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AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.3 Valdivia 2008




AUS, Nº 3: 9-12
DOI:10.4206/aus.2008.n3-08

Artículos

 

ERNEST KASPER

 

Elisa Cordero Jahr

Diseñadora Gráfica UCV, Magister Modelado del Conocimiento UACh, Académica Instituto de Arquitectura y Urbanismo.
Traducción: Juan Sarralde, Elisa Cordero


 

 

Ernst Kasper nació en la ciudad de Trier, el año 1935, hijo de un minero del carbón. Cursando aún la Educación Media, trabajó corno minero y albañil. Estudió arquitectura en la Universidad Técnica de Aachen, donde se recibió de arquitecto en 1963 con el premio de la Corporación Regional Industrial. El año 1964 abrió su propia oficina de arquitectura, que mantiene hasta el día de hoy. En 1971 pasa a formar parte del cuerpo docente de profesores de la Academia de Arte de Dusseldorf, donde hoy ya es Profesor Emérito. Su vida profesional se ha basado en la participación en concursos de arquitectura europeos. Ha recibido numerosos premios entre los que se cuentan el Premio Alemán de Urbanismo (1995, Mención Especial), Premio de Diseño de la Fundación Wüstenrot "Colegios en Alemania / nueva construcción y revitalización" por el Colegio Maria Montessori en Aachen (2002, Primer Premio) y el Premio de Buenos Edificios (2003. BDA Aachen). Desde el año 2000 es Profesor Invitado en el Instituto de Arquitectura de la Universidad Austral de Chile y desde el 2007, Profesor Extraordinario.

 

 

Cuando niño creciste en Alemania en la Región del Ruhr, en una pequeña ciudad, en medio de una familia de mineros. Cuando joven trabajaste en la mina y también criabas palomas. Se te podría comparar con muchos de nuestros estudiantes que vienen de pueblos pequeños de la región. ¿Cómo llegaste a la idea de estudiar arquitectura y cómo ha influenciado tu lugar de origen tu estudio y tu carrera?

 

Puedo acordarme de que a los cinco años ya rayaba los muebles de la cocina. Entonces mi madre me dio restos de rollos de papel mural, para que yo no pintara sobre las paredes. Siempre tenía que estar dibujando, para mi era una necesidad. Al mismo tiempo me fui desarrollando como un muy buen matemático, pero en algún momento decidí ir por el camino medio entre estos dos intereses y empecé a estudiar arquitectura.

El mundo en el que crecí era muy ordenado, en el pueblo estaba la escuela y a cierta distancia de allí se encontraba un poblado para los mineros. Separado de él había un caserío para los ingenieros situado justo en frente de la mina. Todos los edificios estaban muy ordenados, era una arquitectura moderna de los años 20 (acero y ladrillo).

Además de la mina, que era muy grande, había también una gran coquería donde se procesaba el carbón. Mi ventana quedaba como a seiscientos metros de ahí, cada noche se podía ver cómo se expulsaba el carbón ardiente por más de cien baterías, como un río de lava, era una experiencia fantástica.


 

Naturalmenta, hoy puedo siempre recurrir esas experiencias y recuerdos, con pequeños y enormes volúmenes, con olores, con colores, con oscuridad, con luz y fuego.

También tengo que mencionar que en nuestro entorno había un paisaje por completo productivo; no había ciudad, sólo un paisaje con granjas, praderas, arroyos y pequeños bosques. Los contrastes no podían ser mayores.

Durantes las vacaciones trabajé por años en la mina bajo tierra, trabajábamos de a dos, siempre juntos con alguien mayor que yo. Ahí fue donde aprendí a organizarme y a alcanzar las metas comprometidas para las siete horas que trabajaba cada día.

Desde el año 2000 estas viniendo a la Escuela de Arquitectura de Valdivia como Profesor Invitado. Desde entonces, has trabajado con los profesores y estudiantes en muchas situaciones y problemáticas relacionadas con el urbanismo y la arquitectura. Desde tu punto de vista, ¿cuáles son los temas más relevantes en los que deberían trabajar los arquitectos y urbanistas en nuestra ciudad y nuestra ragión?

 

Las ciudades de Chile tienen en su estructura fundacional un carácter muy claro. Dentro de esas estructuras siempre a regido reglas simplés, logícas, claras.

Después de la experiencia de la segunda guerra mundial, cada forma de orden, incluso en la arquitectura, es vista de manera crítica. Se prefiere no tener nada de raglas, tener más libertad.

Las estructuras urbanas son, como los microorganismos, estructuras que deben funcionar.

Se dejó de ver cuán innovadoramente se podía construir dentro de dichas reglas, adecúandose a las situaciones climáticas, materiales y sociales.

La comprensión, a partir de la historia de la arquitectura y el urbanismo, siempre ha sido que las reglas conducen a una diversidad de variaciones y la ruptura de la reglas también lleva a resultados. La ausencia de reglas no lleva a nada.

 

 

 

Cada lugar, cada ciudad, tiene a través del tiempo su propia historia. Se debería trabajar con la historia o en contra de ella, pero no sin ella. Eso significa que hay que entablar un diálogo. Pero lo que observamos no sólo en Chile, sino en todo el mundo, es muchas veces la negación total del lugar. No hay diálogos, sólo balbuceos. La sociedad se ha vuelto muy autista. Nosotros deberíamos aprender entonces, a trabajar con las leyes del lugar, mejorar lo bueno y reemplazar lo malo.

Otro problema es el desborde de las ciudades. Organismos que fueron pensados para treinta mil personas, son inflados hasta que entran trescientas mil. Esto lleva al colapso, porque los bordes ya no pueden ser suficientemente irrigados.

No podemos seguir viendo al auto como la base de una ciudad funcional. La expansión de la ciudad no puede por lo tanto crecer de manera concentrica, sino que tienen que extenderse de manera lineal a lo largo de vías de transporte público. Las ciudades deben ser como cintas conectadas entre sí. Los centros comerciales son fallas en el desarrollo. El almacenamiento centralizado fuera de las urbes es el medio óptimo para el abastecimiento de los barrios.

Las ciudades deben volverse más compactas. Sobre este tema es necesario y muy importante discutir, debemos observar los problemas y plantear soluciones. Para eso está la Escuela de Arquitectura, que desde un principio vimos como un laboratorio. A esto se suma que la región de Valdivia es especial en Chile, por esto, tenemos que ver el agua nuevamente como vías de tránsito. Esto podría ubicar a esta ciudad en una situación única.

 

 

Cada año que nos visitas, nos muestras los últimos proyectos y concursos en los que has participado. Estamos acostumbrados a tus formas claras y un juego exacto de simetría y proporciones. La última vez nos has sorprendido con dos proyectos basados en formas libres y curvas. /Cómo llegaste a eso?

 
Tú te refieres a los estudios para el Ministerio del Interior en Berlín. Es un terreno muy especial. No tiene referencias urbanas cercanas, tiene una larga vía férrea de seis metros de altura, una gran calle, muchos árboles, etc... Por razones de seguridad teníamos que dejar mucha separación con los límites del sitio. En la oficina habíamos hecho algunos avances, habíamos construido una maqueta del entorno y una forma que respondía al reglamento del concurso. Esta situación me puso furioso, porque es un terreno imposible para ese encargo y dibujé dentro del terreno una mano, una mano que aprieta, ya que es el Ministerio del Interior. Esa mano, así simplemente dibujada, nos gustó mucho, especialmente en el aspecto urbano y me encantó la idea de trabajar esa forma arquitectónicamente. Es interesante que ese tipo de formas también tengan sus leyes. Fue importante reconocer que la figura no se va haciendo más delgada hacia la punta como en una mano, sino todo lo contrario, como se puede ver muy bien en los estudios de hojas de filodendro de Matisse. Además está claro que frente a una larga y elevada vía férrea, que arquitectónicamente es como un viaducto amurallado, no se puede reaccionar con una muralla paralela, pienso yo.
 

 

En Chile no estamos acostumbrados a que los arquitectos trabajen el color como un elemento de la arquitectura. La mayoría de las veces es solo "una decisión de último minuto" o se toma el blanco como una simple solución. ¿Cómo trabajas el color en tus proyectos?

 

El color siempre ha sido un elemento de la arquitectura. También la elección del material de las superficies es una pregunta que tiene que ver con el color.

Se puede definir el color a través del principio de la casualidad, pero también se puede proyectar de forma dirigida. Valdivia por ejemplo, tiene una interesante combinación natural de colores, que nace de la pintura de las casas de madera.

El modernismo siempre ha tomado y admirado erróneamente el blanco como el color del clasicismo, al igual que las columnas de mármol en la Acrópolis de Atenas bajo la luz del sol. Pero antiguamente ellas también eran de colores, también las esculturas de mármol eran coloridas. La utilización del color en la arquitectura se ha tomado sin embargo, siempre como algo sospechoso, medio erótico, en parte vulgar e impreciso.

La decisión del color le llega a uno por si sola, o bien se tiene un programa en el que el color juega un papel importante. Pero también en este aspecto vale, como siempre, que el resultado sea lógico, es decir, que no sea cargante o importuno.

También en el color se necesita armonía, como en la música. En la oficina, cuando trabajamos con el color, tenemos asesores que nos ayudan. También definimos los cánones deseados con la ayuda de libros de distintos pintores, como por ejemplo Matisse, que naturalmente deben armonizar con su entorno. Trabajar con el color no significa sólo crear algo colorinche.

 

 

Después de tanto tiempo en que nos visitas dos veces al año, ¿podrías decir que tu arquitectura ha tomado algo de nuestro país, o que Chile ha influenciado de alguna forma tu trabajo?

Siempre que regreso de Chile, tengo la sensación de llevarme conmigo más de lo que he entregado. A eso se suma también que el clima allí me hace muy bien, por lo que siempre estoy muy despierto y atento. Siempre me han impresionado mucho las construcciones del tiempo de los pioneros, tienen algo muy directo, decidido y claro. Esto me lo lelvo como experiencia a Alemania y lo utilizo de manera intensa en mis proyectos.

Asimismo trato de enfrentarlos a ustedes con la calidad de su pasado arquitectónico, para preservarla, si bien no como forma, mas simplemente como calidad. Siempre con la esperanza de que nazca allí algo así como un estilo propio. Creo que puedo decir que nuestro proyecto del Colegio Montessori en Aachen fue influenciado fuertemente por esta experiencia. En mis frecuentes vuelos sobre vuestro país, siempre estoy descubriendo formas maravillosas que uno mismo no podría inventar mejor.

Me he dado cuenta de que esa tierra angosta está muy claramente estructurada. De norte a sur se dibujan, como en una grilla, líneas rectas y alargadas, límites de campos, caminos y calles. Pero perpendicularmente, de este a oeste, desde la cordillera hacia el mar, se dibujan hermosas líneas sinuosas, marcas de arterias de agua, esteros y ríos. Todo esto en conjunto, podría ser la estructura básica ideal para una ciudad, una armonía entre orden, espíritu y naturaleza.

 

 

 

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