Estudios filológicos - Septentrionalismos léxicos y contactos dialectales en Chile
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Estudios filológicos

ISSN 0071-1713 versión impresa
 
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  Estud. filol. n.40 Valdivia sep. 2005




ESTUDIOS FILOLÓGICOS, Nº 40, septiembre 2005, pp. 189-196

 

 

Septentrionalismos léxicos y contactos dialectales en Chile *

Northern lexical and dialectal contacts in Chile

 

Claudio Wagner

Universidad Austral de Chile, Instituto de Lingüística y Literatura, Valdivia e-mail: cwagner@uach.cl.


 

El propósito de este trabajo es examinar la influencia, a nivel de léxico, que lenguas (aymara y quechua) y dialectos (boliviano y peruano) foráneos han tenido sobre el español hablado en el norte de Chile. Se demuestra que ella existe, y se postula que el área de expansión que alcanzan los diferentes vocablos se debe a las diferentes épocas de su introducción al territorio nacional.

Palabras clave: geolingüística, dialecto, léxico, contacto de lenguas, español de Chile.


 

The purpose of this paper is to examine, at the lexical level, what languages (aymara and quechua) and foreign dialects (bolivian and peruvian) have had an influence on the Spanish spoken in the north of Chile. It is shown that this influence exists and an area of influence is postulated, which includes several words showing different periods in time from their introduction in Chile.

Key words: geolinguistics, dialectology, lexis, language contact, Chilean Spanish.


 

1. Uno de los factores que por cierto inciden en la renovación del léxico del español de Chile es la influencia que en él han ejercido las lenguas vernáculas que han estado, y aún están, en contacto con el español. En esta ocasión nos interesa examinar la influencia de las lenguas quechua y aymara -especialmente de esta última- en el español del norte de Chile, que se ha traducido en la incorporación de vocablos inexistentes en el resto del país, ya que aparecen en un área o muy septentrional o bien que alcanza hasta el paralelo 32 -correspondiente a las cuatro primeras regiones geopolíticas del país-, pero no más allá del complejo de cordones montañosos, de los que el de Chacabuco es el más importante, que se desprenden del sistema andino y parecen configurar una frontera dialectal.

2. De la distribución de las palabras de origen supuestamente aymara y quechua estudiadas, se concluye que ellas pueden ser clasificadas provisoriamente en dos grupos, dejando de lado aquel representado por palabras como huasca, champa, chasca, minga, ojota, callampa, guagua, chala, huacho, quiñazo, cancha, entre muchas otras, que se encuentran en Chile por todas partes, es decir, cubren todo el territorio nacional y, por lo mismo, aparecen normalmente en los diccionarios.

3. De acuerdo con los antecedentes históricos, es más plausible suponer que los vocablos quechuas de uso común hayan sido adoptados por los indígenas de la zona central del país, ya conocidos como picunches o gentes del norte y asimilados a los mapuches, que fueron sometidos por los incas a partir de la segunda invasión a Chile (1495), y de su lengua los haya tomado el español, generalizándolos, y no que hayan sido introducidos por los conquistadores españoles que los habrían tomado del quechua hablado en Perú. La historia nos enseña que en su expansión hacia el sur, a partir de 1460, los incas no encontraron resistencia alguna de parte de los escasos pobladores que habitaban el territorio que hoy nos ocupa. Tres décadas más tarde, en cambio, en el centro del país, debieron enfrentarse a una etnia relativamente numerosa, llegando su dominación aparentemente sólo hasta el valle del río Maipo, cercano a Santiago, ya que más al sur se encontraron con la abierta hostilidad de los huilliches (San Martín 1972: 37-39), a los que nunca pudieron someter.

4. En cuanto a las voces aymaras, lo razonable es pensar que las que han trascendido hacia el resto del país lo hayan hecho a través del quechua, la lengua del imperio inca y lingua franca en la región antes de la llegada de los españoles. La persistencia de las formas y su dispersión por todo el país se explica mejor por ese medio siglo de contacto quechua-mapuche que por la influencia de unos pocos españoles que seguramente habrían terminado por desusar dichos términos al no tener ya contacto con hablantes de quechua.

5. Los dos grupos que nos interesan ahora son el que está constituido por palabras que se distribuyen por el norte de Chile hasta el grado 32, pero sin sobrepasarlo, esto es, el territorio del ALECh Norte (Wagner 1998: 124), y aquel conformado por vocablos que aparecen sólo en algunos puntos de esta macrorregión, especialmente en aquellos situados hacia el oriente, en el límite con Bolivia y Argentina.

5.1. Para esta primera aproximación, hemos utilizado como corpus de trabajo los vocablos obtenidos a partir de una revisión del material correspondiente a las respuestas de una veintena de preguntas relativas al apartado Cuerpo humano. La vida familiar, que forma parte del Léxico general del cuestionario utilizado para levantar el ALECh.

5.2. Del análisis de las variantes registradas, hemos podido identificar no más de un tercio como palabras de origen aymara o quechua, y unas pocas más como formas dialectales del léxico peruano o boliviano. No se puede descartar que las palabras restantes puedan aparecer en otros diccionarios aymaras o quechuas; tampoco, que bien podrían ser dialectalismos bolivianos o peruanos de los que no tenemos documentación, ya que voces como las que citaremos a continuación no aparecen en el resto del territorio nacional, y tampoco presentan la estructura de una palabra española, salvo algunas en que se puede reconocer un afijo español junto a una base no española. Si estas palabras no tienen base indígena, especialmente aymara, entonces son dialectalismos andinos de relativa reciente introducción, estimulada por la convivencia de dos culturas y dos lenguas en la frontera con Bolivia y, en menor grado, con Perú.

6. El primer grupo responde a varios conceptos interesantes que se manifiestan en una cierta cantidad de variantes léxicas de no despreciable distribución, siempre hasta el grado 32, de cuyo origen sin embargo tenemos sólo antecedentes parciales. El ámbito geográfico que han cubierto revela su éxito como innovaciones, frente a aquellas que han quedado reducidas a unas cuantas localidades. Los hemos llamado septentrionalismos extendidos.

6.1. Para el concepto <turnio> (mapa 26) fueron recogidos dos términos no usados en el resto del territorio nacional, virolo y viracho, que aparecen en 36 de las 49 localidades del ALECh Norte y que aparentemente tienen una base léxica común, "virar", lo que indicaría que se trata de un dialectalismo de base hispánica (¿bolivianismo, dada su presencia más fuerte en la zona oriental, a lo largo de la precordillera andina?) y explica que no se encuentren en los diccionarios.

6.2. En respuesta al concepto <mujer virgen> (mapa 99) se recogió un vocablo que no hemos podido documentar con el sentido indicado: mate (con su variante matecita), recogida en la zona costera y hacia el interior, pero no hacia la pre-cordillera: Iquique, Taltal, Chañaral, Caldera, Copiapó, San Isidro, Andacollo, Canela Baja, Illapel, Salamanca y Los Vilos. Se obtuvo también en Tacna, donde convive con la palabra pitita, que no ha sido acogida en territorio chileno. ¿Se trataría de un peruanismo?

6.3. El mapa 145. Golpe dado con una bolita a otra, permite una cosecha interesante: quiñe, peche, mate, chute, echincle y tinca, aunque sólo esta última variante léxica -con sus variaciones fónicas y morfológicas, como veremos- se distribuye a lo largo y ancho de la macrorregión que nos interesa. En efecto, tinca y sus variantes tincanque, trinca, tincazo y trincancazo (la última de las cuales parece ser un cruce de las que le preceden) se presentan con el mismo valor desde Codpa por el norte hasta Los Ciénagos por el sur, sobre la costa, al interior y en la precordillera, incluyendo a Colchane, Toconce, Antofagasta, Chañaral, Caldera, Copiapó, Los Loros, La Higuera, La Serena y Ovalle. La documentación sobre estos vocablos no es del todo convincente. La variante tincanque está documentada como 'golpe con los dedos en la jugarreta de los niños' por Bahamonde (1998: 226), y todas ellas pudieran estar emparentadas con el quechua "tingana" 'arrojar alguna cosa a papirotazos, sobre todo en el juego de los niños con bolas de cristal o piedras', según Cordero 1992: 117.

6.4. Otra de las palabras que ha ganado terreno en esta macrorregión es chuto, que responde a la pregunta 24. Genitales masculinos. Además de piro, pija, pinga y allo o ayo, a las que ya nos referiremos, chuto, con el sentido específico de <pene> tiene una no desdeñable presencia en la región, ya como forma única (en Taltal, El Salvador, Copiapó, Huasco, Illapel, Salamanca, Los Vilos), ya en competencia con otras (Caldera, Vallenar, Andacollo, Ovalle y Canela Baja). Es la única que desborda el territorio en estudio, descubriéndose también en Pedegua. Existe una palabra aymara "ch'utu" 'protuberancia, morro pequeño (Cotan et al.: 85), que por cierto le puede estar metafóricamente asociada (Ver anexo).

7. El segundo grupo está constituido por aquellas palabras registradas en tan sólo un puñado de localidades, no más de cinco o seis, por lo que los hemos llamado septentrionalismos circunscritos.

7.1. De ellas, hay un buen número cuyo origen nos es desconocido: tuluco 'chichón', recogido en San Félix, Andacollo, Punitaqui, Illapel, Salamanca y Cuncumén, y sólo atestiguado por Morales y Quiroz (1987: 4624) como 'burujón, hinchazón o bulto que se forma en alguna parte'; chesmitero 'chismoso', en Visviri; tincollo 'bolita preferida del juego de las bolitas', recogida en Parinacota, Tignamar, Mamiña e Iquique y la variante tircullo en Mejillones; camacho 'mandíbula', eltullo o tullo y coote 'cuello' (esta última probablemente del español "cogote"), recogidas en Parinacota; piro, pija, allo o ayo y pinga (Fernández y Gómez 1964: 98), con el significado de órgano genital masculino, pene, usada la primera en Huasco y Vallenar, la segunda en Peine, la tercera en Parinacota y la última en Tacna; chalca 'patiestevado', recogida en Camiña; talacho 'patizambo', usada en Peine; hilera 'cordones para el calzado', en Tacna y Codpa; carpellar 'destetar', en Parinacota; anucarlo 'destetar', en Socaire y Peine.

7.2. En relación con las variantes léxicas que se han recogido para el mapa 145, no nos es conocido su origen, salvo para quiñe, proveniente del quechua "kiñay" 'hacer un hueco o una depresión en una materia blanda' (Lenz 1987: 1243), recogida en Tacna, en Mamiña y en Peine, pero utilizada en el resto del país, con su derivado quiñazo 'golpe dado a algo o alguien', según atestiguan Morales y Quiroz (1987: 3936).

7.3. De peche, que además de en Tacna y Arica, se encuentra en Visviri y Parinacota, es decir, en el otro extremo, no sabemos nada más, ya que no aparece en los diccionarios; mate, homónimo del que se aplica a mujer virgen y al fruto de la calabacera, y del que no tenemos documentación, se encuentra en Iquique y Taltal por el occidente, y Chiapa, Chiu-Chiu, Calama y Combarbalá por el interior. La única localidad oriental donde también aparece es Socaire, junto al salar de Atacama. Los últimos vocablos: chute, que sólo aparece en Charaña, localidad boliviana a pasos de Visviri -extremo norte del territorio que examinamos-, y echincle o elchicle, que se recogen en Salamanca y Cuncumén, extremo sur, son igualmente enigmáticos para nosotros, a menos que se postule para ellos origen inglés, como ciertamente podría serlo ing. "shoot" para chute, si aceptamos su proximidad semántica con nuestros populares chutear y chute del juego del fútbol, misma razón que explicaría su no acogida en el español de la región.

7.4. Tampoco hemos encontrado la etimología de lliquia 'poncho', que aparece en María Elena. La más cercana parece ser el quechua "llica", documentado con el valor de 'tela' por Cordero (1992: 59), aunque igualmente pudiera asociársela metafóricamente con el aymara "llika" 'membrana cubierta de grasa para que cubra la panza del animal' (Cotan et al. 1978: 210).

7.5. Cachina, 'bolita preferida en el juego de las bolitas', en cambio, recogida en Camiña y Chiapa, además de Charaña (Bolivia), está documentada como bolivianismo con el significado de 'bolita de cristal con que juegan los niños' (Fernández y Gómez 1964: 29). En Charaña hemos recogido huato 'cordones para el calzado', otro bolivianismo según Fernández y Gómez (1964: 70), y que Cordero (1992: 43) documenta como quechuismo con el valor de 'faja, cinturón, amarra'.

8. Finalmente, he aquí las palabras de las que razonablemente se puede postular un étimo aymara.

8.1. En primer término, los vocablos que se refieren al dominio de experiencia de la edad de las personas en sus primeras etapas de crecimiento: yocalla, registrada en Charaña, Parinacota y Colchane con el valor de 'niño hasta los 8-10 años', proviene del aymara "yoqalla", lengua en la cual se refiere a un chico de entre dos y trece años de edad, según Cotan et al. (1978: 449) o es usada como palabra injuriosa y despectiva para designar a un hombre de baja extracción social o de mala conducta, según Fernández y Gómez (1964: 78); en cualquier caso, se opone a milla, voz con que en Parinacota se designa a la niña entre 10 y 15 años, cuya raíz aymara "imilla" tiene el valor de 'chica campesina' o 'mujer', habitualmente con sentido despectivo (Cotan et al. 1978: 94); otra palabra con que también se designa a una niña entre 10 y 15 años es tahuaco, registrada igualmente en Parinacota y en Colchane. Es documentada en el diccionario como "tawago", con la acepción de 'mujer joven, soltera o no' (Cotan et al. 1978: 359). En Colchane se encontró huaina para referirse a un joven mayor de edad, palabra considerada como aymara (Cotan et al. 1978: 432) o quechua (Lenz 1987: párr. 556), en ambos casos con los significados de 'joven' y 'amante'.

8.2. Para la pregunta 94. Persona mal vestida, entre otras formas se recogió chilposo, en San Félix y Tulahuén, y chilpiento, en Los Loros, que según Lenz tienen la raíz quechua "ch'illpi" 'hebras de hojas secas (de maíz)'. Si es así, ambas son formas híbridas, por su derivación española, con el significado de 'harapiento', y suponen una base "chilpe", que Lenz da como usada en el centro del país. Morales y Quiroz efectivamente lo corroboran en nuestros días (1985: 1086). Nos parece que emparentada, semántica y formalmente, con esta estas formas se encuentra pilchiento (ya recogida en la macrorregión central, en El Principal), pilcha y otros derivados conocidos en el país (Morales y Quiroz 1987: 3612-3), ya que lo más probable es que se trate de una metátesis de la forma chilpe o chilpas y no haya que postular entonces ninguna nueva etimología (cf. en esta misma región la presencia de tococo por cototo, usual en el resto del país).

8.3. Habría que agregar dos voces más: encalatarse 'desnudarse', registrada en Peine y Taltal, además de Tacna, parece ser también una forma híbrida. Ya sea su étimo el aymara "q'alata", part. pasado del verbo q'alaña 'pelar el cuerpo, desnudar' (Fernández y Gómez 1964: 206) o el quechua "kala" 'desnudo' (Morales y Quiroz 1987: 746), supone una formación adjetiva "calato", efectivamente usada en el norte de Chile. La otra forma es jincho 'oreja', recogida en Parinacota, proveniente del aymara "jinchu", con igual valor (Cotan et al. 1978: 133).

9. No parece difícil explicarse esta riqueza dialectal en la región septentrional chilena. Por un lado, la influencia histórica de lenguas como el aymara especialmente, que continúa conviviendo con el español hablado en el noreste del país, con lo que los préstamos dialectales se reafirman. Por otro, bolivianismos y peruanismos de base hispánica (¿y amerindia?), muchos de los cuales se remontan a la época (fines del siglo XIX) en que la primera región hasta el grado 22 aproximadamente (Tarapacá) dependía del Perú y, la segunda, desde el grado 22 al 26 (Antofagasta) dependía de Bolivia, y esos dominios por cierto dejaron su huella. Danzas, música y otras costumbres así también lo atestiguan.

10. Con los antecedentes con que contamos, podemos, por una parte, comprobar que es el aymara, hablado en Bolivia y en el sur del Perú, la lengua en contacto con el español de Chile en el extremo norte, y, por otra, postular que las palabras quechuas allí utilizadas (algunas de las cuales pueden ser quechua-aymaras) o son de vieja data y llevadas al norte desde el centro del país, donde habían sido incorporadas por los indígenas de esa zona a su propia lengua, y de ésta a la de los españoles con los que tomaron contacto a partir de 1536, o han sido introducidas en época más reciente a través del español regional peruano.

El estudio de nuevos materiales permitirá por cierto corroborar o corregir estas apreciaciones iniciales.

 

Indice de voces citadas
(en orden de aparición)
     

Septentrionalismos extendidos

 
     

virolo 6.1.

tinca 6.3. trincancazo 6.3.

viracho 6.1.

tincanque 6.3. chuto 6.4.
mate 6.2. trinca 6.3.  
matecita 6.2. tincazo 6.3.  
     

Septentrionalismos circunscritos

 
     

a. Sin origen comprobado

   

tuluco 7.1.

allo/ayo 6.4. 7.1. lliquia 7.4.
chesmitero 7.1.

pinga 6.4. 7.1.

huato 7.5.
tincallo/tircullo 7.1. chalca 7.1. peche 6.3. 7.3.
camacho 7.1. talacho 7.1. mate2 6.3. 7.3.
eltullo/tullo 7.1. hilera 7.1. chute 6.3. 7.3.
coote 7.1. carpellar 7.1. echincle/elchicle 7.3.
piro 6.4. 7.1. anucar 7.1.  
pija 6.4. 7.1. cachina 7.5.  
     
b. Con probable origen aymara    
yocalla 8.1. huaina 8.1. jincho 8.3
milla 8.1. chilposo, chilpiento 8.2.  
tahuaco 8.1. encalatarse 8.3.  

Nómina y código de localidades
         

N1 Charaña

N2 Visviri N3 Tacna N4 Parinacota N5 Arica

N6 Ticnamar

N7 Codpa N8 Camiña N9 Colchane N10 Chiapa
N11 Pisagua N12 Mamiña N13 Iquique N14 P. Almonte N15 Pica
N16 Tocopilla N17 Toconce N18 Chiu-Chiu N19 M. Elena N20 Calama
N21 Toconao N22 Mejillones N23 Socaire N24 Peine N25 Antofagasta
N26 Taltal N27 El Salvador N28 Chañaral N29 Inca de Oro N30 Caldera
N31 Copiapó N32 Los Loros N33 Huasco N34 Vallenar N35 San Félix
N36 La Higuera N37 La Serena N38 San Isidro N39 Andacollo N40 Ovalle
N41 Punitaqui N42 L.Ciénagos N43 Tulahuén N44 Combarbalá N45 Canela Baja
N46 Illapel N47 Salamanca N48 Los Vilos N49 Cuncumén  

 

OBRAS CITADAS

Bahamonde, Mario. 1998. Diccionario de voces del Norte de Chile. 2ª ed. Antofagasta: Univ. Católica del Norte.

Cordero, Luis. 1992. Diccionario quichua-castellano y castellano-quichua. Proyecto Educación bilingüe intercultural. Quito: Corporación Edit. Nacional.

Cotan, Daniel, Jaime Mejía y Víctor Carrasco. 1978. Diccionario aymara-castellano y castellano-aymara. Cochabamba: Edit. Universo.

Fernández Naranjo, Nicolás y Dora Gómez de Fernández. 1964. Diccionario de bolivianismos. La Paz: Univ. Mayor de San Andrés.

Lenz, Rodolfo. 1987. Diccionario etimológico de las voces chilenas derivadas de lenguas indígenas americanas (1905-1910). Ed. Mario Ferreccio Podestá. Santiago: Univ. de Chile.

Morales Pettorino, Félix y Oscar Quiroz Mejías. 1984-1987. Diccionario ejemplificado de chilenismos. V tomos. Valparaíso: Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la educación.

San Martín, Hernán. 1972. Los araucanos. Colecc. Nosotros los chilenos, 8. Santiago: Quimantú.

Wagner, Claudio. 1998. "El Atlas lingüístico y etnográfico de Chile por regiones (ALECh)". Estudios Filológicos 33: 119-129.

 

Anexo
 

 

 

 

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