Revista austral de ciencias sociales - <b>Globalización, Estado-Nación y Desarrollo</b>: <b>El Caso de las Políticas Públicas en México</b>
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Revista austral de ciencias sociales

ISSN 0718-1795 versión on-line

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  Rev. austral cienc. soc. n.11 Valdivia 2006




 

Revista Austral de Ciencias Sociales 11: 25-33, 2006

ARTICULOS

 

Globalización, Estado-Nación y Desarrollo: El Caso de las Políticas Públicas en México *

Globalization, Nation-State and development: The case of the public policies in Mexico

 

Ricardo Guzmán Díaz 1

 

* Investigación realizada en el marco de estudios sobre “Global-ización, Tecnociencia y Sociedad”, programa de Doctorado en Es-tudios Humanísticos, especialidad en Ciencia y Cultura del ITESM (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey).


Resumen

En este documento se hace primeramente un análisis sobre las características de la nueva era global y de la inserción en la misma de los países latinoamericanos. Se destaca, de manera especial, la función del Estado-Nación y las características que se esperarían de un desarrollo integral de las regiones. Posteriormente, se discute el caso de las políticas públicas en México a partir de las nuevas condiciones del Estado-Nación aplicando como herramienta el análisis del discurso. Se argumenta a favor de puntos de vista que enfaticen la visión humanista del desarrollo.

Palabras clave: Globalización, Estado-Nación, Políticas públicas, Desarrollo humano.

Abstract

In this document we first analyze the characteristics of the new global era and the status of Latin-American countries in that context. It is specially emphasized the roll of the Nation-State and the characteristics that would be expected from an integral development of the regions. Then, we discuss the case of public policies in México considering the new conditions of the Nation-State, with discourse analysis as our tool. We argue in favor of approaches that emphasize the human side of development.

Key words: Globalization, Nation-State, Public policies, Human development.


 

Introducción

Vivimos una época de grandes retos a nivel planetario. Desde hace algunas décadas ha venido surgiendo una nueva sociedad global que, basada en las tecnologías de la información y las comunicaciones, abre posibilidades de desarrollo inimaginables. Sin embargo, al mismo tiempo nos encontramos ante una doble crisis, una de carácter medioambiental y otra relativa a la concepción que tenemos de nosotros mismos como seres humanos. En lo que se refiere a este último aspecto, es decir, a la condición humana, vemos que ante la lógica capitalista del mercado, el hombre se ha convertido en mero consumidor, convirtiéndose en un esclavo del sistema que le impide desarrollar todas sus potencialidades. En otras palabras, el mundo está lleno de pobreza, pero no solamente de pobreza material, sino de pobreza humana que nos ha llevado a un sentimiento de vacío y de falta de sentido. De aquí la importancia de invitar a la reflexión en torno a las posibilidades, riesgos y peligros que el nuevo orden mundial nos presenta, así como entender sus rasgos característicos, manteniendo la objetividad pero sin perder el optimismo por el futuro; Martin Albrow lo expresa de la siguiente manera: “la Era Global es el primer período en la historia humana en la que ambos sexos y toda la gente se ha movido de manera sustancial hacia el establecimiento de una igualdad de derechos para contribuir al acervo común del conocimiento humano (1997: 6; trad. personal).

En este documento se analizan algunos aspectos que conlleva la globalización, sobre todo atendiendo a los cambios que ha inducido en la constitución del Estado-Nación y sus consecuencias en el desarrollo de los pueblos. Como caso de estudio más particular, se aborda el tema de la articulación de las políticas públicas en México atendiendo a los cambios globales y la inevitable interdependencia con el resto del mundo y particularmente con otros organismos internacionales.

En este juego de interdependencias, la definición de las políticas públicas de un país resulta ser una construcción que articula las diferentes racionalidades de los actores involucrados. Por eso, nuestro análisis se centra en la interacción de los diferentes discursos, que nos llevan a la definición de nuevas realidades y a la construcción de nuevos significados. Mavis Jones (2003) nos explica que el análisis del discurso es un buen recurso para la discusión de las políticas públicas por varias razones, entre ellas, porque nos permite descubrir patrones que den luz en torno a los supuestos, prácticas y creencias que hay detrás de esos procesos. Basados en esta metodología podemos descubrir cómo se confronta, por ejemplo, el discurso capitalista que envuelve a toda la economía global con el discurso del “mundo de la vida” de las comunidades humanas (Rojas, 2001: 8).

Globalización y nueva economía

Hace algunas décadas se inició una revolución en las tecnologías de la información y las comunicaciones2 que ha servido como detonante de un cambio sin precedentes del orden mundial. Parte central de este proceso es el surgimiento de una nueva economía centrada en el conocimiento. Es cierto que las revoluciones industriales anteriores también han dependido del conocimiento pero no de una manera focal como en la era actual, en la que los productos tecnológicos mismos actúan como amplificadores y prolongadores de la mente humana.

Según Castells (2000), son tres las principales características que definen la nueva economía global: 1) es informacional porque está basada en el conocimiento e impulsada por las tecnologías de la información, 2) está basada en redes, tanto a niveles de compañías como de regiones, en un proceso dinámico en donde van surgiendo nodos de valor para la red que se integran y entre los cuales se mantiene un flujo constante de información; esta lógica de redes es la que produce una brecha enorme entre quienes están conectados y los que no lo están, siendo esto fuente de grandes desigualdades3, y 3) es global, fundamentalmente, en el ámbito financiero; el valor del capital se da en los mercados financieros que dependen de muchos factores subjetivos (los niveles de confianza, los flujos de información, las expectativas de inversión, etc.) y que generan una especie de economía inmaterial.

Los países de América Latina, incluyendo por supuesto a México, han tenido que abrirse a este nuevo contexto internacional en la última década. Después de haber pasado por diferentes modelos económicos que no tuvieron mucho éxito4, a partir de los 90's han movido sus economías alineándose con la economía global, presionados por organismos internacionales como el Banco Mundial que han buscado homogeneizar los rasgos macroeconómicos de todos los países. Sin embargo, para algunos analistas, las reformas aplicadas en América Latina no han tenido éxito pues se centraron solo en factores macroeconómicos como el PIB y olvidaron centrarse en el desarrollo democrático, equitativo y sostenible5. Para un verdadero desarrollo, los países de esta región deberían aprovechar las ventajas de la globalización, pero adaptándola a sus propias exigencias.

Deterioro del poder del Estado-Nación

El Estado-Nación de la edad moderna sometió a las identidades nacionales e intentó crear una identidad única en el territorio dominado sobre el cual ejercía el poder. La estructura de este estado moderno incluía dos elementos fundamentales: posesión del monopolio legítimo de los instrumentos coercitivos por medio de la violencia y la organización de una voluntad de expresión colectiva (Held et. al., 1999: 168). Ahora, ante los efectos de la globalización, paradójicamente esta tendencia se ve subvertida. Castells explica esta transformación al decir que

El control estatal sobre el espacio y el tiempo se ve superado cada vez más por los flujos globales de capital, bienes, servicios, tecnología, comunicación y poder. La captura, por parte del estado, del tiempo histórico mediante su apropiación de la tradición y la (re)construcción de la identidad nacional es desafiada por las identidades plurales definidas por los sujetos autónomos (Castells, 1999: 272)

Con esto, lo que se quiere decir es que el Estado-Nación ha visto disminuido su poder y capacidad de control, aunque no su influencia, pues sigue jugando un papel importante en la orientación y la definición de estrategias para posicionar la economía del país y por ende en la búsqueda de competencias para las regiones dentro de su territorio.

Son muchos los ámbitos en los que es evidente la pérdida de control y poder de los estados nacionales. Para empezar, el elemento clave de la legitimidad del estado es la procuración para los ciudadanos de un estado de bienestar, el cual se ve directamente amenazado por la globalización ante la cual los gobiernos se ven cada vez más indefensos, pues ante las presiones y poderes externos no puede aplicar, por ejemplo, políticas proteccionistas. Otro elemento clave es la información y los medios de comunicación, los cuáles son cada vez más independientes gracias a la imposibilidad del estado de vigilar los flujos de información por la forma y la velocidad con que ésta se genera y se distribuye gracias a las tecnologías informáticas y de comunicación como el internet, haciendo la censura de noticias, por ejemplo, cada vez menos efectiva. También son impotentes los estados ante las demandas de actuar contra la degradación ambiental, convirtiéndose éste en otro elemento de pérdida de legitimidad, tema sobre el cual los estados actúan discursivamente, como se observa en las “Cumbres” que se convierten en pura retórica, pues la posibilidad de detener la degradación ambiental depende de otros poderes de carácter económico.

Ante esta pérdida de confianza de parte de los ciudadanos en sus gobiernos federales, éstos han tratado de tender puentes por medio de la descentralización del poder hacia los gobiernos locales, lo cual ha profundizado más, antes que corregir, la pérdida de legitimidad. Dadas estas circunstancias, el estado ha tenido que aceptar una difusión y división del poder hacia otras instancias, creándose así una pluralidad de fuentes de autoridad. Las funciones del estado se han visto reducidas a fomentar la productividad y competitividad de sus economías6 pero teniéndose que aliar para ello a los intereses económicos globales.

La nueva condición del Estado-Nación en el entorno global está determinada por una “contradicción fundamental” (Castells, 1999: 338) en la que los gobiernos al ganar prestigio hacia el exterior, pierden aceptación de sus grupos nacionales, los cuales se retraen hacia sus identidades primarias como medio de defensa ante las desigualdades de la globalización.

Es necesario entender esta nueva condición del estado nacional si queremos comprender cómo y desde dónde se construyen las políticas públicas, teniendo en cuenta todo el juego de fuerzas internas y externas que forman el contexto y condicionan las acciones de los diferentes agentes económicos y políticos.

El juego de las innovaciones y el desarrollo de las regiones

Las nuevas tecnologías han creado un entorno que proporciona enormes facilidades para el acceso a la información y en consecuencia representan un detonante de la innovación. Este tema de la innovación es particularmente importante si lo enmarcamos en la necesidad del desarrollo de las regiones interesadas en ser competitivas e insertarse en la red global de la economía. Y en esto, por supuesto, juega un papel importante el Estado en su calidad de orientador y promotor de las condiciones para que las regiones, dentro de sus territorios, sean ganadoras en el nuevo orden mundial, lo cual se logrará estableciendo políticas públicas adecuadas. Sin embargo:

Entrar al juego de la competencia es cada vez más difícil porque se vuelven más complejos todos los procesos, y los bienes y servicios que ofrecen las regiones competitivas representan mayor progreso técnico requiriéndose para esto de la adquisición permanente de nuevo conocimiento (Boisier, 2001: 3).

Para ser competitivas, las regiones tienen que aumentar su complejidad y convertirse en regiones que aprenden basando su ventaja económica sostenida en la creación de conocimiento. En este sentido la infraestructura física, aunque necesaria, ya no es la más importante, siendo las infraestructuras de redes y humanas las que determinan la posibilidad de éxito. En este contexto se podrá dar la innovación, pero ya no en su sentido de un adelanto tecnológico revolucionario o “breakthrough”, sino una innovación de carácter incremental que refleje un estado de conocimiento y una lógica de aprendizaje colectivo, pero también una mentalidad económica que permita generar una red de productores y usuarios.

Desde luego, al hablar del proceso de inserción de las regiones a la economía global es importante hacer la distinción entre crecimiento económico y desarrollo humano, donde entenderemos este último en el sentido de proceso que permite el despliegue de las capacidades humanas, tanto físicas como culturales, políticas y económicas. Según nos explica Emilio Martínez (2000: 51), aunque en muchas ocasiones se han usado estos términos como equivalentes, sobre todo en el discurso oficial de muchos gobiernos, la diferencia, que debe ser clara después de ser testigos de lo que sucede en muchos países, consiste en que el crecimiento económico, que suele medirse por medio del Producto Interno Bruto, se refiere solo al aumento de la producción total de bienes y servicios de un país, en tanto que el buen desarrollo humano tiene que ver con una distribución equitativa de la riqueza, pero no solamente eso, sino que abarca todas las dimensiones económica, biológica, psicológica, cultural y espiritual de las personas. La idea limitada de crecimiento económico para proveer de satisfacciones materiales reduciría al mínimo la condición del ser humano, probablemente identificando la felicidad con el consumo, y no tomaría en cuenta las diferentes características geográficas, históricas y culturales que presentan los pueblos, las comunidades o las naciones. Y es que las personas y/o comunidades son únicas y por lo tanto deben tener la opción de perseguir fines diferentes, y lo que requieren es que se cumplan una serie de condiciones que permitan su plena realización. Por eso según Sergio Boisier,

Hoy el desarrollo es entendido como el logro de un contexto, medio, 'momentum’, situación, entorno, o como quiera llamarse, que facilite la potenciación del ser humano para auto transformarse en persona humana, en su doble dimensión, biológica y espiritual, capaz en esta última condición, de conocer y amar. Esto significa reubicar el concepto de desarrollo en un marco [...] valorativo o axiológico [...] y por tanto será inútil asociarlo con meros avances materiales (2001: 29).

De ahí que la dimensión ético-filosófica cobre vital importancia para enfatizar la noción humanista del desarrollo. Carlos Rojas (2001) nos explica que las tareas del desarrollo se deben llevar a cabo bajo la perspectiva de una racionalidad comunicativa que valore no solamente la lógica y la ciencia, sino también las tradiciones culturales, la comunidad, el medio ambiente, el sentido de identidad y pertenencia y el reconocimiento de diferentes sistemas de valores. Denis Goulet nos hace ver, con su experiencia participando en proyectos de desarrollo, que

Los problemas surgen porque cada racionalidad tiende a tratar a las demás de modo reduccionista, intentando imponer su punto de vista particular sobre los fines y procedimientos, durante todo el proceso de toma de decisiones. Las decisiones resultantes pueden ser técnicamente correctas pero disparatadas políticamente, o repulsivas éticamente; en otros casos pueden ser éticamente válidas pero técnicamente ineficientes o políticamente imposibles (cit. en Martínez, 2000: 47).

Por eso es fundamental la cooperación efectiva entre diferentes saberes y enfoques al servicio de un objetivo común. Para la consecución de un proyecto concreto de desarrollo se debe atender a una multiplicidad de racionalidades, discursos y sistemas de valores.

La definición de políticas públicas: el caso de México

En esta sección nos referiremos brevemente a la definición de las políticas públicas en México para el período 2001-2006 atendiendo a dos cosas: 1) las influencias de las que se nutren y que determinan el marco de racionalidad del discurso empleado en ellas y 2) la condición de quien las emite, en este caso el gobierno federal, teniendo en mente las debilidades del estado nacional y los roles que aún le son propios, según se analizó previamente.

Nos referiremos en primer lugar al informe que el Banco Mundial entregó al gobierno entrante en México, encabezado por Vicente Fox, en materia de política económica y social para el período 2001-20067. Dicho informe se presenta a manera de “diagnóstico y recomendaciones de políticas para los sectores que contribuyen a la senda de desarrollo del cliente” ya que el Banco Mundial está en condiciones de “realizar un recuento del progreso, necesidades y opciones del país en materia de desarrollo”. Desde aquí hay que prestar atención al lenguaje que viene ya disfrazado de buenas intenciones pero que representará a final de cuentas una fuente de influencia y presión para que México oriente sus políticas, sobre todo las de carácter macroeconómico, hacia una homogeneización con el orden global. Fundamentalmente se establece que la condición básica y punto de partida es la sostenibilidad macroeconómica a partir de la cuál se deberán dar las condiciones para: 1) acelerar el crecimiento con base en la competitividad8, 2) reducir la pobreza mediante la formación de capital humano y 3) lograr lo anterior en equilibrio con el medio ambiente. Todo esto, nos dicen, se podrá lograr sobre la base de un gobierno eficiente, responsable y transparente.

Este tipo de informes hay que estudiarlos con una actitud muy crítica. Debemos cuestionar hasta qué punto estas recomendaciones se construyen bajo la influencia de los diferentes poderes que conforman la realidad global y que generan una forma de racionalidad que probablemente orienta las acciones con el objetivo de privilegiar ciertos sectores, y que más que ayudar, tal vez dificultan a que se logre un verdadero desarrollo en el sentido analizado en la sección previa. Es decir, que tal vez solo generan un conjunto de condiciones macroeconómicas “positivas”, pero que no benefician a la población en general. Una actitud crítica como la que proponemos puede ser fuertemente respaldada, por ejemplo, con autores como Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001 y ex-vicepresidente del Banco Mundial, quien reconoce que

El experimento denominado de reforma está fracasando en América Latina [...] los resultados han sido peores de lo que muchos de sus críticos temían: para gran parte de la región, la reforma no sólo no ha generado crecimiento, sino que además, por lo menos en algunos lugares, ha contribuido a aumentar la desigualdad y la pobreza (Stiglitz 2003: 8).

Sin embargo, si analizamos el Plan Nacional de Desarrollo de México para el período 2001-20069, podremos ver que está fuertemente influenciado por las recomendaciones del Banco Mundial. Siguiendo el itinerario que nos marca el documento del Plan Nacional de Desarrollo, encontramos, entre otras secciones, una que se presenta como “Introducción”, otras que describen “Las Transiciones del México Contemporáneo” (transiciones demográfica, social, económica y política) y finalmente otras que describen las “Políticas” sociales y económicas. En la sección de Introducción se nos presenta al principio, aunque matizado, el viejo discurso de la soberanía nacional como salvaguarda de “la integridad del territorio nacional, la libertad de su población y el apego irrestricto al Estado de derecho”. Sin embargo, rápidamente nos conecta al nuevo orden mundial al hablar de “Un México soberano, respetado en el mundo y con prestigio internacional”, y nos hace entrar a este contexto a través del análisis de las “transiciones”. En la sección que se refiere a la transición social se advierte el reconocimiento del cambio del papel del Estado al exponer un cambio en la condición del “mexicano”, en el sentido de que se había tratado de “crear una cultura nacional y una identidad mexicana unitaria”, pero que actualmente “la cultura nacional sólo puede entenderse como una realidad múltiple”, es decir, que ya no es función del estado pretender crear una identidad única, sino aceptar la multiplicidad de éstas y crear las condiciones para que los diferentes sectores de la sociedad mexicana puedan alcanzar mejores niveles de vida.

Mención aparte merece el conjunto de apartados económicos. En la parte que se refiere a la transición económica es donde más influencia podemos encontrar de las recomendaciones del Banco Mundial y en donde se advierte el mismo discurso que va dando sostén al nuevo orden mundial y que gira en torno a las ideas de competitividad identificando como motores de cambio e integración a este nuevo contexto internacional, a las tecnologías de comunicación, la actividad financiera y la inversión extranjera. Y finalmente, llama particularmente la atención que en la parte de política económica se repite la palabra crecimiento al principio de cada uno de los primeros once párrafos, siendo éste el eje del discurso, y aunque se encuentra matizado hablando de “[...]crecer con calidad [...] con calidad humana y con calidad ambiental”; esto no se ve reforzado al hablar de los indicadores, que siguen centrados en el Producto Interno Bruto y no se da cabida a la utilización de un Índice de Desarrollo Humano que fuera más acorde con las características de buen desarrollo que sugeríamos en la sección anterior.

Una nueva era: breve discusión en torno a los conceptos desarrollados previamente

David Held nos recuerda que después de la Segunda Guerra Mundial se llevó a cabo un esfuerzo internacional por declarar formalmente la importancia de los principios universales de igualdad y respeto. Prevaleció la voluntad de reafirmar la defensa de los derechos humanos y de establecer mecanismos que aseguraran una sana convivencia de las naciones (Held, 1999). Sin embargo, más de medio siglo después seguimos enfrentando grandes retos en un momento que a muchos les parece decisivo para la historia de la humanidad: es el inicio de una nueva era. Por eso, deben aclararse los retos y las dificultades que presenta este inicio de siglo y sentar las bases para un futuro mejor.

Las condiciones que impone la nueva economía son, en ocasiones, muy duras. El juego global nos impone una serie de reglas de diferente índole, a las que es difícil escapar: reglas de carácter tecnológico, reglas sobre la dinámica del trabajo, sobre las condiciones del capital y su manejo, etc. Si queremos tener éxito en el logro de un buen desarrollo, que se diferencie de un simple crecimiento económico, las nuevas formas de trabajo que se imponen tendrán que ser acogidas, pero sin perder el sentido humano. Así, por ejemplo, si la nueva economía exige un trabajo altamente capacitado y la flexibilidad del mismo, pues que así sea, pero sin dañar la dignidad de la persona10. Por eso hemos insistido en una mirada de carácter ético que enfatice la visión humanista del desarrollo.

Las sugerencias del Banco Mundial deben observarse con mucha cautela, pues a veces representan una visión demasiado miope o estrecha, que no toma en cuenta todas las dimensiones del desarrollo, el cual debería significar una verdadera transformación de la sociedad y no una mera acumulación de capital. Las comunidades deben preservar un sentido de pertenencia que se construya en torno a las actividades colectivas que le son propias, como lo es por ejemplo el trabajo, o como lo propone William B. Lacy (2000), incluso en temas como el sistema de alimentación (producción, distribución y consumo) o la participación activa en la generación y diseminación del conocimiento. A través de la participación colectiva, las capacidades y las posibilidades de desarrollo se amplían y solo así se pueden alcanzar metas que serían imposibles actuando individualmente. Por eso se debe de abogar por un proyecto mancomunado de sociedad. Pero, trabajar en equipo bajo una visión de metas que se comparte, exige capacidades especiales, por lo que la base fundamental del buen desarrollo es la educación.

Nuestra época esta formada por contradicciones. Por un lado, la globalidad nos impone cercanía y un conjunto de elementos que todos, como habitantes del mismo planeta, debemos compartir, incluyendo una ética de mínimos que asegure la sana convivencia (Cortina y Martínez, 2001). Pero, por otro lado, vivimos una pluralidad como en ninguna época anterior en la que:

Hay un reconocimiento de la diversidad natural y cultural como exigencias de tolerancia y de entendimiento en el pluralismo. Emerge una reivindicación de lo femenino, de los derechos humanos, de lo ecológico, de la diversidad étnica y de los valores espirituales empaquetados en múltiples propuestas filosóficas y religiosas (Cely, 1999: 28).

Estas son las características del mundo que tenemos en construcción, correspondiente a una nueva era en la que el conocimiento se ha posicionado como el elemento fundamental y que, junto con las tensiones entre lo global y lo local, determinará las características de la sociedad del tercer milenio.

Conclusión

Hemos abordado el tema de la globalidad, siguiendo sus líneas generales, para después discutir el caso de la generación de las políticas públicas para el caso de México. En el análisis se consideraron las tensiones que existen entre los agentes involucrados e interesados y el manejo de sus racionalidades. Al mismo tiempo se trazó una línea de discusión en torno a las características deseadas de un desarrollo integral, en contraposición al establecimiento de metas de carácter meramente económico, buscando, por lo tanto, que prevalezcan, primordialmente, la justicia y la equidad, en un entorno que permita la realización plena de las capacidades de las personas.

Notas

1 Departamento de Estudios Humanísticos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Avda. Eugenio Garza Sada y Luis Elizondo, Colonia Tecnológico, Monterrey, 64700. E-mail: rguzman@itesm.mx

2 Es común referirse a una convergencia digital que incluye las tecnologías de la microelectrónica, informática, telecomunicaciones, optoelectrónica. Algunos autores (ver Castells, 1999) incluyen a la ingeniería genética dado que representa también la manipulación de información, en este caso, información de la vida que conlleva todo el manejo de la biodiversidad.

3 La diferencia entre ricos y pobres ya no se da necesariamente entre Norte y Sur, sino entre regiones conectadas y no conectadas a la red global.

4 En la década de los 60's se siguió un modelo de intercambio desigual, canjeando productos básicos por productos manufacturados, posteriormente en la década de los 70's aproximadamente hubo un movimiento hacia un proceso de industrialización en un modelo de sustitución de importaciones; finalmente en la década de los 80's se registró un intento de desarrollo promoviendo las exportaciones.

5 Joseph Stiglitz, por ejemplo, ha presentado un trabajo muy interesante en donde critica estas reformas por haber privilegiado la privatización y el fortalecimiento del sector privado y propone nuevas políticas económicas que representen un mejor equilibrio entre los mercados y el Estado (Stiglitz, 2003).

6 Aplicamos aquí la idea de competitividad entendida como una característica del país que se refiere al grado en que produce bienes y servicios que pasan la prueba de los mercados internacionales y que es una necesidad ante la dificultad en el nuevo contexto global de aplicar políticas hacia adentro de las fronteras.

7 Nos basamos en un resumen que aparece en Giugale (2000: 23-47).

8 El análisis del Banco de México se centra mucho en la idea de competitividad y los factores que dificultan su logro, que en el caso de México, los más importantes, según este informe, son: un sector financiero débil, una deficiente infraestructura y una baja productividad de la agricultura.

9 La información completa del Plan Nacional de Desarrollo se puede consultar en http://pnd.presidencia.gob.mx

10 En las recomendaciones del Banco Mundial, por ejemplo, se incluye la sugerencia de eliminar muchos de los triunfos laborales como el sistema de pagos por despido, los contratos colectivos, etc. Si bien es cierto que se ha abusado de estos logros, también lo es que la racionalidad que impera detrás de este tipo de sugerencias de organizaciones internacionales es la de privilegiar el capital por encima del trabajo, aunque escondida bajo la justificación de que al final de cuentas los costos de esos logros son asumidos por los trabajadores en la forma de salarios más bajos.

Bibliografía

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Fecha recepción 16-07-2006
Fecha aceptación 03-10-2006

 

 
 

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