AUS (Valdivia) - Bordes difusos entre lo urbano y lo rural
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AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.2 Valdivia 2006




AUS, Nº 2: 22
DOI:10.4206/aus.2006.n2-14

Pláticas desde la ventana

 

Bordes difusos entre lo urbano y lo rural

 


 

 

Así, observamos con estupor cómo las ciudades se extienden más allá del radio urbano, más allá del marco regulatorio de ellas, más allá de la razón. En la búsqueda de la apacible vida en el campo (eso sí conservando los beneficios de vivir cerca de la ciudad), los suburbanos, amplían las avenidas, la recolección de sus desechos, la congestión vehicular y tantas otras singularidades propias de la ciudad. La frontera urbano-rural se hace permeable a estas intromisiones urbanas en el campo, fracturándolo territorial y culturalmente. En este difuso borde se da también otro tipo de incursión, esta va en sentido opuesto a la anterior. El campo, sus prácticas y sus economías, se internan también dentro de las ciudades, claro está, con menor pompa que la sub urbanización. Sin aparecer en las estadísticas oficiales, en los medios de comunicación de masas, sin estar presente, siquiera en la retina de los discursos oficiales, la producción de alimentos en huertas familiares, o comúnmente conocida como agricultura urbana se introduce en múltiples barrios con suficiente capital social para engendrar una economía substancial para la prosperidad humana.

Un caso evidenciado en la ciudad de Valdivia, X región, corresponde al barrio de Las Animas; borde norte de la ciudad, donde pequeños productores cultivan en sus patios familiares bienes de consumo (hortalizas) -para sus familias- o en algunos casos alimentos que pueden intercambiar por otros productos, contribuyendo así al fortalecimiento de la identidad del vecindario, favoreciendo la ocupación urbana y mejorando la dieta alimenticia de sus pobladores. Sin embargo en esta misma ciudad, hay vecindarios de menores ingresos -donde el problema de la alimentación es agudo- que derrocados por las políticas del sistema se encuentran confinados a un estilo de vida desventurado. Estos asentamientos (comúnmente conocidos como proyectos de vivienda social) han sido construidos en espacios categóricamente limitados. Poblaciones localizadas en la periferia sur de Valdivia reúnen la desafortunada fórmula del reducido espacio de las viviendas multiplicado por el inexistente espacio público, donde el común denominador resulta ser la pobreza. La gravedad de la situación empuja a los vecinos, quienes incapacitados de realizar una actividad productiva (en el espacio público del vecindario) deban trasladarse enormes distancias para la generación de recursos y para la satisfacción de sus necesidades. La restricción espacial que aquí limita el sentido de comunidad, destruyendo la posibilidad de tener una buena dieta y en forma global de contribuir a una ciudad más sustentable, dificulta la transición de lo urbano a lo rural. La periferia marginal concebida como un bloque denso, en muchos casos, amurallado mediante barreras naturales o simbólicas, estimula el salto de la ciudad sobre éstas para seguir en su trayectoria de engullimiento rural.

Existen muchas fórmulas y quizás todas han sido ya probadas para el borde urbano, no obstante esta última parece ser la peor, la más desalentadora, ya que fortalece el urbanismo de blindaje, concentra la pobreza amurallándola en su dimensión cíclica. Aquí prevalece la idea del cordón marginal bordeando la ciudad y muy lejos a la distancia una colorida y difusa franja sub urbana que se adentra en el territorio amenazando el futuro de la vida rural; devorándose a si misma le inflinge una herida mortal a la ciudad, la sub urbanización, no puede vivir dentro de la ciudad pero sin esta (la ciudad) esta franja sucumbe en su intento de emancipación.

 

 

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