.2010.n7-12

Pláticas desde la Ventana

 

La percepción del paisaje: una coordenada elemental para su conservación

 


 

 

El paisaje es un fragmento del mundo tal como es, pero a su vez es una construcción, una composición de ese mundo, una forma de ver. Representa la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado, admitiendo eso sí, que esto es algo dinámico, que está en constante evolución. Los paisajes con sus propios códigos de símbolos nos hablan de una cultura, de su pasado, su presente y su futuro. Decodificar la ideología de un paisaje, como un sistema de signos y de símbolos, es entender el paisaje como un producto, pero al mismo tiempo como un texto, donde quedan inscritas las ideas acerca del tiempo.

Por eso, no debe extrañar que en las más prestigiadas escuelas de Arquitectura del Paisaje del mundo, la disciplina sea impartida junto con cursos de valorización, percepción o apreciación paisajística. El paisaje se compone desde un vistazo subjetivo. Al paisaje se le aprecia ya que está íntimamente ligado a una perspectiva cultural, dictaminando lo que es bello, de lo que no lo es tanto.

El valor de un territorio está determinado culturalmente por quienes lo habitan, pero también puede ser definido por individuos o entidades ajenas a éste, y en esos casos, de los cuales hay muchos ejemplos, las decisiones que lo afectan serán tomadas hegemónicamente por potestades extrañas al paisaje en cuestión.

Ahora bien, el dinamismo del paisaje, característica esencial; dentro de la cual no sólo está la construcción, sino también la destrucción de éste, se vincula a la cultura que lo percibe. Por lo tanto, cada vez que tenemos a la ciudadanía interpelando a la autoridad o a cualquier agencia responsable por la destrucción de determinado territorio, estamos frente al rompimiento de un acuerdo respecto de lo que la misma ciudadanía considera fundamental para su futuro.

La destrucción del alimento para la avifauna del humedal del Santuario del Río Cruces es una muestra de lo anterior. La transformación del paisaje en ese santuario con la muerte de los cisnes de Cuello Negro, cuya riqueza había sido valorada por los distintos estamentos de los habitantes de la ciudad de Valdivia, trajo una inmediata reacción en contra de las políticas ambientales de los sucesivos gobiernos de la coalición gobernante.

La reciente administración también ha debido enfrentar nuevas protestas por la posible instalación de una planta termoeléctrica en Punta de Choros, IV Región. Más allá del debate, sobre si el Presidente decidió suspender el proyecto en ese lugar por la posibilidad de afectar una reserva ecológica importante, no sólo para el país sino para el mundo, o si la decisión fue tomada para cuidar el nivel de adhesión popular a un recién instalado gobierno, la interrogante que queda en el aire es otra.

¿ Qué pasa con otros paisajes que han sido destruidos sin contemplación, sin un reclamo urgente de la ciudadanía, sin una institucionalidad que verdaderamente resguarde el patrimonio del país? Responder esta pregunta no es fácil. Ya que de acuerdo a lo planteado con anterioridad, significa que no se ha valorado lo suficiente el paisaje para conseguir que éste sea conservado. Si la ciudadanía no lo percibe como un eje fundamental, no sólo para el desarrollo económico del país, sino también para la sobrevivencia de toda especie viviente, estamos frente a un problema.

Como es una cuestión de percepción, podemos decir que en el país no existe una percepción adecuada del paisaje chileno, un paisaje famoso en el mundo por su belleza, exuberancia, diversidad y contraste. Eso plantea un problema mayúsculo, ya que como se dice al inicio, desafortunadamente las decisiones respecto del paisaje pueden ser también tomadas por quienes no lo habitan, no lo perciben, ni lo aprecian. Dar cuenta de esta situación evidencia una característica del paisaje nacional y es que la concentración de las decisiones respecto del paisaje chileno, se encuentran centralizadas en una porción del territorio, la ciudad capital, y ésta sin proyección, nos dirige a una devastación sin precedentes de los distintos paisajes de nuestro territorio. auS

 

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