Revista austral de ciencias sociales - Individuación y Modernidad: la Constitución de la Persona en el Espacio Público
Revistas Electrónicas UACh
Web Sistema de Bibliotecas UACh
Formulario de Contacto Revistas Electrónicas UACh (OFF)
Revistas Electrónicas UACh - Revista austral de ciencias sociales
 
 no.16Razón y dominación: La legitimidad en Weber como orientación simbólica de la acción política  Indice de autoresIndice de materiabúsqueda de artículos
Inicio revistalista alfabética de revistas  
-
 
Revistas Electrónicas UACh - Revista austral de ciencias sociales
Revista austral de ciencias sociales

ISSN 0718-1795 versión on-line

  Texto completo PDF
 
  Como citar este artículo
  Agregar a favoritos
  Enviar a e-mail
  Imprimir HTML

  Rev. austral cienc. soc. n.16 Valdivia 2009




Revista Austral de Ciencias Sociales 16: 5-20, 2009

ARTICULO

 

Individuación y Modernidad: la Constitución de la Persona en el Espacio Público

Individuation and Modernity: the Instalation of the Person in the Public Context

 

Sergio González *
Johanna Kreither **
José Lizana ***
María José Rodríguez ****
Gloria Zavala *****

* Escuela de Psicología, Universidad de Santiago. Avda. Ecuador 3650, Santiago de Chile. E-mail: sergio.gonzalez.r@usach.cl.
** E-mail: jkreither@uss.cl.
*** E-mail: jlizana@utalca.cl.
**** E-mail: marodriguez@usach.cl.
***** E-mail: gzavalav@gmail.com.


Resumen

A partir de una revisión y sistematización del concepto de Individuación y su centralidad en las coordenadas de la modernidad actual, se realiza un análisis relacional de esta noción con diversas líneas de investigación de los autores. Es así que se refieren los cruces entre Individuación, Modernidad y su asociación con el Síndrome de Déficit Atencional, con los Significados actuales asociados al Trabajo y a la noción de Felicidad. Este trabajo se realizó en el marco del Seminario en Psicología Sociocultural del Programa de Doctorado en Psicología de la Universidad de Chile, impartido durante el año 2007 por el primer autor.

Palabras clave: Individuación, Modernidad, Síndrome de Déficit Atencional, Trabajo, Felicidad.


Abstract

From a review and systematization of the concept of Individuation and its centrality to the coordinates of present modernity, an analysis of this notion in relation to different research lines by the authors is made. Thus, the relationships between Individuation and Modernity linked to the Attention Deficit Disorder, the Meanings of Work and the notion of Happiness are tackled. This work was carried out under the framework of the Seminar on Sociocultural Psychology of the Doctoral Program in Psychology of the University of Chile, given during the first semester 2007 by the first author mentioned.

Keywords: Individuation, Modernity, Attention Deficit Disorder, Meanings of Work, Notion of Happiness.


 

Individuación y Modernidad

La noción de Individuación ha tenido una larga tradición en las ciencias humanas1. En la presente revisión realizamos una sistematización que sitúa el constructo en el cruce de contenidos entre individuo y cultura. En este sentido, los procesos de individuación refieren la constitución del sujeto en el espacio público, explicando la conformación de la identidad personal como un proceso de construcción social en que las determinaciones de medio sociocultural son significadas por la persona de manera activa en su autoproducción. La individuación implica un paso adelante, en términos de complejizar, lo que hemos llamado tradicionalmente socialización, ya que en este concepto, el énfasis está puesto en los determinantes del contexto social en el individuo, el cual es considerado pasivamente como un resultado de estos impactos e implicancias que se inscribirían, de forma más o menos mecánica, en su personalidad y en los repertorios cognoscitivos y conductuales que lo conforman.

La individuación, sin negar los impactos de los procesos de adaptación e integración social, pone en relevancia los contenidos en que el sujeto se relaciona con el medio de manera específica y autorregulada interactuando con las tramas culturales de forma proactiva y sin una sujeción que implique inmovilismo frente a las dinámicas de la cultura. La individuación, por tanto, implica negociación activa, enfrentamiento de riesgos, pensamiento estratégico, conciliación y reforzamiento del proyecto de vida. La concepción de Bruner (1998) sobre pensadores en acción, considera el actuar intencionalmente sobre el espacio social en que se desarrollan los procesos de constitución identitaria de las personas. Al mismo tiempo, estos procesos se inscriben en un marco más amplio que corresponde a los códigos de afiliación simbólica, a la pertenencia o asimilación -manifiesta o tácita- a comunidades interpretativas, donde se comparte una intersubjetividad común en que se produce el encuentro de las referencias valóricas, actitudinales, normativas e ideológicas concentrando la similaridad e inclusión de actores en espacios simbólicos -transversales y específicos- de la vida sociocultural.

Las formas de la individuación son modeladas por las tramas superpuestas de los desarrollos culturales cuyos contenidos son ordenados en nomenclaturas de inclusión y diferenciación, conformando una gramática social de universos simbólicos y marcos interpretativos que expresan la cultura compleja y polisémica de la modernidad. Estas superposiciones generan un efecto collage que aparece aportando certeza y confusión en la aceptación de las linealidades, de las consistencias, pero también de las relaciones dialécticas e, incluso, de las paradojas en que se manifiestan las colisiones en la cultura desagregada o fragmentada. Esta visión nos muestra al sujeto en las tramas de los contenidos simbólicos con márgenes de opcionalidad, de definición propia de sus integraciones identitarias. Lo anterior no implica negar el determinismo en la conformación del mundo social, sino que entenderlo integrando los contenidos que están circulando y redefiniéndose permanentemente, es decir, en la reificación que expresa el decantamiento reflexivo en que son concebidos e interpretados los hechos socioculturales. Este imperativo de incorporar la complejidad, la dialéctica y la paradoja implica asumir la multiculturalidad inscrita en el complejo fenómeno cultural de la actualidad, en la modernidad tardía.

Individuación y proyecto de vida

La Individuación es, por tanto, la instauración de la biografía personal en las cartografías de la modernidad. La persona en las tramas de la cultura en la modernidad se hace comprensiva a través del proyecto de vida. Este puede estar referido en términos explícitos y denotativos como ejercicio imperativo de análisis y reflexión sobre la propia experiencia. Los proyectos de vida connotan las estrategias, contenidos y opciones con que se configura la colonización del futuro (Giddens 1997). Esto implica un intento de apropiación del acontecer personal considerando las decantaciones de significado que asimilan el pasado y presente del sujeto. Los proyectos de vida implican una intencionalidad para la toma de control sobre el propio devenir y, al mismo tiempo, refieren una lectura del pasado, la articulación de los significados que sostienen el propio presente. Indistintamente de los niveles de autoconciencia y de control de las personas sobre la estrategia biográfica que puedan concebir, las decisiones y opciones que cotidianamente se resuelven implican una intencionalidad que supera los efectos inmediatos de los actos y comportamientos sociales.

Los proyectos de vida son una narrativa sobre uno mismo, sobre la conformación de un relato que egosintónicamente sea integrado en el autoconcepto y, por tanto, en la identidad individual. Decíamos que las condiciones de la modernidad no permiten estar ajenos a proyectar la biografía en una estrategia de colonización del futuro. El individuo tiene cerradas las opciones para pretender constituirse fuera de un proyecto de vida. Incluso, en la opción de no concebir materializar un proyecto de vida las claves y códigos de la modernidad operan imponiendo condiciones en que el presente y la proyección de la persona quedan atrapadas por sus coordenadas y (no) decisiones. Podríamos entonces ejemplificar, exagerando, que hasta la opción de ser mendigo o anacoreta están digitalizadas por estas claves que imponen lecturas y normas de patrones ineludibles para canalizar esas opciones de acuerdo a convenciones estipuladas. Los proyectos o planes de vida son una forma de alcanzar consistencia y de sistematizar la vida propia, de intencionar el devenir y constituirse en un relato asimilable y egosintónico de acuerdo a las condiciones que están sistematizadas en el menú de posibilidades para armar o configurar que nos ofrece la modernidad.

Podríamos decir que en la lógica de la modernidad el proyecto de vida es una condición irrenunciable. La modernidad condiciona e induce el mundo subjetivo de las personas en la lógica de sus proyecciones, éstas son, a su vez, una interpretación o versión sobre el propio pasado y la constitución del individuo en su presente. Esta intencionalidad de control y consistencia sobre la continuidad y asimilación de la propia experiencia tiene un efecto de justificación del self ante sí mismo y ante la mirada de la alteridad, ante el ojo social.

Los planes de vida están en el ámbito de las definiciones identitarias personales, en el contexto de las múltiples determinaciones sociales, restrictivas por una parte, y facilitadoras, por otra, según sea el caso, conformando una suma algebraica en que se inscriben los márgenes de libertad de las personas para el ejercicio de los niveles de autonomía y opcionalidad en las directrices biográficas. Estos planes de vida son modelos para armar subjetivamente desde los estilos de vida que aporta y oferta la modernidad. El menú entregado configura territorios culturales específicos que están a disposición del individuo que dialoga con los elementos diseñados en módulos de significación, en los cuales se inscriben los grados de libertad, expresados en las oportunidades del medio y en los recursos de capital humano del sujeto que determinan los niveles de accesibilidad y de opcionalidad que pueden alcanzar las personas.

En el plano de la discrecionalidad inscrita en la modernidad tardía se encuentra no sólo la entrega de opciones si no también el imperativo de tener que optar entre alternativas que son sugeridas o determinadas por el nivel de capital cultural o simbólico que las personas poseen. Las opciones pueden aparecer perentorias pero la condición de elegibilidad se manifiesta en la multiplicidad difuminada de alternativas.

En esta perspectiva nos allegamos a una de las consecuencias manifiestas del capital cultural. En ella se considera la potencialidad de configurar con elaboraciones más apropiadas y complejas las decisiones propias del proyecto de vida. Es así, que a mayor capital cultural o simbólico es posible esperar una amplitud de significados y elementos para los derroteros en que se inscribirá la escritura de la propia biografía. Las opciones sobre la vida afectiva, en los ámbitos de la familia, del desarrollo de carrera profesional o laboral, entre otras, están marcadas por la opcionalidad sobre las fuerzas de la prescripción o la inercia de la tradición. La vida afectiva en la modernidad no puede ser modelada por actores que intervengan las decisiones que las personas, de manera autónoma y singular, pueden y deben conformar como parte de plan de vida. De esta manera, facetas de la intimidad son reconocidas y resguardadas por el deber ser que está inscrito en la modernidad2.

Los proyectos de vida, de este modo, se instauran como un espacio singular y apropiado para la constitución del proceso de individuación. Las decisiones que involucran no sólo están flotando en el espacio social, cultural o político; si no que se alinean en el querer ser, en el hacer y en el iterativo de constituirse justificadamente en el espacio público, lo cual supone el necesario espacio de reflexión en la subjetividad y los consecuentes procesos de reificación personal.

Individuación y reflexividad del sujeto

La reflexividad del yo es el elemento central de los procesos de individuación, ya que el proyecto de continuidad biográfica de cada persona es sometido a escrutinio de consistencia permanentemente, teniendo que presentarse los procesos de ajuste y de justificación en el contexto social significativo de la persona, donde incluso, la mirada social internalizada es el baremo para determinar la adecuación y confirmación en el espacio social respectivo. Las decisiones personales en el espacio de la subjetividad requieren confirmaciones que no dependen en exclusiva del espacio propio, si no, de la validación y consistencia biográfica que se da en el espacio intersubjetivo.

La reflexividad del yo es una condición en que los procesos de revisión se encuentran en permanente retorno hacia la búsqueda del precario equilibrio interno en los significados egosintónicos, en medio de las turbulencias estructurales propias de la sociedad del riesgo (Beck 1998). La continuidad biográfica pasa a ser no solamente una linealidad temporal del sujeto o del yo, sino que la relectura y resignificación de los hechos y comportamientos que conforman una crónica, en una continuidad semántica que se reelabora y se escribe en la subjetividad de cada cual con el aporte de los significados que el contexto entrega permanentemente.

La reflexividad del self, así entendida, cuenta con dispositivos y herramientas que permiten que el sujeto se valga de soportes con soportes y ayudas para constituir una crónica vivible, asimilable (egosintónica) en que la congruencia y la justificación intra y extrasubjetiva sean posibles. Para ello, más allá de los espacios de la intersubjetividad cercana (amigos, pareja, familia) se cuenta con sistemas de expertos3, en quienes se deposita confianza secularizada para encontrar coherencia en el significado en que se refieren los hechos, los actos y las intenciones del sujeto. Es así, que la psicoterapia es uno de los dispositivos que la modernidad privilegia para alcanzar este espacio de reflexividad donde el yo se cuestiona y recobra su intencionalidad en pos de la coherencia en el proyecto o plan de vida. Conjurar la angustia, el dolor psicológico, el vacío existencial presupone disponer de alternativas que aportan respuestas que han sido validadas normativamente y legitimadas socialmente. "La psicoterapia no es simplemente un medio de hacer frente a nuevas angustias, sino una expresión de la reflexividad del yo (fenómeno que tanto en el plano individual como en las instituciones más amplias de la modernidad, equilibra las oportunidades y las posibles catástrofes)" (Giddens 1997: 50). En esta línea, podemos afirmar que la recuperación de la consistencia biográfica, la asimilación de las experiencias traumáticas o dolorosas pueden re-interpretarse, elaborarse en el significado. Es allí donde se realiza la intervención. Los hechos y los actos no pueden cambiarse o alterarse, pero sí los significados, las interpretaciones que de ellos podemos realizar con el soporte del sistema de expertos donde la experiencia y las vivencias de ella son re-elaboradas e incorporadas a la crónica de la propia biografía, posibilitando asimilar e integrar estas experiencias y sus significados a la continuidad de la vida y de los planes futuros.

La individuación como proyecto reflejo del yo

No somos lo que somos sino lo que nos hacemos (Giddens 1997: 99), nos construimos. Nuestra acción reflexiva implica una constante reorganización del yo, de los contenidos que conforman y dan sentido al sujeto. La instauración de la noción de proyecto de vida, de estar en movimiento a lo que todavía no se es, estar en construcción y colonización del propio futuro implica reconocer los procesos de continuidad y discontinuidad de la identidad personal. Procesos de construcción, deconstrucción y reconstrucción que no dependen exclusivamente en su irrupción del sujeto, si no que su instalación está condicionada por una constante negociación con el contexto de contenidos en que deviene la biografía personal.

La individuación se constituye en una narrativa, personal y social, entre el pasado y el futuro de cada cual entre los fragmentos y contenidos específicos de la experiencia y los campos semánticos en que se desenvuelve la vida personal contextualizada. Esta idea de trayectoria, de devenir entre el pasado y el futuro constituye el escenario en que los significados deben consistentemente articularse, acoplarse en una integración que haga asimilable y apropiable la narrativa que el sujeto ha constituido de sí en la búsqueda y afirmación del sentido de la vida. Este desafío configurado como un imperativo por la modernidad se vuelve una condición irrenunciable. Más allá, o más acá, de la calidad de las narrativas, de los niveles de conciencia y de autoconocimiento, del trabajo introspectivo, la reflexividad es un común denominador de la constitución de la persona en las coordenadas de la modernidad.

La realización del proyecto reflexivo del yo es una ecuación entre oportunidad y riesgo. El equilibrio entre estos aspectos se constituye en una dimensión de trabajo para el yo. La opcionalidad, la condición de elegibilidad se configura en las características de sopesar beneficios, satisfacción, costos e incertidumbres, al ponderar e intentar conjurar condiciones de riesgo que se aprecian como beneficios indudables. De algún modo, ventajas y desventajas están en las dos caras de las oportunidades, porque la característica de riesgo es consustancial al devenir de las tramas de oportunidades.

El compromiso ético de la reflexividad impone, a su vez, la búsqueda de autenticidad como valor de intención para la congruencia biográfica. No asistir o intervenir en el significado o en la trama de nudos ciegos biográficos (fracasos, experiencias traumáticas, vínculos negativos) que requieren ser elaborados puede determinar la imposibilidad de aflojar la tensión existencial y dejar al sujeto en el descampado de la reiteración de experiencias dolorosas o traumáticas. Reconstruir o repetir experiencias parecen ser, en este sentido, las alternativas. La intervención del pasado biográfico es a través del significado. No podemos cambiar los hechos pero sí las significaciones e interpretaciones que tenemos de ellos. La reconstrucción biográfica es un proceso de recuperación del control del self sobre los significados, y de justificación en las tramas sociales y simbólicas en que la vida personal se inscribe en la narrativa colectiva.

Contextos de Hiperestimulación y el Asedio del yo

Los profundos cambios experimentados con la accesibilidad a las nuevas tecnologías ha llevado a mantener relaciones directas o indirectas con un círculo más vasto de individuos, alcanzándose con esto un estado de saturación social. (Gergen 1992). Así el individuo se debate en una multiplicidad de investiduras del yo, donde en la medida que las posibilidades propias son ampliadas por la tecnología se recurre a más dispositivos tecnológicos para expresarse, y esto a su vez, abre aún más posibilidades de nuevos repertorios y entrenamientos. En este contexto sociocultural, el yo, que se construye en las relaciones con otros y consigo mismo, se encuentra asediado e hiperestimulado.

Por otra parte, si miramos la vivencia de un niño con déficit atencional e hiperactividad (ADHD), usualmente, nos encontramos con la situación de un niño expuesto a muchos estímulos a su alrededor, también siendo "asediado" por el medio, con grandes esfuerzos tratando de inhibir los estímulos y focalizar su atención (López, I. et al. 2006). En síntesis, visualizamos a un niño sobreexigido o sobre demandado. Si uno relaciona esta realidad con la noción de Yo Saturado de Gergen, podríamos señalar que en los códigos de la modernidad tardía, todos en mayor o menor medida, estamos en las mismas condiciones contextúales y vivenciales que las de un niño con ADHD, por lo tanto, alegóricamente podríamos identificarnos con este síndrome. Si aceptamos esto, podríamos decir que el síndrome de ADHD es una metáfora de lo que sucede con nuestro yo relacional en la modernidad tardía.

Hiperexposición a dispositivos tecnológicos y saturación social

Debido al incremento exponencial del uso de tecnologías comunicacionales aumentan continuamente la cantidad y variedad de las relaciones que entablamos, la frecuencia potencial de nuestros contactos y comunicaciones, la intensidad expresada en dichas relaciones y su duración. Y cuando este aumento se torna extremo, llegamos a un estado de saturación social con pérdida del sentido propio en el significado de cada acto social (Gergen 1992).

En este contexto de desarrollo tecnológico, han proliferado los videojuegos como nuevas formas de espacio lúdico para los niños y también para adultos jóvenes. La psicología del video juego es un área de investigación nueva y en desarrollo (Singer y Singer 2005), que se ha concentrado, hasta hace pocos años, en dos líneas específicas; (i) los efectos en niños y adolescentes debido a jugar excesivamente, y (ii) si el juego hace, o no, niños y adolescentes más violentos (Wood et al. 2004). No obstante, investigaciones recientes han sugerido que jugar video juegos puede tener beneficios positivos tales como favorecer las habilidades para resolver problemas, mejorar las habilidades comunicativas y las habilidades de trabajo en equipo (Wood et al. 2004). Estos estudios se han concentrado en los efectos positivos que tienen los videojuegos en las capacidades perceptuales (Griffing 2002). Por ejemplo, Green y Bavelier (2003, 2006) muestran que jugar videojuegos mejora una serie de habilidades de atención visual. Estos resultados son aún más contundentes si pensamos en sus aplicaciones en poblaciones clínicas, como el ADHD. Así, analizando el rol de los juegos de computador y videojuegos en niños con ADHD, Shaw, Grayson y Lewis (2005) confirmaron los reportes hechos por los padres respecto de sus hijos con ADHD, en donde plantean que jugar juegos en computador permite mejoras importantes en el déficit ejecutivo inhibitorio característico de estos niños4.

Ahora bien, en el contexto de la saturación social del yo y la hiperexposición a tecnologías ¿podríamos atribuir estas mejoras en niños con ADHD frente al uso de video juegos a variables socioculturales y/o socioemocionales? Podríamos aventurarnos a hipotetizar muy preliminarmente que los niños ADHD responden bien a los videojuegos porque el contexto del video juego les propone un entorno y/o un tipo de relación que respeta su manera de funcionar y de operar, tanto cognitiva como atencionalmente. Este contexto genera en el niño, además, una realidad emocional diferente, donde se instala una relación que no lo descalifica ni anula, sino por el contrario, lo provoca y desafía en sus recursos atencionales que son multifocales y distribuidos en el espacio visual (López, V. et al. 2006). Esto le da la posibilidad al niño, y también al adulto, de construir una narrativa diferente respecto de sí mismo, donde en vez de centrarse en la falta, la molestia, la estigmatización, que sabemos conlleva inevitablemente una baja autoestima, debido a la carga en el desarrollo de su personalidad expresada en "no me la puedo...no puedo ser como los otros", el videojuego lo lleva a centrarse y a construirse en un mundo de posibilidades. Al existir una coherencia entre el mundo cognitivo, social y emocional, el niño, a través del videojuego, autoregula su propia experiencia en una narración coherente con sus modelos mentales tácitos (Vygotsky1979).

Reconceptualización del Déficit Atencional y Modernidad

Estudios recientes muestran que los niños con ADHD, se caracterizarían por un uso diferente de sus recursos atencionales, es decir, tienen una capacidad más amplia en el espacio para atender visualmente a varios estímulos a la vez (López, I. et al. 2006). Esto además, es coherente con la buena respuesta que tienen frente a los videojuegos, sobre todo a aquellos videojuegos en primera persona. Esto nos lleva a pensar respecto de la necesidad de entender y nombrar este síndrome o trastorno, de una manera diferente. Gergen plantea que en la manera de interpretar a los otros, en uso de términos, que corresponden a defectos o anomalías y desacreditan al individuo, se pone en marcha una espiral cíclica de debilitamiento personal, ya que cuando la gente se concibe a sí misma de ese modo, termina por convencerse de que es indispensable contar con un profesional que la trate (...) este nuevo vocabulario es asimilado por la cultura, engendra nuevas percepciones de enfermedad, y así sucesivamente en una creciente espiral mórbida (Gergen 1992: 34).

Si concordamos que los lenguajes del yo son modificables y que, además, son susceptibles de cambiar la vida social, podríamos preguntarnos lo siguiente: ¿qué pasaría si en vez de nombrar al ADHD, síndrome o trastorno de déficit de atención e hiperactividad (APA 1990), dadas las evidencias antes expuestas, lo nombramos más bien como un superávit atencional? (López, I. et al. 2006). Por lo pronto, provocativamente podríamos decir que una reconceptualización y un renombramiento a este cuadro, le permitiría al niño escribir evolutivamente otra narrativa, desde una imagen de sí mismo que estuviera centrada en sus potencialidades, en sus particularidades, en su propio modo de funcionar, en su propio proyecto de vida; y no en la narrativa preimpuesta, escrita e inscrita desde la falla, la falta o la carencia, que es lo que nos sugiere, cuando lo distinguimos como un déficit de atención. Además, si tomamos al déficit atencional, aquí entendido como un modo de funcionar cognitivo-atencional diferente5 (López, V. et al. 2006), como una metáfora de cómo estamos funcionando en la sociedad moderna, que nos exige procesar y responder a diversos estímulos en la misma unidad de tiempo al estar atentos a muchos de tales, cabe preguntarnos, ¿qué nos puede enseñar, entonces, este cuadro en su fenomenología, en sus raíces operativas?, ¿qué desafíos nos presenta como adultos (padres)?, ¿qué desafíos nos presenta como profesionales o como formadores?, ¿qué desafíos nos muestra en cuanto a la necesidad de metodologías innovadoras de enseñanza, no sólo para niños con ADHD, sino para los niños en general que están desarrollándose en estas coordenadas de la modernidad? El sobrediagnóstico, entre otras muchas variables, puede estar relacionado con una dimensión socioeducacional la cual aún no hemos explorado plenamente.

En esta lógica de saturación parece tener mayor relevancia la reflexividad del yo6. Al igual que para todas las personas que vivimos esta modernidad radical o tardía, la responsabilidad de optar y encauzar un tratamiento, de tener una mirada u otra, implica dialogar y tomar posición frente al sistema experto (Giddens 1997). Esta situación parece no ser un desafío exclusivo en el ámbito de niños y/o adultos con ADHD, para la institucionalidad educacional en general, sino que, podemos aventurarnos a plantear que estamos en un medio social que induce a repensar la actual fenomenología de la atención, que hiperestimula en contexto y nos hiperexpone a nuevos y más avanzados dispositivos tecnológicos de información y conectividad, lo cual nos desafía a todos sin exclusión en la interpretación de sus nuevas determinaciones.

Vida laboral y Multidimensionalidad del Yo

Asistimos a la Tercera Revolución Industrial, caracterizada por el surgimiento de la sociedad de la información y del conocimiento, marcando cambios importantes en la noción de trabajo, que en la sociedad industrial clásica -ordenada y estratificada por la filosofía de la producción-no se encontraban presentes, a saber: la preponderancia de la prestación de servicios, el valor de la información y el conocimiento, la flexibilización laboral y la significación del trabajo más como un medio para el desarrollo personal y la satisfacción de necesidades, que como un fin en sí mismo (PNUD 2002). Estos cambios, junto a la incorporación masiva y legitimada de la mujer al mundo laboral, traen consigo nuevas formas de individuación, destacando, por una parte, su multidimensionalidad y, por otra, la incertidumbre y el riesgo, en términos de la generación de un proyecto de vida siempre en construcción, cuya narrativa permita dar coherencia a la existencia propia.

El concepto de calidad de vida adquiere centralidad, en términos de la conciliación de la vida laboral y personal, y se convierte en un tema de particular relevancia. El ocio deja de ser significado negativamente, adquiriendo especificidad como un espacio en que los individuos satisfacen sus necesidades de consumo simbólico (González 2007), un espacio recreacional que forma parte inseparable de los procesos de construcción de la individuación. El tiempo personal (ocio, familia, descanso, esparcimiento) es visto ahora, como una necesidad explícita de los individuos, principalmente en lo referente a un espacio de intimidad y construcción de la propia reflexividad. En este sentido, como plantea Giddens (1997), la realización del yo, en el contexto de la individuación, se encuentra fuertemente ligada con el control del tiempo, en cuanto establecimiento de zonas de tiempo personal que permitan la articulación del futuro -dentro de los límites de las posibilidades que esto conlleva-dando coherencia al proyecto de vida y al relato que el yo hace de sí mismo, y la inclusión del cuerpo como un sistema de acción que también es parte de dicha reflexividad.

Un ejemplo extremo de la dificultad para equilibrar los tiempos propios y los tiempos laborales, se encuentra en la realidad del Karoshi, o muerte por exceso de trabajo, oriundo, aunque no exclusivo, de Japón, donde se presentan en sus estadísticas de mortalidad casos en los que el promedio de trabajo supera las 10 horas diarias, mantenidas por meses e incluso años. Lo relevante de este ejemplo, más que ahondar en las causas- posiblemente culturales- de este exceso, radica en su carácter emblemático, permitiendo una reflexión en torno a la pérdida del control sobre el manejo del tiempo personal, y por consiguiente sobre la reflexividad de sí de los individuos, hasta el punto de llegar a la in-consciencia del propio cuerpo.

En el caso de nuestro país -y claramente menos extremo- los resultados arrojados por la II Encuesta Nacional de Calidad de vida y Salud (Ministerio de Salud 2006) muestran que un 45% de los encuestados refiere trabajar más de ocho horas diarias. En cuanto a la conciliación de la vida laboral y la familiar, destacan diferencias significativas entre hombres y mujeres, en términos de la doble jornada que éstas deben cumplir: la jornada laboral y las actividades propias del cuidado de los hijos y de la casa.

En este sentido, la multidimensionalidad, además de expresarse en términos de las necesidades de consumo simbólico, y la compatibilización del tiempo personal y laboral, se hace patente en las circunstancias específicas de la mujer en la modernidad, en términos de compatibilizar la maternidad y la preocupación por la familia, con la vida laboral. Los mundos de vida se pluralizan (Berger 1995), en las diversas actividades que se realizan, como en las diversas expectativas, en ocasiones contrapuestas o superpuestas (incluyendo roles "tradicionales" y roles "modernos") que nos refieren una segmentación de las circunstancias de la vida moderna, especialmente en términos de la distinción entre los ámbitos público y privado. A estos segmentos Giddens los llama sectores de estilos de vida, en cuanto a que cada uno de ellos "se refiere a una «porción» de las actividades generales del individuo: dentro de él se adopta y lleva a cabo un conjunto razonablemente consistente de prácticas" (1997: 109).

En consonancia con lo anterior, dentro de los dilemas que se deben resolver en el contexto de la modernidad, el yo se enfrenta a la fragmentación, que nutre la diversidad de situaciones de interacción en las que se ven implicados los individuos. Esta diversidad, según Giddens (1997), puede traer consigo una construcción más rica y más integrada del yo, o por el contrario, apuntar a la fragmentación en términos de diversos yoes o representaciones del yo que se ponen en juego dependiendo de las exigencias de cada una de las situaciones en que el individuo participa. Este dilema de la individuación se hace muy patente, en el caso de la conciliación del binomio trabajo - familia para el caso de las mujeres:

El espacio familiar y el laboral, en los que las mujeres están simultáneamente presentes, no sólo se organizan en torno a tareas diferentes, sino que además están regidos por lógicas aparentemente contradictorias: la del afecto (...) y las relaciones personales (...); la del rendimiento y la disciplina (...) Esta doble presencia las obliga a depositar energías y expectativas en uno y otro espacio, y a distribuir el tiempo entre las exigencias y demandas de cada uno de ellos (Guzmán y Mauro, Cit. en Todaro y Yáñez 2004: 229).

Esta posibilidad de fragmentación de la experiencia, en el caso de las mujeres referida a la necesidad de integrar esta doble presencia, cobra especial relevancia a la luz de las II Encuesta de Calidad de Vida presentada anteriormente (Ministerio de Salud-Chile 2006). Los resultados dan cuenta de la dificultad: el 40% de la muestra de mujeres- versus un 25% de la muestra de hombres- asevera que su trabajo requiere que esconda sus emociones; lo que contrasta con un 42% de mujeres- versus un 15% de hombres- que declara pensar en tareas domésticas o familiares mientras está en el trabajo. Este contraste abre el espacio para la especulación, en términos de hasta qué punto se logra esta integración, considerando que la actividad laboral implica un ocultamiento de emociones y, por lo tanto, la preocupación por el hogar es algo que no es resuelto de manera explícita.

Por otra parte, una visión más esperanzadora proviene de los cambios producto de la flexibilidad laboral, que presentan la posibilidad de integrar estas circunstancias, siempre y cuando apunten hacia el mejoramiento de la calidad de vida de quienes trabajan. En este sentido, cabe destacar la distinción realizada por Yáñez (Cit. en Todaro y Yáñez 2004) de dos tipos de flexibilización laboral: una forma externa, regida por la lógica de reducción de costos y la búsqueda de formas contractuales que limitan la protección al trabajador; y una forma interna, orientada a mejorar productividad y calidad del trabajo, apuntando al desarrollo de las personas. En base a estudios realizados en función de estas dos categorías, concluye que esta última forma de flexibilización aún no se ha consolidado firmemente al interior de las empresas, dejando pendiente el desafío para las organizaciones de orientar sus esfuerzos hacia la flexibilización interna.

En cuanto a la jornada de trabajo se observa que la jornada laboral tradicional estandarizada está dando paso a nuevas formas de estructuración del tiempo de trabajo, en donde cualquier ordenamiento es posible, lo que permite adecuar de manera más armónica los tiempos propios y los tiempos del trabajo. Los cambios mencionados anteriormente se están produciendo de manera paulatina al interior de las organizaciones y permiten vislumbrar un escenario potencialmente más positivo en términos de la entrega de herramientas que permitan integrar las diversas circunstancias de vida que enfrentan las personas, principalmente en la situación de las mujeres. El asumir esta multidimensionalidad, implica también el asumir la conformación de la individuación a partir de las diversas representaciones del yo que entran en juego en la búsqueda por la colonización del futuro, en términos de resignificar el trabajo como un espacio que integre estos distintos aspectos, abriendo espacios de equilibrio entre el tiempo rólico y el tiempo subjetivo de las personas (González 2007). Queda explicitado así el relevante rol que cumplen las organizaciones en concretar esta posibilidad en una realidad de hecho.

Individuación y los Significados del Trabajo

Nuestra sociedad en las últimas décadas ha sufrido cambios sin precedentes a nivel social, tecnológico, económico y cultural, lo cual ha afectado a las organizaciones no sólo en los procesos de producción y gestión, sino principalmente en el perfil de los profesionales necesarios para trabajar en organizaciones o instituciones, las que están en continua transformación. En este sentido, el trabajo actualmente está asociado a una inestabilidad, la cual genera incertidumbre e inseguridad en las personas y las formas cómo éstas se interrelacionan con las organizaciones donde trabajan. Las relaciones laborales ya no son tan duraderas como en el pasado, los trabajos para siempre han pasado a ser cada vez más extraños. Atrás han quedado las ideas de una vida dedicada a una organización, el puesto seguro y la tan ansiada permanencia. Lo precedente ha tenido efectos desarrollo de la carrera laboral pasando de la estabilidad a la inestabilidad, de los cargos definidos a las responsabilidades variadas e imprevistas, de las funciones a las competencias, del crecimiento lineal al desarrollo integral, de la relación vitalicia a la relación temporal, de la carrera manejada por las organizaciones a la gestión de la carrera personal. De aquí que las personas en este nuevo contexto laboral deban desarrollar y tener múltiples competencias y una visión sistémica del entorno y la organización.

Diversos autores (García y Barrios 1999) sostienen que el trabajo debe ser entendido como un fenómeno psicosocial, determinado como un constructo multidimensional constituido por la Centralidad del Trabajo, las Normas Sociales sobre el Trabajo, la Valoración de los Resultados Del Trabajo, las Metas Laborales y La Identificación con el Rol de Trabajo. Estas categorías son propuestas por el modelo The Meaning of Working (1989), en el cual dichos factores son considerados como dependientes entre sí. A continuación desarrollaremos cada uno de los elementos de esta clasificación.

En primer lugar, la Centralidad del trabajo se encuentra constituida por dos componentes teóricos, el primero concerniente a la creencia del trabajo como un rol de vida, refiriéndose a la centralidad del trabajo en la identidad del individuo, en dicha creencia se valora el trabajo como un bien global, sin hacer alusión a la especialidad del trabajo. El segundo componente representa a la creencia de éste en contextos situacionales, una visión del trabajo como dependiente del contexto, en este sentido la centralidad del trabajo sería determinada por el contexto presente en relación a diversos factores como la valoración de la familia, el tiempo libre y el ocio. De aquí, que el trabajo proporciona sentido, significado y valor a la existencia humana puesto que, como toda construcción social, representa el reflejo del sentir de las personas, que se enmarca dentro de su proyecto de vida.

En segundo lugar, las Normas Sociales sobre el Trabajo corresponden a las creencias de los individuos cuando realizan evaluaciones normativas respecto del trabajo, encontrándose mayoritariamente relacionadas con los valores culturales de las personas. Este factor presenta dos dimensiones a considerar, la primera corresponde a la visión normativa del trabajo como obligación, mientras que la segunda a la visión del trabajo como un derecho. Cabe destacar que la primera visión se encuentra asociada a la concepción del trabajo como un deber sobre el cual se debe cumplir, dicha mirada se encuentra determinada a la concepción generada por la ética protestante, en donde la persona debe contribuir a la sociedad a través del trabajo. Por otro lado, la orientación normativa al trabajo como un derecho se asocia principalmente a los derechos individuales y las responsabilidades de la organización y la sociedad respecto de las personas. En este sentido, actualmente podemos apreciar una diferencia entre empleo y trabajo, siendo el primero estable y seguro, y el segundo se encuentra asociado a objetivos precisos y a cumplir en un tiempo determinado. Esto puede vincularse a una inestabilidad e inseguridad en la relación del trabajador con las organizaciones.

El tercer factor se refiere a la Valoración de los Resultados del Trabajo, los que se consideran fundamentalmente como los elementos motivadores del comportamiento humano en el trabajo, son entendidos como un conjunto de resultados que el individuo pretende lograr por medio del ejercicio del trabajo. Aquí se ha producido un cambio en el sentido instrumental del trabajo, el cual está asociado al trabajo como una ventaja competitiva que permite acceder al consumo.

Un cuarto factor son las Metas laborales, las que se relacionan con los valores laborales. El primero corresponde a lo que las personas esperan encontrar dentro de su trabajo, mientras que el segundo concierne a las razones básicas de por qué la gente trabaja. Por último está la Identificación con el Rol de Trabajo que corresponde al grado o nivel con que la persona se siente representada o reflejada por el rol (puesto) que desempeña dentro del trabajo, y hace referencia principalmente a aspectos relativos a factores como la representatividad del puesto y las tareas realizadas por éste para el sujeto.

El Meaning of Working, establece que si bien todas estas dimensiones son determinantes para la configuración del significado del trabajo, la dimensión alusiva a la "identificación con el rol de trabajo" ha sido la de menor calidad informativa respecto a la configuración del significado. Cabe destacar que este grupo ha determinado, a su vez, que las tres primeras dimensiones representan los factores de mayor relación con respecto a la configuración del significado del trabajo (MOW 1989). De esta manera el significado no podrá ser establecido de forma absoluta, sino más bien con matices relativos a cada realidad en particular. Vale decir que autores como Drenth (1991) presenta aproximaciones interaccionistas para explicar el concepto de trabajo, comprendiendo a éste como un fenómeno que debe ser entendido y explicado en base a su complejidad y manifestación concreta de la realidad social construida por las personas.

En esta época se ha acuñado el término de empleabilidad, que hace referencia a la capacidad para reconocer nuestras competencias, ajustarías y gestionarlas de acuerdo a las necesidades del entorno, es decir, cómo se vinculan la experiencia y currículo en sintonía con las demandas laborales actuales. Las personas que cuentan con mayor empleabilidad son quienes desarrollan sus competencias, tienen la capacidad de gestionar el conocimiento y son capaces de reaprender nuevas tecnologías y nuevas formas trabajo. Teniendo en cuenta lo precedente, el trabajo requiere de la capacidad de gestionar el conocimiento, el cual es un flujo mixto de experiencia, valores, informaciones contextualizadas y visión experta que provee de un marco de referencia para evaluar e incorporar nuevas experiencias e información. En la gestión del conocimiento, el aprendizaje organizacional es una variable que representa una de las características más importantes a la hora de desarrollar una organización adaptable y congruente a los requerimientos del entorno.

Estos aportes demuestran que el trabajo se configura a partir de nuevos significados y contenidos, los cuales han cambiado la forma en que los trabajadores se instalan en el espacio público. Según Hopenhayn (2004), en la modernidad industrial el trabajo constituyó el eje central de integración social, estabilidad económica y de formulación de proyectos de vida. Esta centralidad actualmente es puesta en duda. El desenclave del trabajo en la sociedad de la información, lo sitúa como un ámbito de identidades en movimiento que desarraiga a las personas de los aspectos que han internalizado, obligándolas a repensarse en la historia colectiva que irradia consecuencias en la historia personal, surgiendo la visión del trabajador como un auténtico gestor del conocimiento y un gestor de sí mismo. Este nuevo modelo de inclusión social y de precarización de las realidades laborales en la modernidad tardía, reconvierte el espacio de los trabajadores al de verdaderos analistas simbólicos y reduce las vacantes en los puestos tradicionales de la modernidad industrial, que en gran parte dejamos atrás.

Individuación y Horizonte de la Felicidad

La felicidad es pregunta reiterada para el individuo desde la modernidad, la cual interpela al sujeto para ser respondida desde los procesos de individuación. Las claves socioculturales y las tramas del desempeño de roles quedan disponibles y son ofrecidas como una ruta marcada por metas e hitos de imposición social. En este escenario, la felicidad se plantea como una tarea autogestionada orientadora a su vez del proceso de individuación.

Las definiciones de felicidad tradicionales como la del hedonismo epicúreo, o más recientes como las centradas en la satisfacción con la propia vida, resultado de una auto evaluación, en la autorrealización o en el goce individual, se presentan de manera imprecisa y en sus diferentes versiones refieren el intento de alcanzar una meta: ser feliz. Esta representación social de la felicidad7 como algo a capturar, como un fin, que implica el fenómeno subjetivo de la angustia por alcanzar el objetivo, es un común denominador generalizado. Reactivamente, es posible conjeturar que una noción esclarecedora de felicidad se torna fundamental; una noción próxima, amable y cotidiana es necesaria, que sea efectivamente aprensible para las personas y posible de integrar a través de su proceso de individuación. De igual modo, se converge en que los individuos felices son quienes construyen situaciones vitales y eventos cotidianos de modo tal que les permitan mantener su estado de felicidad. Éstos experiencian y reaccionan a los eventos de maneras más positivas y adaptativas y poseen una extensa capacidad autoreflexiva. La felicidad puede, por tanto, ser nutrida, adquirida y es directamente alcanzable por las personas promedio. Desde esta perspectiva, la felicidad tiene relación con el bienestar subjetivo y la constitución de la individuación a lo largo de la vida. Así la reflexividad permite complejizar la autoimagen sobre la persona que se es y las condiciones y opciones en que se ha construido la individuación. Este bienestar subjetivo puede ser entendido como una brújula que direcciona la construcción y desarrollo del proyecto de vida de manera egosintónica, y negociando con el contexto de acuerdo al autoconcepto que se quiere construir.

Consecuentemente, a nivel del self la noción de felicidad se refiere a la relación construida a tiempo actual por el individuo consigo mismo, por lo que se trata más de un sentimiento que de una emoción, que dice relación con el estado subjetivo de bienestar del self, lo cual, supone como condición el desarrollo de un profundo vínculo amoroso con el propio yo. Desde aquí la felicidad ya no se instala como una condición dependiente, tan sólo de los hitos, construcciones y logros del proyecto vital, sino más bien como la fuente y brújula que energiza y orienta este proyecto en un proceso de carácter egosintónico, el cual en su expresividad retroalimenta la construcción del propio sentimiento.

En este proceso la felicidad se nutre de la reflexividad del yo, sobre todo, en cuanto a la relación que el self mantiene consigo mismo y en cómo significa los procesos vivenciados en relación al proyecto de vida y a la conversación que se mantiene con el medio social. Ahora bien, la felicidad es construida desde el habitar en un espacio social influido por múltiples factores. Entre los factores de tipo ambiental e intersubjetivos se encuentran los que Veenhoven identifica con el constructo vitavilidad del ambiente o calidad de las condiciones ambientales, que permiten una buena calidad de vida y que incrementan los índices de felicidad (a nivel de sociedades). Entre estas dimensiones destacan la presencia de abundancia material, seguridad, libertad, equidad de género y de clase, clima social tolerante con confianza (capital social), modernización, creencia en Dios (a nivel simbólico más que religioso) y acceso a la educación (Vennhoven 2005). Este autor señala, además, la influencia de factores de vidahabilidad, aquellas condiciones internas de cada individuo construidas y aprendidas activamente, como, por ejemplo, la resiliencia, el locus de control interno, entre otras (1984). En este ámbito podemos ubicar elementos como la internalización de la felicidad (versus su externalización) y la asertividad en el manejo de los tiempos personales. En esta misma categoría podemos situar el empoderamiento sobre la propia vida, el cual permite a las personas hacer realidad sus posibilidades y concretar oportunidades, vivir en forma productiva y creadora, de acuerdo con sus necesidades e intereses. El empoderamiento personal es resultado de un proceso autodirigido y autoproducido, que puede ser facilitado o trabado por el ambiente, sin embargo, depender de la expansión de las capacidades implica la ampliación de la posibilidad de elegir y, por tanto, también de intervenir el ambiente (PNUD 2004).

Una individuación plena supone autodeterminación, conciencia de sí y autorrealización, es decir, tomar conciencia de que se es dueño de la propia calidad de vida y responsable respecto a la propia felicidad. Destaca, entonces, la relevancia de los imaginarios sobre la propia capacidad de establecer y mantener un cierto control sobre la realidad, y la capacidad de actuar a voluntad sobre ella8. A modo de síntesis, podemos referirnos a la felicidad como aquel sentimiento que se genera en la reflexión sobre los significados subjetivos, los que, a su vez, se construyen en la mediación intersubjetiva con los contextos. Así es que aventuramos plantearla como producto y guía en el proceso de conformación de la identidad personal.

En su proceso de individuación, la persona a través de su reflexividad es capaz de construir de manera activa un significado de felicidad que, naciendo de significados compartidos, evoluciona hacia lo propio. Esta mirada destaca que la persona no se encuentra inmóvil frente a las ofertas de significado de felicidad que hace la modernidad, es más, un individuo en esta condición sería aquél que, frente a un saturado abanico simbólico y tecnológico, es capaz de seleccionar y reciclar aquellos contenidos que sean egosintónicos, y negociar activamente con el medio social de manera tal de desarrollar un estilo de vida que le permita alimentar y retroalimentar su sentimiento de felicidad o de bienestar subjetivo.

Notas

1 Las primeras referencias que definen explícitamente el concepto las encontramos en Jung. Nuestra perspectiva sistematiza una concepción psicosocial del constructo.

2 Un terreno de disputa y aún de controversia es el de la sexualidad y la autonomía acerca de las decisiones sobre el propio cuerpo en el caso de las mujeres. Esta discusión desde el estatuto moderno tiene su expresión en la ineludible construcción de los derechos reproductivos de la mujer.

3 Sistemas expertos son definidos como "sistemas de conocimiento especializado de cualquier tipo que dependen de reglas de procedimiento transferibles de un individuo a otro" (Giddens 1997: 295).

4 Shaw, Grayson y Lewis (2005) muestran que no existen diferencias estadísticamente significativas en rendimiento inhibitorio (acompañado de una significativa reducción de respuestas impulsivas) en niños con ADHD, comparado a niños con un desarrollo normal, en dos pruebas de juegos computacionales (un juego comercial común y una prueba computacional llamada Conners's Continuos Performance Test II (CPT II)). Similares resultados obtuvieron Lawrence et al. (2002) en un estudio en el que contrastaron efectos contextúales en niños con ADHD, encontrando que éstos no presentaban un deterioro en conductas inhibitorias en contextos como jugar videojuegos, pero sí presentaban deterioro de ejecución Inhibitoria en una situación naturalística como visitar un zoológico.

5 Se caracteriza por una distribución de sus recursos atencionales, ampliamente distribuidos en el espacio, y con un foco atencional más amplio.

6 En donde la madre o padre, por ejemplo, frente a las múltiples alternativas de tratamiento deciden desde la reflexividad el tratamiento que escogen para su hijo.

7 Temática trabajada en tesis doctoral en desarrollo de María José Rodríguez.

8 En Chile, entre las personas con mayor grado de Individualización se presentan imaginarios referidos a que la realidad social y personal es construida por la acción autónoma de los Individuos. Se trata principalmente de personas con una orientación futurista en el modo de definir sus horizontes de acción, con tendencia a confiar en los demás, en general satisfechos con su vida. Constituyen un 45% de la población, principalmente adultos jóvenes en tramos altos de educación y pertenecientes a los estratos socioeconómicos medio y alto.

Bibliografía

Beck, U. 2000. La Sociedad del Riesgo. Buenos Aires: Paidós.

Berger, P. 1995. The Homeless Mind. Harmondsworth: Penguin.

Bruner, J. 1998. Actos de Significado: más allá de la revolución cognitiva. Madrid: Alianza Editorial.

Drenth, P. J. D. 1991. "Work Meanings: A Conceptual, Semantic and Developmental Approach". European Work and Organizational Psychologist 1: 125-133.

Garcia, J. M., Berrios, M. P. 1999. "El significado del trabajo en personas con patrón de conducta tipo A". Psicothema 11, 2: 357-366.

Gracia, F. et al. 2001. "Cambios en los componentes del significado del trabajo durante los primeros años de empleo: Un análisis longitudinal". Anales de psicología 17, 2: 201-217.

Gergen, K. J. 1992: El Yo Saturado. Barcelona: Paidós.

Giddens, A. 1997. Modernidad e identidad del yo. Barcelona: Ediciones Península.

González, S. 2007. Seminario Psicología Sociocultural. Santiago: Programa de Doctorado en Psicología, Universidad de Chile.

Gonzalez, R., Peiro J., Bravo, M. 1996. "Calidad de vida laboral". Tratado de Psicología del Trabajo. Peiro, J., Prieto. F. (Eds.). Madrid: Síntesis. 161-186.

Green, C. S., Bavelier, D. 2003. "Action video game modifies visual selective Attention". Nature 423: 534-537.

__________. 2006. "Enumeration versus multiple object tracking: the case of action video game players". Cognition 101: 217-245.

Griffing, Mark. 2002. 'The educational benefits of videogames". Education and Health 20, 3: 47-51.

Hopenhayn, M. 2001. Repensar el trabajo. Historia, profusión y perspectivas de un concepto. Buenos Aires: Ed. Norma.

Lawrence, V. et al. 2002. "ADHD outside the laboratory: Boys executive function performance on task In videogame play and on visit to the zoo". Journal of abnormal child psychology 30, 5: 447-462.

López, I. et al. (Eds.). 2006. Síndrome de Déficit Atencional. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

López, V. et al. 2006. "Attention-deficit hyperactivity disorder involves differential cortical processing in a visual spatial attention paradigm". Journal of Clinical Neurophysiology117,1: 2540-2548.

Ministerio de Salud. 2006. II Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud. Chile.

MOW Research Team. 1989. The Meaning of Working. London: Academic Press.

PNUD. 2002. Cuarto Informe de Desarrollo Humano de Chile. Santiago: PNUD

__________. 2004. Desarrollo Humano en Chile. Santiago: PNUD.

Samir, Ch. 2007. "Changing Work Goals of Asian Managers". Journal of Asia-Pacific Business 7, 4: 5-33.

Shaw, R., Grayson, A., Lewis, V. 2005. "Inhibition, ADHD, and Computer Games: The Inhibitory performance of children with ADHD on computerized tasks and games". Journal of Attention Disorders 8, 4: 160-168.

Singer, D., Singer, J. 2005. Imagination and play in the electronic age. Cambridge: Harvard University Press.

Todaro, R., Yáñez, S. (Eds.). 2004. El trabajo se transforma. Relaciones de producción y relaciones de género. Santiago de Chile: Ediciones Centro de Estudios de la Mujer.

Veenhoven, R. 1984. Conditions of happiness. Boston: D. Reidel.

__________. 2005. "Happiness in Multiple-Choice Society". Journal of Happiness Studies 6: 93-96.

Vygostky, L. S. 1979. El desarrollo de los procesos superiores. Barcelona: Crítica.

Wood, R. T. et al. 2004. "The structural characteristic of video games: A psycho-structural analysis". CiberPsychology & Behavior 7, 1: 1-10.

 

Fecha recepción 13-08-2008
Fecha aceptación 22-01-2009

 

 

© 2014 • Facultad de Filosofía y Humanidades, Intituto de Ciencias Sociales, Universidad Austral de Chile
Teléfono/Fax: 56 63 221476 • Casilla 567 • Campus Isla Teja S/N • Valdivia • Chile
E-mail: