La condición acuática de la ciudad de Valdivia es evidente, la rodean dos grandes ríos, otros brazos y esteros confluyen en sus alrededores y está rodeada de pantanos y humedales, lo que la hace única en el país. Afines del siglo XIX y a principios del XX, el río era una calle acuática llena de vida pública, lo que proporcionaba a la ciudad un acontecer social de gran vitalidad urbana. Esta relación se quiebra abruptamente con el terremoto de 1960, la ciudad abandona en gran parte la mirada al río, conformándose hoy un borde urbano muy desdibujado y débil. Testimonio de esto es que hoy existen 8.500.000 m2 de terrenos urbanos a orilla de río sin edificar. Por otra parte, los humedales y áreas inundables han sido sistemáticamente rellenados para ganar terreno de construcción, como es el caso de los Barrios Bajos, que cada invierno sufren de inundaciones lo que se traduce en gasto económico ambiental y de salud. Estas zonas, de gran belleza paisajística, son sistemas naturales acuáticos con los cuales la cuidad ha sido incapaz de inventar un modo de habitar en equilibrio.
El proyecto contempla como referente dos cosas: los patios interiores característicos de los Barrios Bajos, donde se desarrolla la vida en comunidad y la imagen del Fiordo, como la unión entre la tierra y el agua. El proyecto son FIORDOS, a modo de manzanas, estructurados en torno a patios en relación directa con el curso del río, creando aéreas comunitarias dentro de cada conjunto. Se distinguen en estas áreas los patios de invierno, las pasarelas y los techos verdes que favorecen el contacto social entre sus habitantes y la relación con el humedal.
Se trabajó con tres criterios de sostenibilidad. Primero, el cierre de ciclos a través de la reutilización del agua, destinada a usos de regadío de huertas y WC, disminuyendo el consumo anual de ésta, con un total de 6180 Lt de agua reutilizable por conjunto. Segundo, a través de una envolvente térmica continua sin puentes térmicos, evitando la pérdida de calor. La curva de pérdida anual del volumen, que corresponde a aislación eficiente, está por debajo de lo tradicional (sin aislación eficiente) y la normativa, aumentando así el confort de las viviendas. Tercero, a través de huertas sostenibles, donde se habita en distintos espacios de encuentro y de huertas ecológicas que autoabastecen a la comunidad, que son las terrazas, pasarelas y patios de invierno.