AUS (Valdivia) - ¿HABITAR CASAS O ACAMPAR? / HAUSEN ODER ZELTEN?
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AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.2 Valdivia 2006




AUS, Nº 2: 13-15
DOI:10.4206/aus.2006.n2-10

Artículos

 

¿HABITAR CASAS O ACAMPAR? / HAUSEN ODER ZELTEN?

 

Vilém Flusser

Filósofo
Versión de alemán: Breno Onetto M., Doctor eb filosofía en la Ruhr-Universität de Bochum, Alemania.
Académico Instituto de Filosofía y Estudios Educacionales, UACh.


 

 

En: Dialoge. Zehn Jahre Kornhaus-Seminar. Editado por Christian Weischer. Lagrev-Verlag, München 1993; 139-143.

Nos hemos reunido aquí en el granero (Kornhaus), para reflexionar sobre el nomadismo en contraposición a la sedentariedad. Esto es bastante peculiar: a saber, el que hagamos esto precisamente en un granero, osea, allí donde la sedentariedad tiene su sede. Mi contribución ha de tratar, por tanto, antes y después, del granero. Con este fin les pido que se trasladen a los Jardines de Babilonia en los cuales alguna vez estuvimos sentados y lloramos y en cuyos sauces colgamos nuestras liras. En verdad ¿por que' llorábamos? Porque para nuestro pesar, teníamos que asentarnos en un granero (de las liras hablaré más tarde). El salmo aquí mencionado alude, en efecto, que habríamos tenido otros motivos para llorar pero los arqueólogos nos han enseñado algo mejor. Llorábamos, porque habíamos sido expulsados de la antigua edad de piedra a la nueva edad de piedra, de las estepas al fango de los ríos, de la noble cacería de los mamuts y los bisontes al esclavizante escarbar por tallos, de la libertad al masticar. Llorábamos porque estábamos cumpliendo la condena de esperar sentados, en el granero, el lapso de tiempo entre la siembra y la cosecha, por lo tanto, en habitar en casas. Les pedí trasladarse a esta próspera medialuna para volver a vivenciar que el granero es una correccional y que la sedentariedad significa cumplir la pena que ha caído sobre nosotros y a la que hemos contraído con el pecado original.

El pecado original tiene un nombre postmoderno, a saber, la "catástrofe ecológica". Aproximadamente diez años atrás los días se fueron tornando más cálidos (en lugar de cómo decía Nietzsche, cada vez más fríos), y gracias a este efecto de invernadero el bosque, la estepa paradisíaca con los herbívoros comedores de praderas que vivían sobre ella, comenzó a poblarse de árboles. El bosque, este enemigo mortal del hombre (como lo sabemos por los mitos, pero los "verdes" no lo saben), impidió toda cacería y obligó a nuestros predecesores incluso a comer plantas en lugar de dejárselas a los bueyes y a los burros. Hubo que quemar los árboles y tuvo que plantarse, en los claros despejados, artificialmente pasto para que la gente tuviese algo que comer. Pero con esta alimentación herbívora acontece un asunto incómodo: cuando se quiere comer hasta quedar satisfecho entonces han de haber muchos granos, y para poder tener esto tenemos que esperar hasta que ellos maduren. De esto se concluye que esta madurez depende del agua y que es más razonable trasladarse a las orillas de los ríos en lugar de gradar praderas en medio del bosque. Por lo tanto, no habrá que construir el granero en la selva negra sino como se hizo en Ur, en Caldea.

La gente que come hierbas tiene que cocinarla para poder digerirla. Tienen que hacer de ello un pan sin levadura, un matzot y una pizza.

Por tanto comienza muy pronto a configurarse a las orillas de los ríos un montón de desechos de cocina. Lo que es un montón considerablemente importante. Se podría montar el granero arriba de este montón para proteger los granos ante las inundaciones. El asunto es más o menos así: se recogen los granos, se los acarrea a los montones. se construye un techo y cuatro murallas en torno a ellos, luego se reparten los granos reunidos entre toda la gente, para que algunos de ellos se planten nuevamente y el resto sea recocido en pizza. Sin embargo, esta descripción del proto-comunismo y de la democracia directa (de eso que los eslavos llaman "a mi"), no se corresponde con la realidad histórica. Existe por cierto un hombre (Big Man) que está sentado encima del montón de desecho para vigilar el granero. Se trata de observar detenidamente a este vigilante e inspector, pues a través de él nos podemos entrever lo que significa habitar en casas (hausen).

El Big Man recoge los granos, los suma para, entonces, repartirlos, para dividirlos. Es un calculador de granos. "Calcular" (Rechnen), "dirigir, regular" (Richten), "correcto" (Richtig) y "gobierno" (Regierung) provienen todas de un tronco lingüístico común: puesto que el Big Man calcula, es justo, dirige (eventualmente también ajusticia), gobierna y actúa correctamente. Él se convierte en sacerdote, en el rey y avanza hacia Dios, y el granero se transforma en la sede de gobierno y de los tribunales. No obstante, el Big Man está ubicado en su sucio montón de desecho, por encima de la gente y ve, por lo mismo, más allá de ellos. Por ejemplo él ve río arriba y esto es una perspectiva particular. Él ve, por cierto, con dos ojos diferentes. Con uno, el ojo sensible, ve como corre el río y con el otro, el ojo teórico, cómo podría correr el río. Él ve la posible sequía y la inundación y tiene que calcular con estas posibilidades. Empero es algo muy diferente calcular con granos duros dados que calcular con posibles y blandas gotas de agua. Es la diferencia entre el uno más uno y el cálculo de probabilidades. Por tanto, el Big Man tiene que llamar a especialistas en software para que lo ayuden en el granero para calcular las posibilidades de agua y realizar estas posibilidades. Esta gente calcula con las posibilidades, dibuja en las tablas de barro quemadas con rayas, los otros herbívoros restantes escarban según estas tablillas normativas canales en el barro y a través de ello se multiplican los granos y los herbívoros cada vez más que ellos (los herbívoros) sobrepasan actualmente la suma de seis mil millones. A los especialistas en cálculo y en diseño los denominamos actualmente geómetras, porque ellos miden la tierra a partir de una mirada teórica, pero entonces se les llamaba profetas, porque ellos habían previsto con el ojo interno el posible porvenir. Y con ello queda descrita propiamente la historia del habitar en casas.

Pero algo más puede ser inserto para el embellecimiento de esta historia de la sedentariedad. Cuando se está sentado en el granero sobre la colina y se contempla con el ojo teórico río arriba, entonces, se ve el curso posible del río como forma pura. Como figura sin contenido, por ejemplo, como un triángulo sin agua. Entonces se dibuja el triángulo en la tablilla para que los esclavos escarben y la llenen con agua. Y de ello resulta algo con lo que no se había calculado. Mientras se haya visto el triángulo en forma teórica (por lo tanto sentado en el granero), la suma de sus ángulos era de 180° exactos, pero luego que se comenzara a informar las tablas según esta forma, (en la medida en que se abandonó el granero), entonces se constató que la suma de los ángulos ya no eran los 180° exactos. La información se hizo falsa. Las formas (ideas) vistas teóricamente no pueden ser presentadas sin falsearlas, o bien: nada realizable puede ser ideal. Lo que explica por qué Platón quiso prohibir a los artistas plásticos la entrada en la República: porque mienten. No le está permitido a uno, en principio, hacer nada, sino que uno ha de quedarse sentado en el granero (en la scholé). si es que uno quiere impedir que se mienta, que se den falsas informaciones. Esto está puesto como el anatema sobre toda la historia del habitar en casas, de la nueva edad de piedra.

Hay aquí una observación metodológica que hacer. Se suele dividir la historia en edad de piedra antigua y nueva, en edad de bronce y edad de hierro y en la inmaterial. Pero bronce y hierro son piedras y de allí que la nueva edad de piedra llegaría en principio hasta nuestros días.

Nos hemos reunido aquí en el granero para pensar a fondo el posible fin de la nueva edad de piedra, de este período de la sedentariedad. Y efectivamente se acumulan los indicios de que hemos estado sentados cumpliendo la condena de nuestro tiempo. Y eso muestra el concepto de "información" que recientemente hemos expresado. Piénsese, por favor, en el asunto del triángulo y de la suma de sus ángulos. El triángulo divisado teóricamente es una superficie, que está limitada por tres rectas. Una recta hay que verla hipotéticamente como una línea de puntos. El triángulo teórico, si bien es bidimensional, está hecho de puntos de nulo-dimensión.Es algo calculado (agrupaciones de piedrecitas). Esto vale también para la cosecha que, en efecto, está compuesta por granos. Por lo tanto, no debería existir, en propiedad, ninguna diferencia entre el cálculo que se da con granos y aquel que su da con posible gotas de agua. Ni tampoco ninguna diferencia entre lo real y lo potencial, pues ambos son calculables. El ojo teórico y el ojo sensitivo ven los mismos puntos, sólo que el sensitivo reúne los puntos más densamente que el teórico y tiene, por ello, al allí propuesto curso del río por más real que al triángulo. La información proveniente del ojo sensitivo está computada más densamente que aquella que proviene del ojo teórico, (mejor definida), pero ambas son informaciones, lo que quiere decir que son aglomeraciones de posibles puntos. Quien entienda esto, (o lo vea así), no está más en el neolítico sino en lo post-moderno, mejor dicho en la post-historia. Pero a ello ha de agregarse, el que:

Si yo pongo el triángulo en la tablilla ya no coincide más. Porque la tablilla no es adecuada para el triángulo: ella es material, objetiva, y el triángulo es mental, algo pensado. ¿Cómo pueden producirse, tenerse informaciones no falseadas (la así llamada verdad)? ¿Cómo puede adecuarse el pensamiento al objeto? Esta es ya una cuestión cercana a lo postmoderno pero planteada desde Descartes. La respuesta es sencilla: el objeto es una cosa extensa que consiste en puntos que yacen unos junto a otros sin dejar huecos, y la cosa pensante consiste en puntos claros y distintos, por tanto, está llena de huecos. El objeto es geométrico y el pensamiento es aritmético. Cuando se traduce la geometría en aritmética, o sea, si se hace geometría analítica, entonces todo queda en el mejor orden: pues entonces hay en cada punto del mundo objetivo un (mejor tres) número adherido de la cosa pensante, y el pensamiento puede reconocer todo lo posible de forma correcta y actuar, en consecuencia, correctamente. Este el método de la ciencia calculadora y ella ha hecho omnipotentes y omniscientes a los que están sentados en el granero. Todas las informaciones del granero son, entonces, informaciones verdaderas.

Este asunto tiene algunos inconvenientes, y el más singular de ellos es éste: a través de este método no informé correctamente un triángulo en la tablilla sino que por el contrario, lie substituido la tablilla en el triángulo. Tardará algún tiempo antes que se llegue a descubrir esto, porque efectivamente los triángulos funcionan muy bien en las tablillas, particularmente después de la Revolución Industrial. Pero actualmente no puede pasarse más por alto que la tablilla está siendo suprimida y se torna inmaterial cuando la información en ella es calculada. Esto sucede, más o menos, de este modo: calcular quiere decir descomponer, cosa pensante. Y un decidema, una tal nulidad recortada por la decisión, por tanto, de una cosa pensante, puede servir para alimentar una inteligencia artificial que decida por sí misma como un juego de ajedrez, y así parecer más bien como una cosa extensa. La ontología del objeto y el sujeto tiene que ser abandonada en vistas de semejantes nulidades: todo ha de ser observado como un montón de puntos de posibilidad nulo-dimensionales, que se condensan (realizan, computan) eventualmente como sujetos y/o objetos. Esta es la explicación por la cual verdaderos triángulos sean puestos en tablillas: ni la tablilla ni el triángulo son reales, sino que son hologramas.

Esto es, obviamente, el fin del sentarse. No existe nada más donde pudiera uno sentarse, que uno pudiera poseer, y no existe tampoco nada más en lo que pudiera algo sentarse. Solo que esta oscilación espiritual de posibilidades que se condensan en vapores nubosos hacia campos de posibilidad que se cruzan los unos con los otros, no debería ser llevado al extremo: así de inmaterial no ha de andar la cosa. En efecto, existen informaciones, y eso significa, muescas en campos de lo posible, en los cuales ciertas posibilidades se concentran en formas improbables. Ya que hemos llegado a concentrarnos aquí en una forma improbable, llamemos mejor a tales muescas en los campos: tiendas o toldos (Zelte). Es cierto que tenemos muy poca experiencia con los toldos, más que nada con toldos que se han derrumbado, como los disgregar en puntos, analizar. Los sedentarios creen que no habría más cosas que podrían seguir siendo analizadas de parte de la cosa pensante, los individuos, y de parte de la cosa extensa, los átomos. Quien está sentado en el granero es un individuo que no puede ser más analizado y se sienta frente a átomos, ante objetos materiales que no pueden seguir siendo más analizados. Es lo que se llama sentarse (sitzen): como individuo, poseer átomos (besitzen).

 

 

Pero lamentablemente todo es analizable, calculable en raciones, y la ratio no conoce límites hasta lo nulo-dimensional. Ella calcula átomos en partículas como los quarks e individuos en partículas como los decidemas. Que la realidad objetiva y espiritual consista en ladrillos transracionales, se muestra como el mito del habitar casas y del poseer. Pero esto no es todo. De esa forma una nulidad como un quark es recortada en verdad a partir de una cosa extensa como un átomo, pero tiene el aspecto más bien de un símbolo o de algo que proviene de una paraguas. Sin embargo, nosotros sabemos qué sucede con los toldos, a saber, que se trata de puntos de reunión relativamente provisorios. Si ya no podemos estar más sentados sino quesomos despedidos, si ya no podemos atenernos a ninguna cosa (ni siquiera a nuestro particular y querido yo), entonces no nos resta nada más que alcanzarnos unos a otros con nuestras inconsistentes manos y esperar que se nos pueda abovedar un toldo encima nuestro. Si acaso tenga que habitar sobre esta carpa celeste (como dice el himno europeo) un gran padre, es algo que puede dudarse. Pero deberíamos sí coger las liras de los árboles y disponernos a cantar al señor (sea que exista o no) una nueva canción. Pues precisamente del hecho de no podemos sentarnos más, es que tenemos que convenir juntos para bien o para mal. Esta existencia nómada a la búsqueda del otro en el desierto de la nada, puede empero ser cantada con la lira; ¿o es muy lírico esto, para finalizar esta contribución?.

 

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