AUS (Valdivia) - Humberto Eliash
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ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.5 Valdivia 2009




AUS, Nº 5: 28-31
DOI:10.4206/aus.2009.n5-07

Entrevista

 

Humberto Eliash

Arquitecto Universidad de Chile.
Socio de DGEM Consultores en Planificación Urbana.
Miembro Directorio grupo DOCOMOMO Chile.
Profesor de Taller Universidad Finis Terrae.
Miembro del consejo de acreditación de Pregrado / aadsa *.

 

Ignacio Prieto Ilabaca

Arquitecto UCV, Académico Instituto de Arquitectura y Urbanismo, UACh, Chile.
* Agencia acreditadora de Arquitectura y Diseño de Chile S.A.


 

“Veo que en las escuelas de arquitectura el pragmatismo le está ganado por paliza al idealismo”.

Visitamos al arquitecto Humberto Eliash en su oficina en Santiago, para hablar de la enseñanza de la arquitectura en Chile. Actualmente se desempeña como presidente de la agencia acreditadora del Colegio de Arquitectos para las carreras de arte, arquitectura y diseño. Es docente en las escuelas de arquitectura de la Universidad de Chile y Finis Terrae y ha sido par evaluador en el proceso de acreditación de las escuelas de arquitectura para la CNAP. Humberto reconoce como un factor positivo, la diversificación territorial y la variedad de enfoques que ha surgido en Chile como resultado del creciente número de escuelas de arquitectura. Sin embargo, nos indica que esta variedad resulta ser más aparente que real. Cuando se observan los programas de estudio y las mallas curriculares, en realidad, surge una similitud de estos programas aún cuando en sus intenciones intenten diferenciarse. Plantea lo indispensable del crecimiento de la investigación y la necesidad de compatibilizar la enseñanza con la conciencia crítica y la reflexión, de tal modo que las escuelas no se refugien exclusivamente en la docencia y participen del debate del acontecer nacional en las áreas que nos ocupan : el territorio, las ciudades y la arquitectura.

“I can realize that pragmatism is strongly defeating idealism at architecture colleges”.

We visited architect Humberto Eliash in his office in Santiago, to talk about architecture teaching in Chile. Presently, he holds the position of President of the accrediting agency for Colegio de Arquitectos for the arts majors, architecture and design. He is a professor at architecture colleges of Universidad de Chile and Finis Terrae and has been an assessing pier during the accreditation process of architecture colleges for CNAP. Humberto recognizes territorial diversification and approach diversities, recently appearing in Chile as result of the increasing number of architecture colleges, as positive factors. Nevertheless, he points out that this variety turns out to be more apparent than real. When study programs and curricular meshes are observed, similitude in these programs arises, though they are intended to be different. He states how indispensable enhancing research and conciliating teaching and critical consciousness and reflection are, so as colleges do not only shelter exclusively under teaching, but also participate in the debate of the national development in our concerning areas: territory, cities and architecture.

 

Revisando los procesos de acreditación en los cuales ha sido evaluador ¿Con qué elementos positivos se ha encontrado?, y ¿cuales serían, a su vez, las deficiencias entre los distintos proyectos educativos de las escuelas de arquitectura en Chile?

Partamos un poco antes. Hoy existen aproximadamente 42 escuelas de arquitectura. Cuando yo estudié, a modo de horizonte temporal, había 5 escuelas, las cuales estaban todas en la región central. En 1894 se inicia la enseñanza de la arquitectura y prácticamente hubo un siglo entero donde las escuelas fueron sólo las universidades de Chile y la Católica en Santiago, después se fueron integrando Valparaíso y Concepción, y hoy tenemos escuelas de arquitectura desde Iquique hasta Punta Arenas. Es positivo que exista esta diversificación territorial. También es rescatable que haya una variedad de enfoques, escuelas públicas y privadas, con apellido o sin apellido, religiosas o más liberales, en fin un horizonte amplio de miradas. Es positivo que exista una mayor competencia entre las escuelas y efectivamente, hay una carrera por tener a los mejores alumnos, por llevarse buenos profesores. Esto, a su vez, hace que la carrera docente sea hoy una realidad. Hoy se puede vivir dignamente de la docencia, cuestión que antes no era posible. Se genera la necesidad de mejorar los estándares, obliga a posgraduarse y por tanto ha subido el nivel medio de preparación. Ya se habla que en los próximos años, para hacer clases, se tendrá que tener grado de magíster o doctor.

Estos cambios son positivos porque van dirigidos a un mejoramiento de la calidad de los docentes, de los contenidos que se enseña y por tanto en la calidad del producto que sale de estas universidades. Ahora, como características negativas señalo varias, lo primero, es que esta variedad es más aparente que real. Se espera que de 42 escuelas haya una enorme variedad de puntos de vista desde donde afrontar esto que nos ocupa: el territorio, la ciudad y la arquitectura. La verdad es que cuando uno se detiene y revisa los perfiles, los programas de estudio y las mallas curriculares de las escuelas de arquitectura, se da cuenta que no es así, en general hay muy poca variedad. Uno esperaría que alguna escuela se dedicara más a la investigación dura, como ocurre en la ciencia, medicina o ingeniería. La investigación es –en el mejor de los casos- apenas una aspiración. No conozco ninguna escuela, una facultad o instituto de arquitectura que haya inventado un software, un material constructivo, que haya patentado algo o que haya producido un prototipo de vivienda colectiva que sirva para replicar. Es curioso,¿no? tanto que hablan de creatividad y en concreto hay cero innovación. Lo que hay es 99% docencia y allí tampoco hay mucha innovación.

Desde este punto de vista ¿El mundo universitario de la enseñanza de la arquitectura estaría en deuda con su rol de generador de ideas para la sociedad? ¿No debería existir un traspaso, un diálogo entre escuelas de arquitectura y la ciudad?

Desde luego que se está en deuda. Tú mencionas la ciudad, esa es otra deuda, el tema urbano. Al revisar las mallas, todos incorporan los estudios urbanos y la lectura del territorio. Pero nuevamente las escuelas, salvo excepciones muy puntuales, están fuera de la problemática y de la “solucionática” de los temas urbanos. Temas tan importante hoy en día, como las autopistas, el crecimiento de las ciudades, los instrumentos territoriales o el borde costero de las ciudades litoral que lo están aniquilando, todos ellos, están ausentes. Recuerdo el debate liderado por la escuela de arquitectura de la Católica de Valparaíso con respecto a la avenida del mar. Eso fue en la década del 70, ahí hubo una movilización importante. ¿Las universidades han dicho algo de las nuevas autopistas urbanas o los túneles? ¿O de la segregación urbana derivada de las políticas de vivienda? Nada.

Se entiende que en las escuelas de arquitectura hay especialistas a quienes consultar las materias contingentes, pero ¿Existe una política universitaria que apunte a tener una participación real?

Puntualmente sí, pero no como política universitaria generalizada. No hay cursos que estén estudiando esto, no hay pronunciamientos claros. Frente a la regionalización, siempre protestamos porque se está demasiado centralizado, pero finalmente no hay propuestas concretas. Otro tema donde hay una deuda es en la vivienda social. Todos entendemos que las políticas están equivocadas, pero solo hacemos estudios, diagnósticos e indicadores. Me resulta increíble ver que el Hogar de Cristo, que no es una universidad, ha hecho más que las 42 escuelas de arquitectura juntas por la vivienda social en el país! Creo que nuestras escuelas no tienen voz y no tienen la fuerza suficiente porque están refugiadas exclusivamente en la docencia. Y aquí vuelvo a tu pregunta inicial. No hay variedad suficiente, todos los perfiles y mallas son más o menos parecidos. Todas aspiran a un perfil de arquitecto que resulta ser una mezcla medio amorfa entre arquitecto-diseñador-urbanista-constructor que puede desempeñarse en el área pública o en la privada, en la inmobiliaria o en la gestión, etc..., en definitiva, de todo un poco. Ahora, el tema es la enseñanza por competencias. Pero lo que veo es que hay un temor a diferenciarse. Esto tiene una explicación, que es la importancia que se le da en Chile al tema del mercado, que se ha endiosado. Quienes son responsables de las universidades y sus ingresos dependen del mercado, no quieren ir contra el mercado ni restarse posibilidades de ingresos por tener un perfil específico determinado. Te pongo un ejemplo. Si una escuela dijera “nos vamos a proponer ser un modelo tecnológico de gran nivel, un MIT chileno”, se perdería el ingreso de todos los que quieren urbanismo o historia de la arquitectura o quieren hacer negocios inmobiliarios. En ese afán de no perder ningún estudiante, se siguen haciendo escuelas que “no son ni chicha ni limonada”.

¿Todo esto es consecuencia de la competencia de mercado y no de un afán universitario?

Los chilenos tenemos un modelo neoliberal metido en la cabeza que es muy difícil cambiar. La concepción mercantil de la educación (de la vivienda social y de la ciudad) está profundamente errada. Está demostrado que el mercado no opera bien ahí. Ojalá hubiese escuelas de arquitectura que dijeran “yo me las voy a jugar en un perfil A, B o C”. Bien podría haber perfiles determinados, por ejemplo una escuela con un perfil social, que haga arquitectura a “pata pelada y en el barro”, como médicos sin fronteras, arquitectos sin fronteras. Todas, en cambio, quieren producir arquitectos famosos, producir arquitectura de autor… y la realidad no es así, la arquitectura de autor la hace una minoría de los arquitectos.

 

Las estadísticas muestran que las escuelas de arquitectura regionales reciben a alumnos de los quintiles de ingreso familiar más bajo, estableciendo así una brecha sociocultural entre las universidades regionales y las metropolitanas.¿Cómo podría ser utilizada esta diferencia o brecha como una fortaleza, en el contexto académico actual?

Yo creo que éste es un buen punto. Pero creo que no es solamente la universidad metropolitana versus la regional. Porque en las zonas metropolitanas, en Santiago, en Concepción y Valparaíso, también se da el fenómeno de diferenciación socio económico y cultural. En Santiago hay escuelas ABC1 y también escuelas C2 y C3. Entonces no es solo un fenómeno de regiones. Debido al perfil sociocultural del estudiantado, producto de las asimetrías que hay en nuestra realidad, se genera algo bien curioso en ambos extremos. Por un lado están las universidades de mayor prestigio, que teóricamente no discriminan y oficialmente nunca han discriminado pero que en realidad no es así, igual hay discriminación. Yo particularmente soy hijo de la clase media y entré a la Universidad de Chile gracias a que tenia aranceles muy bajos. Hoy mis padres no habrían podido educar a sus tres hijos (uno médico de la Chile, el otro constructor civil de la USACH y yo) en la universidad.

La discriminación se produce ahora porque las exigencias de puntajes son tan altas que se produce una segregación social automática. Selección que no es oficial, pero como para tener buenos puntajes hay que estudiar en buenos colegios (generalmente privados) y estudiar en preuniversitarios caros, lo que sucede entonces es que los alumnos de colegios de menos recursos, automáticamente quedan eliminados. No quedan eliminados por voluntad de esas universidades, la selección se hace “limpiamente” en las fases anteriores. En la Universidad Católica y la Chile, han ido porcentualmente ganando terreno los alumnos ABC1 en relación a los otros segmentos, en la Universidad Católica esto es aún más marcado. Hace unos meses vi un cartel colgado por los estudiantes de la Católica en la reja del campus Oriente que decía: “CRISTO NO HABRIA ENTRADO A LA CATOLICA PORQUE ERA HIJO DE CARPINTERO” ¿Fuerte no?

¿Qué pasa con los alumnos de sectores más populares?

Hay una oferta amplia de escuelas de arquitectura con esta realidad. Ahí se debería producir un modelo distinto, no puede ser el mismo modelo de enseñanza. Se podrían hacer cursos de nivelación, tener laboratorios o darle herramientas que en su vida familiar no tuvieron. Viajar por ejemplo para abrirles otros horizontes. Para señalar esta diferencia, mientras en algunas escuelas hay alumnos que ni siquiera conocen Santiago, en otras hay alumnos que han viajado tanto o más que sus profesores. Vas a Buenos Aires con algunos estudiantes y no solo la conocen, sino que sus familias tienen departamento allí. Son realidades muy distintas.

Como tú planteas, ciertamente se podrían construir modelos de enseñanza con un perfil adecuado a esta realidad, pero en alguna medida, también ocurre que estos esfuerzos de nivelación hacen que el profesor lleve más de la mano a sus alumnos, con la consecuencia lógica de una falta de autonomía. Se anula el pensamiento crítico y los alumnos sólo responden al profesor, por así decir, al encargo. No construyen una visión de su hacer, no van formando un pensamiento propio. Entonces ¿Cómo enfrentar también este otro aspecto de la diferenciación socio cultural?

Hay un gran déficit en la conciencia crítica en los universitarios, y no sólo por la diferenciación socio cultural, es a nivel general. Lo que se ha ganado en cobertura se ha perdido en calidad. Creo que hay también una gran diferencia con el modelo de enseñanza que yo tuve. Hoy la calidad de la enseñanza de la arquitectura es mucho mejor. En términos instrumentales, los alumnos salen teniendo más información. Nosotros, en cambio, teníamos poca información, técnicamente teníamos una formación más deficiente. Sin embargo, desarrollábamos una capacidad crítica, desde donde cuestionábamos todo. Teníamos opinión, ideas. Algunos las llaman sueños. Fue en la época de la reforma universitaria, por tanto todo ese espíritu se nos imprimió. Si comparamos por ejemplo una clase de historia del arte de hoy en día donde se usa datashow, imágenes fantásticas, libros de todo tipo e Internet, con las clases que yo tuve, éstas fueron muy malas. Sin embargo, yo tuve profesores que me enseñaron cosas tales que no se me olvidaron nunca más y que me impulsaron a que saliera corriendo a Europa, apenas me recibí, para terminar mi formación de la historia de la arquitectura, en vivo y en directo. Sólo por ésas ganas de aprender. Hoy en día hay una gran falta de conciencia crítica, de capacidad de reflexión. No hay cuestionamiento a los temas relevantes. Si analizamos las grandes movilizaciones estudiantiles del último tiempo y vemos sus motivaciones, nos encontramos con los temas del financiamiento, el pase escolar o protestas por problemas de infraestructura. Como puedes ver, no son por ideales. No he visto ninguna movilización de los estudiantes de arquitectura para reclamar una mejor ciudad o por darle vivienda digna a los más pobres.

De alguna manera se detecta que los alumnos valoran los conocimientos prácticos. Ellos, como tú dices, piden herramientas. Cuando postulan, buscan en las mallas las herramientas que se ofrecen. Su anhelo es obtener competencias que le permitan desenvolverse en cualquier área de la profesión. Entonces ¿Qué pueden hacer las escuelas para fomentar esta masa crítica, dada esta otra realidad?

Estamos influidos por un modelo que aspira al pragmatismo e individualismo, por eso sucede lo que tú mencionas. Los alumnos quieren instrumentos, competencias, habilidades para conseguir trabajo. Ahora ¿cómo se cambia eso? Este es un problema más macro, que no tiene que ver con las escuelas de arquitectura, sino con todo el modelo universitario, con el modelo de país. Aquí hay un tema central: cómo no perder la cuestión práctica y funcional que debe tener toda enseñanza y a su vez compatibilizarla con la reflexión, la conciencia crítica y el idealismo, sin pasar a la utopía estéril. Veo que en las escuelas de arquitectura el pragmatismo le está ganado por paliza al idealismo.

¿Cuál es su consideración con respecto a la aplicación del modelo de “currículum basado en competencias”, en la enseñanza de la arquitectura?

Tiene varias cosas positivas, porque ayuda a ordenar los procedimientos metodológicos con objetivos claros y precisos. Tiene también la ventaja que permite fluidez en el intercambio de carreras. Es un modelo que nació en Europa y permite el tránsito de alumnos y profesores de una escuela a otra. Es un código común, un lenguaje común. Lo que encuentro malo, y es lo que me ha tocado ver en algunas escuelas, es que se confía demasiado en este sistema y se descuida algo que para mí es esencial: la calidad de alumnos y profesores. Cualquier sistema de educación, por muy perfecto que sea, no tiene ningún efecto positivo sin buenos profesores, sin buenos alumnos. Estos sistemas son abstractos, no hacen mención a su calidad. Todos sabemos que un buen profesor, aún cuando no tenga método, no tenga claro su papel en las competencias o no sepa llenar los programas, si el tipo tiene mística y sabe transmitir, va a ser un maestro que te va a marcar para toda la vida. En cambio hay profesores que saben hacer todo esto, pero no saben transmitir nada. Yo creo que hay que ser equilibrado, hay que tener estas metodologías, pero también, cuidar la calidad de profesores y alumnos. Este tema de las competencias, que permite el Tuning, no es mi materia, pero entiendo que hay escuelas que se han ido retirando de este sistema.

¿Qué pasa cuando no se tienen los mejores alumnos?

Los estudiantes son como los materiales de una obra, no hay materiales buenos y materiales malos. No es que el hormigón sea mejor que el ladrillo, o el acero mejor que la madera, creo que un material permite hacer algunas cosas y otros, unas diferentes, hay que saber manejarlos…

¿Que posibilidades ves de que el Colegio de Arquitectos tenga una mayor participación en la formación de los arquitectos? ¿Cómo podría ser garante de la calidad en las escuelas de arquitectura?

La CNAP delegó su función en agencias acreditadoras. Haciendo un símil, son plantas de revisión técnica para los vehículos. Una de éstas, es la agencia acreditadora de arquitectura, arte y diseño (AADSA). Está formada por el Colegio de Arquitectos y un grupo de profesionales de universidades tradicionales y privadas. Esta agencia tiene una metodología para acreditar y todas las escuelas que quieran acreditarse, tienen que someterse a su dictamen. Estas garantizan que la formación de los arquitectos, pertenecientes a una escuela determinada, cumpla con un mínimo respecto a lo que ellos mismos se proponen.

Esta agencia no impone un modelo educacional sino que su misión es estudiar el proyecto institucional de cada universidad y luego analizar si lo están ejecutando, es decir si hay coherencia entre lo pretendido y lo logrado. Como resultado entrega un conjunto de recomendaciones y una validación que puede ir desde negarle la acreditación, hasta un máximo de siete años. Este sistema por ahora es voluntario y entiendo que más adelante será obligatorio para las que reciban aportes del estado.

Con respecto al exponencial aumento de las escuelas de arquitectura en Chile, a su juicio ¿Cuál es el impacto de esta variable en la calidad de los profesionales que egresan y su inserción laboral?

Primero, la calidad. Es una cuestión que ya está a la vista, y de hecho algunas oficinas solicitan arquitectos egresados de tal o cual escuela. Esto es sintomático, porque antes no se hacía, se suponía que un alumno de cualquier escuela iba a ser bueno para lo que se requería, pero ahora se discrimina. Esto indica que la calidad ha dejado de ser un resultado garantizado y frente a esto, están estas agencias acreditadoras u otros mecanismos que ayudan a garantizar la calidad. Ojalá estas acreditaciones pudiesen ser obligatorias. Porque lo que propone este mecanismo, es que se detone un proceso de autoevaluación, que en definitiva, es tanto o más importante que la acreditación misma. Para presentarse al proceso, se debe primero trabajar internamente, para que se decante ciertas preguntas como: ¿que queremos? ¿Qué estamos buscando? ¿Cuál es nues- tro perfil y cómo lo enseñamos? Se debe presentar un documento que los comprometa, lo que ya es de un alto valor. Si esto no existiera, las escuelas podrían seguir enseñando lo que se pueda, sin ningún tipo de autocrítica. Con respecto al mundo laboral, es difícil saber si está saturado o no, porque hoy con el mundo global, las oportunidades de trabajo no están solamente en Chile, hay que verlas en el todo el mundo. Los países donde hay muchos arquitectos per cápita, como Argentina o Uruguay, tienen un modelo de enseñanza gratuito y masivo, por ejemplo la UBA tiene diez mil estudiantes, la de Córdoba debe tener siete mil. Hay menos escuelas que en Chile, pero con un gran número de alumnos. Aquí las escuelas son más pequeñas, la más grande tendrá mil estudiantes. Per cápita, ellos tienen más arquitectos que nosotros.

El nuestro es un modelo selectivo, que da cierta cantidad de arquitectos al mercado que más temprano o más tarde, se van integrando. Esta integración laboral ha cambiado con respecto a años anteriores en dos aspectos: uno es el que mencionábamos, que las oportunidades de trabajo no son exclusivamente en Chile. La cantidad de arquitectos que se va a estudiar afuera y luego se quedan en el extranjero, ha crecido mucho. El otro aspecto es que las oportunidades de trabajo se han abierto, ya no es medir cuántos arquitectos van a oficinas particulares o oficinas públicas a dibujar planos, hoy la diversidad de participación en el campo laboral es muy amplia, la arquitectura virtual, los temas ligados sustentabilidad ambiental y muchos otros..

¿En qué áreas vislumbras que las escuelas de arquitectura podrían hacerse parte de la diversidad que has planteado? ¿Hacia dónde podrían abrirse las escuelas para ser realmente un aporte a la enseñanza de la arquitectura, a la arquitectura y la sociedad?

Casi cualquier tema, creo yo, es viable. Si las escuelas pudieran especializarse y tomar líneas de investigación de docencia, todo podría ser más potente. En el tema social, que he mencionado varias veces, una escuela podría enfocarse perfectamente. Es algo pendiente en Chile. Si vemos la cantidad de campamentos que hay en este país, donde el ingreso anual per cápita es de 14.000 dólares, que haya 500.000 familias que todavía viven en campamentos, es una vergüenza. En Brasil hay gente que ha trabajado con las favelas, con grupos de investigación de alto nivel profesional y académico. Podemos mencionar también el otro extremo, la arquitectura de autor. Hay escuelas que definen su perfil hacia la vanguardia de la arquitectura y sin embargo, sus mallas son iguales a las de todas las escuelas. Obviamente ese perfil requiere un modelo de enseñanza distinto. No es lo mismo formar a un músico compositor, que a un músico intérprete. Entonces sucede que muchas veces las definiciones de perfil son más bien una operación de marketing. Hay un desfase entre la intención, las ganas de hacer las cosas y lo que realmente se está implementando. Como te decía, se puede formular desde cualquier punto y darle un carácter, un perfil y una identidad a un proyecto universitario. Lo importante es hacerlo con rigor y ser consecuentes con él. auS

 

 

 

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