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AUS (Valdivia)

ISSN 0718-7262 versión on-line

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  AUS (Valdivia) n.1 Valdivia 2006




AUS, Nº 1: 14-16
DOI:10.4206/aus.2006.n1-11

Artículos

 

CHILE

 

Borja Huidobro

Arquitecto PUC-DFAC.
Charla para estudiantes en la UACH. Valdivia 29, septiembre, 2005.
Proyecto desarrollado por Borja Huidobro+A4 Arquitectos Fotografías gentileza oficina A4 Arquitecto.


 

 

Descentralización, heterogeneidad, desarticulación, dislocación, son términos que se utiliza hoy para caracterizar una nueva condición cultural.

En todos aquellos dominios que informan la saciedad contemporánea, sus ciencias y su arte, un ligero cambio es perceptible a través de la erosión de las ilusiones universalistas de la primera mitad del siglo XX. La cuestión que plantea esta nueva condición -que exige nuevos conceptos- es aquella del lugar que ocupa la arquitectura.

Hoy, todo proyecto de arquitectura no es más que una constatación de la ruptura con el humanismo del pasado que ha perdido su legitimidad y su coherencia, frente a las dispersiones contemporáneas.

Esta nueva condición implica una agresión clara contra la noción misma de la cultura homogénea, sostenida por el paradigma -por ejemplo- humanista.

Ahora, una nueva arquitectura puede ser observada como una tentativa de rescribir ciertos temas universales en términos de contradicción y de fragmentación, desviando los beneficios didácticos implícitos hacia una nueva estrategia conceptual y cultural.

El origen mismo de las culturas es el fruto de encuentros. El fenómeno del encuentro crea lo nuevo, crea una emergencia nueva.

Una cultura debe a la vez abrirse y cerrarse. Cerrarse, en el sentido en que ella debe mantener su estructura, su identidad, porque la apertura total significa su descomposición.

Por otro lado, abrirse es la única manera de enriquecerse, pero tomando las precauciones necesarias para no dejar que lo nuevo la desintegre.

Tomemos un ejemplo musical: el flamenco, que considero algo puro y de lo más auténtico. Sin embargo, como se sabe, el flamenco tiene orígenes hindúes, íberos, árabes y judíos. Es justamente eso lo que ha permitido que se crea algo original y que es hoy, a no dudar, el mensaje cantado de lo que llamamos el pueblo gitano.

Una cultura puede perfectamente diversificarse produciendo diferentes mezcolanzas o híbridos, creadores de nuevas identidades, culturas mestizas por ejemplo.

Dentro de esta multiplicidad de identidades, estamos viviendo una nueva representación del orden urbano, en donde la arquitectura forma parte de un proceso en constante evolución. Viollet-le-Duc es el primero en afirmar que la arquitectura es una racionalidad contradictoria, la arquitectura es decidir sobre lo visible, es decir sobre lo oculto.

Hacer arquitectura es definir la relación -alo menos explicativa, a lo mucho metafórica, algunas veces crítica- que ella tiene con sus propias condiciones de realización, y con el ámbito urbano y cultural en el cual ella se inscribe. Lo que vale a nivel arquitectónico es radicalmente acelerado al nivel urbano.

Chile es un país que tiende, cada día más, hacia una civilización urbana y se sabe que por lo menos una persona sobre dos ya vive en el inmenso archipiélago de las territorialidades urbanas. Este, evento, inscrito en el tiempo y en constante crecimiento -cuya medida a penas conocemos- este evento, nos urge a inventar, día a día, los nuevos valores de nuestra sociedad urbana.

A mi juicio en una civilización urbana deben de estar contenidas tres exigencias:

-Confirmar lo que hace de la idea de ciudad y de lo urbano, una idea reguladora y un imperativo categórico para que haya sociedad, democracia, libertades públicas, ciudadanía.

-Confirmar nuestra modernidad. La modernidad que, más que la dominación de la técnica, más que la autonomía de la tecnociencia o la hegemonía de lo económico tradicional, es el hecho bruto de que, en un mundo que apenas vislumbramos, de aquí en adelante hay que concentrarse y ocuparse de la economía inmaterial y de la imbricación de la noción de sus diferentes tiempos, y la creación de polos de competitividad para poner en movimiento y entrelazar todas las competencias.

-Confirmar lo que debe ser repensado. El derecho que rige los posibles en relación a los nuevos territorios que constituyen los nuevos espacios de vida y expresión.

Cuando se trata de lo urbano, lo que está en juego no es solamente el deber de la justicia social o de la solidaridad. Es político y concierne la forma misma de la ciudadanía.

 


Torres contrafuertes

 


Proyecto: Master Plan para la ciudad de San Antonio / Vista aerea

 


Proyecto: Master Plan para la ciudad de San Antonio

 

Hoy en día hay espacios donde la realidad urbana es tal que no solamente hay pobres, excluidos despojados, sino más grave aun: ciudadanos ausentes, producidos y reproducidos por una ciudad desorganizada, disparatada y que no funciona, creando desde la des herencia del civismo hasta la diseminación del ciudadano fuera de la urbe. De lo que procede, pueden deducirse dos conceptos o dos estrategias o dos políticas. Estas pertenecen a la historia de las ideas republicanas y democráticas.

El primer concepto es político. Forja la legitimación de la intervención pública sobre la noción central de ciudadanía. Hacer leyes que garanticen el derecho a la ciudad. Colocar al ciudadano en situación de usos de su razón y de su derecho, para evitar su exclusión. Podemos remarcar, a título de ejemplo, que la historia de los textos jurídicos que reglamentan la construcción y el urbanismo reflejan una extrema tecnicidad de sus códigos y decretos; pero jamás la afirmación clara sobre un derecho público al espacio público.

Como se trata de hacer de la exigencia por lo urbano una prioridad, la República debe movilizarse hacia proyectos precisos y asegurar su realización en plazos concretos, aplicando, si es necesario, procedimientos de urgencia. Lo urbano es evidentemente una acción a largo plazo, pero al mismo tiempo exige una relación estrecha con las urgencias.

El segundo concepto es el de solidaridad. Este interpela los valores de fraternidad de los hombres con el objeto de establecer en el ámbito urbano, los equilibrios interrumpidos de la unidad y la pérdida de la armonía social. Hoy, muchas solidaridades se descomponen y engendran soledad y desesperanza.

Entonces, se trata de crear las condiciones para vivir la solidaridad a escalas que no existen. Como la solidaridad continental, nacional, urbana, de barrio y de vecindario. Se trata de percibir esas solidaridades como complementarias y no antagónicas. Las identidades están hechas de integración, la apertura a sí mismo y la apertura al otro son dos caras de la misma moneda.

La fuerza de la solidaridad es su relación inmediata con lo cotidiano, lo real. Su debilidad, fuera de las grandes catástrofes, una práctica débil, casi inexistente.

Basados sobre la desarticulación o la dislocación de la realidad contemporánea, esas estrategias buscan a descubrir lo que, hacia bastante tiempo, la arquitectura había reprimido y disimulado detrás de los conceptos clásicos de lo bello, lo verdadero, lo útil. Ellas revelan que los componentes del espacio, de construcción y de programa, poseen cada una de ellas su propia lógica y la inestabilidad es radicalmente diferente de los modelos de organización anteriores, orientados hacia la composición, la síntesis, la escala, etc. todo bien controlado. Hoy estamos evolucionando hacia tiempos diferentes.

Yo pienso, que desde siempre y en toda circunstancia, nos habita la obstinación cotidiana de crear la armonía por intermedio de nuestras realizaciones, pero la confrontación de estos componentes autónomos e inestables a través de sus superposiciones en la ciudad, sugiere una verdadera explosión de la condición urbana, que lógicamente tienden a desarrollar nuevas culturas urbanas... y nosotros los arquitectos, bueno, estamos en medio de todo esto...

Y, pongo mi esperanza en que podamos vivir para siempre para ver así realizados nuestros sueños, aun cuando perdiéramos la vida intentándolo... gracias.

 

 

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