Revista austral de ciencias sociales - Antecedentes etnográficos e históricos de la pesca con nasas (llolles) en el centro sur de Chile
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Revista austral de ciencias sociales

ISSN 0718-1795 versión on-line

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  Rev. austral cienc. soc. n.25 Valdivia 2013




DOI:10.4206/rev.austral.cienc.soc.2013.n25-01

ARTÍCULO

 

Antecedentes etnográficos e históricos de la pesca con nasas (llolles) en el centro sur de Chile

Ethnographic and historical background of fish trap (Llolles) in south central Chile

 

Ricardo Álvarez**
Doina Munita***
Jaime Hernández****
Alex Barón****a
Diego Gálvez****b

* Este trabajo fue realizado en el marco de los proyectos FONDECYT 1121204 y 1130730.
** Regimiento 525, Puerto Montt, Región de Los Lagos. E-mail:
taijataf@gmail.com
*** O'Higgins 395, Gorbea, región de La Araucanía. E-mail:
doinamunita@yahoo.com
**** Arte Sonoro Austral. Avenida Simpson 421, Valdivia, región de
Los Ríos. E-mail: artesonoroaustral@yahoo.com
****a Servicio País Futrono ciclo 2012, Fundación Superación Pobreza.
E-mail: roccozero@gmail.com
****b Servicio País Futrono ciclo 2012, Fundación Superación Pobreza.
E-mail: movimiento@gmail.com


Resumen

Se refiere relatos inéditos y algunos antecedentes etnohistóricos que dan cuenta del uso de nasas, trampas de pesca denominadas llolles en el centro-sur de Chile, tanto en ambientes marinos como de agua dulce. Estos artes de pesca pasiva dejaron de utilizarse masivamente a mediados del siglo XX, existiendo aún el recuerdo sobre su uso y técnicas asociadas en localidades de la regiones de La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. Su valor cultural radica en la vinculación espacial y temporal que establecen entre la actualidad y una práctica que tiene - así como los corrales de pesca - una dimensión global y un arraigo de amplia profundidad temporal. El objetivo de este documento es visibilizar esta técnica de pesca y ponerla en valor, toda vez que nos permite advertir que existen elementos inmateriales y materiales que han formado parte de este territorio desde tiempos precolombinos, los que están desapareciendo rápidamente. No sólo cuenta su valor para comprender a las poblaciones actuales, sino también el contribuir al conocimiento de técnicas de las cuales sólo poseemos evidencias arqueológicas.

Palabras clave: nasa, llolle, pesca pasiva, centro-sur de Chile, etnografía.


Abstract

Refers unpublished stories and some background ethnohistoric realize the use of traps, fish traps called llolles in the center-south of Chile, both in marine and freshwater. These passive fishing gear used massively stopped mid-twentieth century, there is still the memory on their use and associated techniques in localities of the region of La Araucanía, Los Ríos and Los Lagos. Its cultural value lies in the spatial and temporal relationship established between today and a practice that has - as well as fish weirs - a global dimension and temporal rooting depth wide. The aim of this paper is to demonstrate this fishing technique and put in value, since we can see that there are tangible and intangible elements that have been part of this territory since pre-Columbian times which are rapidly disappearing. Not only has its value for understanding current populations, but also to contribute to the knowledge of techniques which possess only archaeological evidence.

Key words: fish trap, passive fishing, south-central Chile, ethnography.


 

Introducción

Un arte de pesca puede ser entendido como un elemento conspicuo de subsistencia e identidad cultural, así como también puede corresponder a una antigua técnica para la obtención de recursos de carácter global. Esto ocurre, por ejemplo, con dos artes de pesca pasiva que dejaron de ser usados de manera masiva y cotidiana hace tan sólo 4 ó 5 décadas atrás en el centro-sur de Chile y que hoy en día se encuentran en un proceso de olvido cada vez mayor. Se trata de las nasas, denominadas localmente llolles, y los corrales de pesca, ambos estrechamente vinculados.

La pesca con nasas consistía en introducir "canastos" alargados de diferentes tamaños, en cursos de agua dulce con buena corriente. Para facilitar el que los peces quedasen dentro de este canasto, se cercaba el curso de agua dulce con ramas o piedras (dependiendo de la energía asociada al caudal) a manera de corral de pesca. Por otro lado, los corrales propiamente tales, asociados a ambientes marinos por excelencia, consistían en amplios muros de piedra o varas trenzadas (dependiendo de la naturaleza de la playa), aprovechando los cambios de mareas para que los peces no pudiesen regresar al mar, quedando acorralados en su interior y a mano de quienes los recogerían. En ocasiones se disponían llolles como trampas en algunas partes de estos corrales, facilitando la pesca.

Los corrales se confeccionaban tanto de rocas superpuestas como de varas entrelazadas, ubicando los primeros frecuentemente en playas abiertas, mientras que los segundos, en playas lodosas más protegidas. Por otro lado, los llolles fueron confeccionados con fibras vegetales; esta materialidad perecedera, es la que incide en la visibilidad que hoy en día ambos elementos tienen en la memoria local, puesto que sólo los corrales de piedras han persistido en el paisaje, mientras que las nasas existen exclusivamente a partir del recuerdo de quienes las vieron y utilizaron alguna vez. Esto nos obliga a buscar apoyo en la etnografía y documentación histórica, para referir su utilización y aproximarnos a su distribución espacial.

La presencia de estos artes de pesca refiere a una práctica ancestral que aporta información relevante para la propuesta de la temprana existencia de una "cultura fluvial" desarrollada por varios grupos humanos en el centro-sur de Chile, entendidas también como "sociedades ribereñas" (Cf. Bengoa 2007). Dicha cultura fluvial da cuenta de la creación y desarrollo de estrategias de relación y uso de las cuencas hidrográficas, basadas en el conocimiento local de los diversos paisajes y los recursos disponibles, así como su consideración dentro de los aspectos de la cosmovisión de los grupos humanos. Estas estrategias de adaptación al medio se traducen en el desarrollo de técnicas de pesca como el uso de los llolles, tridentes (arpón de tres puntas) (Hilger 1966) y corrales de pesca (Munita et al. 2005; Álvarez et al. 2008), la creación de embarcaciones como los wampos mapuche (Carabias et al. 2007, 2010; Lira 2006, 2007 y 2010), las dalcas de los grupos chono (Medina 1984; Hanisch 1982) y otras embarcaciones distribuidas a lo largo del país y asociadas a poblaciones pre y post-hispánicas. Por otro lado, la cultura fluvial permite configurar un paisaje cultural en base a esta estrategia de uso de una cuenca hidrográfica y los "recursos" en su totalidad, incluyendo variados tipos de modificación de dicho paisaje (asentamientos humanos, vías de circulación costeras, corrales de pesca, cultivos, recolección, selección genética y diseminación de frutos y elementos no maderables del bosque), incorporándose esta acción humana en la homeostasis de dichos ecosistemas (Skewes et al. 2012). Es importante agregar que, dada su distribución temporal (milenaria) y espacial (global), estas prácticas nos remontan a una época en la que quienes las aplicaron -y sin tener comunicación entre sí-, debieron privilegiarlas significativamente como una forma de asegurar la dieta colectiva; de otra forma no encontraríamos una distribución y permanencia tan amplia. Esto debió incluir procedimientos reforzados de transmisión oral que asegurasen su aplicación generación tras generación, dando cuenta de culturas especialmente conservadoras en lo que se refiere a cambios tecnológicos importantes y prácticas de pesca. Este reforzamiento se evidenciaría a través de normas colectivas orales (o derecho consuetudinario), como la imbricación entre el mundo mágico-religioso y regulaciones de uso de espacios y recursos donde la reciprocidad es una constante. De esta forma, al hablar de pesca con llolles y corrales, nos contextualizamos a un nivel transcontinental que se advierte -en nuestro caso- muy fragmentariamente, pero aún visible a partir de la oralidad y de restos arqueológicos ampliamente distribuidos.

En todos los continentes es posible hallar referencias al uso de nasas como artilugio de pesca (Maar y Van Der Lingen 1979; Stewart 1982; Zheng 1982; Ohnemus 1998; Bannerman 1999; Campbell 1999; O'sullivan 2004; Lewis 2006; Clark et al. 2008; Hranicky 2009; Out 2010; Menotti y O'sullivan 2013 y Smith 2013) -tal como ocurre con la pesca con corrales-, con hallazgos arqueológicos de circa 9.000 años de antigüedad1 (p.ej. en el mar Báltico, costas de Suecia), en sitios ubicados en humedales (p.ej. en Flag Fen, Reino Unido),2 donde las condiciones de preservación resultan excepcionales. Tanto en Europa, Asia, África, Oceanía, Norteamérica y en nuestro continente, fueron y/o son utilizados hoy en día (Stewart 1982; Welcomme 1985; Lutins 1992; Bannerman y Jones 1999; Martínez 2004 y Lytwyn 2002), apareciendo como referente incluso en pinturas rupestres.3

Para la elaboración de este artículo, se ha trabajado con información arqueológica e histórica (nacional e internacional) y material etnográfico recopilado a partir de proyectos previos y vigentes: Fondecyt N°1121204 y N°1130730, proyecto Servicio País Futrono 2012 (Fundación Superación Pobreza y Consejo Regional de las Artes y la Cultura Los Ríos 2012) y proyecto Fondart 2008 (Álvarez et al. 2008). El material bibliográfico ha sido escogido en razón de dar cuenta de técnicas de pesca testimoniales (principalmente crónicas históricas) y referencias de hallazgos arqueológicos o análisis antropo-arqueológicos ligados directamente al uso de nasas y corrales en diferentes partes del mundo (a través de la búsqueda de términos como fish weir, fish trap, basket fish trap). Las entrevistas abiertas (que cuentan con respaldo sonoro y fotográfico) han sido recopiladas desde el año 2008, la mayor parte de ellas en los mismos lugares donde se desarrollaba esta actividad de pesca (principalmente en la zona lacustre de la región de Los Ríos y la zona insular de la región de Los Lagos), complementando ello con el registro audiovisual en el caso de Futrono.4

Estas entrevistas se realizaron principalmente a personas mayores a 50 años, debido a que fueron testigos directos de la pesca. Para dar con estos informantes, el método más recurrente consistió en preguntar abiertamente en los territorios visitados sobre esta técnica de pesca, siendo escasos los lugares donde la referencia sobre llolle generó un relato testimonial, lo que demuestra el avanzado estado de olvido de la técnica. Sin embargo, quienes sí recordaban, demostraron que antiguamente era una práctica cotidiana y muy conocida en dichas zonas hasta la primera mitad del siglo XX. Quienes presentan un rango etario inferior a los 50 años, frecuentemente no recibieron de parte de sus "mayores" información sobre esta técnica, lo que dificulta de sobremanera la construcción de un relato, por cuanto las características expresadas sobre su uso y técnica son extremadamente fragmentarias. Vale decir que las zonas en las que la memoria oral mantiene presente a esta técnica, son en general aquellas donde aún se hace expresa una ruralidad significativa, como ocurre también con los corrales marinos en las islas del mar interior de Chiloé.

Antecedentes etnográficos e históricos que dan cuenta del uso de nasas en el centro-sur de Chile

En el sur de Chile su utilización implicó a pueblos originarios y población mestiza hasta tiempos recientes. Las referencias históricas son escasas, siendo una de las más antiguas la de Juan Ignacio Molina a fines del siglo XVIII, quien, refiriéndose a la zona de la Araucanía, menciona que "(...) pescan los indios poniendo una especie de cestos contra la corriente del agua" (Molina 1788: 250). El uso tradicional de llolles en La Araucanía, aún persiste aisladamente, donde incluso se ha incluido una réplica (de menor tamaño que los artilugios originales) en la muestra museográfica del Museo Mapuche Municipal de Purén (Figura 1). Hacia mediados del siglo XIX Guillermo Cox menciona el uso de trampas (esta vez de corrales) asociados nuevamente a ambiente de agua dulce: "El lago de Lacar tiene mucho pescado. Los indios que viven en las orillas, aprovechan las creces del río para detener los peces con cercados de ramas cuando baja el agua" (en Huneeus 2006: 301).

 

Figura 1. Réplica de llolle en Museo Mapuche Municipal de Purén (Fotografía: Doina Munita, 2008).

 

 

Las referencias locales, incluyendo toponimias, son igualmente escasas, pero coincidiendo en el origen de la palabra: "Llolle = colihues unidos con boque de copihue forman una bocina para pescar" (Leyton 1968: 154); (...) "las nasas, especie de embudo, tejido de quilas" (de Augusta [1916] 1992: 125); "(...) a manera de un gran embudo que permitía atrapar peces en ríos o esteros" (Cárdenas et al. 1991: 184); "(...) el nombre de la localidad del "Llolly" en los alrededores de Futrono, (como otras del mismo nombre dentro de la Provincia o con variantes, como el "Llolle"), proviene de un ancestral instrumento de pesca utilizado por la población mapuche de la zona lacustre" (González y González 2006: 88-89); y muy importante las dos referencias siguientes, pues dan cuenta del uso de nasas en Chiloé, especificando -en el segundo caso- su aplicación en corrales de pesca marinos hacia principios del siglo XX, reforzando las referencias etnográficas que más adelante profundizaremos: "(...) en Chiloé, un canasto, de quilineja, de llolle, nasa" (Armengol 1918: 464); "Llollo: Corralito de pesca que se hace al costado de un corral más grande. Este corralito contiene un aparato de quila en forma de embudo, con el cual se cogen los peces" (Cavada 1914: 365).

Es importante considerar que si la toponimia llolle refiere lugares de pesca en los que se utilizó dicho sistema, ésta se convierte en un elemento indirecto demostrativo de la especial relevancia que la técnica ha poseído históricamente. En este caso, la información del territorio al que se hace referencia, se fundamenta en antecedentes etnográficos y etnohistóricos. Al incluir toponimias asociadas a llolle, abarcando una extensión de al menos 500 km de sur a norte desde el archipiélago de Chiloé en la Región de Los Lagos, hasta Purén, en la Región de La Araucanía (Figura 2), aparecen asociaciones limitadas geográficamente a cuencas fluviales: río Llollelhue, El Llolly y Puerto Los Llolles, en la cuenca del mismo río y asociados a la desembocadura del lago Maihue, abarcando las comunas de Futrono y Paillaco además de El Llolly en la cuenca del río Maullín, en la comuna homónima.

 

Figura 2. Mapa del área en que se reconoce el uso de llolles a través de referencias etnohistóricas y etnográficas en el centro-sur de Chile y topónimos vinculados (Río Itata hasta archipiélago de Chiloé).

 

 

Huenun Ñankú describe a Inés Hilger la utilización de llolles hacia principios del siglo XX en Panguipulli, asociando otros elementos que son igualmente relevantes durante la pesca:

¿Qué clase de trampa usan los mapuche?, pregunté. Tomó un trozo de papel e hizo un dibujo - (Figura 3) -.

"Esta es una trampa para cazar peces en un arroyo" dijo. "Es circular, y la llamamos Llolle. Los hombres la usan para cazar peces fuertes grandes" y siguió describiendo su hechura: "los hombres sacan colihüe (Chusquea culeou bambú) (...) con las puntas más aguzadas en una dirección - varas de unos dos brazos extendidos de largo; no pueden ser cortas. Se atan con una fibra o enredadera resistente, tejiéndolas por arriba y abajo. Cuando están atadas tiene forma de embudo (...) el diámetro en xx puede ser cualquiera, pero en x nunca mayor de una mano abierta; si es más grande, el pescado se devuelve y sale nadando afuera de regreso por xx. Antes de instalar la trampa, se plantan grandes ramas de árboles bien juntas a lo largo de la ruta indicada con y; Es como una reja", dijo Huenun, "la llamamos müko. Amarramos algunas ramas cerca de la mitad de este müko a la trampa hasta que se encuentra en posición. El pez entra al müko, luego busca alrededor para hallar la manera de seguir corriente abajo, y encuentra una opción por el Llolle. Allí nadan los pescados entonces hacia x en donde un hombre está listo para agarrarlos. He hecho llolles y he pescado con estos; pescamos de noche. Grandes peces, como ustedes saben, nadan en cardúmenes dos o tres veces durante la noche". "Antes de ir a pescar al río, seguía diciendo Huenun, cada hombre se hace un ensartador. Busca una enredadera un poco enroscada, y la parte en 3 trozos de 1 brazo de largo. Los amarra bien uno a otro, usando un trozo para hacer un nudo en la mitad. "Un ensartador se ve como esto:" dijo, y dibujó uno. "En mapuche es mauche challwa".5

 

Figura 3. Esquema de nasa y corral de varas asociado (Hilger 1966: 9).

 

 

"Los hombres ya están listos para pescar. Todos van hacia el agua. Cada uno toma su turno en la x del Llolle. Cuando un pez lo atraviesa, el hombre en la entrada lo agarra con sus manos, empuja la punta de una enredadera de su ensartador por las agallas, y arrastra al pez hacia el nudo (...)."

"Los hombres también alancean peces de las orillas de ríos. Huenun había hecho una lanza6 ahuecando una vara de colihüe, excepto el ancho de una mano en un extremo. Partía esta punta en dos mitades a lo largo, entreabría las mitades e insertaba entre ellas dos tiras de colihüe de igual longitud. Para mantener estas cuatro tiras aparte, trenzó las secciones entre cada dos de ellas. Esta lanza la denomina nülewe" (Figura 4) (Hilger 1966: 11-12).

 

Figura 4. Arpón tridente
(Hilger 1966: 11).

 

 

Características y forma de utilización del llolle

Las descripciones coinciden en la utilización de fibras vegetales como materia prima, siendo especialmente relevantes el colihue (Chusquea culeou), el maqui (Aristotelia chilensis) y la quila (Chusquea quila) para la estructura, por ser muy rectas, flexibles y resistentes (además de abundantes) y enredaderas para amarrarla: "Este se confeccionaba con Quila y consistía en un armazón entretejido que formaba una red rígida en forma de bolsa grande. Este era introducido a los ríos donde se arrastraba para atrapar los peces. Este aparato recibía el nombre de 'Llolly'" (González y González 2006: 89).

A pesar del tiempo transcurrido, en el lago Ranco, específicamente en el sector de Llifén, este sistema de pesca aún se recuerda en la memoria oral, con detalles muy similares a los planteados por Huenun Ñankú, arte que fue abandonado a mediados de la década de 1970:

(...) coligues (...) que se unen, en una punta, se amarran, y se van abriendo hacia la otra, y la parte más gruesa del coligue queda abierto, de un diámetro, más de un metro de diámetro, y uno lo puede hacer más grande, más chico, dependiendo del estero o del lugar que lo va a colocar (...) El salmón entra derecho hacia el llolle y después no puede retroceder, porque el salmón no nada hacia arriba, al revés. Tiene que girar, volver, para seguir nadando aguas arriba (...) (Domingo Alveal y Silvia Curinao, Llifén, 2012, Figura 5).

 

Figura 5. Dibujo de llolle elaborado por Silvia Curinao en base a recuerdos familiares (Llifén, comuna de Futrono, región de Los Ríos, julio 2012)

 

 

Manifiestan que los llolles generalmente alcanzaban un largo de hasta 4 m, con espacios entre cada vara de al menos 2 a 2,5 cm (lo que implica utilizar al menos 80 varas de coligue en un solo artefacto). Además -y de la misma forma que Huenún Ñankú-, refieren la necesidad de cerrar, encausando el curso de agua para forzar a los peces a entrar a ellas:

(...) se le van poniendo ramas en la orilla y por el otro lado, busca uno la correntada natural (...) uno tiene que cerrar no más, el hecho que el salmón llegue ahí no más. Si viene basura también hay que tener cuidado e irlo limpiando, un par de centímetros abierto. Si estuviera cerrado, el pez al ver el agua quieta no entraría (...) mi abuelito Francisco ponía para abajo, y mirando hacia arriba, pero en distintos lugares (...) cosa que el que pasaba se escapaba, a la vuelta se pasaba a quedar (...) (Domingo Alveal y Silvia Curinao, Llifén, 2012).

En el año 2010 se realizó una entrevista a orillas del lago Villarrica, que arrojó antecedentes descriptivos, asociando el uso de una nasa con corrales de piedra en un entorno fluvial:

Eso lo vi yo como el año 77 al 80 por ahí, frente a Coipúe pero en el río Toltén (...) esas nasas las hacían con piedras del mismo río, piedras grandes, y empezaban a hacer como un camino, un corral en angostarlo porque terminaba en punta (...) la boca la dejaban no más ancho que 2 metros de ancho, lo que ellos cerraban más menos unos 15 metros (...) empezaba de 7 metros de cada lado y terminaba en 2 metros de boca (...) y en la punta de eso le ponían lo que le llamaban la nasa. Ese río en esa parte debe haber tenido unos 60 cm (...) en el invierno no se podía por el caudal que llevaba el río. Las rocas eran de más menos 40, 50 cm de alto, rocas que entre dos personas uno podía mover dentro del agua. - La nasa - estaba hecha de colihue, con un trenzado de mimbre para darle una firmeza no muy tensa, como el mimbre es flexible y terminaban haciendo como un canasto.

La boca era de 2 metros de ancho, y la boca era como cuadrada, porque en la boca le daban como 1 metro de alto por 2 metros de ancho y pa' la otra punta terminaba en cero. Eran colihues largos, unos 5 metros. Se lo llevaban después, por ejemplo cuando empezaban a subir las aguas lo guardaban para la próxima temporada. Cuando lo dejaban en el día ahí, porque eso lo ponían más en la noche, cuando lo ponían en el día lo revisaban dos, tres veces al día. Caía harto pescado. Generalmente harto salmón, otro "toyo"7 que le llaman, y salmón caía harto, de cuatro kilos (...) quedaba puro pescado pichón, de 25, 30 centímetros para arriba, no quedaba pescado chico. - Sobre los propietarios de la nasa y corral - por ejemplo, ellos vivían a 100 metros del río, el canasto lo hacían en su casa y lo bajaban entre los hermanos, eran como cuatro o cinco hermanos, entre ellos la bajaban y la instalaban, y ellos mismos hacían ese trabajo de las piedras, hacer el corral (...) ellos lo hacían como un medio para la casa, no para comercializar ni como deporte tampoco, era pal consumo (Daniel Octavio Gonzáles, Octubre 2010).

Es interesante constatar que en Futrono se distinguen hasta 3 tipos distintos de trampas: los "llolles de forma cónica, los llolles más pequeños oblongos y la nasa. Esta última, con una boca baja pero extremadamente ancha "(...) también se hacía de madera, y de tablas, también era de mayor a menor pero era más ancho y largo también. Pero tenía casi la misma forma del llolle, no redondo, sino que ancho.

Entonces también eso lo ponían en los ríos, en las correntadas, iba amarrado con alambre, y ahí llegaba el salmón y se metía ahí (...)" (Sr. Briones Huequecura, Futrono 2012). Estas ilustraciones se basan en dibujos creados por los entrevistados (Figuras 6 a 9).

 

Figura 6. Ilustración llolle cónico con corral de piedras

 

 

Figura 7. Llolle oblongo asociado a corral de varas. Proyecto Servicio País-CRCA Futrono 2012
 

 

Figura 8. Nasa para pescar bagres ilustrada a principios de siglo (Albert 1913: 56)
 

 

Figura 9. Nasa asociada a corral de cantos rodados en curso de agua dulce bajo y ancho. Proyecto Servicio País-CRCA Futrono 2012

 

 

Las conductas asociadas son igualmente interesantes. De acuerdo a Daniel Gonzales (2010) se requerían dos personas: una a cargo de vigilar la trampa, mientras que la otra subía canal arriba y regresaba azotando el agua con un palo, asustando a los peces y enviándolos directamente a la nasa. Por otro lado, Leopoldo Matamala (Caunahue, Futrono 2012) refiere que "en este río subía mucha peladilla (Aplochiton zebra) antes, antiguamente. Entonces venían de a caballo de Futrono, a pescar aquí en las noches y hacían esos llolles (...) entonces dejaban subir el cardumen- el cardumen sube al oscurecerse -y después de que ya era media noche armaban los llolles y subían de a caballo por las bajuras y caían ahí grandotes, los sacaban en sacos y se los llevaban a Futrono (...)", evidenciando una acción similar a la mencionada previamente, pero de forma más masiva. También es relevante constatar el importante conocimiento sobre la conducta de las especies capturadas, además del curso del río y sus particularidades, lo que revela el amplio conocimiento ecológico de las poblaciones que hacían uso de esta práctica.

El uso de otros artefactos para pescar, confeccionados a semejanza de canastos, aparece también en relatos históricos para la pesca de puyes (Galaxia maculatus) y otras especies (Couyoumdjian 2009). En el relato de Huenun Ñanku, por ejemplo, se les refiere como chiñe, sorprendiendo la similitud de la misma práctica con la aplicada por mujeres yámanas para la pesca de sardinas (Gusinde 1951: 207).

Discusión

Hasta ahora contamos con escasos antecedentes sobre una técnica de pesca que aparentemente fue aplicada con amplitud en el centro-sur de nuestro país, con referencias que permiten dar cuenta del uso de nasas entre Purén y Chiloé. Sin embargo, si se considera la toponimia Llolle, Llollelhue y derivados, podríamos ampliar todavía más este territorio de uso, incluso hasta la comuna de San Antonio, en la zona central (P.ej. Llolleo). La búsqueda de información nos obliga a recurrir a antecedentes históricos y etnográficos, escasos y dispersos.

Así como la toponimia, existen pequeños rasgos que también nos demuestran el uso de estos artefactos, tal como se advierte en la Figura 10, correspondiente a un corral de pesca marino en la isla Guar, comuna de Calbuco. En este caso, se aprecia un angostamiento progresivo de la trampa hasta un boquete que es dispuesto especialmente para instalar allí la nasa (a). Asimismo, en la mitad de la corriente existe una compuerta (b), la que de la misma forma que en otros corrales marinos, permanecía abierta mientras subía la marea y luego era cerrada al comenzar a bajar. Tal como en Chiloé y en el resto del territorio mencionado en este trabajo, estas nasas eran denominadas localmente llolles, aunque quienes los vieron en uso no recuerdan cómo llegó a usarse tal técnica en esta isla. Llama la atención lo reciente de su desaparición, tal como recuerda Angélica Marín Morales (isla Guar 2013): "Los llolles se usaron en isla Guar hasta el año 1998. Eran comunes en la isla y alcanzaban los 2 metros de largo. Se tejían con pita de manila, con una estructura muy simple compuesta de una boca redonda fabricada con alambre o "chuncho" (trozo de neumático de bicicleta o carretilla recortado). Se colocaban en una o más aberturas que tenían los corrales de pesca, cuando comenzaba a bajar la marea. Para ello, los llolles estaban amarrados a una vara de 1 metro de largo (...) el diámetro era de hasta 1 metro (...) con los llolles se pescaban pejerreyes, róbalos y jureles." También es interesante percatarse que su diseño es significativamente similar a los corrales fluviales (asociados a llolles) del río Itata, en la región del Maule, que pueden ser observados en forma remota a través del software Google Earth® (Figura 11).

 

Figura 10. Corral de pesca en sector Quetrolauquén, isla Guar, comuna de Calbuco, región de Los Lagos. Se advierte la estructura de rocas (corral) que facilita el ingreso de los peces hacia el lugar en el que se instalaba una nasa (llolle) (Fotografía: Magdalena Navarro 2012).

 

 

Figura 11. Comparación de corrales asociados a nasas. Izquierda, ambiente fluvial: río Itata, región del Maule. Derecha: ambiente marino: Isla Guar, región de Los lagos. Las flechas indican abertura de corral donde se instala la nasa

 

 

Es probable que la morfología de los artefactos confeccionados en la actualidad, muchas veces padezca de una pérdida de atributos debido al traspaso de información sin que haya existido la práctica de por medio, implicando que las réplicas confeccionadas actualmente se asemejen a las originales, pero no posean la misma calidad en su confección que las piezas más antiguas. A pesar de ello, la memoria oral existente en algunas localidades permite reconstruir llolles y corrales fluviales junto a personas que forman parte de grupos que utilizaron esta práctica antiguamente (Figura 12).

 

Figura 12. Instalación de llolle cónico en río (marcado con una flecha), utilizando muro de cantos rodados para orientar a los peces hacia la trampa (Llifén, comuna de Futrono, región de Los Ríos. Fotografía Diego Gálvez 2012)

 

 

La fragmentación actual del conocimiento local sobre los llolles nos plantea un problema que abarca otros aspectos del pasado remoto y que nos vincula indiscutiblemente a un momento en el que poblaciones en todo el globo reproducían técnicas y procedimientos de pesca que eran reforzados a través de la transmisión oral. El que hayan mantenido su vigencia en terruños apartados hasta finales del siglo XX tiene relación con su efectividad y sencillez, coincidiendo la particularidad de ser artes de pesca estables, como los corrales de pesca, lo que permite ahorrar energía y generar abundante captura. A pesar de ello, se advierte una combinación de agentes que han logrado erosionar la práctica de pesca con nasas y corrales más allá de la reducción de especies disponibles hoy en día o las transformaciones culturales en el uso del espacio, pues también se ve afectada su legitimidad por parte del Estado. Por ejemplo, en la Ley de Pesca y Acuicultura N°18.892 no existen referencias precisas, salvo el artículo N°5 que expresa:

Prohíbense las actividades pesqueras extractivas con artes, aparejos y otros implementos de pesca, que afecten el fondo marino, en el mar territorial dentro de una franja de una milla marina, medida desde las líneas de base desde el límite norte de la República hasta el paralelo 41°28,6' de latitud sur; y en las aguas interiores, en la forma que determine el reglamento, con excepción de la franja de mar de una milla marina medida desde la línea de más baja marea de la costa continental y alrededor de las islas. Esta prohibición regirá también en las bahías y dentro de las áreas que se delimiten con líneas imaginarias entre puntos notables de la costa mediante decreto supremo expedido por intermedio del Ministerio y previo informe técnico de la Subsecretaría (www.leychile.cl).

Siendo más explícito el decreto N°1584, Artículo N°8 del año 1934, que señala:

Las instalaciones de aparejos fijos de pesca en los ríos, esteros y estuarios o trabajos de cualquier forma y material que se hagan con el objeto de conducir a los peces a puntos cerrados o a sitios donde se hayan colocado redes u otros implementos, necesitarán de autorización especial de la Dirección General de Pesca y Caza, la que establecerá en cada caso la forma y condiciones en que pueda ser otorgada (www.leychile.cl).

La Ley 20.256 de Pesca Recreativa tampoco menciona nasas o corrales y más bien pone atención en el destino de las especies capturadas, diferenciando el uso que se les da a éstas en la Ley N°18.892 (bajo este criterio surgen condicionantes como vedas y restricciones sobre especies protegidas y la prohibición de pesca con fines comerciales en ambientes fluviolacustres). De esta forma, en ambos casos la posibilidad de sancionar el uso de nasas y corrales está dado principalmente por la ambigüedad que existe sobre ellos. Por otro lado, si acotamos su uso exclusivamente a pueblos originarios, la Ley Indígena (N°19.253) expresa que, a pesar de lo anterior, se podrán Establecer zonas especiales de pesca y caza y áreas de extracción racional de elementos necesarios para su supervivencia y desarrollo (Párrafo 4, Artículo N°74) y en la Ley Lafquenche N°20.249, a partir del artículo 3 del Título I, se plantea la posibilidad de realizar prácticas pesqueras arraigadas en lo consuetudinario (que se deben justificar y posteriormente incluir en un Plan de Administración), las que son igualmente normadas por la legislación anterior.

En síntesis, la única posibilidad para aplicar estas prácticas de pesca, pasa por un largo proceso de reacomodo y justificación legal de las mismas, lo que debería traspasar la frontera de lo indígena y no indígena por cuanto se trata de estrategias que -por el alto mestizaje histórico y orígenes duales hispano/indígenas- se asocian a poblaciones que aplican estrategias de carácter consuetudinario, siendo el destino de las capturas, el autoconsumo o intercambio local. De esta forma, se denota que su abandono se debe, en parte, a su restricción legal, lo que explica la falta de su práctica y el resquemor a hablar de ello. Es necesario agregar que esta situación no es inusual: en Canadá la legislación impuesta a poblaciones indígenas que utilizaban los mismos artilugios logró erradicar igualmente su uso, instalando su propia normativa sobre cómo se debía pescar y dónde hacerlo (Colebrook 2001). Debemos sumar a ello el reemplazo constante de un modo de vivir y de hacer, que tiene raigambres precolombinas y altamente mestizas, por un modelo más bien urbano que se instala gradualmente en la ruralidad, tal como ocurre en la cuenca del río Valdivia: "La presencia chilena transforma la cuenca, sometiéndola a coordenadas definidas desde un sistema metropolitano, mientras que el universo indígena se enmarca en las referencias que el paisaje local proporciona" (Skewes et al. 2012). Si bien en este caso se marca la diferenciación identitaria, en nuestro caso se advierte que efectivamente los modos de vida y de usar el territorio son distintos: los llolles y los corrales en uso, valorados positivamente, adquieren sentido en un paisaje habitado bajo esta lógica antigua, mientras que su prohibición y olvido tiene sentido bajo una lógica moderna.

No es de sorprender esta situación, pues buena parte de las actividades de carácter "consuetudinario" -esto es, que refieren a un hacer que se reproduce localmente de forma tradicional (con una larga data)-, resultan contradictorias con la forma de habitar el espacio actualmente, siendo desplazadas e incluso sancionadas por los procesos de modernización vigentes. En la mayoría de los casos de estos usos antiguos, los ejercicios de exclusión iban acompañados fuertemente por regulaciones que aseguraban la integración del colectivo y la distribución de lo obtenido (p.ej. el caso de los collis, Álvarez et al. 2008), mientras que la forma de vida actual tiende a privilegiar la inequidad y la posibilidad de excluir a los otros para lograr y asegurar un resultado productivo. Dicho de otro modo, los llolles y los corrales nos hablan de formas de habitar este territorio que no son compatibles con los tiempos actuales, salvo como referentes patrimoniales, o como complemento y justificativo para la solicitud de espacios de administración de recursos, como es el caso de los ECMPO.8

Esto último nos lleva a plantearnos numerosas preguntas: ¿qué otro tipo de prácticas de raigambre ancestral - escasamente conocidas o visibilizadas por las ciencias sociales - han sido olvidadas en tiempos recientes?, ¿qué efectos sociales y ambientales genera la prohibición de prácticas de pesca que sostuvieron a las poblaciones precolombinas e históricas durante tan largo tiempo y que promovían la reciprocidad? y finalmente, nos permite criticar la búsqueda de particularidades en muchas investigaciones actuales, perdiendo de vista la comunión cultural y ancestral que posee nuestro país con el resto de Latinoamérica y el mundo.

Conclusiones

Los llolles forman parte de una humanidad antigua separada por distancias enormes, pero que, a pesar de estar desprovista de una comunicación efectiva entre sí, replicó durante miles de años técnicas y conocimientos muy similares a lo largo y ancho del globo. No sólo se trata de un artefacto unido a una conducta de explotación de los recursos locales, sino que representa una forma de concebir la relación entre seres humanos y no humanos (Skewes et al. 2012), lo que se refleja en el reforzamiento de dichos procedimientos a través de ritualidades y regulaciones de reciprocidad que rompían con aquellas que legitimaban lo no recíproco (p.ej. ritual del treputo por parte del pougten en los corrales de pesca, Álvarez et al. 2008). Se trata de un mundo altamente complejo, banalizado por la modernidad y penalizado por las normativas que introdujo el Estado en los territorios antes aislados. Los llolles nos unen al resto de América, tanto del norte como del sur y también a Australia, Tasmania, Asia, África, Europa, Oceanía, pues al igual que los corrales de pesca constituyen los basamentos de un poblamiento global donde las formas prácticas y efectivas de hacerse de alimento fueron altamente valoradas y, por lo mismo, conservadas en el núcleo mismo de la tradición colectiva.

Hoy en día logramos atisbar pequeños fragmentos de esta forma de vida, tanto al observar estructuras arqueológicas abandonadas, como al escuchar relatos casi olvidados sobre este sistema de pesca. La arqueología requiere de estas memorias para enriquecer sus relatos sobre el pasado y la antropología requiere a ambos para entender porqué hoy en día -y a pesar de las dificultades que enfrentan la pervivencia de los llolles-, aún resisten su desaparición.

Los llolles poseen un valor como objeto, como relato, como vínculo al territorio fluvial y costero y "...más allá que este artilugio pueda o no contribuir con la sustentabilidad de especies de ríos, lagos y mares, el estudio de los llolles implica acercarse a cierto tipo de memoria territorial, que en tanto recuerdo vivido tiene la particularidad especial en la localidad de Llifén de devenir en práctica territorial, aunque no del todo cotidiana, aún existente y posible de constatar etnográficamente. En este sentido, los llolles son creaciones humanas, presentes en el sur de Chile, que se niegan a ser simples piezas del mercado-museo (Ther 2003), presentificándose como verdaderas lugarizaciones que se mantienen por fuera del proceso globalizador y revalorizan a lo local (González 2009).

Agradecimientos

Especiales agradecimientos a Daniel Gonzáles, Domingo Alveal, Silvia Curinao y Angélica Marín, por sus valiosos relatos; a la familia Huenún por facilitar el libro de Inés Hilger; a Magdalena Navarro por las fotografías de corrales de pesca de Quetrolauquén; a la Fundación Superación Pobreza (Programa Servicio País Futrono 2012) y al Consejo Regional de la Cultura y las Artes Región de Los Ríos, por apoyar la recuperación de la memoria oral sobre esta práctica en la zona de Llifén; a Aldo Farías por la elaboración del mapa, además de su constante y desinteresada ayuda y también a el o los evaluador(es) de este artículo, pues gracias a sus valiosos comentarios pudimos enriquecer el manuscrito. También agradecemos a Paul Landon y su programa de televisión Tierra Adentro por el gran interés en difundir este tema. Este trabajo fue realizado en el marco de los proyectos FONDECYT 1121204 y 1130730.

Notas

1 Ver http://www.abroadintheyard.com/9000-year-old-fishing-traps-found-on-bottom-of-baltic-sea/ (Fecha última consulta: 28 de octubre de 2013).

2 Ver http://pryorfrancis.wordpress.com/2012/02/19/bronze-age-boats-and-those-who-dig-them/ (Fecha última consulta: 28 de octubre de 2013).

3 Ver http://arkarcheology.uark.edu/rockart/index.html?pageName=Fish-trap%20and%20Paddlefish (Fecha última consulta: 28 de octubre de 2013). También es posible encontrar arte rupestre y representación de nasas y corrales en África, India y Australia (Misra y Bellwood 1985, Layton 1992, Gribble 2005, Huyge et al. 2007, entre otros).

4 Ver http://www.youtube.com/watch?v=pdfilDrnwAo, http://arkarcheology.uark.edu/rockart/index.html?pageName=Fish-trap%20and%20Paddlefish (Fecha última consulta: 28 de octubre de 2013); http://www.youtube.com/watch?v=XK4vQWv3Xg0 (Fecha última consulta: 28 de octubre de 2013).

5 Interesante término, pues tanto en lengua aymara, quechua como mapudungun (de Augusta 1992[1916]), significan lo mismo: pescado.

6 Molina da cuenta del uso de arpones en el siglo XVIII en territorio mapuche: (...) que arropados los Indios por ambas orillas, los pescan con grande abundancia sin valerse de otro artificio que de enclavarlos y espetados con cañas puntiagudas de la especie que ya digimos llamarse Coliu sucediendo casi lo mismo en las bocas de todos los demás ríos australes (Molina 1788-1795: 243). En tiempos actuales, perdura en la memoria oral el uso de arpones tanto en el lago Villarrica (entrevista a Daniel Gonzales 2010) como en el lago Ranco (D. Alveal y S. Curinao 2012).

7 Sugiere tratarse de bagres, pues al preguntarle describe la presencia de "bigotes", con un largo no mayor a los 50 cm. El entorno en el cual menciona la utilización de esta nasa (fondo de piedras y corriente) es más que probable para que este pez haya sido recurrente. Además, existen referencias de la utilización de nasas y canastos para la pesca de esta variedad de pez a principios del siglo XX (Albert 1913: 53).

7 Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios, Ley Lafquenche N°20.249. Esta ley faculta la administración de espacios costeros marinos toda vez que se asegure que se realizaban actividades de raigambre tradicional ancestral, como la pesca con corrales.

 

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Fecha recepción 9-08-2013
Fecha aceptación 25-10-2013

 

 

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