Revista austral de ciencias sociales - Nigel Barley: El Antropólogo Inocente
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Revista austral de ciencias sociales

ISSN 0718-1795 versión on-line
 
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  Rev. austral cienc. soc. n.4 Valdivia ene. 2000




Revista Astrual de Ciencias Sociales, N° 4, 2000, pp. 187-189

RESEÑAS

 

Nigel Barley El Antropólogo Inocente

 

María Pía Poblete S. *

* Antropóloga Instituto de Ciencias Sociales, Universidad Austral de Chile.
Editorial Anagrama, Barcelona 1998 (1983), 324 págs.


 

El Antropólogo Inocente se incluye dentro de la línea de escritos antropológicos que cuestionan a los exponentes del realismo etnográfico con sus ordenadas monografías mostrando los diferentes aspectos de la cultura y organización social del grupo estudiado con una absoluta desvinculación de la experiencia que llevó a escribirlas. En el libro, se hace hincapié en los aspectos que las monografías etnográficas tradicionales suelen tildar de no antropológicos y su objetivo es doble: mostrar que una monografía acabada también tiene relación con lo que denomina los "sangrantes pedazos" de la cruda realidad en que se basa y transmitir parte de la experiencia del trabajo de campo a los que no han pasado por ella.

Nigel Barley presenta en este libro un relato irónico y, a ratos, descarnado del objeto más preciado de la aproximación antropológica: el estudio de campo y la observación participante. Este tipo de estudio, considerado un rito de paso, para todo antropólogo, es el que intenta realizar el autor después de enseñar antropología por unos años. Ante esta opción, para él no fue fácil decidir si hacer trabajo de campo era una de esas tareas desagradables, como el servicio militar, que había que sufrir en silencio, o si por el contrario se trataba de uno de esos ‘privilegios’ de la profesión por el cual había que estar agradecido. Sin embargo, el peso de la tradición antropológica que, desde Bronislaw Malinowski y sus estudios en Melanesia, ha empujado al antropólogo a vivir entre el pueblo estudiado es fuerte y lo empuja a buscar un destino para poner en práctica la esencia de la etnografía. Tras múltiples indagaciones entre colegas con larga permanencia en sociedades exóticas, que no hacen sino dejarlo más confundido, Barley decide emprender su trabajo de campo en África, para estudiar la cultura de los Dowayos, en Camerún.

El libro se estructura en trece capítulos que reconstruyen la secuencia tradicional del proceso etnográfico: elección de una comunidad, preparativos para iniciar el trabajo en el campo, observación participante, abandono de la comunidad y retorno al ámbito académico. En los primeros capítulos observamos las vicisitudes sufridas al iniciar los preparativos para emprender el estudio de campo y su primer choque con la burocracia africana, que parece hacer todo lo posible por impedir su llegada a Camerún, la permanencia en la misión -lugar al que retorna cuando se le hace imposible la vida en la aldea, a pesar de Malinowski y sus «diatribas contra los antropólogos que trabajan desde la veranda de la misión» y la partida en busca de los dowayos. Barley construye un relato de sus primeros encuentros con el otro lleno de situaciones que entretienen al lector, pero que también agota porque se advierte en la narración la omnipresencia de los cánones occidentales para juzgar todas las dificultades que enfrenta el autor para entender cómo es adecuado comportarse en un país extraño. En el momento que la lectura amenaza con tornarse cansadora, se produce un giro a partir del encuentro del antropólogo con su pueblo.

La llegada de Barley al mundo Dowayo produce textos valiosos para entender las dificultades que reporta el intento de participar en una cultura desconocida. Este enfrentamiento a su objeto de estudio inspira una serie de reflexiones agudas e ingeniosas sobre la esencia de la tarea antropológica. Por fin está en situación de hacer antropología y se siente perdido tratando de aprehender la, a veces exhasperante, indefinición de la tarea antropológica. El relato jocoso de estas dudas no le quita validez

 

cuanto más meditaba este concepto menos claro lo veía... si me pidieran que describiera a una persona dedicada a esta actividad, no sabría cómo reflejarla. Sólo se me ocurriría representar a un hombre subiendo a la montaña (camino del lugar donde "hará antropología") o redactando un informe (después de haber hecho antropología)... llegué a la conclusión de que el tiempo que pasara hablando con los Dowayos sería considerado legítimo.

A partir de este encuentro Barley nos sumerge en la rutina en la aldea narrando los múltiples obstáculos que enfrenta para elicitar y registrar su datos, las artimañas de los Dowayos para reírse de su antropólogo, sus emociones y desánimo ante su objeto de estudio. A tres semanas de llegar ...lo único que sabía era que me había propuesto aprender una lengua imposible, que no había Dowayos en la aldea y que me encontraba débil y terriblemente solo. Las experiencias relatadas nos confirman que el antropólogo no logrará ser uno más de los ‘nativos’ en la comunidad estudiada (como ingenuamente quisieran algunos) y será siempre visto como alguien conveniente en algunos aspectos y, por sobre todo, inconveniente por sus continuas y absurdas preguntas y por su escasa comprensión de los códigos sociales; aún así, Barley es adoptado por "su pueblo" quienes le permiten encontrar una vía para entender su cultura. En la lejanía y de regreso a la academia, Barley recordará los Dowayos a través de una neblina dorada que desciende sobre la memoria y en la que ...los salvajes se vuelven más nobles, el ritual más impresionante, el pasado se reestructura para conducir inexorablemente a algún propósito del presente.

El libro contribuye a desmistificar, con mucho humor, la observación participante y el rol del antropólogo en el campo y como tal debería ser lectura básica para un antropólogo. Sin embargo al leerlo desde el sur del mundo no dejan de asombrarnos algunos comentarios realmente ingenuos del autor en relación a los contrastes entre su sociedad de origen y los estados africanos, éstos, de más está decirlo, no invalidan el conjunto, pero dejan un ligero sabor amargo.

 

 

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