AUS (Valdivia) - La restitución del poder
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AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.1 Valdivia 2006




AUS, Nº 1: 21
DOI:10.4206/aus.2006.n1-13

Pláticas desde la ventana

 

La restitución del poder

 


 

 

A finales de septiembre recibimos, en la Universidad Austral de Chile, la ilustre visita de distinguidos chilenos que viven en el exterior; la nomina contó con Guillermo Muñoz, pintor; Fernando Krahn, dibujante y Borja Huidobro, destacado arquitecto premio nacional de arquitectura 1991- La actividad se enmarcó dentro de la iniciativa "Región XIV: Diálogo para el Reencuentro", donde el objetivo central era pensar en el Chile de los próximos 100 años -cuestión bastante difusa en esencia. Interrogar ya a los personajes en cuestión era todo un acontecimiento intelectual de singular relevancia; más aún si el tema era este país que (de acuerdo a lo expresado por ellos) recuerdan como su casa sólo cuando están viviendo en sus propios hogares (España y Francia).

El diálogo se prolongó hasta el infinito, muchas elucubraciones, muchas fantasías y algunas duras críticas para la blindada Concertación, coalición que ha gobernado los últimos 15 años. Mirarse desde afuera -según mi opinión- no siempre es una experiencia placentera, y más aún con estos ojos foráneamente chilenos. Ver Chile desde el exterior y mirar el futuro desde el presente, desde tres disciplinas, desde tres historias de vida, en definitiva la mirada no podía ser más que de múltiples registros. Es así que Krahn nos caricaturizó como una mala copia de la farándula española -refiriéndose a las comunicaciones, arquitectas paradigmáticas de una meliflua nación-.

Muñoz, por su parte, no nos permitió olvidar que vivimos en un país subdesarrolladamente regionalizado, compartimentado en 13 regiones -expectante ante la creación de dos más-; donde la región central se ubica en el sector alto de Santiago, concentrando la mayor riqueza del país, y la región periférica, excéntrica, el borde provinciano, margen del desarrollo, incluye al resto del país. Este pintor realista, quien salió de Chile hace 26 años, nos empuja brutalmente a enfrentar el Chile de hoy "donde hay que cambiar absolutamente todo", según sus propias palabras. En el Chile actual se nos despoja de todos los derechos, se nos priva de una educación de buena calidad, de un sistema de salud adecuado, de una vivienda justa, de un empleo satisfactorio y debidamente remunerado, excesivas miserias imposibles de enumerar.

Finalmente le tocó el turno a Borja Huidobro de hablar sobre los sueños, porque hablar de los próximos 100 años, es sólo hablar acerca de las ilusiones que cada uno tiene. El gran sueño de Huidobro se entretejió con la sociedad civil y el desarrollo de las competencias que ésta tiene para llevar a cabo sus propias utopías. Especialmente en una sociedad como ésta, una sociedad joven, una cultura nueva que aprovechando el vertiginoso desarrollo tecnológico mundial acorta la brecha soslayadamente. De acuerdo a Huidobro, resulta fundamental construir solidaridades; primordialmente entre las comunidades similares, solidaridades entre quienes comparten una historia en común de dominio y explotación.

Borja, -según mi lectura subjetiva- transmitió la necesidad de vivir de manera apasionada, y en este sentido destacó nuestros privilegios; el vivir en un país con una naturaleza exuberante, un país donde la soledad, no la perjudicial que daña el alma si no más bien la que recompone, es un bien gratuito, un bonus track del paisaje. Se puede transitar -de acuerdo a lo dicho por él- kilómetros y kilómetros y no ver a nadie. El gesto poético de abrir sus brazos y decir que se puede caminar así y no chocar con persona alguna, es un tesoro afincado en el corazón de quienes han vivido para contarlo. Mirar el horizonte, el Pacifico y perderse en el infinito sin registrar ni un solo barco, un nuevo nirvana para los viajeros de países sobrecargados.

Debo decir o más bien quiero expresar que todos estos discursos me representan, todos en sus propias singularidades, en sus generales puntos de vista; no obstante las palabras de Borja Huidobro me consuelan, quizás porque en lugar de padecer la permanente afrenta de nuestras clases empresariales, políticas, eclesiásticas, intelectuales y gremiales, me restituyen el poder, el control del propio destino.

 

 

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