AUS (Valdivia) - ¿DESDE DÓNDE... SE CONSTRUYE EL PAISAJE?
Revistas Electrónicas UACh
Web Sistema de Bibliotecas UACh
Formulario de Contacto Revistas Electrónicas UACh (OFF)
Revistas Electrónicas UACh - AUS (Valdivia)
 
 no.7CONSTRUCCIÓN Y ARTICULACIÓN DEL PAISAJE RURAL: PERCEPTION, NATURAL DISTURBANCE AND THE RECONSTRUCTION OF LANDSCAPESPAISAJES CAMBIANTES: PERCEPCIÓN, DISTURBIOS NATURALES Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL PAISAJE  Indice de autoresIndice de materiabúsqueda de artículos
Inicio revistalista alfabética de revistas  
-
 
Revistas Electrónicas UACh - AUS (Valdivia)
AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

  Texto completo PDF
 
  Como citar este artículo
  Agregar a favoritos
  Enviar a e-mail
  Imprimir HTML

  AUS (Valdivia) n.7 Valdivia 2010




AUS, Nº 7: 12-15
DOI:10.4206/aus.2010.n7-03

Artículo

 

¿DESDE DÓNDE... SE CONSTRUYE EL PAISAJE?

FROM WHERE...THE LANDSCAPE COMES FROM?

 

Darío Gazapo de Aguilera

Doctor Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Director del Departamento de Proyectos ETSA Madrid. Director del Máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados MPAA .

Concha Lapayese Luque

Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Coordinadora “Acciones Híbridas en el Paisaje: Arte y Arquitectura” Coordinadora del Área de Cultura EXPOETSAM.


Resumen_

La definición de “Paisaje” lleva implícita la idea de construcción y en consecuencia, el empleo de una “lógica específica” que posibilite esa acción de formalización del concepto. La primera acción del proceso, supone una elección sobre la posición referencial en la que se localiza el constructor de paisajes. Es a partir de esa hipótesis o decisión inicial, desde donde, a continuación, se desarrollará un proceso vertiginoso e imprevisible, que concluirá con la formalización de un determinado paisaje. Es a partir del análisis de tales situaciones, desde donde es posible la discusión y la crítica. Es desde el origen del proceso de pensamiento, desde donde se establece la especificidad en la forma de la mirada…

Desde la incertidumbre…
Desde la ingenuidad…
Desde el miedo…
Desde la inmovilidad…
Desde la belleza…

Desde el futuro…
Desde la soledad…
Desde la amenaza…
Desde el cinismo…
Desde lo próximo…

Palabras clave: Paisaje, Construcción, Interioridad. Exterioridad.

Abstract_

The definition of “Landscape” implicitly bears the idea of construction and consequently, the use of a “specific logics” making that action of concept formalization possible.

The first action of the process assumes a choice over a referential position where the landscape constructor is located. It is from that hypothesis or initial decision where, after a vertiginous and unpredictable process will be developed; a process which will conclude with the formalization of a definite landscape. It is from the analysis of such situations where discussion and criticism are possible. It is from the origin of the thinking process where the specificity, shaped in the form of a glance, is established…

From uncertainty…
From ingenuity…
From fear…
From immobility…
From beauty…
From future…
From loneliness…
From threat…
From cynicism…
From the nearby.

Key words: Landscape/ Construction/ Interiority/ Exteriority


 

“Rostro, ¡qué horror!, por naturaleza paisaje lunar, con sus poros, sus planicies, sus palideces, sus brillos, sus blancuras y sus agujeros: no hace falta tomar de él un primer plano para hacer inhumano, pues por naturaleza es primer plano, y por naturaleza inhumano, monstruoso”

Mil Mesetas, Capitalismo y Esquizofrenia.
Gilles Deleuze y Félix Guattari.

 

 
Acción comparada en el paisaje interno: Francis Bacon.
Díptico: ”Duna corpórea en el interior de su estudio”. DG/CL
© Archivos:D.G./C.L.

 

Contextualización_

Desde los últimos años, la sociedad y en particular la práctica arquitectónica, han desviado su óptica o intereses hacia lo que se podría denominar de forma genérica, como exterioridad. Sin embargo, hay que señalar cómo el significado del término se ha visto expandido, de forma extraordinaria, sobretodo, al surgir nuevos entornos, dominios, contextos o relaciones entre los mismos, que obligan a una reconsideración permanente sobre las formas de acción o activación de esa dimensión. Desde esa observación, podría derivarse que la dimensión “interior” de las cosas y de las personas hubiese quedado, momentáneamente, relegada a un segundo plano, esperando momentos mejores en los que la reflexión sobre el yo pueda recuperar su lugar de conocimiento del mundo. Como diría Sartre, parecería que el ser ha derivado de manera impetuosa, en conciencia, y ésta se ha apoderado completamente del horizonte del hombre, otro lugar.

La condición de la exterioridad reside en lo coyuntural, en la circunstancia, en lo que nos rodea, y por tanto es la dimensión de la relación, de la comunicación, de lo público, del estrato de lo común, la dimensión de lo alternativo, de lo virtual, de la posibilidad de una nueva identidad.

La conciencia de esos entornos alternativos, ha implicado una revisión de las estructuras que tradicionalmente han constituido nuestro marco de acción, es decir, de la visión clásica del paisaje.

Desde ese momento la lógica atención a su mantenimiento, a su preservación, a su restitución, desvelan así mismo la necesidad intrínseca por reafirmar los códigos y estructuras que hasta ahora han formalizado nuestras únicas referencias. Y conseguir coexistencias coherentes desde la obligada hibridación con las dimensiones alternativas.

En estas condiciones, la posibilidad o necesidad de reflexionar sobre el paisaje, supone un obligado ejercicio de intertextualidad. De la misma forma como Duchamp producía sus ready-mades en contextos o disposiciones inesperadas o aparentemente impropias, estos escritos, procuran emplear una estrategia similar que posibilite desvelar significados alternativos al término “paisaje”, localizándose en angulaciones diversas y focalizando la atención a los estados iniciales de los procesos configuradores del paisaje.

 

 
Acción comparada: Aguiña “Entre la ecuación del Ser Estético: Jorge Oteiza en el Cromlech de Aguiña”
© Archivos:D.G./C.L.

 

La definición de Paisaje, lleva implícita la idea de construcción y en consecuencia, el empleo de una lógica específica que posibilite esa acción de formalización del concepto, o de la estrategia de la “paisajización”. La primera acción del proceso, supone una elección sobre la posición referencial en la que se localiza el constructor de paisajes. Es a partir de esa hipótesis o decisión inicial, desde donde, a continuación, se desarrollará un proceso vertiginoso e imprevisible, que concluirá con la formalización de un determinado paisaje. Es a partir del análisis de tales situaciones, desde donde es posible la discusión y la crítica. Es desde el origen del proceso de pensamiento, desde donde se establece la especificidad en la forma de la mirada.

Deleuze y Guattari, con su libro “Mil Mesetas”, podrían ser representativos de una actitud que requiere definir un contexto particular desde donde proyectar su acción.

Si se analiza el título, se observa cómo la primera acepción implica ya un lugar específico y diferenciado. La meseta, es un accidente geográfico determinado, que lleva implícita una particular acción: la observación, la mirada, la contemplación. Pero a su vez, las relaciones topológicas otorgan a la formación geográfica una situación preponderante respecto al resto de acontecimientos que la rodean: Si recordamos las películas del oeste americano, casi siempre desarrolladas en la inmensidad del paisaje, resultaba común distinguir la posición de privilegio que los indios poseían respecto a los colonizadores americanos, al localizarse en los promontorios, en las mesetas y disponer, en consecuencia, de una percepción total de un territorio que les pertenecía.

Además poseían la capacidad de comunicarse con señales de humo. Las frases -los signos- escritas en el cielo, siempre estaban a punto de desvanecerse, y podía ocurrir que no consiguieran lograr su objetivo de enviar el mensaje. Resultaba sugerente, ahora resulta nostálgico, ver como se fundía el humo y se convertía en un discurso interminable de cirros en el horizonte infinito. Siempre nos preguntábamos como se accedería a semejantes lugares, quizás es que el indio no sólo habitaba el lugar, sino que pertenecía al espacio de la meseta, tanto él como la hoguera, las señales de humo y los cirros formaban parte del espacio, de nuestro paisaje.

También desde la nostalgia es posible construir algunos paisajes. Las mesetas de Deleuze se refieren a acontecimientos signados por su trascendencia histórica, específicos en cuanto a su tiempo y a su identidad, pero similares en cuanto a su relevancia. La estructura rechaza la jerarquía, asumiendo un comportamiento “rizomático”. Se trataría de un sistema de conjuntos entrelazados, donde la atención no va tanto dirigida hacia el concepto, como a las circunstancias de las cosas -¿en qué caso?, ¿dónde? ¿cuándo? ¿cómo?-. Desde esta reflexión sobre el “paisaje”, el término debería devenir en “acontecimiento”.

De hecho, lo que nos interesa ahora, son aquellos modos de acción sobre el proceso o procesos de construcción, y por tanto de “reidentificación” del paisaje, como sistema de vinculación y entrelazamiento.

La posición desde la que Deleuze y Guattari plantean su obra está signada por la potencia creativa de su pensamiento, siempre plural y singular, estableciendo continuamente sistemas abiertos, en cuanto a las posibles interrelaciones entre disciplinas diversas y aparentemente antagónicas.

Interesa descifrar o imaginar cómo unas derivaban en las otras, cómo los lugares derivan en espacios y éstos mutan en paisajes. Se podría efectuar un listado casi interminable de posiciones desde donde se puede efectuar la construcción de los nuevos paisajes, de los paisajes contemporáneos.

Resulta una evidencia que las producciones derivadas serían tantas como puntos de partida, pero ahora nos interesa solamente, fijarnos en los posibles lugares de coincidencia, en los enlaces capaces de establecer redes de conversión y trasformación. Veamos desde dónde se construirían algunos paisajes…

Desde la incertidumbre…
Desde la ingenuidad…
Desde el miedo…
Desde la inmovilidad…
Desde la belleza…
Desde la seguridad…
Desde la convención…
Desde el pragmatismo…
Desde la utopía…
Desde la entropía…
Desde la trasgresión…
Desde el pasado…
Desde el futuro…
Desde la soledad…
Desde la amenaza…
Desde el cinismo…
Desde lo próximo…

A modo de ensayo desde la metodología propuesta, a continuación probamos a desarrollar, de manera breve, algunas posibilidades:

Desde la interdisciplinariedad o desde la disolución de las categorías clásicas de las artes o acciones ligadas al paisaje, supondría un posicionamiento ciertamente ambiguo, dado que estaríamos poniendo en discusión los enlaces reglamentarios o de convención que designan nuestras identidades aparentes, nuestras profesiones, nuestras referencias. Desde la arquitectura, Frank Stella construye arquitectónicamente un paisaje perforado desde el que se percibe Nueva York. Frank O.Gehry construye una nube de colores con las formas escultóricas de Stella.

Desde la deslocalización, dado que los sistemas clásicos de identificación geográfica o de orientación, el mapa, la brújula, incluso los signos y señales convencionales, se han visto transformados y sustituidos por la inserción en nuestra cultura, de mecanismos guiados por satélite que ofrecen instantáneamente tu posición relativa. Se hace necesario replantear una estrategia de construcción del paisaje, que comenzaba con la incertidumbre y la intuición, por la emoción y el equívoco de la imaginación.

Dos años antes de morir, Sol Lewitt construye un paisaje donde la geometría sobre la que se ha erigido su territorio, comienza a disolverse, a derretirse, por acción del bochorno de Nueva York. Pero el color, como surgido de una epifanía de la forma, surge con una potencia inusitada, capaz de sustituir a la geometría como lógica de su construcción.

Desde la posibilidad del poder. Utilizando el paisaje como un instrumento de dominio, por el que es posible establecer los mecanismos desde donde ejercer una sutil influencia sobre las emociones y los sentimientos…sobre lo indeterminado de los afectos. Actúa como una circunstancia aparentemente pasiva en la que se desarrollan y contextualizan las acciones más determinantes. Francis Bacon siempre compone, o construye, sus derivadas metamórficas, sus acciones transformativas, en el interior de unas leves estructuras de “alambre” que parecen resonar a la expansión o movimiento de las figuras…O quizás son las figuras quienes se retuercen bajo la sutil y continua presión de los marcos.

Desde la propia acción de la mirada, seleccionando o distinguiendo su foco. Redundando en la forma de percibir, corrientemente se mira al paisaje, no los objetos que lo configuran. Lo específico, lo particular, se diluye a favor de una apreciación más general y compleja. Marcel Duchamp en su “ÉtantDonné”, construye un universo plagado de detalles, repleto de objetos reutilizados que componen a su vez una atmósfera, un paisaje, de compleja definición: opresivo, estimulante, inquietante, contradictorio. Picasso construye una serie de figuras plegando papeles que terminan por configurar los paisajes espaciales de la interioridad.

Desde el reflejo. Es posible construir el paisaje, estimándolo como una construcción subjetiva, generada por nuestra propia mirada, por lo que de alguna forma, obliga a incorporarnos a ese determinado marco que se nos ofrece cargado de belleza o seducción. La cuestión es la distancia que se decide fijar para definir la implicación deseada, bajo la demanda de cualquier requisito moral. El paisaje se construye sobre nosotros mismos, en nosotros mismos. La construcción del paisaje implica una mirada sobre la interioridad, como si la estructura del lugar se plegase sobre nosotros, activando todos y cada uno de los mecanismos que definen la arquitectura del paisaje, esas estructuras invisibles que conforman los sistemas espaciales del sentimiento y la emoción. Michael Heizer en el “Doble Negativo” próximo a las Vegas, construye una instalación enantiomorfista que posibilita que constantemente conozcamos nuestra posición en el paisaje, que seamos conscientes de los vínculos que nos atan a él. El paisaje y la personalidad, el ser y la conciencia se intercambian.

Desde la acción de la medida o la “mapificación”. En cuanto pudiese ser factible cuantificar los efectos del paisaje y su posterior evaluación sobre el lugar y el espacio construido. Los términos de contraste serían en un caso los parámetros que remiten a la estabilidad y el dominio y en el otro, a los aspectos en torno a la velocidad y al tiempo. El espacio se construiría como un lugar compuesto por intersecciones, trazado mediante posibles vínculos establecidos entre elementos que a su vez son específicamente vectoriales, direccionales. Deleuze propone la alternativa entre medir para efectuar las relaciones, o bien, efectuar las relaciones sin medida. Contar para ocupar el espacio-tiempo, o bien ocupar sin contar.

Desde la acción de habitar. En tanto el lugar se convierte en espacio y por tanto, en paisaje, cuando es activado por la acción del habitar en su más amplio sentido. El territorio comenzará entonces a constituirse en un sistema complejo de interacciones, con un comportamiento absolutamente indeterminado e incierto. Robert Smithson describe la “entropía” de los paisajes, como la tendencia a “crecer” hacia la ruina “conformes” son erigidos. En consecuencia, su alteridad provoca la imposibilidad de ser racionalizado. Y por tanto el paisaje resulta inasible, imposible de sistematizar, de clasificar, de controlar.

La acción de Smithson parte de la observación de la fragmentación, de la corrosión, de la descomposición, del deslizamiento, de los flujos de la naturaleza. Se parte de una visión fluctuante entre romántica y científica, entre la paradoja y la parodia, que centra en la entropología su lógica base, cartografiando los procesos de disolución del paisaje.

Desde la posibilidad de su restitución. A partir de la desaparición o eliminación de algunos de los valores que determinan el propio paisaje. Un paisaje pudiera ser regenerado mediante la reconstrucción de ciertas trazas o indicios que garanticen su relectura. Pero ciertos paisajes, casi todos, una vez se han visto desligados de su sentido y significados iniciales, pasan a convertirse en ruinas sin posibles rutas lógicas, ni enlaces con el futuro. Desde lo artificial, Peter Eisenman insiste en construir un paisaje ficticio, en una de las operaciones más confusas y complejas, que utilizan la escala, la memoria -las huellas- y la referencia como pautas para su estrategia.

Desde lo natural. Burle Marx dibuja un borde que reverbera la geometría natural de la costa de Río. Construye con la topografía, el viento y la humedad la ciudad de Brasilia. Como Eisenman, recrea desde posiciones antagónicas las mismas condiciones para posibilitar la creación.

Desde la trasgresión. Que ineludiblemente implica, por contraste, la referencia a la acción de la normativa. La construcción de un paisaje implica u obliga un determinado ordenamiento y/o sometimiento a un tipo específico de “legalidad”. Inevitablemente, el sistema “paisaje” requiere ser colonizado, dominado, reglamentado. Gordon Matta-Clark construye su particular sistema intersticial, su paisaje de lo ausente, adquiriendo “propiedades sin alma”, recolectando y activando áreas de oportunidad generadas como residuos de la sociedad de consumo.

Desde el sentimiento de desolación. Los lugares corrientemente se muestran severos, insensibles, inconmensurables o incuantificables, en definitiva, absolutamente ajenos…Pero la necesidad de contextualizarse, construir un marco donde referenciarse, obliga a la búsqueda de una aproximación eficaz, que garantice nuestros deseos. Los Eames, con el film “The Power of Ten”, proponen una estrategia matemática desde la que obtener diversos enfoques, desde los que poder seleccionar las distancias y las valencias adecuadas con las que vincularse con el territorio, oscilando desde la geología a la geometría, desde las apreciaciones hápticas a las percepciones ópticas. Isamu Noguchi construía desde el sentimiento de la no pertenencia, del exilio permanente, su visión de la tierra era fundamentalmente dramática, sin embargo, sus playgrounds resultaban paradójicamente suaves, blandos, amables.

Desde la transparencia y la opacidad. Dan Graham dispone sucesivas membranas de vidrio, que continuamente nos incorporan o nos separan de un paisaje impropio que nos rodea. De repente nos desvela o nos oculta un universo, un paisaje al que nunca hemos pertenecido, pero al que aparentemente nos sentimos, nos percibimos, definitivamente incorporados.

Desde el vacío, ahora ya real, ahora ya evidente, los procesos de desmaterialización, de desocupación de Jorge Oteiza, alcanzan en su propia figura, en su propia imagen, la contradicción y la paradoja de su teoría. El paisaje que construye Oteiza, se crea y se destruye continuamente, resultando prácticamente inasible, sus profecías de salvación se hacen cada vez más vanas. Sus últimos paisajes, los espacios de Alzuza, se ven invadidos, construidos, perturbados. Es mejor visitar, disfrutar, rezar en Aguiña. Allí, en ese otro paisaje alternativo al museo, localizado en el borde, en el límite del sol y lo nublado, siempre se encontrará al mejor Jorge. Al Jorge de la Vía Láctea, reclinada, excitando las piedras, a la propia tierra. Allí, en Aguiña, construirá todos los días su cromlech, su agujero, su primer y último paisaje, su rostro.

Esta sucesión de localizaciones, asociadas a estrategias definidas, nos ha permitido trazar un mapa propio. Podrían haber sido otras, es una suerte de cartografía en torno al proceso de construcción del paisaje, que nos permite establecer diversas interpretaciones de nuestros paisajes residuales, precarios, contemporáneos. Y antes de concluir, una pregunta queda en el aire, conjugada en primera persona singular, como un acto de concienciación propio, específico del habitante de estos próximos paisajes: ¿Desde dónde construyo el paisaje?. auS

 

 
Acción comparada en el Jardín de las Delicias de El Bosco “Protojardín de las Delicias”
© Archivos:D.G./C.L.

 

Referencias bibliográficas

Berger J.; Trivier M. 2004. Esa Belleza. ed. Bartley.

Deleuze G. 1998. La lógica del sentido. ed. Pretextos.

Deleuze G., Guattari F. 1977. Rizoma. ed. Pretextos.

Focault M. 1968. Las palabras y las cosas. ed. Siglo XXI.

Oteiza J. 1943. Interpretación estética de la Estatuaria megalítica americana. ed. Cultura Hispánica.

Virilio P. 2001. El procedimiento silencio. ed. Paidos.

Bibliografía relacionada de los autores:

Gazapo D.; Lapayese C. 2000. Oteiza: Paisaje...Dimensiones. ed. Fundación Capa.

Lapayese C.; Gazapo D. 1996. Oteiza y la Arquitectura: múltiple reflejo. ed. Pamiela.

Lapayese C.; Gazapo D. 2009. La construcción del Paisaje: entre la interioridad y la exterioridad. ed. DAPP.

VV.AA. 2008. Acciones Conceptuales en el Paisaje: las dimensiones de los paisaje mineros. ed. Mairea.

VV.AA. 2008. Actas Congreso Internacional Paisaje Cultural EURAU´08. ed. Mairea.

 

 

© 2017 • Instituto de Arquitectura y Urbanismo, Facultad de Ciencias de la Ingeniería, Universidad Austral de Chile.
Teléfono/Fax: 56 63 221943 • Casilla 567 • Campus Isla Teja S/N • Valdivia • Chile
E-mail: