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Gestión turística (Valdivia)

ISSN 0718-6428 versión on-line

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  Gest. tur. (Valdivia) n.7 Valdivia jun. 2007




Gestión Turística. Nº 7: 81-90

ENSAYOS

 

OCIO Y TURISMO EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN

 

Autor:
Víctor Alonso Molina Bedoya

Docente de las Universidades de Antioquia y Medellín, Colombia Magíster y Candidato a Doctor en Currículo, Transversalidad y Desarrollo Sostenible de la Universidad de Valladolid.


RESUMEN

El importante desarrollo de las tecnologías de la información como principal aliado del proyecto de globalización, ha generalizado el consumo de espectáculos con lo cual se asiste a un proceso nunca antes visto de homogeneización de la cultura. Prácticas como la recreación, el ocio y el turismo no escapan a este proyecto, donde se convierten en un dispositivo para la dominación, la domesticación y por tanto para la justificación del orden imperante, a partir de la adecuación y reproducción de las estructuras enajenantes y extensivas del modelo capitalista transnacional. Es necesario revisar críticamente los patrones de consumo de ocio y de turismo que se han establecido a nivel internacional, como producto de la transnacionalización de la diversión y el entretenimiento, y que desconocen los aspectos sociales y culturales de los agrupamientos humanos.

Palabras Claves: Globalización, Cultura, Ocio, Turismo.

ABSTRACT

The important development of information technology as main allied of the globalization project, has generalized spectacles consume producing more than never before the culture homogenization process.
Practices as recreation, leisure an tourism are included in the project, where they became a device to domain and domestication rising their relevance through which it produces the adecuation and reproduction of facilities taken from the alienated capitalist model.
It is necessary to check the leisure and tourist patterns critically, which have been established internationally as a transnationalization amusement and entertainment products, ignoring social and cultural aspects of human communities.

Key Word: Globalization, Culture, Leisure, Tourism.


 

INTRODUCCIÓN

Estamos ya instalados en una profunda crisis. El modelo de globalización lleva a que todas las comunidades participen de un proyecto de interrelación1 que afecta las formas de organización, de comunicación, de diversión, de consumo, de producción, de reparto y en general de vivir. Uno de los aspectos fundamentales de la crisis es que los desarrollos científicos y tecnológicos conquistados por los seres humanos no se compadecen con las estropeadas condiciones de vida de la mayoría de las personas del planeta. Si bien es cierto que se asiste a un proceso de intercambio, este no es homogéneo, y por tanto plantea grandes desafíos y dificultades para su comprensión y asimilación. De allí, que genere tanto posiciones de aceptación, como de rechazo en determinados sectores de la sociedad. Se puede señalar así, que para sociedades que ostentan formas de vida más o menos dignas, no encuentren oposición alguna a este proyecto, más que a la modificación de sus prácticas culturales y por tanto a sus procesos identitarios. Por ejemplo, las sociedades que han logrado beneficios en los intercambios propios de este modelo. Pero muy al contrario hay pueblos quienes se enfrentan a la globalización desde una total resistencia, sobre todo sociedades depauperadas donde se expresan grandes diferencias en el acceso a los bienes básicos de la existencia y para quienes, se constituye en un instrumento al servicio de los intereses de las clases dominantes para perpetuar el sistema a través de aumentar la explotación de los trabajadores, y a un nivel más amplio, la explotación de los países empobrecidos por parte de las potencias económicas mundiales (Montes y Toledano, 2003:1).

Más que encontrar ventajas en el modelo, estas sociedades, encuentran una profundización de las desigualdades y un irrespeto a las soberanías nacionales, tomemos como ejemplo, el caso de los recursos nacionales. Así, cuando las sociedades industrializadas han consumido sus propios recursos necesitan generar las condiciones que les permita expoliar de éstos a otros colectivos. Por ello la globalización se presenta como un discurso que opera como ideología para hacer de los recursos de estos pueblos un patrimonio de la humanidad. Véase el caso de la amazonía declarada la Primera Reserva Internacional de la Floresta Amazónica (PRINFA)1; estrategia política para el desmonte de los Estados nacionales y para entregar la custodia nacional al único Estado capaz de brindar seguridad a los ciudadanos (Blandón y Canizares, 2004:99). Para el caso colombiano tenemos medidas como el Plan Colombia y el Plan Patriota diseñados para el apoderamiento de las reservas naturales ubicadas en la región andina por parte del capital internacional, con el impacto que esto tiene para un sector como el turismo y la diversión, en términos de la generación de riqueza para los propios habitantes de estas zonas.

De otra manera, se trata de globalizar ahora sí, los ya escasos recursos naturales existentes y que han pertenecido desde siempre a estos pueblos y que aún conservan gracias a su forma cosmogónica de relación con el entorno vital. Nos preguntamos entonces, ¿a quién le sirve la globalización o globalizarse para qué?

Con la globalización se pretende reproducir un modelo de sociedad -la dominante-, que en muchos de los casos subsume las manifestaciones culturales diferentes, reproduciendo la idea de que existe una cultura asociada con la civilización, y con lo cual se han negado formas de vida y de saber diferentes, como ha sucedido con el desconocimiento y la eliminación de lenguas y de otras formas de saber en un mismo país, un ejemplo, es Colombia, donde no obstante este fenómeno, aún hoy día existen más de 60 lenguas y más de 84 pueblos indígenas. Ésta práctica, que podríamos calificar de desconocimiento y de exclusión, es reproducida incluso por los mismos Estados a partir de sus aparatos de reproducción cultural, y dentro de los cuales, el aparato educativo ha jugado un papel importante como homogeneizador cultural, negando en la práctica las diferencias, esto, a pesar de tener un sistema jurídico -político que reconoce la diversidad étnica y la pluralidad de sus culturas (Constitución Política de Colombia de 1991). Con ello lo que se pone de relieve es un gravísimo problema de interculturalidad verdadera, en donde la cultura como espacio de reproducción social y organización de las diferencias, es negada.

Podemos decir aquí sin temor a equivocarnos y de acuerdo con Santos que en las actuales condiciones del sistema mundial capitalista de occidente no hay una legítima globalización, debido a que lo que tenemos es la globalización exitosa de un localismo dado, es decir, no hay una condición global para las raíces locales o también para la existencia de una cultura específica (1997: 5). La globalización se entiende, no como sociedad civil global, gobernabilidad global e igualdad global, como un proceso sensible y articulado de las dimensiones políticas, sociales y culturales, es decir, como la expresión de un amplio conjunto de relaciones sociales, sino como una nueva fase del desarrollo del capitalismo, la cual descansa en la división de clases y en la desigualdad social y económica. Es un proceso a partir del cual las empresas transnacionales han conquistado una distinción sin precedentes en la historia como agentes internacionales (Santos, 1997:5). Como proceso de internacionalización económica advierte un notable aumento de los flujos de capital, mercancías y tecnologías. Con lo cual se genera mayor inequidad en las relaciones comerciales, pues todos los países no participan en igualdad de condiciones. Los países industrializados bajo esta estrategia destruyen las estructuras productivas de los países empobrecidos, y se genera así, una gran dependencia de sus procesos productivos por parte del control y dominio de los organismos multinacionales. Según Montes y Toledano (2003:4), «los Estados atrapados por una deuda externa tan extorsionadora como impagable, han perdido toda autonomía y están supeditados a las directrices del FMI – el guardián del «desorden» económico mundial-, cuyos planes de ajuste estructural los mantiene estrangulados». La integración económica generada bajo este proceso produce un fuerte impacto en las dimensiones económica, cultural, ambiental, social y política de las comunidades.

La globalización se puede analizar pues, como un nuevo estadio del capitalismo, donde lo más relevante es el importante papel de las multinacionales, hasta un punto tal, que casi rigen los destinos del planeta. A modo de ejemplo ilustrativo, sirva aquí señalar como de las más de 35.000 empresas transnacionales existentes en el mundo, su participación en el comercio mundial es del 70% del total. Estas firmas controlan el 75% de las inversiones en el mundo (Montes y Toledano).

La pretensión básica del proyecto de globalidad impulsado por las grandes y poderosas empresas del mundo es construir una organización económica internacional sin ningún obstáculo para poner a rentabilizar el capital. Es un proyecto que apoyado por la informática y las comunicaciones buscan generar un estado de plena libertad para la circulación del capital.

En América latina, el proceso de globalización se ha utilizado para justificar medidas y políticas impulsadas por los acreedores internacionales que han tenido como sus puntos de apoyo la expansión colonial e imperial. Como proceso de internacionalización económica se da en un escenario de relaciones de dominación y de apropiación de excedentes por parte de los países capitalistas determinando las relaciones sociales y causando conflictos desde la generación de unos sectores ganadores y otros perdedores. De esta manera el discurso de la globalización es la historia de los ganadores narrada por ellos mismos y convertida en verdad. No en vano el discurso científico hegemónico ha preferido la historia del mundo contada por los ganadores (Santos, 1997: 5). Se trata pues de una relación económica asimétrica con desventajas fuertes para los sectores empobrecidos de la sociedad global.

Como agentes impulsores de esta política de internacionalización económica para América Latina tenemos el recetario del FMI, el BM y el BID. Todos ellos instrumentos para la proyección de los intereses empresariales de los países capitalistas. En esta tarea la aplicación del Consenso de Washington, representa el uso del esquema librecambista, de austeridad fiscal, de desregulación financiera, de privatizaciones, de contracción de los salarios y por tanto, medida nociva para agregar valor a nuestros productos por la vía de la industrialización (Rojas y Corral, 2002: 79). Así, nuestros países han realizado reformas relacionadas con privatización de sectores claves de su economía y ajustes a su sistema de competitividad, desregulación de su régimen salarial, entre otras, cambios que se enmarcan en los planos económicos y político, los que a su vez han contribuido con el proceso de globalización bajo la presión de las grandes empresas transnacionales.

Papel de las Empresas Transnacionales (ETN) en el proceso de la globalización

A partir de 1945 con la instauración del capitalismo globalizado, las empresas grandes del mundo avanzan en su proceso de transnacionalización. La humanidad no ha conocido proceso similar de poder político y acumulación de capital semejante al que se da hoy con las empresas transnacionales. Para ello, han establecido complejas redes de producción, comercialización y finanzas a nivel internacional (Verger, 2003:14).

En este orden, el Consenso de Washington representa un paquete de medidas liberalizadoras y restrictivas de la intervención estatal. De esta manera se explicitan las pretensiones de las potencias de expansión de la política económica como único paradigma para el triunfo de la economía capitalista. Los efectos de esta serie de medidas se evidencian en: privatización del sector público, ajuste fiscal, austeridad en el gasto público, atracción de la inversión extranjera, liberalización comercial y financiera, retirada del Estado del ámbito económico y por el contrario, protagonismo en su rol de garante del derecho a la propiedad.

Como se puede apreciar, el poder de las empresas transnacionales es sorprendente:

·   En el mundo hay 63.000 ETN con 690.000 filiales.

·   Las ETN controlan 2/3 partes del comercio mundial, el 85% de las inversiones en el extranjero.

·   Los activos totales de las 100 principales ETN aumentó entre 1980 y 1995 en un 697%.

·   De las 60.000 empresas multinacionales que existen, unas 50.000 tienen la matriz en un país desarrollado. En cambio, de 820.000 filiales, sólo 100.000 se encuentran ubicadas en los países desarrollados.

·   Las ventas de Shell equivalen al PIB de Venezuela

·   Sony sería más grande que todo Pakistán.

·   En Asia y América Latina entre 1988 y 1998 más de 10.000 empresas públicas fueron privatizadas. (Verger, 2003).

Cambios suscitados en el ocio y el turismo en el marco de la sociedad global

Identificado el proceso de globalización es necesario tener en cuenta los procesos colindantes de relocalización y entrelazamiento que con él se producen. Así, uno de los cambios que más se asocia a este proceso tiene que ver con la compresión del espacio y el tiempo, esto es, el proceso social por medio del cual los fenómenos se aceleran y se diseminan por todo el globo. Como lo señala Santos, aun cuando parezca compacto, el proceso presenta condiciones y situaciones diferenciadas y por tanto no puede ser comprendido al margen de las relaciones de poder que dan cuenta de las diferentes modalidades de tiempo y espacio. El poder de la clase capitalista transnacional se hace evidente en la apropiación de la compresión del espacio y del tiempo y la utilización que hace de éste para su beneficio (1997: 6). De este dominio se desprende que las clases subordinadas, representantes de los trabajadores migrantes y los refugiados están implicados en un movimiento físico espacio temporal que no pueden controlar. Las personas y los colectivos se desempeñan de acuerdo a los ritmos impuestos por la globalización, unos ritmos caracterizados por el aceleramiento en la producción, el tipo de pagos, la movilidad de los lugares de trabajo a libre disposición de los patronos, la idea de progreso asociada con el trabajo como valor fundamental, el desprecio del ocio como vivencia y su valoración como consumo, la inexistencia del tiempo libre como marco temporal para la potenciación y acrecentamiento del ser y por último, una sensibilidad y una sociabilidad determinada.

El espacio y el tiempo son dos coordenadas muy importantes en la determinación de la vida de las personas y en la configuración de la sociedad, por ello muchos autores durante la historia han entendido que es en la relación del hombre con el tiempo donde se establecen los límites a su vida. Bien vale aquí retomar a Marx para quién la economía del tiempo representa el fundamento de toda economía.

Economía del tiempo: a eso se reduce finalmente toda economía. La sociedad debe repartir su tiempo de manera planificada para conseguir una producción adecuada a las necesidades de conjunto, así como el individuo debe dividir el suyo con exactitud para adquirir los conocimientos en las proporciones adecuadas o para satisfacer las variadas exigencias de su actividad. Economía del tiempo y repartición del tiempo del trabajo entre las distintas ramas de producción resultan siempre la primera ley económica sobre la base de la producción colectiva (Kart Marx, Grundrisse).

El tiempo no importando la interpretación que de él se tenga, posee una connotación humana y social invaluable, de allí que: La forma como una sociedad distribuye su tiempo, tanto cuantitativa como cualitativamente, las actividades que en él realiza y las relaciones que en ellos se establecen, son factores que manifiestan su situación presente y las tendencias de su desarrollo. Los posibles empleos del tiempo se encuentran socialmente condicionados y las transgresiones en su uso pueden implicar cierto nivel de peligro frente a la relativa firmeza de lo establecido (Rodríguez, 1988: 57).

La compresión del espacio- tiempo en la actualidad se puede leer al modo de Rodríguez, como el paso de un tiempo policrónico a uno monocrónico, esto es, el paso de una cultura que considera el tiempo de una forma flexible a una cultura del tiempo arbitrario e impuesto, que no obedece a los ritmos biológicos del hombre o a su capacidad creativa (1988:61). Se trata de un tiempo y un espacio que no le pertenecen a las personas, ellas no pueden determinar libremente sobre ellos. Así se presentan como elementos extraños, alienados como el hombre mismo dentro de las estructuras sociales imperantes. Tiempo y espacio son de ésta forma, dos nuevos objetos, dos nuevas mercancías bajo las cuales se reproduce la tendencia recurrente de alienación y dominación en el capitalismo. Como mercancías producidas por el hombre se convierten en objetos que lo destruyen, que lo convierten en un prisionero de su propia producción, en lugar de servir a sus necesidades materiales y culturales.

Otro cambio destacado con la globalización tiene que ver con el proceso de homogeneización cultural. Una homogeneización del mundo en la perspectiva de occidente mediante la cual se altera y deforman las civilizaciones y culturas primitivas de nuestros países. Es implacable la distorsión de sus formas de ser orgánicas, de sus maneras originales y tradicionales de producir, vivir, pensar, en general de relacionarse con el mundo (Flores, en Rojas y Corral, 2002:103). Para el tema de interés se constata la asunción de prácticas de ocio y de turismo de otros lugares y la eliminación de prácticas autóctonas a partir de una promoción desenfrenada de la industria del espectáculo, que precisa ser revisada críticamente, pues es desde ella que se imponen los valores y las normas de la racionalidad productiva y eficientista para promover los intereses económicos del gran capital.

Desde la industria cultural se impone una manera singular y única de desear y gustar. La sociedad de la globalización, por tanto, sociedad del consumo se realiza a partir de la dialéctica deseo- satisfacción. Los gustos se realizan en el encuentro entre una oferta y una demanda, lo que se constituye en una operación social y cuasi mágica. Como conjunto de elecciones realizadas por una persona determinada, son el resultado de un encuentro entre el gusto objetivado del artista y el gusto del consumidor. En este marco, el artista juega un papel importante en tanto concreción y consumación del deseo, del gusto. Al respecto dice Bourdieu, que «el artista es ese profesional de la transformación de lo implícito en lo explicito, de la objetivación, que transforma el gusto en objeto, que realiza lo potencial, es decir, ese sentido práctico de lo bello que sólo puede conocerse realizándose» (2000:163).

Aquí reside precisamente la habilidad del sistema capitalista y es hacer del productor cultural, artista, escritor, profesional del ocio y del turismo, profeta y periodista un calculador económico racional, que a partir de estudios de mercado busca satisfacer necesidades, procurando obtener beneficios, adelantándose a sus competidores (Bourdieu, 2000:165). En esta tarea es decisivo el rol del aparato educativo, en tanto es a partir de la elevación del nivel de instrucción, o del tiempo de escolarización que se provoca en las personas un interés por la apropiación de bienes culturales, determinando un cambio en la demanda. Este cambio en la demanda tiene como fundamento la rareza, el cambio de gusto frente a un bien se da a partir del juego exclusividad- divulgación. De esta forma el bien cuando se divulga se desclasa, es decir, se devalúa, según Bourdieu. Así, de forma permanente el gusto del consumidor se inclina por un producto raro y nuevo, y de esta manera la rareza determina la necesidad de consumir, la misma que es impulsada y promovida por los medios masivos de información. Dado lo anterior, en la sociedad del consumo desenfrenado de lo que se trata es de reintroducir, a toda costa, la rareza (2000:170).

Desafíos a enfrentar desde el campo de saber del ocio y del turismo

La revolución de las tecnologías de la información ha generalizado el consumo de espectáculos y a su vez, ha permitido una homogeneización de los gustos, de las formas de recreación, de entretenimiento y de turismo de nuestra población colombiana, obviamente en correspondencia con la dinámica internacional de oferta y demanda de diversión. En este marco de interpretación, el enfoque funcionalista del ocio ha colaborado con la legitimación de las medidas implementadas por los diferentes regímenes, derivando en un dispositivo para la dominación, la domesticación y por tanto para la justificación del orden imperante, en este caso, para la adecuación y reproducción de las estructuras enajenantes y extensivas del modelo capitalista transnacional.

Es necesario revisar críticamente los patrones de consumo de ocio y de turismo que se han establecido a nivel internacional, como producto de la globalización y la transnacionalización de la diversión y el entretenimiento, y que desconocen los aspectos sociales y culturales de los agrupamientos humanos para así oponer a la exaltación del poder de las grandes multinacionales y a las políticas supranacionales de una cultura global estandarizada que tiende a la unificación de los valores, la afirmación de las etnias, la prevalencia de los derechos, la organización, la resistencia de grupos y luchadores por multitudes en todas partes del mundo. Es necesario oponer a la industria de entretenimiento y turismo mundializado, la cultura del ocio propio; a lo genérico y estándar de la sociedad del mercado, oponer lo singular y lo propio de nuestros espacios de crecimiento cultural, de alegría y de fiesta. A la cultura de la globalidad y la imposición de sus valores y modelos culturales exógenos, contraponer la autoconservación, como respuesta y como principio de vida. Ante lo homogéneo que se difunde con la globalidad y el capitalismo, levantar las voces de la diferencia y el carácter plural de la sociedad y del mundo en general.

Una de las principales tareas de una educación para el ocio y la recreación en nuestro continente es educar para la comprensión de los mecanismos como opera la lógica del consumo y el papel que en esa empresa juegan las corporaciones multinacionales especializadas en los servicios de entretenimiento, diversión y turismo; y que utilizando los desarrollos tecnológicos de la información y la comunicación, carcomen los cerebros de nuestra población y los llevan a un consumo desenfrenado de prácticas y ofrecimientos generadores de insatisfacción, angustia y frustración en un mundo donde impera el mal desear. De lo que se trata, a nuestro modo de ver, es contribuir para que las personas deseen de otra forma y sobre todo mejor.

La sociedad contemporánea sustituye el crecimiento espiritual y la contemplación como opciones de diversión y de ocio por la ocupación, el trabajo, el logro y la tenencia de objetos. Las vidas consideradas con sentido, son aquellas que más consumo generan, y el lujo adquiere la connotación de ser un elemento de distinción y de clase. De esta forma la sociedad capitalista encuentra en el campo del ocio y el turismo un excelente auxiliar para la propagación de valores y prácticas para la reproducción del sistema, ya sea por la vía de la enajenación directa, es decir, por el consumo directo de objetos, o por la vía de la explotación y la ideología (Melo y Drummond, 2003:13). De lo que se trata, es de coadyuvar para despertar en los sujetos su sensibilidad artística y su potencialidad de vida. Es despertar su capacidad como productor cultural para superar estados de consumo acrítico, con lo que se reproduce la alienación y la dominación. Se busca avivar la sensibilidad y la belleza como estrategias emancipadoras. Pretendemos la generación de una nueva conciencia para develar y transformar la realidad y la vida, no asumiéndolas como algo construido, dado y repetitivo, sino como un esfuerzo por crear y recrear, y también por rebelarnos (Freire, 1990:195).

Para finalizar, está claro que en el ocio y el turismo se expresan los intereses económicos de la globalización, la tendencia recurrente a la concentración y centralización del capital; y su proyecto de largo alcance, construir una organización económica internacional, donde la libre circulación de mercancías, servicios y flujos financieros no encuentren el mínimo obstáculo (Montes y Toledano, 2003:2). De esta manera no son objetos al margen de las dinámicas sociales, en ellos se plasma el proyecto de sociedad ideada por los planificadores y los que toman las decisiones políticas, con lo que tiene sentido que ahora nos hagamos la pregunta:

¿Queremos que el ocio y el turismo sigan siendo factores de dominación, convertidos en mercancías económicamente útil, o por el contrario, que sean factores de emancipación para nuestra querida y soñada América Latina?

NOTA

1 El columnista Antonio Caballero señala que a partir de los años 80, la floresta amazónica pasó a ser responsabilidad de los EEUU y de las Naciones Unidas por encontrarse en una de las regiones más pobres del mundo y cercada por países crueles, irresponsables y autoritarios. Para ampliar esta información léase Introducción a la geografía de Antonio Caballero en revista Semana, 2004.

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Recibido: 12/03/2007
Aprobado: 07/05/2007
Arbitrado Anónimamente

 

 

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